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jueves, 22 de septiembre de 2016

El porvenir

Esta es una obra sobre el porvenir que no es sino sobre el pasado que no fue. Esta es una obra que interroga sobre el posible debate sobre la verdad que no es sino sobre la construcción de la verdad. Hay verdades insoslayables, hay verdades que se constituyen y enquistan en los rituales y nociones de normalidad y necesidad. El porvenir' (L' avenir, 2016), de Mia Hansen Love es una obra sobre una vida que se desprende de toda dependencia para encontrarse en la misma posición que treinta años atrás cuando era una joven que cuestionaba el mundo alrededor aunque no es sino una misma circunstancia para apuntalar que su dirección probablemente sería y será la misma. Esta es una obra sobre los rescoldos de la revolución o de la actitud que quería transformar la sociedad y la realidad a finales de los sesenta, y por qué los senderos que se tomaron fueron otros, esos que quizá están sostenidos o construidos sobre las contradicciones quizá más bien las paradojas. Y también sobre los ecos en el presente que quizá no dejen de recorrere el mismo sendero mientras se internan en los laberintos de los debates intelectuales sobre lo que podría ser, sobre modos o actitudes de vida que puedan ser alternativos de modo factible y no como entelequia que acabe esquinada entre páginas de libros como notas a pie de página vitales.
Nathalie (Isabelle Huppert) es una profesora de filosofía que, durante tres años, fue una joven comunista que cuestionó el estado de cosas pero se adaptó a un modelo social en el que su función (utilidad), como explica, o se justifica, es la de instruir a los jóvenes, las de nutrir su capacidad de reflexión e interrogación como profesora de filosofía. En esa difuminada frontera se balancea, entre la utilidad de su función propulsadora y su condición integrada en un modo de vida de casillas establecidas. ¿Cuál es la verdad? ¿Cómo enfocar la real dimensión y alcance de sus decisiones?¿Cómo se conjuga actitud reflexiva, interrogación, con institución de relación con la realidad, la habitación del ser? Algunos de los alumnos del centro donde imparte clases protestan e intentan impedir la normal circulación de alumnos que atienden a sus aulas como cada día. Pero Nathalie no cree en esas interrupciones de circulación que obstruyen o condicionan a otros. ¿Condicionan voluntades ajenas o intentan propiciar una transformación que sea mejora, un debate que cuestione una inercia instituida?
La circulación de vida alrededor, la vida de accesorios que configuraban la vida sólida y definida de Nathalie, se irá descascarillando, desmoronando, aunque más bien parezca un liviano desprendimiento de una muda de piel que no deja quizá de ser la misma. Sus hijos ya dejaron el hogar, su esposo le abandona por otra mujer, su madre, que no dejaba de interrumpir, ya como otra ritualización, su curso diario con sus hipocondrías, fallece. De repente, se encuentra con un estado de libertad que se asemeja al de su vida cuando se encontraba en proceso de formación y configuración treinta años atrás. No hay lazos o dependencias, está sola con su vida, que puede determinar como quiera. Es libre para ser como quiera. ¿Hacia dónde su mira? ¿Cuáles han sido sus pasos en un terreno que parecía sólido como la mesa en la que coloca el correspondiente jarrón y quizá fuera movedizo como la arena? Su último lazo, o quizá el último lastre de dependencia del que debe desprenderse es la gata de su madre. Es alérgica pero se la queda, y se preocupa con ansiedad cuando sale de la casa de campo a la que ha ido, llamándola incluso por la noche, como si se llamara a sí misma. La gata se llama Pandora, y quizá la caja de Pandora que se abre cuando figuras o accesorios de su vida alrededor desaparecen o se distancian simplemente le confrontan con lo que fue y sigue siendo, las decisiones que tomó que no dejan de ser ella sola o acompañada, una mujer entre pensamientos y libros que quizá ha vivido más entre sueños que entre realidades, entre construcciones mentales y una vida organizada que proporcionaba los cimientos de los rituales que edifican un presente que asegura un porvenir en el que ya no se interroga demasiado aunque proporcione interrogantes a los que miren hacia el porvenir como un territorio desconocido por descubrir y configurar. Contradicción o paradoja, verdad como el sol o construcción conveniente. Ser o interrogarse. Llamarse para simplemente replegarse entre las sábanas de la propia mente.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Miradas al cine del siglo XXI: Hoy el cine frances y sus diversas corrientes

Hoy a las 19:30, en la nueva sesión de Miradas al cine del siglo XXI (en Espacio Leer, c/Argumosa, 37), divagaremos alrededor de y sobre 3 corazones, Dheepan y Eden de, respectivamente, Jacquot, Audiard y Hansen-Love: Tres generaciones del cine francés alternativo. Haremos incursiones en la intermedia generación fantasma de Bonello, Desplechin, Dumont…y alguna que otra deriva sobre heterodoxias narrativas y despojamientos de estilo, sobre un cine de cuerpos, ausencias y presencias.

viernes, 25 de enero de 2013

10 (+20) películas predilectas 2012: El cine lagartija

 photo thetarnishedangels_1958_bts_01_1200_072020100200_opt_zps68e15bed.jpg 1. De óxido y hueso (Jacques Audiard)  photo 44692000001_1481325735001_The-Deep-Blue-Sea-720pweb_opt_zpsb686b4af.jpg 2. Deep blue sea (Terence Davies)  photo shame-gran-bretana-2011-L-GSDEqA_opt_zps57768109.png 3. Shame (Steve McQueen)  photo 37988_opt_zpsf27b7583.jpg 4. Casa de tolerancia (Bertrand Bonello)  photo J_-Edgar-movie-sti_2101742b_opt_zps776252b8.jpg 5. J Edgar (Clint Eastwood)  photo apres-mai-2012_opt_zps4303d6a1.jpg 6. Amour de jeunesse (Mia Hansen Love)  photo 600x200_millenium_fincher_opt_zps34b5e2f9.jpg 7. Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres (David Fincher)  photo skyfall-bond-and-m_opt_zps7cb02a5d.png 8. Skyfall (Sam Mendes)  photo herbes_folles11_opt_zpsddccefc0.jpg 9. Las hierbas salvajes  photo TakeShelter1_opt_zpsc3cfe5b2.jpg 10 Take shelter (Jeff Nichols) 11. Más allá de las Colinas (Cristian Mungiu) 12. Los idus de marzo (George Clooney) 13. Cosmopolis (David Cronenberg) 14. En la casa (Francois Ozon) 15. Cesar debe morir (Hermanos Taviani) 16. Martes, después de navidad (Radu Muntean) 17. Moonrise kingdom (Wes Anderson) 18. Tenemos que hablar de Kevin (Lynne Ramsay) 19. Amor bajo el espino blanco (Zhang Yimou) 20. La cueva de los sueños olvidados (Werner Herzog) 21. Frankenweenie (Tim Burton) 22. Les lyonnais (Olivier Marchal) 23. Sinister (Scott Derrickson) 24. Martha Marcy May Marlene (Sean Durkin) 25. Adiós a la reina (Benoit Jacquot) 26. Brave (Andrews, Chapman y Purcell ) 27. Somos la noche (Denis Gansel) 28. Elena (Andrei Zvyagintsev) 29. Infierno blanco/The grey (Joe Carnahan) 30. Los nombres del amor (Michel Leclerc) + Estreno en DVD : La cabaña en el bosque (Drew Goddard)  photo Dans-la-maison_opt_zpsd34f2c78.jpg  photo adios-a-la-reina_63260_opt_zps64a67deb.jpg Las tres obras que, preferentemente, destaco del cine estrenado en el 2012 pertenece a la estirpe de ‘Cine lagartija’, cine de procesos alquímicos, de surgimiento de las profundidades cenagosas, que a veces pueden parecer promesa de elevaciones. La protagonista de ‘Deep blue sea’, de Terence Davies, encarnada por Rachel Weisz, y el de ‘Shame’, de Steve McQueen, interpretado por Michael Fassbender, se asemejan más de lo que pueda parecer. Son dos personajes abrasados. Ella se ha quemado por querer mantenerse en unas alturas que carecían de centro de gravedad, él se ha abrasado porque ya no creía en elevaciones, y se había postrado en la decepción que camuflaba en su carrera desbocada desapareciendo entre otros cuerpos, como una encarnación de un cuadro de Francis Bacon, carne que grita silenciosamente, aunque él mismo se niegue a oír ese grito, hasta que el desgarro de su hermana rasgue sus oídos, y haga sangrar su mirada.  photo tiff-2011-shame-steve-mcqueen-pasa-del-hambre-L-yA837C_opt_zps92e88dd1.jpg Ambos, los personajes de Weisz y Fassbender, han quedado cegados por espejismos. El círculo se cierra para ambos, como un reinicio, como refrendan las secuencia de apertura y cierre de ambas películas. También aprende el protagonista de ‘De óxido y hueso’, de Jacques Audiard, que no deja de tener sus vínculos con el de Fassbender, ambos a la fuga, huyendo de sí mismos. Necesita que sus sentimientos y emociones aprendan a ‘andan’, aún más, que le crezcan esas ‘piernas interiores’ para poder desplegar, expresar, realizar sus emociones ‘con/para los otros’ (aprender a saber darse): necesita romper unos hielos en su interior que le distancian de los otros, de sí mismo, de la vida. Es mi obra predilecta entre los estrenos del pasado año: la secuencia de Cotillard reencontrándose con quien provocó que perdiera sus piernas, la orca, es uno de los instantes que más me han conmovido y conmocionado en una pantalla.Los espacios del deseo pueden ser espacios heridos, cruce de miradas extraviadas, prisioneras, como reflejan tanto ‘Shame’ como ‘Casa de tolerancia’, de Bertrand Bonello. La desesperación brama como un oleaje entre la danza sexual de unos cuerpos cautivos de unas máscaras, algunas de las cuáles no saben que portan, incrustadas en la piel. Como hay ‘sombreros’, los de las proyecciones idealizadas, que pueden emborronar el discernimiento, como la protagonista de ‘Amour de jeunesse’. Fulgores, revelaciones o espejismos, el profundo mar azul y la quilla (¿hacia dónde nos lleva el timón de nuestros sentimientos encendidos que despliegan con euforia su velamen? ) Eastwood y Fincher vuelven a meter el dedo en la encubierta llaga de los sórdidos sótanos del poder, de los que determinan y rigen el escenario de nuestra realidad.  photo 1109-Film-Review-J-Edgar_full_600_opt_zps918364ce.jpg Eastwood desnuda la reificación de quien detenta el poder, cómo su versión, conveniente, se instituye como realidad, cómo se convierte en versión oficial (print the legend), mientras a sí mismo se niega la desnudez de sus sentimientos. Hace de la vida escenario, y enajena su intimidad. Fincher transforma de nuevo la pantalla en una partitura musical, su dominio del montaje no tiene comparación hoy en día. Mientras, continua ‘hackeando’ las falacias de la realidad (las podedumbres ocultas). Destapando sus sótanos, la abyección que alienta a los que dominan el tejido económico. Mendes también da una patada en el vientre a toda una institución, todo un icono, Bond que es a la vez dárselo a todo un sistema. Mata a la madre, a la generadora de monstruos, como Bond. También muestra el rostro corroído por el ácido de las miserias del poder. Y lo hace, como Fincher, recuperando las capacidades sensoriales del viaje narrativo, también alquímico.  photo skyfall01_opt_zpsf17e6be0.jpg El celuloide de estas obras es el de un cine insurgente, que devora y genera vida. Es un cine que se revuelve, que muerde y araña, que no tiene miedo de mostrar sus temblores. No es un cine embalsamado. No es un cine infectado por la decepción, como pasa, respectivamente, con dos de las obras más alabadas entre los estrenos del pasado año, ‘El caballo de Turín’, de Bela Tarr o ‘Holy motors’, de Leos Carax. Por mucho dominio de las texturas visuales y sonoras, como Tarr, o lúcidas disecciones de nuestro tiempo, como Carax, hay algo insuficiente en sus ‘cuerpos’. A uno le falta sustancia suficiente, el otro no logra dotar de la condición corpórea necesaria sus incisivas reflexiones, como si no se hubiera desprendido de la infección que denuncia, la de un mundo que no sabe apreciar ni generar belleza, preso de su ensimismamiento, pasajeros de una nada que es más virtual que real, y que deriva en desperdicio de vida. Una mascarada grotesca que nos refleja como maquinas. Le falta el aliento del cine lagartija, que está hilvanado con fisuras, esas por donde se fuga díscola la excentricidad de ‘Las hierbas salvajes’ de Alain Resnais, o las incertidumbres que se anuncian, cual tormenta, en el horizonte como nuestro espejo, como en ‘Take shelter’ de Jeff Nichols.

sábado, 29 de diciembre de 2012

6 lecciones de amor 2012: Entre el fulgor y el desgarro

Photobucket ¿Qué es ese fulgor de sentimiento llamado amor? No hay modo de poner a las emociones y los sentimientos un sombrero. Nuestra relación con la vida se define sobre lo imprevisible. El absolutismo o la pulsión del control obstaculizan el fluir del amor. (Un amour de jeunesse, Mia Hansen Love). Photobucket Las distancias interiores, las que nuestros miedos e inseguridades crean, las distancias exteriores, las que imponen las circunstancias. La perseverancia del sentimiento verdadero: No puedo estar sin verla hasta mañana, o esperar hasta cumplir los 25, aunque puedo esperarla toda la vida. (Amor bajo un espino blanco, Zhang Yimou). Photobucket Ali tendrá que aprender a andar con sus emociones, que son las que realmente le arrinconan en la vida, porque no dejan de desbordarle, como quien da puñetazos a la vida, en vez de saber encajar en ella. Tendrá que empezar por romper hielos en su interior. Los sentimientos no saben de ortopedia ni de huidas, sino de huesos y presencias que son apoyo. (De óxido y hueso, Jacques Audiard). Photobucket ¿Sobre qué se sostienen las relaciones? ¿Se puede discernir la desnudez de lo que siente aquel con el que convives, incluso desde hace una decena de años, entre los ropajes y rituales del ‘hábito’ cotidiano que (quizá) encostran la percepción, el discernimiento? (Martes, después de navidad, Radu Muntean) Photobucket Erase una vez un caballo en fuga que no cree en las relaciones duraderas, que no las cree posible; los silencios de otras parejas en los restaurantes los ve como reflejo de cómo se aburren (aunque quizá, según otras miradas, ese silencio refleje su conexión, que no necesita de palabras). La compulsión que busca la anestesia, que elude su cuerpo perdiéndose en él, que quiere evitar ese dolor abrasivo, desolado, que otros sienten sin rubor ni verguenza en clamar su intemperie, en pedir amor, en pedir afecto, en pedir abrazo, en ser dependiente, en necesitar de los demás, y que opta por cortarse las venas cuando sólo le responde el silencio (el mudo crista, el reverso de los caballos en fuga que se hacen ausencial). (Shame, Steve McQueen). Photobucket Los restos del naufragio, la reconstitución del ave fenix. Entre el diablo y el profundo mar azul. Entre el rechazo a la boya de una dietética realidad de rutina emocional que es mero espejismo, y el anhelo de unos sueños que sabe ya se han abrasado, pero quizá no carbonizado del todo. De las ruinas se puede resurgir, la vida son ciclos. (The deep blue sea, Terence Davies).

domingo, 13 de mayo de 2012

Un amour de jeunesse

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En una secuencia de la cautivadora 'Un amour de jeunesse' (2011), de Mia Hansen Love, un profesor de arquitectura, Lorenz (Magne Havard-Brekke), pregunta a sus alumnos qué es un fulgor. Tras una serie de respuestas (como si fueran tanteos), que abarcan de la acepción denotativa a la connotativa, les reprende por su restringida imaginación cuando han abordado el concepto de la luz, como si no supieran transcender la literalidad. De la oscuridad hay que partir, y lo que hay que buscar en las definiciones, conceptos son senderos. Es una secuencia que dice mucho de esta película, de su entraña, de su mirada, de su estilo, liquido, como la fluencia de la deriva de un río que es curso. ¿No resulta muy abstracto para una obra perfilada sobre lo concreto? Es una película para aquellos que aman el cine que se trama sobre fulgores, senderos, más que sobre cuadrículas, diagrámas. Para aquellos que les gusta interrogarse. Es un cine de acciones, gestos, miradas, en la que los resquicios, en la que las elipsis, respiran tanto como lo visible, sino más. La trama es escueta: una joven de quince años, Camille (Lola Creton), está enamorada de su novio, Sullivan (Sebastian Urdendowsky). Al de poco tiempo, él decide hacer un viaje a Africa. Se separan. Pasa el tiempo. Las cartas se espacian cada vez más, hasta que no llegan. El mapa en su habitación, en el que Camille señaliza el tránsito de su viaje, e descolgado de la pared. Ya no es pantalla referente en su vida. Pasan los años. Tres. Camille estudia arquitectura. Inicia un relación con su profesor, Lorenz, con quien vive. Al de nueve años, reaparece Lorenz. Aquellos sentimientos, hibernados, se reactivan. ¿Qué es ese fulgor de sentimiento? ¿Lo que vuelve a sentir es porque la conexión es la misma, o es nostalgia de lo que sintió entonces, la restitición de una decepción, de un fracaso aún no asumido?.
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Es una obra que no dejaba de evocarme al cine de Rohmer, en concreto a las dos obras que más admiro, 'Mi noche con Maud' ((1969) y 'Cuento de invierno', dos películas muy invernales, cuando esta es muy soleada ( aunque al final aparece la nieve). Personajes que se debaten entre lo que dicen y lo que sienten y piensan, o que creen sentir y pensar, y en las que el tiempo se convierte en una ilusión y en una revelación de lo que se quiso ( y que quizá se traicionó), ya que en ambas hay al final dos decisivos, y transcendentes (en significación) reencuentros (aunque la película, además, parece 'habitada' por ese aliento Handkiano de búsqueda del 'momento de la sensación verdadera' tal es exqisito sentido del captar lo concreto). Cuando Camille se reencuentra con Sullivan le dice que pensar en su relación años atrás es como evocar otra vida. Tras que se despidan, Hansen monta un sólo plano, conciso, de Camille llorando en la cama, y se produce un fundido en negro, largo, el único en toda la película, revelador, nuclear, ese agujero negro sobre el que pivota la película. En un momento dado, Lorenz le dice a Camille que nuestra relación con la vida se define sobre lo imprevisible. No hay modo de poner a la vida,a las emociones, un sombrero, como el que pone Camille sobre un insecto en la casa de campo en la que pasan unos días junto a Sullivan cuando tienen quince años (poco antes de que Sullivan cuestione el absolutismo de sus sentimientos, esa pulsión de control, abrumadora, 'dramatizadora'; a él le gusta derivar, los recorridos sinuosos, los giros imprevistos, ausentarse para retornar, aunque no sepa cuándo, lo que, por otro lado, no deja de tener algo de errático, de tender más a huir que enraizarse).
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La vida, las emociones, los sentimientos, son como las corrientes del río que, en la secuencia final, arrastran el sombrero de Camille que ha caído al agua. El amor, sobre todo ese primero, ese que bautiza en sus desconocidas aguas, el que marca a fuego, es tanto un fulgor, como un agujero negro. Paradoja, como la vida misma. Pero no hay que dejar de fluir por senderos, sobre todo si son como los de esta sutil y bellísima obra en la que sumergirse supone algo no muy habitual hoy en día, despertar, interrogarse, sentirse entre los elementos, habitando la vida (la música de las acciones, gestos, miradas), reconstituir el ejercicio de la mirada (exploradora, mirada que se estira y ausculta), sentir que somos enigmas ante los que no hay que dejar de hacerse preguntas. Hay tantas luces en la vida.