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Esta semana es para José Luís Jiménez
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martes, 15 de abril de 2014

Sarah Gadon

Sarah Gadon, fotografiada por Chris Nicholls, para Flare (mayo, 2012)

Enemy

En 'El caso de Mr Pelham' (1955), décimo episodio de la primera temporada, de 'Alfred Hitchcock presenta', dirigido por el propio cineasta británico, el protagonista, Mr Pelham (Tom Ewell) relataba cómo su vida estaba siendo usurpada por alguien idéntico a él. Nadie parecía percatarse de que era otro. Cuando al fin se encuentra frente a él, es como encontrarse frente a sí mismo y lo extraño en sí mismo y lo extraño en una realidad que se revelaba fisura, incógnita, agujero negro. Era él pero no lo era. Y no había explicación. Desaparecía, era reemplazado. Adam (Jake Gyllenhaal), en 'Enemy' (2013), de Dennis Villeneuve, adaptación de 'El hombre duplicado' de Jose Saramago, también siente que usurpan su vida, que la sustraen. Siente que desaparece, que será reemplazado. La aparición de su doble no es sino la constatación de una negación. La afirmación en una negación. Si no soy seré más de uno. Adam siente que no controla su vida. Siente que no es quien ya hila su vida, la vida que será, una vida que quedará atrapada en una permanencia, como una tela de araña.
Por dos veces, se repite la secuencia en la que explica a sus alumnos cómo las dictaduras se definen por el control, y enumera las variantes de cómo ejercen ese control sobre el ciudadano. Adam también siente que su vida será ya controlada, sin posibilidad de diversificarse, de multiplicarse. No podrá ser otros, no podrá disfrutar de otras vidas, o siente que ya no dispondrá de esa posibilidad. Hay una dictadura que se cierne sobre él, su enemigo. Pero se percata de que hay alguien idéntico a él, una réplica, alguien que incluso posee la misma cicatriz en el mismo costado. No parecen diferenciarse, físicamente, en nada. Anthony es actor, aquello que le gustaría haber sido. La narración se descentra, cual fisión nuclear en el vórtice, como si ya no hubiera un centro en la tela de araña, y se desplegara en las diversas extensiones de la tela. La perspectiva es de la Adam enfrentándose a lo otro que parece uno mismo. ¿Si lo otro es un mismo quién es uno mismo? Pero también toma la perspectiva del otro, con lo que cuál ahora uno es otro, y otro es uno, y desde cada ángulo hay distintos vórtices, o así parece, o esa escisión que es diversificación no es sino una reacción de disidencia a un centro que paraliza, una red dictatorial de vida que se convertirá en permanencia.
Hay otras direcciones, los cuerpos con los que nos afirmamos, los cuerpos que son nuestra extensión como parte integral de nuestro propio cuerpo, con lo que establecemos un vínculo que es unión, los cuerpos de quienes amamos, los cuerpos con los que somos más presencia, en las nos conciliamos con lo otro, y nos encontramos más en nosotros mismo. Tienta ser otro, o ser uno mismo pero disfrutar de otro cuerpo que piensa que somos otro distinto. Anthony desea a Mary (Melanie Laurent), la pareja de Adam. ¿En ese instante quién seremos? ¿Cuándo somos y cuándo actuamos? Poder ser varios con múltiples mujeres sin el cerco de un anillo que estrecha las opciones. La realidad se abre en variantes que anuncian el infinito pero también los abismos. Si me multiplico, puedo extraviarme entre tantas opciones, aunque también en la exclusiva que siento restricción con la se me presenta el horizonte me sienta ya extraviado ante esa dirección única. La percepción se altera, se invierte, como esa figura que aparece andando por el techo, el cuerpo desnudo de una mujer con cabeza de araña.
Una araña aparece en la primera secuencia, una araña con un rotundo cuerpo blanquecino, con la apariencia de un huevo, con la apariencia de un vientre preñado, como el de Helen (Sarah Gadon), la esposa de Anthony. Una araña que el prominente tacón de una mujer desnuda está a punto de pisar. Una araña que se aparece en su dormitorio en la secuencia final tras que Helen haya llamado a Adam, porque quizá piensa que es Anthony, o quizá sabe que es Adam, quien es realmente su esposo, alguien a quien le gusta los arándanos, como le recuerda su madre, aunque él replica que no le gusten, mientras que Anthony sí había comentado a Helen sobre los arándanos. Pero a quién le importan los arándanos cuando tu esposa está a punto de parir y tu vida se va a transfigurar radicalmente y sientes que ya tu vida no la controlas y menos que podrás controlarla, cuando encima otra vida dependa de ti? Y tu tela tiembla, sientes que se deshilacha. Por dos veces, una mujer se levanta de la cama, como si algo en tí provocara rechazo. Sientes que ya no eres un hombre. Y te estrellas, como una mente que descarrila.
Hay un momento en el que la extraordinaria banda sonora de Daniel Bensi y Saunder Jurriaans parece que remedara los acordes de la sintonía de la serie 'Twilight's zone'. Esta magnífica obra parece uno de sus más destacados episodios. Parece que durara lo mismo, porque su trayecto narrativo se asemeja al de una exhalación, o quizá una contracción nerviosa. La realidad se difumina, y disemina, sus cimientos son demolidos. La música adquiere protagonismo conductor, como ocurría en otra gran obra canadiense con duplicado, 'Inseparables' (1988), de David Cronenberg, en otra excelsa colaboración con Howard Shore. Aunque incluso, aquí, por su integración narrativa, como si la música marcara el montaje, estaría más cercana a la construcción musical de 'Crash' (1986), pese a que la intensidad de los acordes, de la sección de cuerda recuerde más a la de la primera. La música teje el hilo emocional en disgregación de Adam, como las vibraciones que hacen tambalearse las cuerdas de la red, casi una llamada de auxilio para evitar que el enemigo llegue a su vida, esa otra vida que se gesta en el cuerpo de su mujer que le hace sentir que ya no será el mismo. Desaparecerá engullido en las fauces de esa araña, en unos hilos que ya no serán los propios, o así lo siente. Y su cuerpo se hace muchos, al menos en su interior, como si así pudiera fugarse de lo inevitable.

lunes, 14 de abril de 2014

El pasado

Duele cuando te muerden para extraerte el veneno que te ha inoculado en la sangre una serpiente, y cuando queman la herida para cauterizarla, pero es un dolor pasajero. El dolor será más intenso si no dejas que te lo hagan, incluso perderás tu vida. Con las emociones, con los sentimientos, pasa algo parecido. A veces, cuesta enfrentarse a ciertas circunstancias, a ciertos actos que has realizado, temes las consecuencias, lo que puede revelarte, lo que puede depararte, quizá reproches, quizá decepciones, desde luego una situación dolorosa que prefieres evitar. Por eso, muchas veces, se enquistan las palabras no dichas, las preguntas no realizadas, las confesiones no manifestadas, y el veneno crece y se expande y mata, a medio o largo plazo, las emociones, los sentimientos, y quizá de un modo irreparable, y dolerá mucho más, y será más difícil desprenderse de ese dolor, de sus secuelas. A veces, hay quien no opta por ninguna de las opciones, y toma el desvío hacia un callejón sin salida: simplemente duplica la dosis de veneno, y se sale por la tangente, porque prefiere abandonar el escenario de la vida. Hay quien, en cambio, es capaz de enfrentarse directamente al hueso de las situaciones, o a su pulpa, y morder cuando hace falta para extraer el veneno, quien sabe usar el acero ardiendo sin pestañear para impedir que se extienda la infección. Como es el caso de Ahmad (Ali Mossaf), en 'El pasado' (Le passé, 2013), de Asghar Farhadi.
Ahmad acude a París, para cumplimentar el divorcio con Marie (Berenice Bejo), pero se enfrenta con varias sorpresas, como que vive con otro hombre, con el que espera casarse, y que está embarazada. Además, no le había reservado habitación de hotel, porque no creía que iba a venir (sino que iba a cancelar el viaje como la última vez), y pretende que duerma en la misma casa que ella y el hombre con que convive, Samir (Tahar Rahim). Ahmad se desconcierta, se hace preguntas, pero no se las calla, las hace. ¿Por qué esa sustracción u omisión de información?¿Por qué arrojarla, como si nada, cuando se siente como aceite hirviendo, justo en el momento en el que se va a entrar en el despacho donde se va a tramitar el divorcio? ¿Por qué le pide que resuelva un problema de incomunicación con Lucie(Pauline Burlet), su hija de dieciséis años? Marie en cambio parece alguien que no tiene respuesta, sino que está superada por una vorágine que parece haberla abocado a un estado de desquiciamiento que le hace perder los estribos en varias ocasiones, con varios de sus hijos, incluido el de Samir, quien es propietario de una lavandería. Y hay muchas manchas interiores, o en la percepción, de unos y otras, que hay limpiar, aclarar. Quien más desestabiliza y trastorna a Marie, quien más la 'mancha' es, precisamente, Lucie. El porqué de sus actos, de sus desplantes y rechazos, es el veneno que habrá que morder para extraer, aunque también se descubra relacionado con otros venenos en el sistema circulatorio de ese hogar, que se ramifica hasta el estado en coma de la esposa de Samir, dueño de una lavandería.
En la primera secuencia, resalta un brazo con muñequera, aquel con el que saluda Marie a Ahmad cuando le recibe en el aeropuerto. Una lesión física que sugiere, como metáfora, una lesión anímica en esa relación a punto de finalizar definitivamente, quizá porque la firma de unos papeles no basta para finalizar ciertos flecos emocionales sueltos. Algunas lesiones quizás no estén visibilizadas, evidenciadas, de ahí, quizá, el comportamiento desconcertante de Marie. O así se lo parece a Ahmad, como si reflejara un rescoldo de resentimiento, aunque desde la perspectiva de Samir parezca más bien rescoldo de la llama de una atracción que no se ha apagado. Para él, si dos personas discuten después de cuatro años sin verse es porque algo aún palpita entre ellos. La película finaliza con la espera de respuesta de otro brazo, de una mano, lo que podría ser el indicio de que la esposa de Samir despierta de su estado en coma(como a mitad película, Marie pone la mano sobre la de Samir, aunque quizás más bien espera una respuesta esclarecedora de sí misma). Esa imagen final es la espera de un gesto, como tanta espera de incógnitas resueltas surcan la narración, esperas de esclarecimientos de las motivaciones de los personajes, para los demás, e incluso, en algunos casos, para sí mismos.
En la casa de Marie se están pintando las paredes. Hay quien deja caer un bote de pintura, en un arrebato de despecho. Hay quien se mancha la ropa con la pintura cuando se apoya en un dintel. Segunda capa, como si no hubiera aún calado. Como si el pasado siguiera presente de modo tan intenso que impide que se creen nuevas capas, nuevas relaciones, nuevas formas de habitar la vida. Como si el pasado aún manchara la percepción presente. Quizá heridas no expuestas, quizás rescoldos no difuminados, aunque se quiera manifestar lo contrario. Desde luego, muchas incógnitas, algunas que no parecen resolverse. Las apariencias enseguida se revelan abismos, arenas movedizas. Manchas que parecen difíciles de quitar. Resulta arduo, complicado, establecer certezas. La pintura se derrama, como algunas emociones parecen a la deriva, aún sin lograr perfilarse, u orientarse, anegadas en lágrimas o en la furia que ofusca. O en interrogantes que manchan, interrogantes que son lesiones, gestos que quisieran saludar aunque parezca que quieren despedirse. Incógnitas en estado de coma. A veces, lo que se quiere parece lo contrario. Aún hay heridas abiertas, relaciones no resueltas, más bien lesionadas, y por eso la pintura aún no cicatriza.

sábado, 12 de abril de 2014

True Detective: El tiempo es un círculo deshinchado


Fantástica variación del discurso de Rust(Matthew McConaughey) en 'True detective' sobre la circularidad del tiempo y el infinito. 'Nada es para siempre, porque nada fue'. 'El tiempo es un circulo deshinchado'

Aubrey Plaza, singularidad garantizada

Aubrey Plaza destaca como lo más sobresaliente de la interesante 'Seguridad no garantizada' (2012), de Colin Trevorrow. En la última edición del Festival de Sundance, fue alabado su trabajo en 'Life after Beth', de Jeff Baena, coprotagonizada por Dane DeHaan, uno de los más prometedores actores jóvenes (que me parecía lo más destacable de 'The amazing Spiderman. El poder de Electro), y una estimulante presencia frente a los habituales insulsos actores jóvenes como Shia LeBouf, Chris Pine y tantos otros. La película citada parece que ofrece una sugerente variación a las convenciones de las películas de zombies, con el replanteamiento de su relación que tiene que hacerse el protagonista cuando su novia vuelve de los muertos, como una zombie. Aubrey también aporta una sugestiva singularidad, afortunadamente lejos de otras sintéticas actrices jóvenes. Había trabajado previamente, con papeles secundarios, en la discretas 'Funny people' (2012), de Judd Apatow, como el interés amoroso del personaje de Seth Rogen o 'Scott Pilgrim contra el mundo' (2010), de Edgar Wright. Ahora participa en 'Mortdecai' (2014), de David Koepp, junto a Johnny Depp, Ewan McGregor y Paul Bettany

Salpicón de estrenos: Mejor otro día, Seguridad no garantizada y Nueve meses...de condena

Entre los estrenos de este 11 de abril, una grata comedia con suicidas frustrados (y alternancia de perspectivas, drama amortiguado, y toques excéntricos), 'Mejor otro día', de Pascal Chaumeil, en la que destacan las actrices, Toni Collete e Imogen Poots, mientras Pierce Brosnan ironiza con su imagen y Aaron Paul parece una extensión de su personaje en 'Breaking bad'. Algún fulgor emotivo (relacionado con el personaje de Collete) no destierra la sensación de producto confortable sin que las aristas sean particularmente acentuadas, lo cual propicia que no cale. Es una de esas producciones standards características del cine británico y francés, cine de buenos sentimientos, resuelto con aplicación, pero sin singularidad expresiva. Se ve con tanto agrado como pronto se olvida. Quizá no tan convencional como pueda parecer a simple vista, una curiosa obra de ciencia ficción a ras de suelo porque no parece que lo sea sino una comedia o algo indefinido de unos personajes enfrentados a su pasado, a las decisiones que no tomaron, a los fracasos que les marcaron, 'Seguridad no garantizada' (2012), dirigida por Colin Trevorrow, ahora fichado para la próxima parte de 'Parque Jurásico') es el título, y es una de las frases que aparece en el anuncio que busca compañeros de viaje en el tiempo, lo que llama la atención de unos periodistas que mientras lo investigan realizan sus particulares viajes en el tiempo, o confrontación con el pasado, pero sin máquina. Pese a todo, tampoco proporciona la sensación que extraiga todo el potencial expresivo de su planteamiento. A destacar su intérprete protagonista, Aubrey Plaza. Y, por último, '9 meses...de condena' de Albert Dupontel, comedia grotesca, con algúna secuencia ocurrente, de humor desopilante, combinada con el trazo grueso, centrada (lo que es un decir dado su desafuero) en la relación de una rígida juez que se ha mantenido alejada del mundanal contacto de socialización, con un bruto ladrón al que acusan de arrancar los ojos y comerse parte del cuerpo del dueño de la casa en que realizó el último robo. Cuando ella descubre, al de seis meses nada menos, que está embarazada, lo menos que quiere descubir es quién es el padre. No deja de llamar la atención que una comedia, con tan marcados y abruptos elementos grotescos haya tenido su reconocimiento en los premios Cesar (mejor actriz y guión), cuando la ganadora incide en esos aspectos, aunque de modo más rancio (un cruce entre Almodovar y Ozores), la nada interesante, por ser suave, 'Guillaume y los chicos ¡a la mesa!, de Guillaume Galienne.

En rodaje: Fritz Lang

Fritz Lang, durante el rodaje de la estupenda 'You and me' (1938)