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viernes, 22 de mayo de 2015

En rodaje: Andrei Tarkovski y Nikolau Burlyayev

Andrei Tarkovski engrasa o riega la ilusión, a través de Nikolai Burlyayev, durante el rodaje de las secuencias finales de 'Andrei Rublev' (1966), cuando el personaje que encarna Burlyayev se propone la ímproba tarea de forjar una campana de gran tamaño en el desolado paisaje de una Edad media quebrada por la carencia, el abuso de poder, la superstición y la violencia más cruenta. Su intuición, su esfuerzo, su confianza en lo posible, el crear la Forma sublime con el barro de la materia, lo que somos, había transformado en logro lo que en el pintor Andrei era ya falta de fe, mudez vital cual asunción de una derrota, falta de impulso vital, que recobra a través del inexperto joven.

jueves, 21 de mayo de 2015

Plácidas pausas de rodaje: Oleg Yankovsky, Domiziana Giordano ( y perro)

Oleg Yankovsky, Domiziana Giordano ( y perro) durante el rodaje de la sublime 'Nostalgia' (1983), de Andrei Tarkovski. Fotografía de Deborah Beer

miércoles, 20 de mayo de 2015

Avance: It follows y la realidad vulnerada

Terrores (segunda parte). Próximamente en Factor Crítico y El cine de Solaris. Nos internaremos en la intemperie de 'It follows' (2015), de David Robert Mitchell. Miras hacia atrás, alrededor, y nada transmite estabilidad o certeza, porque el escenario de la realidad puede modificarse, ser alterado, es incierto, y depende del capricho, de las volubilidades de los que habitan el encuadre de la vida. Además los sueños se deterioran y se hacen decepción, ruina, como tu cuerpo. Eres una criatura orgánica con fecha de caducidad.'It follows' se teje sobre esa vulneración. En el encuadre puede irrumpir la amenaza. Y el rostro de esa amenaza puede ser cualquiera. El espacio de la realidad se convierte en una infección que se propaga, y no parece haber modo de atajarla. Inevitablemente, morirás.

Avance: Poltergeist y los furiosos fantasmas interiores de un hombre en paro

Terrores (primera parte). Próximamente en Factor Crítico y El cine de Solaris hablaremos de la película que prometía ser 'Poltergeist' (2015), de Gil Kenan. pero quedó interrumpida cuando fue poseída por la pirotecnia. Hablaremos de los furiosos fantasmas interiores de quien se ha quedado en paro y no sabe cómo logrará mantener a su familia, cuando siente que los cimientos de su vida más bien parecen los de un cementerio.

martes, 19 de mayo de 2015

Avance: Corn Island y las corrientes silenciosas

Es viernes se estrena la excelente producción georgiana. 'Corn island' (Simindis kundzuli, 2014), de George Ovashili, Es un relato sobre el forcejeo entre la creación y la muerte, entre la construcción y la destrucción, la forja y el cultivo de la vida y la erosión de la vida. Una isla en medio de un río, un pequeño islote, una pequeña franja de tierra.Un hombre (Ilyas Salman), junto a su nieta (Mariam Butirishvili) se dedican a hacer habitable ese espacio en blanco. Construyen una casa de madera, y cultivan la tierra, plantando maiz. No se escucha una palabra hasta que han transcurrido veinticinco minutos. Es una narración de acciones, cuerpos, materias.Aunque no sé si bastantes de los que están mostrando entusiasmo por 'Mad max: Fury road' considerarán estas acciones igual de estimulantes, y también considerarían esta película una obra cinética en estado puro. Estas son otras modulaciones. Por eso, pasará desapercibida. En Factor Crítico y El cine de Solaris le proporcionaremos la atención que merece cuando se estrene.

lunes, 18 de mayo de 2015

En rodaje: Otto Preminger, Joseph N Welch, Murray Hamilton y Brooks West

Otto Preminger, Joseph N Welch, Murray Hamilton y Brooks West durante el rodaje de la excepcional 'Anatomía de un asesinato' (1959)

Plácidas pausas de rodaje: Henry Fonda y Joan Crawford

Henry Fonda y Joan Crawford durante el rodaje de la excelente 'Daisy Kenyon' (1947). En el cine de Otto Preminger, los trayectos pueden ser imprevisibles. Su sinuosidad, su suspensión de certezas, como un perfil que aún hubiera que precisar uniendo sus puntos, alienta la interrogante, la que te hace perder el paso, para reajustarlo, como quien aprende a caminar firme sobre terrenos pedregosos o movedizos. ‘Daisy Kenyon’ (1947) podría parecer que va a transitar los territorios más ortodoxos del melodrama, como los que la propia Joan Crawford protagonizó en las excelentes ‘De amor también se muere’ (1945), de Jean Negulesco, o en ‘Los condenados no lloran’ (1950), de Vincent Sherman, pero los dribla para situarnos en territorios que parecen variar.

Una nueva amiga

El deseo y la identidad se orquestan y se esculpen entre proyectores y pantallas. El deseo se relaciona con la música, y la identidad con la escultura, la música desborda todo papel pautado, mediante arrebatos, improvisaciones, como puede desafinar. Por eso, es una fisura en la piedra de la identidad, ya que se configura entre límites como quien necesita de celdas para definir su reflejo. Pero las fisuras abren ángulos y difuminan los límites, y el deseo puede enrevesarse entre lo que proyecta y la pantalla de la realidad conjugada con otras proyecciones y los límites que establecen un papel pautado en la relación con la realidad y los otros. Las dos, y también espléndidas, obras anteriores, 'En la casa' (2012) y 'Joven y bonita' (2013) se tramaban sobre esa colisión entre apariencia y realidad, entre pantallas y proyecciones, colocándose en primer término la interposición de una mirada que interroga y elucubra, y que, en esta última obra, en 'Una nueva amiga' (Une nouvelle amie, 2014), se interroga sobre sí misma.
En el último tramo de 'En la casa' se contrastaba el substrato real del adolescente, su inscripción en la realidad (la condición de su hogar), con la superficie dominante hasta entonces en la narración, su condición de pantalla y enigma desde la perspectiva elucubradora y especuladora del profesor. En 'Joven y bonita' una elipsis nos hurtaba el tránsito de la variación de perspectiva de la relación de la protagonista, Isabelle, con los hombres, con la realidad, con el deseo y el sentimiento. Tras la vivencia sexual en la que constata que lo real no se correspondía con lo soñado, con el ideal, el cuerpo soñado deriva en muchos cuerpos, los de clientes que la ven como la materialización de un sueño, la pantalla hecha cuerpo desnudo. Los demás personajes, su padre, su madre, su hermano, un cliente con el que establece una especial relación, intentan comprender a Isabelle. Parece un cerrojo, el de la incógnita, aunque quizás sea por su incapacidad de comprenderla, también por lo que proyectan sobre ella, como un reflejo. Es 'la joven y bonita', antes que Isabelle, juventud, piel suave, unos labios, o una hija, o la hermana que a la vez es el misterio de lo femenino. Ella misma se observa, porque no se entiende, porque no entiende cómo funciona, cómo se realizan las conexiones fuera de la pantalla de la imaginación, en la materia de las relaciones, esa realidad que es fricción, donde colisionan los deseos y los sentimientos, y a veces parecen ir en direcciones contrarias.
En 'Una nueva amiga', adaptación de un relato corto de Ruth Rendell, Claire (Anais Demustier) descubre que a David (Romain Duris), el marido de su mejor amiga, Laura (Isid Le Besco), recientemente fallecida, le gusta vestirse de mujer. De hecho tiene un aire a Laura, porque usa peluca rubia (y el cabello de David es oscuro: la primera vez que Claire le ve, de espaldas, tiene la misma sensación que tiene con otra chica rubia que ve de espaldas en el metro, que es Laura: aún no ha asumido que pueda estar muerta. David se justifica con que es una forma de sentirse aún cerca de Laura, y de que su bebé disponga de una madre que ya no tiene. Incluso apunta que es un reflejo de que desea a las mujeres de tal modo que es un modo de sentirse más cerca de ellas: desear a las mujeres es desear ser ellas. Pero ante todo, la razón es que le gusta travestirse. No desea a los hombres, pero le gusta sentirse mujer, y no sólo con la ropa que porta. Sus maneras se feminizan en gestos, aunque en su vertiente escénica, histriónica, mediante amaneramientos. Es un personaje femenino caracterizado con convenciones. Contrastan con los modos expresivos, naturales, sin remarcada seña de identidad cultural genérica de Claire, quien en su forma de vestir conjuga ambas vertientes, o difumina límites de representación de apariencias genéricas. Además, David disfruta con una actividad que culturalmente caracteriza a la mujer, ir de compras ¿Qué es?¿mujer u hombre? Los límites de las definiciones y las identidades se resquebrajan.
La desestabilización se extiende en Claire. Su reticencia primera, que le lleva a calificarle de degenerado, deriva en una conjugación, o multiplicación de proyecciones que abren brechas que revelan deseos agazapados o los propulsan a través nuevas combinaciones, porque la confusión de apariencias y realidades enmarañan el discernimiento y el deseo. Claire comienza a llamar a David Virginia: es el nombre de una amiga inventada que le da a su marido, Gilles (Raphael Personnaz), cuando comienza a ocultar esa realidad paralela con la que quiere preservar una realidad sustitutoria: Claire ve en David, o en su caracterización como Virginia, una réplica de su amiga fallecida. Cada uno vive el luto de un modo distinto. Por tanto, en principio, Virginia reemplaza a la amiga perdida, es la nueva amiga. Es el fantasma de Laura, pero no deja de ser otro cuerpo, y esto introduce variantes que generan desconcierto. Porque el consuelo afectivo también deriva en deseo.
Pero ¿a quién desea?¿Revela el deseo que sentía por Laura y que no se había reconocido ni a sí misma? ¿O el deseo que siente se lo suscita David? ¿O es Virginia, que es un hombre pero para ella no es un hombre, por lo que siente rechazo en el acto sexual al confrontarse con el pene de David, lo que la la determina a huir? ¿De qué huye? ¿Es todo el escenario una fantasía que suscita en ella esa tormenta de deseo y excitación que incluso provoca que imagine a su marido y David besándose desnudos en las duchas del gimnasio, más que realmente esté enfocado, de modo específico, con Laura o con David? ¿Qué proyecta? ¿Qué es lo que desea? ¿Desea a una mujer o un hombre? David lo tiene claro, es una mujer, se siente una mujer, y desea a una mujer como hombre que se siente mujer. No hay conflictos, y canaliza y articula lo que desea, y se subleva ante las apariencias y las definiciones y las categorías y las etiquetas y los límites. Es Virginia. Y así la mirará Claire, tras aclarar su confusión y enfocar por fin a sí misma a través de un cuerpo y una apariencia difusa que multiplicaba y difuminaba los reflejos de su amiga fallecida.

domingo, 17 de mayo de 2015

Mary is happy, Mary is happy

Mary (Patcha Poonpiriya) tiene que ser feliz. Es lo que se dice como una letanía. Mary quiere ser feliz. Mary es adolescente, y está cruzando el umbral para constituirse en adulta, o ese umbral en el que la imaginación, las proyecciones y expectativas, sufren una serie de colisiones que señalan que la realidad no espera tu llegada al escenario de la vida adulta para cumplimentar las ilusiones. Mary porta siempre el mismo vestuario, parece un uniforme, pero más bien equivale al traje de un astronauta, porque la realidad es extraña, y desconcertante, y cuesta enfocarla, y orientarse para trazar un mapa preciso. Sobre todo, lograr que se esté quieta, y no sea tan inestable e imprevisible. El trayecto de la extraordinaria 'Mary is happy, Mary is happy' (2013), de Nawapol Thamrongrattanarit es el trayecto que disloca la relación mediatizada con la realidad y concluye con la irrupción irremisible, e incontrolable, de lo real, de la naturaleza, como un bosque que irrumpe delante de la casa donde creciste cuando entonces, cuando eras una niña, no existía. Esa mediatización de la mirada se evidencia en el uso narrativo de los mensajes del twitter. 401 mensajes vertebran la narración. Nuestra relación con la realidad se ha ido desquiciando o distorsionado. Hay quien vive pensando cómo comentará su experiencia. Qué publicará en alguna red social, o qué mensajes intercambiará con otros. El relato de la vida es parte constitutiva de la misma, pero el desequilibrio se acentúa, el relato de la vida gana terreno, como si se sobreimpresionara sobre la misma realidad. La relación con la vida como pantalla se acrecienta, como si la mirada, de modo ya manifiesto, se relacionara con una pantalla física, mediadora, mediatizadora, complementaria pero cada vez más nuclear.
Si hay una cinematografía hoy en día que vaya por delante del resto es la thailandesa, como demuestra la obra de Apichatpong Wheerasethakul, Anocha Suwichakornpong (Mundane history, 2009) o Thamrongrattanarit, quien previamente había realizado la también espléndida '36' (2012): 36 planos correspondientes a un relato en el que se equiparaba la búsqueda de localizaciones para una película con la búsqueda del amado o amada. Una sucesión de planos fijos con los que se contrastaba la rígida, o limitada, perspectiva subjetiva con la condición escurridiza de lo real. La narración de 'Mary is happy, Mary is happy' se hace excéntrica, se disloca, como si los nexos se desajustaran. O al fin y al cabo se vive el proceso se hilar y definir unos nexos en la relación con la realidad, como si esta fuera una medusa que te paraliza, y ante la que tienes que rebelarte para encontrar tu propia mirada. La realidad está aún constituida de materia elástica, indefinida, como tu propia mirada. Los enfermeros pueden irrumpir tras que te hayas quedado en estado catatónico por consumir unas setas en pleno bosque, o en la calle cuando explota el móvil en tus manos. Como puedes aparecer tumbada en un banco junto a la Torre Eiffel o el Museo del Louvre. Intentas ser feliz, quieres ser feliz, pero no parece tan facil, la realidad se resiste, y puede ser extraña.
Comentas la realidad, pero el desajuste prima. Puedes tener la sensación de que ya irrumpen los títulos de crédito finales de tu vida cuando tu mejor amiga, Suri, te comunica que se traslada al extranjero para continuar sus estudios. Tu coprotagonista desaparece de escena, y la realidad se queda coja, como si faltara un trozo de pantalla. Necesitas cubrir ese hueco. Amas a un chico, pero cuando consigues reunir el valor para articular tus sentimientos, él te revela que no te corresponde. Y acontece sobre unas vías. La vida y sus vías muertas, direcciones inciertas, estaciones múltiples. Encrucijadas, una y otra vez, sin que dispongas de la certeza de que tomarás la elección adecuada o de que el trayecto corresponderá a las expectativas. Pero quizá la realidad te sorprenda, y se invierta la ecuación cuando menos lo esperes, y la cuestión será cómo lo encajas. Quizás tu mirada haya variado, quizás tus expectativas ya se hayan quemado como los cables de un circuito eléctrico sobrecargado. La inconsistencia define a los humanos, y por eso te encuentras con tantas vías de agua abiertas en la realidad. Y miras por la ventana, y ves un bosque donde antes no había. La vida se constituye también de muchos posibles inicios.

viernes, 15 de mayo de 2015

En rodaje: Sam Peckinpah, Isela Vega y Warren Oates

Sam Peckinpah, Isela Vega y Warren Oates durante el rodaje de la sublime 'Quiero la cabeza de Alfredo García' (1974).

En rodaje: Sam Peckinpah y Steve McQueen

Steve McQueen y Sam Peckinpah, el halcón de los cineastas estadounidenses, durante el rodaje de 'La huida' (1972)