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lunes, 20 de abril de 2015

El naufragio del Crescent Star

La excelente Almas en el mar' (1937), de Henry Hathaway, se abría con un juicio, el que someten al oficial Nuggin (Gary Cooper) cuya conducta en el naufragio de un navío, el 'William Brown' es puesta en cuestión, ya que aunque fue decisiva su determinación para que sobrevivieran 18 pasajeros en un bote salvavidas, propició la muerte de otros que querían ocuparlo. ¿Exime lo primero de lo segundo?. El principal pasaje dramático de 'El naufragio del Crescent Star' (Abandon Ship/seven waves away, 1957), de Richard Sale, se centra en la misma circunstancia, y plantea directamente esa interrogante. El oficial Holmes (Tyrone Power, en una de sus mejores interpretaciones), en un momento dado, ante la amenaza de una tormenta en el horizonte, tendrá que decidir si tiene que realizar lo que se resiste a tener que decidir porque él quiere salvar a los veintiseis ocupantes del bote (algunos de ellos, en el agua, agarrados al mismo). Pero, del mismo modo que cuando un barco se hunde, se suele decir, Abandonen el barco/abandon ship, quizá tenga que obligar a abandonar el bote, a merced de las olas, a varios de esos ocupantes, porque el bote está habilitado para nueve personas, o apurando, para catorce. 'El naufragio del Crescent star' destaca, en primer lugar, por su áspera contundencia, sobre todo en los pasajes más conflictivos, y por la fisicidad que transpira ya desde sus primeros pasajes. Se sienten sus magulladuras, sus costillas rotas, sus cuerpos maltrechos, sus heridas mal curadas. Los personajes se encuentran amenazados por los tiburones, pero pronto se evidenciará que la implacabilidad de escualo es manifiesta entre los ocupantes del bote, sobre todo si está en juego la supervivencia, como evidencia el hecho de que quieran pronto desembarazarse un perro aunque ocupe escaso espacio. En los pasajes finales un personaje apuntará, con ácido sarcasmo, que por qué los peores, los más brutos, los más mezquinos o miserables, son los más fuertes, considerando quiénes son los que sobreviven y los que han sido sacrificados.
Y, sobremanera, 'El naufragio del Crescent star' destaca por el desarrollo dramático de Holmes, quien asume la responsabilidad del mando, cuando el capitán, ya malherido, fallece en los primeros pasajes. Se enfrenta a quienes quieren pronto imponer la ley del más fuerte o priorizar su suerte por encima del conjunto. Intenta establecer un mínimo de organización entre mentes desesperadas u ofuscadas, o que meramente no tienen capacidad de resolución. Lo último a lo que quiere enfrentarse es a decidir sobre vidas ajenas para poder salvar algunas. Pero el oficial Kelly (Lloyd Nolan), también malherido, no deja de insistir en que tarde o temprano tendrá que sacrificar vidas. El bote casi no avanza por el sobrepeso, separan cientos de kilómetros de Africa, que podrían alcanzar al de varios días con el empuje a los remos de los más fuertes, y no resistirían sin duda la tormenta que se cierne sobre ellos en el horizonte. Cuando la tormenta pasa, tras el sacrificio de los más débiles, hay quien pregunta cómo se calificaría la decisión de Holmes si la tormenta no les hubiera alcanzado. ¿Es una pregunta justa considerando las vidas salvadas? Si el azar es generoso y un barco aparece en el horizonte, con lo cual, si se hubiera sabido, no habría hecho falta sacrificar vidas, ¿también sería justo poner en cuestión la decisión de Holmes? La mujer que comenta por qué los más mezquinos son los más fuertes es la única que apoya a Holmes, cuando todos le dan la espalda. Unos momentos antes intentaban evitar que, herido, sacrificara su vida por ellos, y agradecían que les hubiera salvado, y unos momentos después se lavan las manos de sangre como si no tuvieran que ver con la decisión de sacrificar vidas en favor de las suyas. Sólo son los beneficiarios, no los responsables. Esa mezquindad humana está retratada impecable e implacablemente en esta poco conocida pero muy sugerente obra.

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