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viernes, 24 de abril de 2015

Fuga de Alcatraz

'Fuga de Alcatraz' (Escape from Alcatraz, 1979), de Don Siegel. El crisantemo y la roca. En el cine de Clint Eastwood son recurrentes las figuras, las instituciones, que abusan del poder que detentan, de 'Ruta suicida' (1976) a 'J Edgar' (2011), pasando por 'Sin perdón' (1992), 'Poder absoluto' (1997) o 'El intercambio' (2008), entre otras tantas. En 'Fuga de Alcatraz', hay una roca literal, la roca de la isla de Alcatraz, en la que se encontraba la célebre penitenciaria, activa durante treinta años, de 1933 a 1963, un año después de que se produjera la única fuga con éxito, realizada por Frank Morris y los hermanos Anglin, John y Clarence, en la que se inspira el guión de Richard Tuggle. Guión que sería rechazado por todos los productores a los que se lo mostró, porque según ellos tenía poco diálogo y no tenía historia de amor, y además los espectadores no estaban interesados en historias carcelarias. Decidió entonces intentar hacerlo llegar directamente a los directores. Llamó a la oficina de Don Siegel, y dijo que le había conocido en una fiesta, y que el cineasta había mostrado interés por la historia. No era cierto, pero Siegel sí se interesó, y se lo planteó a Eastwood, constituyéndose en su quinta colaboración. Y última. Eastwood no quedó contento con la decisión de Siegel de realizarla con la Paramount en vez de con la Warner.
Hay otra roca, metafórica, el inclemente alcaide (Patrick McGoohan), quien hace de esa isla rocosa su particular feudo, con la que alardea de su condición inexpugnable ante cualquier intento de huida. Su soberbia no acepta la mínima réplica, o cualquier detalle que contraríe su voluntad o vanidad. No difiere mucho del recluso Wolf (Bruce M Fischer), quien intenta imponerse por la fuerza bruta cuando elige entre los reclusos su objeto de deseo. En el caso de ambos el universo se debe plegar a su capricho. Si quien Wolf elige le rechaza, le apaliza hasta que acepte; si él es el apalizado, como le ocurre con Morris (Clint Eastwood), entonces opta por intentar matarlo. Si al alcaide no le gusta el retrato que ha realizado de él un recluso, Doc (Robert Blossom), le retira toda prebenda para que pueda seguir pintando.
El crisántemo es un símbolo de alegría, de optimismo. Doc tiene varias de esas flores. Cuando a Doc le suprimen lo que le proporciona alegría de vivir en prisión, el poder pintar, se corta varios dedos con un hacha. Al alcaide le resulta indiferente lo que afecte a los reclusos. Por eso, aprieta con desprecio un crisantemo que encuentra, lo que suscita la rabia de Litmus, quien sufre un infarto. La alegría de Litmus era el pequeño ratoncito, indefenso, con el que compartía su comida. Para el alcaide, lo que sufre Litmus simplemente corrobora cómo algunos reclusos no abandonarán la prisión vivos. La fuga, en este sentido, adquiere una condición metafórica de sublevación frente al abuso del poder. La brecha en un dictatorial sistema, la roca inflexible que impone su voluntad y no deja resquicio para la satisfacción y alegría de aquellos a los que se impone.
La minuciosa y detallada narración del proceso de preparación y de la realización de la misma fuga, organizada por Morris, no difiere del concentrado despojamiento de las magistrales obras de Jacques Becker o Robert Bresson, centradas en fugas, 'La evasión' (1958) y 'Un condenado a muerte ha escapado' (1956). Se remarca la constancia y el ingenio de la tarea, el esfuerzo de quien se sobrepone y desafía a lo que, o a quien, quiere anular e impedir su realización, la voluntad que quiere que el crisantemo siempre se arrodille sumiso. Concreta, además, la tarea en duración, en conquista del tiempo que no se convierte en condena, en losa de pesadumbre, sino en curso en el que proyectarse para elaborar un proceso que se materialice y culmine en la brecha que derrumbe los muros. El crisantemo que dejan en la orilla, y que encuentra el alcaide, es el símbolo de su consecución, de su alegría. La sublevación es posible.
Los tres prófugos que se evadieron de Alcatraz, Frank Morris y los hermanos Anglin, John y Clarence.

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