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domingo, 8 de noviembre de 2015

Mares de arena

En las secuencias iniciales de 'Mares de arena' (The walking hills, 1949), de John Sturges, un grupo de hombres coincide en una timba de cartas. Una revelación inconsciente determina que se internen en el desierto en busca de un cargamento de oro que se dice que portaba una caravana de emigrantes un siglo atrás. Una mujer se une, pero a ella no es el oro lo que le interesa. Es un espacio maleable, por eso lo denominan colinas andantes (walking hills), un espacio variable, que puede enterrar con el paso del tiempo, o de improviso, por una tormenta, caravanas o coches, u hombres, como puede revelarlos sin necesidad de perder el tiempo y energías excavando. Esa mutabilidad, o cualidad oscilante, relaciona la realidad con las fronteras también variables (geográficas, pero también las que establecen los deseos y las emociones). Incierta es la misma posibilidad de que haya oro, pues no se sabe en qué medida es leyenda o realidad (y es el deseo el que lo intenta hacer realidad). De hecho, 'Mares de arena', con guión de Alan LeMay (autor de la novela que se adaptó en 'Centauros del desierto', 1956, de John Ford, y de los guiones de las interesantes 'Piratas del mar Caribe', 1942, de Cecil B De Mille, o 'Cerco de fuego', 1950, de William Keighley), se inicia en la frontera que separa México de Estados Unidos.
La película tiene tanto de western como de film noir. Hay quienes portan vestuario característico de cowboy, Jim (Randolph Scott), como quien porta traje y sombrero de fieltro, Frazee (John Ireland). Chris (Ella Raines), oscila entre Jim y Shep (William Bishop). A Jim le abandonó tiempo atrás, pero él parece dispuesto a reiniciar la relación. Shep desapareció repentinamente de su vida, y dejó una herida donde ella pensaba que iba a crecer un amor excepcional. Se quedó aterida bajó la lluvia esperando a quien no regresó. Pero hay rostros que retornan, que el azar, la realidad, desentierra, y también revela las razones de quien desapareció, de lo que parecía ya enterrado. Frazee es un policía que va detrás de Shep, por algo de lo que a este se la acusa (y que se relaciona con la causa de su repentina desaparición) pero las oscilantes colinas andantes de la realidad irán revelando que hay otros que temen que sea a ellos a quien persigue y busca. Hay unos cuantos que quieren desenterrar lo que puede dotar de estabilidad a su vida, pero al mismo tiempo quieren desaparecer, permanecer ocultos. Sus razones permanecen inciertas, como la mirada oscilante, imprevisible, de Arthur Kennedy, que se asemeja al cuchillo que lleva oculto en su muñeca.
Hay quienes se lamentan de que raramente se logre realizar lo que sea desea, como si el sueño fuera una duna que se desvaneciera con un golpe de viento. La yegua de Jim pare un potrillo, mientras otros matan por un puñado de oro, o por no ser detenidos (cuando, irónicamente, no es a ellos a quien se busca: a veces, cuando intentas desenterrar algo, acabas levantando otras tumbas), o por creer que otro es una amenaza. El simple diapasón, la oscilación entre la vida y la muerte. Una tormenta de arena cumple la función climática que limpia el escenario, revela lo que unos intentaban desenterrar esforzadamente, deja unos cadáveres y unos escenarios de vida interrumpidos, pero también unos imprevistos reinicios de vida, que parece que podrán dar de nuevo unos primeros pasos como un potrillo. Todo esto en una estimulante obra de casi hora y veinte de un cineasta que, como otro compañero generacional, Anthony Mann, fue reconocido durante tiempo sobre todo por sus westerns. Las obras previas a sus más conocidas, y estupendas, obras ('Fort Bravo', 'Conspiración de silencio' 'Desafío en la ciudad muerta, 'El último tren de Gun Hill', 'Duelo de titanes', 'Los siete magníficos' o 'La hora de las pistolas', además de la magnífica 'La gran evasión'), quizá no tengan la excelencia de los primeros noirs o thrillers de Mann, pero no dejan de ser obras de género vigorosas y apreciables, no exentas de notables pasajes, caso de 'The capture' (1950), 'La calle del misterio' (1950), 'El caso O'Hara (1951) o 'Astucia de mujer' (1953)

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