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miércoles, 25 de marzo de 2015

The crooked way

Eddie Rice (John Payne), el protagonista del film noir 'The crooked way' (1949), de Robert Florey, no recuerda quién es. Un trozo de metralla en su cerebro se lo impide. Hay amnesias que pueden tratarse y curarse, pero hay otras, como la de Eddie, que no tiene solución. Intentar extirpar esa metralla implicaría perder la vida. Eddie retorna de la guerra y se encuentra con una realidad que desconoce. Eddie Rice no es su nombre real por lo que no es posible contactar siquiera con quienes le conocieran. Rice retorna a San Francisco, pero no es un retorno, porque es un viaje a lo desconocido. No sabe qué metralla se encontrará alojada en una realidad que dejó atrás. No sabe con quién se confrontará en el espejo, quién era, quien no recuerda ser. Y con quien se enfrenta es con alguien que había tomado el sendero torcido (the crooked way). Su nombre es parecido, Eddie Riccardi, pero no se reconoce en aquel que fue, no sólo un completo extraño, sino casi un monstruo, la encarnación de sus pesadillas más siniestras. Se encuentra con una realidad que no quiere saber nada de él. Los policías le instan a que deje la ciudad en un plazo de veinticuatro horas. Se encuentra con una realidad que también desea apalizarle. Quien fuera su socio en actividades delictivas, Vince (Sonny Tufts), le escupe su resentimiento. Y se encuentra con una realidad que había dejado surcada con cicatrices, como el hombro de quien fue su esposa, Nina (excelente Ellen Drew), quien tampoco tiene ningún tipo de añoranza de él, todo lo contrario. Vuelves a la realidad y te encuentras con que el reflejo en el espejo tiene un gesto torcido, una mueca contraída que no ha dejado de infligir daño alrededor. Eras alguien mezquino, una bomba que sembró metralla en los demás. ¿Y quién eres ahora y cómo recompones la realidad?.
'The crooked way' pertenece a una serie de obras, sobre todo film noirs, que utilizaron la amnesia como detonante dramático. No dejaba de ser un reflejo del conflictivo retorno de los soldados a la vida civil, de cómo reajustarse y adaptarse a una vida normal. No dejaba de ser un reflejo, también, de que las guerras en el exterior habían difuminado la consciencia de las guerras en el interior de la sociedad. El retorno a la paz implicó la confrontación con los conflictos en la propia sociedad. 'The crooked way es una de las obras que lo plantea de modo más explicito, ya desde su prólogo, en el que deja constancia de esa circunstancia, de esa intemperie emocional de unos hombres a los que les podía costar mucho volver a integrarse en el curso de las cotidianeidad, convertirse de nuevo en parte de un engranaje como si nada hubiera pasado. Pero aparte de esa dificultad de reinserción, la sociedad parecía haberse olvidado de sus reflejos torcidos, de sus averías y desajustes. Volvían para enfrentarse a una sociedad en la que había bastante que resolver, y de la que podían ser ellos mismos responsables.
Uno de los aspectos más sobresalientes de esta intensa obra es su poderoso diseño visual, el trabajo sobre las luces y sombras que realiza el gran John Alton. En la secuencia en la que comienza a producirse, más que una reconciliación (ya que Eddie es otro), un acercamiento, entre Eddie y Nina, sus figuras son sombras en una habitación en la que entra escasa luz a través de la ventana. El momento en que se ilumina la relación y comienza a gestarse una opción de salir del abismo en el que parecía sentirse perdido Eddie es, paradójicamente, a través de la confrontación con las puras sombras. Sumergirse en la oscuridad, sin rehuirla, implicará la resurrección cual ave fenix, lo que tendrá su culminación en la extraordinaria secuencia posterior que se revela como corazón del trayecto dramático, aquella en la que Nina es herida al interponerse en la bala que iba dirigida a Vince. El rostro de Vince se dota de literalmente de luz. Enciende la cerilla pero no se iluminan sus rasgos, completamente en sombras. Pero tras el contraplano de Nina (del que parece que la luz emana), su rostro se ilumina. El diálogo es extraordinario: Nina:'Estás muy lejos. ¿Cómo de lejos?' 'Cinco años. Toda una vida (su rostro se ilumina). Más allá de eso un espacio en blanco' 'Yo también, Eddie. Sólo que ha sido un tipo diferente de espacio en blanco'. 'Ha hecho retroceder a Eddie Riccardi. Esto (señala la pistola). Todo el pasado que me impide ser como los demás. Ahora lo único que queda es preguntarse cómo sería si sólo hubiera habido un Eddie Rice la primera vez que te conocí'. Y del espacio en blanco de las sombras se configura una nueva realidad, un presente sobre el que sí se puede construir un futuro posible que no sea torcido y esté limpio de metralla.

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