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domingo, 22 de marzo de 2015

Ariel

Un condenado a muerte se ha escapado. Su vía de fuga se llama Ariel. Es el nombre de un barco con el que abandonará Finlandia en dirección a tierras lejanas. Lejos de Finlandia, de un tierra que no parece definida por lo elevado o lo espiritual. Ariel, el sirviente de Prospero, en la obra de William Shakespeare, 'La tempestad', representa lo elevado y lo espiritual. Las tempestades en Finlandia parecen mudas, como un seco garrotazo. Los personajes parecen desplazarse en viñetas, en ocasiones separadas por afiladas elipsis. Y el fuera de campo transmite mucho frío, asemeja a una fosa abisal. En 'Ariel' (1988), la producción finlandesa dirigida por Aki Kaurismaki, los planos parecen la expresión de un jugador de poker, o la expresión aturdida de quien padece una larga resaca. Su protagonista, Taiso (Turo Pajala) es despedido de una empresa minera. Es golpeado y robado cuando se detiene en la carretera por la que se aleja de un pasado que decididamente no tenía futuro, enterrado en el fuera de campo en el que yace el cadáver de su padre tras pegarse un tiro en los baños de un bar. Es encarcelado cuando sorprende y golpea a uno de los dos que le robaron. Logra escapar de la cárcel y atraca un banco, porque su propósito, su determinación, es abandonar un país en el que siente que no tiene mucho lugar, ni siquiera ya acarreando sacos de los navíos que llegan a puerto.
En vez de ser un saco, alguien varado, por qué no abandonar una tierra en la que resulta complicado disponer de la capota con la que protegerse de las adversidades y precariedades. A no ser que estés muerto. Su amigo Mikkonen (Matti Pellonpaa), agonizante, encuentra el botón que baja la capota de su coche que él no había logrado encontrar al iniciar su huida de aquel pueblo minero ya convertido en tumba, surcando unas carreteras de nieve y viento helado para lo que sólo encontrar como protección un pañuelo en su cabeza. Tampoco quiere saber nada de una realidad que pone multas o te convierte en carne colgada de ganchos la aliada sentimental que encuentra en Irmeli (Susanna Haavisto). En vez de ponerle una multa por aparcar mal el coche, decide abandonar su trabajo, y cenar con él, como preámbulo de una relación sentimental. También preferirá abandonar el país con él a tener que acarrear pedazos de carne en un matadero. Rumbo a la lejanía, lejos de donde sólo hay distancias que recorrer antes de ser robado o encarcelado o caído muerto después de acarrear algún peso muerto que otro. En algún lugar sobre el arco iris.

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