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sábado, 27 de septiembre de 2014

Objetivo: Banco de Inglaterra

Podría verse 'Objetivo: Banco de Inglaterra' (The league of gentlemen, 1960), de Basil Dearden, adaptación de la novela de John Boland, como antecedente, en cierto aspecto, de 'Doce del patíbulo' (1967), una de las obras más célebres, pero menos estimulantes, de Robert Aldrich. Hyde (Jack Hawkins) plantea el atraco a un banco como una operación militar, y para ello recluta a siete ex militares cuyo pasado no es precisamente resplandeciente (desde provocar muertes de compañeros por esta bebido mientras desactiva una bomba a vender información al enemigo, los rusos, pasando por flirteos con organizaciones fascistas, actividades en el mercado negro o ser expulsado por acciones calificadas como indecentes o por asesinar a unos sospechosos de pertenecer a la organización nacional de combatientes chipriotas que luchaban por la expulsión de las tropas británicas y por su autoderminación). Por otra parte, y causa de que no tenga dudas Hyde de que aceptarán su propuesta, su presente está definido por la precariedad material.
Race (Nigel Patrick), que tantea con las timbas a una suerte que le niega el saludo, no tiene ni para pagar el alquiler. Mycroft (Roger Livesey), que se dedica a sacar unos cuartos con timos en los que se hace pasar por sacerdote, tiene que salir por piernas de la habitación de alquiler al saber que unos policías le buscan. Rutland Smith (Terence Alexander) ejerce más bien de sirviente de su esposa, haciendo tragaderas de los amantes que se trae. Porthill (Bryan Forbes) también pertenece al sector servicios, en su caso como gigolo de mujeres maduras, y lo lleva con más desapego porque no tiene reparos en jugar con la doblez y disfrutar, a costa de su dinero, del placer con otras mujeres que sí son de su gusto. Lexy mantiene a flote su taller gracias a los ingresos que le reporta trucar maquinas de juego. Mosley (Kieron Moore), dueño de un gimnasio, tiene que hacer frente a presiones chantajeadoras por su condición homosexual y Weaver (Norman Bird), reflejado, o condensado, en una magnífica secuencia, mientras malvive arreglando relojes, soporta estoicamente, sin emitir palabra alguna, la estridente cháchara de su esposa y los trastornos seniles de un abuelo que no deja de ver la televisión con desorbitado volumen.
'Objetivo: Banco de Inglaterra' fue en principio un proyecto de Carl Foreman, con la idea de proponer el papel protagonista a Cary Grant. Encargó la redacción del guión a Forbes, pero no le pareció que fuera un guión a la altura de una estrella como Grant. Forbes fundaría la productora Allied film makers junto a Jack Hawkins, Richard Attenborough, Basil Dearden y el productor desde 1949 de las obras previas de este, Michael Relph, y, tras obtener los derechos, realizarían la película, que fue un notable éxito. Si la obra de Aldrich se extravía al derivar su corrosivo cuestionamiento de la institución militar en las rudimentarias convenciones de las hazañas bélicas (estuvo mucho más entonado en la magnífica 'Comando en el mar de la China', 1970), Dearden es eficaz a la hora de reflejar, a través de estos personajes desubicados, la sórdida necrosis de una sociedad. Ya resulta elocuentemente mordaz en la nocturna secuencia de presentación: Hyde surge, impecablemente vestido, de una alcantarilla en una silenciosa y solitaria calle. Hyde es alguien resentido, que acaba de ser jubilado del ejercito después de dedicar su vida al mismo. Como apunta, todos y cada uno de ellos han sido instruidos para ser funcionales en situación de guerra. Pero fuera de la misma se convierten en seres inútiles, espectros, residuos marginales que no encuentran su lugar. E incluso, si han sido íntegros, como Hyde, son retirados como si fueran apartados en un rincón oscuro, sin más.
Hay una escisión enfermiza en esa sociedad, ironizado por Race en su alusión a Jekyll, del que es doble siniestro Hyde en la obra de Robert L Stevenson, 'El extraño caso del doctor Jekyll y Mr Hyde'. Al fin y al cabo, Hyde, con su idea del atraco, refleja una insatisfacción y frustración (¿A qué ha servido y consagrado su vida y para qué?), correspondida con sus particulares reflejos siniestros, siete militares que encarnan la vertiente turbia del Orden. Coherente al respecto, la obra, visualmente, parece más bien manchada; es un blanco y negro que asemeja una sórdida espesura, en la que hubiera que despejar las costras. En la impecable secuencia del atraco se utilizan bombas de humo, pero pareciera que ese humo está presente como una cortina infecciosa ambiental durante toda la narración, porque es parte de ese insalubre medio ambiente social, también evidenciado en otras obras estimulantes obras de Dearden de ese periodo que exploran las supuraciones de la impostura de un Orden, a través de la delincuencia juvenil, en 'Barrio peligroso' (1958), el racismo en 'Crimen al atardecer' (1959) o la homofobia en la excelente 'Víctima' (1961). Aún así, el humor se conjuga hábilmente con esa sordidez, ya contenido en la ironía del mismo título original. Una liga de caballeros (League of gentlemen) que son más bien deshechos en las alcantarillas de la sociedad.
PD 1: 'Objetivo: Banco de Inglaterra´ocupa un lugar especial en mi memoria cinéfila. Fue una de las primeras películas que recuerdo haber visto de niño, con cierto encanto de aire clandestino, cuando, ya en la cama, mis padres, silenciosamente, para no despertar a mi hermano, me llamaban para ver, sentado el suelo y cubierto con una manta, alguna de aquellas películas en blanco y negro que me asombraban. Es una de las que más huella me dejó entonces. PD 2: Oliver Reed que había debutado en 1958, sin acreditar, en una de sus fugaces primeras interpretaciones

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