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domingo, 7 de diciembre de 2014

Querido asesino

En los relatos criminales hay una variante que puede dividirse en dos enfoques. El crimen ideado o realizado por el componente de la pareja que se siente traicionado o despechado, porque el otro o la otra mantiene una relación paralela, o le ha abandonado o se plantea romper la relación, o el que idean o realizan los amantes, los que aspiran a visibilizarse como pareja, para lo cual deben eliminar a la pareja oficial o visible o legítima. La construcción narrativa puede optar entre dos enfoques. Puede optar por la concreción o por la incógnita. Puede partir de la visibilización de quién es el autor del crimen, o de quién será. Lo importante es el cómo: el diseño del plan de asesinato y su ejecución, los dilemas con los que bregan o los obstáculos con los que se enfrentan, los imprevistos, y posteriormente la forma de evitar que la investigación policial les descubra. La otra opción se construye alrededor de un vacío, de un clima emocional, de una atmósfera, sobre el entorno y las circunstancias, o sobre sus fisuras, en donde la incógnita sobre el quién juega un papel desestabilizador. La sugerente 'Querido asesino' (Dear murderer, 1947), producción británica de la Gainsborough, dirigida por Arthur Crabtree, deja bien claro pronto quién es el quién, y su trama se construye sinuosamente sobre una perversa ironía. La estructura circular, alguien que entra en un piso, alguien que sale, se corresponde con la inversión de la posición del manipulador en manipulado. Las sombras que dominan los encuadres iniciales ya son elocuentes. Una sombra irrumpe en un piso de luces apagadas, e incluso corre una persiana. Es un marido que retorna después de ocho meses de ausencia, Lee (Eric Portman), pero parece un intruso que entrara a robar, o un policía que realiza un minucioso registro. Conclusión: hay indicios de que su esposa, Vivian (Greta Gynt), tiene un enamorado, que quizá sea su amante. Su primera decisión: Asesinar al amante, Fenton (Dennis Price).
El relato, que adapta una obra de teatro de St. John Legh Clowes, dispone de varios sugerentes giros de guión: Hay un par de flashbacks que proporcionan una distinta percepción de los hechos, al espectador y a los personajes. El primero, de eficaz capacidad sintética, explicitará cómo el protagonista ya sabía más de lo que parece antes de retornar a Inglaterra. El segundo directamente es falso, antecedente del recurso que utilizará Alfred Hitchcock en 'Pánico en la escena' (1950), aunque aquí el espectador sí sabe que es falso, se visualiza la invención de quien enuncia el relato al inspector encargado del caso, Penbury (Jack Warner). Los otros giros no dejan de ser ironías que alteran y descomponen la metódica planificación del asesino (recurso que también era del gusto de Mankiewicz en sus obras alrededor de aspirantes a demiurgos). Los imprevistos que no habías considerado entre los posibles: Quien piensas que puede ser el amante, quizá no lo sea ya, y ha sido sustituido, lo que modifica tu perspectiva y desafía tu capacidad de improvisación para manipular las apariencias, y por tanto la configuración de la realidad resultante, a tu conveniencia.
Y, sobre todo, el punto débil que es el ángulo ciego, en este caso, el sentimiento. Si el manipulador no es alguien del todo cínico, si el crimen, aun urdido con habilidad e inteligencia, tanto que puede aspirar al crimen perfecto, se ha gestado por el despecho, el cual mantiene larvada la aspiración de recuperar o restituir el amor que ha sentido traicionado, eso puede ser su perdición, ya que puede enfrentarse a la capacidad manipuladora de quien es capaz de engañar del modo que sea para salvar a quien realmente ama, haciéndole creer que él es el depositario de su amor. Un duelo entre pasiones, que ofuscan o inspiran, y capacidades urdidoras. El manipulador puede perder capacidad perceptiva porque se ofusca por la aspiración sentimental, y caer en los mismos recursos que él utilizó . Quien lucha por quien ama, para que no sea encausado, puede ser capaz del fingimiento para conseguir el propósito de liberarlo de la trama de apariencias engañosas en la que fue complicado. Un enfrentamiento que deriva en una salida de escena que deja evidencia de que hay relaciones sentimentales que se van convirtiendo progresivamente sólo en apariencias, máscaras que mantenían un mero escenario aunque su interior se haya ido deteriorando o pudriendo. Un espacio vacío entre la imagen que se proyectaba, y las ideas con las que se engañaban.

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