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viernes, 12 de diciembre de 2014

Magical girl

¿Qué es lo que no está? ¿Qué es lo que falta? Hay certezas incontestables, dos por dos son cuatro, pero no dejamos de estar expuestos a la incertidumbre, una fisura puede resquebrajar el espejo en el que reflejamos la realidad. Incluso, puede faltar una pieza en el puzzle. Quizá siempre falte una pieza en el puzzle. Siempre hay algo que falta, algo que nos hiere y deja cicatriz, un temblor que no desaparecerá aunque esté sumido en el silencio, algo que no conseguimos y será sólo sueño, algo que perdemos irremisiblemente. Entre la magia y las matemáticas, la realidad se suspende y balancea entre la ilusión y lo real. En la magia, algo está y luego ya no está, existen los trucos, las trampas, pero también lo que no se logra comprender, lo que se nos escapa al entendimiento, el ángulo que desconocemos, que no podemos contemplar porque nos falta perspectiva, la adecuada posición en el tablero o mapa de la realidad. En 'Magical girl' (2014), de Carlos Vermut, a Luís (Luís Bermejo) pronto le faltará su pequeña hija, Alicia (Lucía Pollán). Pronto morirá a causa de la leucemia. Pronto no estará. Y no será un truco de magia. Alfredo (Israel Elejalde), psiquiatra, aún no está seguro, no confía, en que su esposa, Barbara (extraordinaria Barbara Lennie) no conserve las pastillas en su boca en vez de ingerirlas como indica su tratamiento. No está seguro de si estará o no estará la pastilla. Barbara despierta, y él no está. Parece que le ha abandonado, y quiebra el espejo con su cabeza. Su mente parece un tanto quebrada. No se sabe con certeza por qué, por qué está en tratamiento, qué le ha herido, qué le falta, qué ha visto que los demás no. Por eso, ríe imaginando la cara que pondrían los demás si lanzara al vacío el bebé que tiene entre los brazos. Su golpe en la frente provoca que la cicatriz de la herida evoque al Bindi, el punto que se colocan las mujeres hindúes. Suele relacionarse con la sabiduría oculta. También se supone que retiene la energia: ¿Y si se abre, si se hace herida?
Bárbara, según la etimología griega, significa extranjera. Con Barbara se asocia lo oculto, en cuanto indefinido, escurridizo, incompleto, es la pieza que falta, la pieza que no está, la pieza incógnita, la extrañeza, la sensación de sentirse extraño a la realidad, cuando el dos por dos son cuatro no funciona para seguir habitando la realidad, cuando la realidad se desmorona, y eres un profesor en paro, al margen, como Luís, o un profesor al que superaron sus instintos, deseos o emociones, como es el caso de Damian (portentoso José Sacristán), que fue profesor de matemáticas de Bárbara cuando era niña, alguien que es capaz de hacer lo que sea por ella. O cuando la muerte irrumpe y quiebra la ilusión de permanencia y estabilidad, y compras a tu hija un disfraz, con varita mágica, un disfraz que asemeja al que portaba la Alicia de la obra de Lewis Carroll. Pero no hay hadas ni la vestimenta de ensueño evitará que tu hija muera, pero por mantener esa provisional ilusión que conjura a la perdida, serás capaz de realizar lo que sea, lo que creías inconcebible, serás capaz de hacer daño en nombre del amor. Y las matemáticas dejan paso a los impulsos del corazón, y los cálculos se enmarañan con las paradojas, y las turbulencias que se escombran en las contradicciones, y propicia un alud de consecuencias imprevistas que puede volver como una bala a tu cerebro, una bala que entra por tu frente, como la hendidura en la frente de Bárbara, la mujer a la que quisiste chantajear para conseguir ese regalo de lujo a tu hija, una fantasía que no iba a tapiar la hendidura del avance de la muerte.
Y esa mujer, se degradó, un cuerpo rebosante de cicatrices, un cuerpo surcado con la memoria del dolor, y penetró en lo innombrable, en las simas oscuras en forma de habitación oscura coronada por un lagarto, símbolo de renovación, y de la intuición. La habitación oscura que conecta a la razón con su pesadilla, a la emoción con sus carencias y lodos de contradicción y desbocamientos. Perdida y renovación. En la mirada quemada no habrá respuestas sino preguntas que te dirán que te vuelvas para percibir una perspectiva de la que no te habías percatado y que estaba ahí, o que se generó cuando un vomito impidió que una piedra quebrara un cristal. Y el profesor de matemáticas se deja poseer por el caos, por eso tiene miedo de salir de la prisión donde todo está en su sitio, donde las piezas encajan, donde no hay una pieza del puzzle que falte. En la realidad irrumpe la extrañeza, lo imprevisto, los sentimientos y las emociones desbordan. En lo real habita Barbara, habitan las heridas que son recuerdos de que nos desplazamos en el tiempo, un trayecto que intentamos maquillar con apariencias, con respuestas que atornillan lo que no está o lo que falta, con espejos que ocultan sus fisuras, con disfraces que disimulan nuestra muerte inminente, en cualquier instante, ahora, cuando menos lo esperes, aunque portes una varita mágica. Mejor que te vuelvas, las matemáticas están, y ya no están. Se llama magia, aunque duela, y te haga caer en habitaciones oscuras donde los espejos hieren la carne. ¿Qué es lo que falta? ¿Qué es lo que no está?

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