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viernes, 7 de noviembre de 2014

Ne change rien

¿Se escuchan las sombras quemadas? De la quemadura de las sombras, de la espesura de una negrura se gesta una luz, y es música, un relato que hace cuerpo de una gestación, una narración que es espacio que nace, y música que se alumbra, el temblor de su proceso, los forcejeos de la creación. En la negrura, en el cerco de sombras, se despliega, se insinúa, se va perfilando la luz que brota de la música de Jeanne Balibar y sus cómplices. 'Ne change rien' (2010), es un documental que es un poema que es un relato que se hilvana sutilmente en los intersticios de las letras de las canciones. Pedro Costa construye la narración que progresa con cada canción. Planos de larga duración que son eslabones de una gestación. De la negrura, en el inicio fue la oscuridad, brotan y crecen unas emociones que son testimonio del proceso creativo y la consecución de una emoción plena, lo que calificaba Peter Handke como el sentido pacífico de las cosas. 'Ne change rien' es una sorprendente alquimia. La narración puede ser una canción de amor, a la creación, a un rostro y una voz, emociones que se desperezan con un rostro que forcejea para conseguir que su voz encuadre la modulación precisa, la emoción precisa. En el corazón de la narración se detiene, se extiende, en el laborioso proceso, trayecto, de encontrar la medida precisa, la conjugación precisa, entre la voz y los instrumentos, una coreografía de emociones y acordes, en el proceso de formación de una canción que, significativamente, se titula 'Cinema'.
En su estribillo, 'la pena perdida'. El estribillo de la misma narración. La frase que se convierte en letanía, en temblorosa luz que conjura la oscuridad, como el temblor de la mirada de un niño. El temblor de la mirada que se perfila, de la narración que se hace cuerpo, de la emoción que se transciende, y supera el cerco, los límites de las sombras. Las palabras que nombran las sombras, que la representan. Las sombras que se desprenden, las la pena que se hace luz. Jeanne Balibar fue primero bailarina. Durante su infancia, dedicó dilatadas horas a afinar su dominio de la expresión del cuerpo a través de la danza. Su dedicación eran como los planos dilatados de 'Ne change rien'. En 'Vete a saber' (2001), de Jacques Rivette, depuró ese arte, el logro de la actriz que es bailarina, aunque aparentemente no dé pasos de baile. 'Ne change rien' detalla el proceso de afinamiento. La gesta de una creación. Balibar se debate con su voz para, en cada canción, encontrar la adecuada modulación, Hay un largo pasaje en el que una instructora de voz la interrumpe constantemente para corregir cada pasaje de la canción que interpreta. Por un instante, desespera porque siente que la música no fluye, que aún tartamudea y balbucea, el proceso se hace costoso, porque son detalles sutiles los que debe dar cuerpo, afinar, dar a luz, con su voz.
Su voz se proyecta como luz que desafía a la oscuridad, un pulso para no abocarse al silencio, a la negrura donde las emociones no se articulan sino que se agitan como un magma indefinido. La creación es un forcejeo para articular el encuadre preciso. Costa crea composiciones pictóricas, y dota a la duración de voz, para reflejar esa lucha, ese parto, esa gestación. Siempre, la lucha entre luz y oscuridad. Redescubre el primer plano encuadrando de perfil a la cantante y actriz envuelta en la oscuridad, en un extremo del encuadre, como si se proyectara como la vida que nace de la materia difusa de lo incierto, la trama que dota de luz a lo que no tiene nombre. 'Ne change rien' es una celebración del alumbramiento. Un proceso alquímico. Un comentarío sobre la naturaleza del cine, de la luz y la oscuridad conjugándose. Porque la luz que más brilla está hecha de las quemaduras de las sombras. Y esta bella obra es un prodigioso resplandor.

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