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domingo, 20 de abril de 2014

Sólo los amantes sobreviven

Sólo los amantes quedan vivos, o sea los vampiros. Porque el resto son zombies, o sea humanos. Según lo que Einstein calificó como la paradoja de la acción fantasmal a distancia, en el fenómeno del entrelazamiento, cuando separas una partícula entrelazada y alejas ambas partes la una de la otra, inclusive en lugares opuestos del universo, si alteras o afectas una, la otra será afectada o alterada de manera idéntica. Adam (Tom Hiddleston) y Eve (Tilda Swinton) viven separados, pero no pueden vivir el uno sin el otro. Están entrelazados. Ambos son vampiros, pero prefieren beber sangre depurada, dado lo contaminada que está la sangre de los humanos. Eve vive en Tanger, como también Christopher Marlowe (John Hurt), quien puede recordar, en ciertos aspectos, al escritor Paul Bowles, que vivió también en Tanger. Adam puede recordar a su protagonista de 'El cielo protector', alguien que se siente asfixiar en un mundo, una civilización, que siente acusadamente degradada, como si la decadencia del ser humano, pese a lo que ya ha visto durante tantos siglos, hubiera alcanzado simas inconcebibles.
Adam piensa en la desaparición, porque le oprime un mundo que carece de música interna. Adam vive en y con la música que compone. Sus fetiches son las guitarras, el instrumento con el que despliega esa melancolía que le abruma, que rezuma su gesto exhausto, apesadumbrado, y que llega a convertir en una bala con la que quizá horadar su corazón de modo definitivo. Según Marlowe, hubiera sido un ideal Hamlet, la obra que él escribió, y no Shakespeare, como Adam también compuso alguna obra de Schubert, como el Adagio. Adam se hace llamar el Doctor Faustus cuando compra sangre al doctor Watson (Jeffrey Wright). Al doctor Faustus, según la obra escrita por Marlowe, le impulsaba el afán del conocimiento. El doctor Watson le llama, en cierto momento, Doctor Caligari. Quizá Adam sea como una sombra que errara por el universo con un gesto ralentizado, el de la decepción porque el ser humano haya despreciado siempre a las mentes exploradoras, inquietas, a los que abren con interrogantes lo posible, a los científicos que encontraron nuevas vías en la comprensión de la realidad. Su gesto ralentizado es el gesto abrumado por una criatura humana que no hace falta que esté biológicamente muerta para ser calificada como zombie.
La mente humana está despoblada, como los espacios que rodean la casa en la que vive en Detroit, un lúgubre decorado de edificios abandonados que extravió el don de la música. Donde hubo un teatro con espejos que reflejaban los candelabros ahora hay un mortecino aparcamiento. Por eso sólo quedan vivos los amantes, los que saben beber la sangre de la vida, la entraña de la vida, los que aspiran a beberla, a palpar y sentir su música, fluir en la embriaguez, la transcendencia de los sentidos. Y así fluye la narración de 'Sólo los amantes sobreviven' (2014), de Jim Jarmusch, como si la embriaguez aún fuera posible, como si se desperezara entre sueños, como si se sacudiera el entumecimiento, y despertara. Adam habita, recluso, un refugio aislado del universo, como si fuera un Tesla que compone música, sobre todo con la mujer que ama, Eve. Ambos están entrelazados, da igual si hay interpuesta distancia, o yacen juntos abrazados. Se desplazan entre ellos como una corriente eléctrica, y con el coche, por entre los espacios deshabitados, como si su presencia fuera el aliento que los dotara de vida. Danzan con su mente, en el ajedrez, o con sus cuerpos. Sus gestos se acompasan.
Si este mundo no sabe usar la imaginación, queda el exilio, convertirse en un vampiro, dejarse fluir por la imaginación y los cuerpos y emociones que se muerden hasta el tuétano donde vibra la luz entre las sombras de la lucidez, allí donde se saborea la música. Cuando Eve viaja hacia el postrado ánimo de Adam, lee unas palabras que escribió Marlowe: 'El amor no se altera con sus cortas horas y semanas sino que todo lo resiste hasta el final de los tiempos. Si estoy errado, y que eso se pruebe, yo nunca he escrito ni ningún hombre amado'. Hasta que la muerte, la sangre contaminada de la degradada condición humana, separa a Marlowe del hombre que amaba. Adam y Eve, siempre entrelazados, se expondrán, mordiendo, porque no hay otra opción. Resisten, buscando cómplices para compartir la música de su oscuridad disidente. Se estrena el 27 de julio. Sencillamente, prodigiosa En Cannes fue premiada la sublime música de Jozef Van Wissem. Pocos diseños sonoros, en los últimos años, tan extraordinarios como el de esta cautivadora obra.

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