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lunes, 16 de enero de 2012

En rodaje: Louise Brooks

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Louise Brooks durante el rodaje de una de las secuencias iniciales de 'Tres páginas de un diario' (1929), de GW Pabst. Un prodigio de fluidez narrativa atenta a los gestos, detalles y miradas. Otra impecable disección sobre la monstruosidad de la hipocresía y doblez moral. Si en la anterior obra 'La caja de Pandora' el personaje de Lulu se definía por su desapegada actitud vital, sin corsés, una sensualidad radiante que es frontalidad que no sabe de mascaradas de conveniencias (y que ha conllevado errores de juicio como considerla una femme fatale, lo que no deja de recrear el estigma sobre la condición transgresora del personaje desde la rígida mirada convencional), aquí Thymian encarna otra condición complementaria de la inocencia, en cuanto que ambas no se pliegan a las conveniencias sobre las que se traman las directrices morales, que deriva en su caso en que se convierta en, o sea más bien calificada como, una 'perdida' ( el título original es 'Diario de una chica perdida'). Pabst arremete con contundencia contra esa calificación, desnudando su raíz (su origen), es decir, desde qué perspectiva se enuncia, que no es sino el de la combinación de rigidez y doblez moral. Una societé fatal, y perdida en sus inconsecuencias e inconsistencias, porque priorizan la 'imagen social', atrofiados en la verguenza, en vez de dar rienda suelta a la espontaneidad generosa.

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