Translate

jueves, 22 de noviembre de 2012

Sinister

Photobucket 1.Puede quizá sorprender la asociación de dos propuestas que parecen surcar el género fantástico en senderos tan opuestos, una, Holy motors’ (2012), de Leos Carax, explorando o abriendo nuevos senderos (o en los menos explorados, los de Resnais, Lynch…), y la otra, ‘Sinister’ (2012), de Scott Derrickson, haciendo el viaje, aparentemente, a la inversa, a las raíces, al substrato de lo siniestro, del terror, las sombras y el fuera de campo, que como bien se sabe también los crea la luz del proyector. Si traigo a colación la asociación, aprovechando que ambas acaban de estrenarse, es porque la obra de Derrickson me cautivó allí donde sentí que cojeaba el denso planteamiento de ideas de ‘Holy motors’ (2012), de Leos Carax, la orquestación sensorial de las texturas (perturbadoras). Cierto que la obra de Carax transita más lo grotesco o lo sórdido, la lírica miserable y patética, que el terror (o lo siniestro) en su sentido más ortodoxo como hace la obra de Derrickson. Aunque ambas coinciden en interrogarnos sobre la creación de imágenes, la responsabilidad de las formas, la ausencia de mirada o la manipulación de la misma que determina su degradación o enajenación. Puede ser más complejo el entramado conceptual de la obra de Carax ( apasionante para derivar en un interminable debate de ideas), pero la de Derrickson con su más modesta configuración simbólica aporta sugerentes apuntes, que pueden también contemplarse como complemento a las más radical reflexión sobre el género que realiza ‘La cabaña en el bosque’ (2012), de Drew Goddard, ambas dos estimulantes muestras que incitan a pensar que puede darse esa revitalización de un género tan enquistado en estériles formulas. Derrickson, a su modo, como la de Goddard, realiza la reanimación desde la entraña de sus convenciones, de sus ‘tropos’ más característicos. Photobucket Con la obra de Carax, muy sugerente en su cuerpo de ideas, gratamente transgresor en su planteamiento, estimulante intento de abofetear nuestra modorra vital, perdí conexión a partir del pasaje de Mr Merde con Eva Mendes. Aunque poco a poco fui recuperándola, nunca fue de modo completo, como si flotara en el espacio, en la distancia, sin lograr contacto con la nave de la que había sido despedido violentamente. Podía advertir la secuencia de sentido, su orografía conceptual, pero los mapas se me deshilachaban entre la yema de los dedos. No logré sumergirme en el placer del texto. Quizá sea necesaria una segunda inmersión para lograr la conexión que no pude realizar en esta primera. A veces ocurre, y redescubres, o simplemente gozas, no sólo intelectualmente, una obra en posteriores visionados. Quizás mis expectativas colisionaron con una narrativa que buscaba el cuerpo y que gritaba por su perdida en nuestra sociedad cada más virtualizada, más embrutecida y enajenada, que no sabe ya apreciar la belleza (o no quiere), pero que parecía ya lejana, u otra, de la que disfruté en las tres primeras obras de Carax, con las que sentí un maravillado asombro. O quizá soy más generoso de lo que debería precisamente por ese lazo emocional tan hondo que sentí con su cine, y no quiero asumir que es una obra tan apasionante en su aspecto conceptual como fallida en su materialización, cortocircuitada por la amargura y el nihilismo al que el escupitajo al mundo vuelve a caer sobre él. Por ejemplo, Blow up me parece en su trayecto simbólico apasionante, pero desnutrida estilísticamente, como una pálida ilustración, como me pareció el caso de ‘Eye wide shit’ de Kubrick , exangüe a nivel expresivo, incluso hasta rancio, como una mirada revenida que intenta articular su mirada opuesta, la irreverente. Quizá sea el caso de Carax, y aún me agarro al recuerdo de sus tres admirables primeras obras, como quien aún se agarra al recuerdo de la amada que ya es definitivamente parte del pasado, porque ya no se la ama del mismo modo, incluso se la mira como a una extraña. Photobucket 2.‘Sinister’ transita sobre espacios, figuras y convenciones convertidas en formulas, pero aporta algo escaso de degustar en un genero tan degradado como el terror, atmósfera, textura. Hacer sentir el terror. El productor Jason Blum se ha forrado con una serie de producciones de bajo presupuesto. La mina la encontró con ‘Paranormal activity’ (2007), que ya va con la quinta parte en producción, y tuvo otro gran éxito con ‘Insidious’ (2010), de James Wan. ‘Sinister’ es una combinación de ambas. ¿Para que complicarse la vida si han funcionado tan bien las otras en taquilla? La acción transcurre casi en un único espacio, la casa a la que se ha trasladado Ellison (Ethan Hawke), con su esposa y dos hijos, para escribir un nuevo libro, o más bien el libro con el que espera repetir el éxito que consiguió con uno anterior diez años antes, y así logre sacarle de la crisis financiera que sufre. Está tan desesperado por salir de esa precaria circunstancia, y evitar el realizar trabajos alimenticios que no le apetece, como impartir clases, o escribir libros de textos, que no informa a su familia de que en esa casa, meses atrás, los padres y dos de los hijos murieron ahorcados en el jardín, y la hija pequeña permanece desaparecida desde entonces. Y es que explorar ese misterio, y escribir sobre el mismo, es su objetivo. Si ‘Paranormal activity’ se narraba al estilo ‘found footage’ (de imágenes de video o super 8 encontradas), aquí esas imágenes, son las que se proyecta Ellison tras descubrir en el ático una caja con un proyector de super 8 y varias películas (¿quién ha podido dejarla? es lo único que queda en el ático), cada una de las cuales contienen la muerte violenta de varias familias, en distintas casas y en diferentes localidades. Y en todos los casos siempre ha desaparecido uno de los hijos. La revisión de esas cintas propicia que tome ‘contacto’, o crea ver, una enigmática figura, que parece asociada con una criatura sobrenatural de origen babilónico. Es el aspecto argumental que la engarza con ‘Insidious’: la amenaza de criaturas ‘fantasmales’ sobre las figuras infantiles, ya que su apetito se sacia devorando el alma de niños. Photobucket Pero si el interés de ‘Paranormal activity’ se restringía a uno o dos sustos ( de una idea que no daba para más que un cortometraje), e ‘Insidious’, aunque fuera saludada por algunos como una revitalización del género me pareció una obra desequilibrada, con varias secuencias turbadoras, pero un reciclaje de películas o situaciones ya vistas sin la necesaria cohesión o densidad, ‘Sinister’, afina con una propuesta mucho más equilibrada, que incide en los senderos de ‘El resplandor’ (1980), de Stanley Kubrick o ‘El último escalón’ (1999), de David Koepp. Mejor que la primera (de entrada, porque Hawke resulta más efectivo que el repertorio de muecas de Nicholson) aunque quizá no tenga la densidad conceptual de la obra de Koepp, que convertía la narración en el enfrentamiento del protagonista con los fantasmas de su frustración, los de no haber llegado a ser lo que aspiraba a ser en la vida. Pero, en cierta medida, si rascamos, parecidas resonancias podemos encontrar en este escritor que quiere salir del pozo en el que parece sumida su vida, y que parece dispuesto a lo que sea por ese éxito (como subordinar su familia a sus ambiciones; su hija, nada más llegar le muestra su insatisfacción por tanto cambio de domicilio; y no deja de ser elocuente el papel que adquirirá la hija en la narración). Photobucket De hecho, Ellison arrastra un reproche, por un libro anterior, ya que por revolver o escarbar más de lo debido (o más bien desprendido de escrúpulos) provocó consecuencias trágicas. Irónicamente, la figura sobrenatural con la que bregará, se manifiesta, o realiza su influencia, a través de las imágenes, con las que suele cautivar, engañar, seducir a los niños, con un efecto trágico, como el que ha causado con los daños colaterales que han causado la confección de sus obras. Es decir, si esa criatura sobrenatural se visibiliza a través de las imágenes, es la obsesión de Ellison por hacerse ‘visible’, ser alguien, no quedar en la cuneta del anonimato (la no consecución del éxito, comercial, de fama), la que determina las consecuencias trágicas (casi se podría decir que esa criatura es como una ‘emanación’ de su enajenación en busca del éxito, de crear imágenes de éxito, despreocupado de los efectos que causa). Lo cual por otro lado enlazaría con la propuesta de Carax, como un comentario sobre la influencia perniciosa del arte, en el que ya no importa lo que se crea, sino la búsqueda del beneficio, sin importar que se ‘devoren almas (miradas)’. La anterior obra de Derrickson había sido la fallida versión de ‘Ultimatum a la tierra’ (2008). ‘Sinister’ recupera las virtudes de su obra previa, ‘El exorcismo de Emily Rose’ (2005), mucho más sugerente que la tan mitificada ‘El exorcista’ (1973), de William Friedkin: su intenso dominio de las texturas turbadoras, malsanas, de hacer las sombras ‘vivas’, ‘presencias’. Derrickson extrae fructífero partido de la concentración espacial, sin airearla con salidas del protagonista (como si fuera una celda, o su mente). Convierte al espacio en protagonista, a las sombras, a los recovecos (que Ellison ausculta con la luz de su linterna, ¿como si fuera la de un proyector?), como convierte al encuadre a un espacio incierto, que puede ser amenazado, tanto visual como sonoramente, como la propia vida de Ellison. Photobucket Lo que en otros casos, como ‘Insidious’, el ralo perfil de los personajes, sobre todo de los secundarios, se revelaba como carencia, aquí que la obra se focalice en Ellison más bien redunda positivamente en esa concentración dramática. Otros personajes como el ayudante del policía (James Ransone) o el experto en religión (Vincent D’Onofrio) con el que habla por video chat, se convierten en ocasionales y eficaces contrapuntos funcionales. Y no deja de ser un mordaz apunte irónico el que sea el sheriff quien le reciba y quien le despida, como un círculo que parece cumplirse.Derrickson hace vibrante uso de convenciones, de los enigmáticos ruidos en el ático, como si fueran pasos, del proyector que funciona solo en la noche, de apariciones súbitas en el encuadre de elementos anómalos, de la espesura de sombras (que hace sentir que todo es posible) o de la dilatación y exasperación del tempo, cualidad crucial en el género. Pero especialmente brilla en el diseño sonoro, en el uso de la música, en la extraordinaria banda sonora de Christopher Young (como una sutil corriente que se desliza, una vibración que es respiración), que traza esa atmósfera desasosegante en crescendo, que va minando la mente y nervios de Ellison, hasta que intente salir de la casa casi ‘reptando’ de horror, como en una de las secuencias iniciales, sobrecogedora, de una caja en el umbral de la entrada de la casa, que parece alguien haber dejado en mitad de la noche, sale reptando, de espaldas, y gritando, su hijo, inmerso en una de sus pesadillas. Todo un anuncio de lo que será su venidera experiencia, la inmersión en los abismos, los que él mismo genera al abrir cierta caja, quizás la de su mente. Photobucket Photobucket

4 comentarios:

  1. Procuraré ver ambas peliculas. Te animo a seguir con las fotos, aunque nadie lo comente es agradable encontarse con tu blog.

    ResponderEliminar
  2. Tengo 21 años y estoy empezando en esto del cine y, la verdad, es que aquí he encontrado cosas de mucho interés y que considero entretenidas y de gran utilidad (sobretodo las críticas de las películas y lo del origen de un plano, donde se observa donde pusieron la cámara, los focos, etc.)
    Que poca gente comente no significa absolutamente nada. Supongo que este blog se ha creado por amor al cine y ese mismo amor es el que lo mantiene con vida.
    Será solo una opinión, pero estoy muy agradecido al creador del blog. Muchas gracias.

    ResponderEliminar
  3. Se agradecen muchísimo tus palabras, Ivan. Desde luego que es el amor al cine lo que inspira y alimenta el blog. Sea cual fuese el motivo de que no suela haber muchos comentarios, yo seguiré cada día aportando mi entusiasmo, en forma de reflexiones o de imágenes que reflejan esta afición que me embriaga desde que era niño.

    ResponderEliminar