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jueves, 19 de febrero de 2015

Puro vicio

Te embriagas, te distraes, realizas pesquisas aquí y allá, no parecen relacionadas, pero lo están, miras alrededor y a los lados, también en las esquinas, en ocasiones no sabes si miras, o qué ves, pero todo parece concentrarse en cierto punto, el fundamental, porque todo reside en que ella aparezca, en que ella ocupe de nuevo el centro del encuadre. Siempre surge de las sombras, porque en las sombras aún parece permanecer, como una promesa que nunca parece realizarse, como si fuera necesario mantener la realidad en el estadio del sueño, porque si sueñas no hay decepción, sino expectativa. Por eso, permaneces postrado, porque esperas, porque sueñas. Habitas una película que se titula 'Puro vicio' (Inherent vice, 2014), de Paul Thomas Anderson. Aunque pueda parecer que resides en alguna ficción de Raymond Chandler. Eres detective, y rastreas, pero no quieres largos adioses sino sueños eternos. No estamos juntos, dice uno, o dice otra. Por supuesto que no, contesta ella o contesta él. Pero es la dirección, por eso alumbra, por eso el rostro se dota de luz cuando ambas miradas enfocan en la misma dirección, juntos, quizá para salirse del escenario, de ese extraño escenario con figuras difusas o fluctuantes. Hay quienes parecen que estén en un lado cuando están en otro, porque todo parece reducirse a lados separados, a un lado u otro de la ley, en la realidad o fuera de ella, cuando lo que realmente desean es volver a casa. Hay quienes no saben si quieren abandonar o seguir en el centro de la rueda y continuar siendo emblema de una realidad centrada en la acumulación material. Ser nada o ser todo. Estar en los márgenes o en el centro. Aunque más bien todo se difumine en la espesa niebla.
Quizá por eso, Doc (Joaquin Phoenix) prefiere embriagarse, distraerse, seguir merodeando en la periferia, realizar pesquisas que no parecen conectadas, pero sí lo están, porque él siente que su vida ha perdido conexión. Ella, Shasta (Katherine Waterston) no está, ya no está, se desvaneció en las sombras. Y cuando reaparece las conexiones comienzan a realizarse de nuevo. Surge de las sombras, claro. Y le pone un hilo que seguir, como Ariadna. Y él lo sigue, pero aunque realiza las pesquisas que otros también le solicitan, la dirección se enfoca siempre hacia ella, Shasta, quien vuelve a desaparecer, hasta que reaparece cuando encuentra a quien ocupa la posición que él sigue soñando con volver a ocupar, Maxwell (Eric Roberts), el actual amante de Shasta, alguien que se ha apartado de la realidad, del escenario, alguien que parece haber renegado de esa vida centrada en la consecución de riqueza y prosperidad. Alguien que no quiere ser ya centro sino margen. Cuando Doc le encuentra, como si se encontrara a sí mismo, o como si realizara un intercambio de posiciones, ella reaparece de nuevo entre las sombras, y su cuerpo se hace desnudez de nuevo, y el hilo se anuda entre ellos, ya en el mismo encuadre, que ahora dura, se hace duración, y parece que gestación, porque quizá estén de nuevo juntos, aunque no por supuesto. Porque es mejor soñar. O desplazarse con quien amas como si soñaras. Por eso, dejas que derrumben la puerta de tu casa, y que tu opuesto devore la sustancia con la que te embriagabas y olvidabas y distraías esperando que ella reapareciera. Porque en esa luz, en esa dirección, reside la vida. Ese es el puro vicio. Por eso sonríes, y desnudas la ficción con tu mirada. Miras hacia cámara, y nos dejas soñar en nuestra oscuridad.

2 comentarios:

  1. Mi esperadísima "Inherent vice", hasta leí la novela el pasado otoño imaginando que soy Anderson, es obvio que no lo soy, y maquinando qué película haría yo (Anderson) con lo que leía. Y ¡sí!, funcionaba, sentía que había película. O sea que cuando la vea no compararé mi versión con la versión de Anderson, sino la versión del falso Anderson (yo) con la del verdadero.

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  2. Pues será todo un gusto conocer tus impresiones, o cómo contrastas ambas versiones. A mí me encantaría volver a verla en un estado de más acusada embriaguez. Aunque pertenece a esa categoría de película que te deja la sensación tras un primer visionado de que sólo has rozado una ínfima parte.

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