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jueves, 9 de octubre de 2014

20.000 días en la tierra

A Nick Cave, a diferencia de otros cantantes que abarcan con su mirada a todo el público, como él ejemplifica en Michael Hutchence, de INXS, le gusta crear una relación personalizada con los espectadores que se encuentran en primera línea. La interacción es próxima. Involucra al espectador en una actuación, en sentido actoral, que adquiere la condición de diálogo, como si el mismo espectador participara. Eso transmite '20.000 días en la tierra' (2013), de Iain Forsythe & Jane Poulard, el documental realizado alrededor y a través de su figura y mirada, acompasado a la grabación de 'Push the sky away' (2009), su último álbum. Te sientes en primera línea. Obviamente, de modo más intenso se sentirá esa vibración si admiras su música. Más allá de ese grado de conexión, se percibe una medida progresión narrativa, sutilmente modulada, que alcanza su crescendo en la última actuación musical, con la interpretación de 'Jubilee street', toda una declaración vital, no sólo celebrativa, sino como condensación de una actitud, de un enfoque y de la significación de una vivencia, ejemplificado en el estribillo en el que canta que 'estoy vibrando, y me estoy transformando'. Transformación y vibración, actor y cuerpo. El centro alrededor del que gira y órbita su vida Nick Cave es el momento que vive en un escenario, ese momento en el que se siente otro, en el que incluso siente el tiempo transcurrir de otro modo. En su infancia, en la que reconoce que, aunque fuera feliz, no se gustaba a sí mismo, proyectaba en las figuras de los músicos en las portadas de los discos aquello que quería ser. Ser otro. Y en ese ser otro, en un escenario, acaece la realización porque se transciende como si a la vez se encontrara más presente. Una paradoja que conjuga lo escénico y lo real como reflejo, quizá distorsionado, de la propia vida.
Nick Cave colabora en el guión, y eso se percibe. Entre sus reflexiones, porque es un documental que se sumerge en sus entrañas, destaca lo fundamental que es el concepto de narrativa en la vida. Por eso, lo que más teme es perder la memoria, ya que es el lazo con la secuencia de las vivencias, lo que constituye el relato que es toda memoria, la relación con lo que se fue, con el proceso de una transformación, con lo que se sigue siendo y se ha variado. Está lo real, y está el relato que haces de tu vida. O como escribía Graham Swift en 'El país del agua': 'la vida son historias y pedazos de carne'. Cave es músico, novelista y guionista, su vida se trama al rededor de la articulación expresiva de ese maremágnum de emociones que es el fluir de la vida. Con la narrativa se enfoca con su cartografía el maridaje de las vivencias en el que se está sumergido lidiando con las corrientes. En la narración de '20.000 días en la tierra', los días de vida de Nick Cave, se evoca su infancia a través de un diálogo que recrea la relación con un psicoanalista, para puntuar, posteriormente, la narración, con diálogos que adquieren una condición fantasmal, simbólica, una fuga, entre el artificio y lo real, los diálogos que mantiene, mientras conduce un coche, con el actor Ray Winstone, el músico Blixa Bargeld o la cantante Kyle Minoque, cuya presencia reafirma la asociación con la limusina 'mental' de 'Holy motors' (2012), de Leos Carax. La ciudad de Brighton también se convierte en otro personaje fundamental, su paisaje con resonancias melancólicas, su permanente lluvia, sus cielos nublados, en especial ese espacio fronterizo que es la orilla del mar, en el que finaliza, además, la película, como si hubiéramos realizado un viaje de 20.000 leguas de viaje submarino, o subterráneo, porque Cave habita, o se desplaza, entre fronteras, ahí donde los reflejos se multiplican.
Por eso, en los primeros compases, en un plano que evoca otro de 'El hombre que cayó a la tierra' (1976), de Nicolas Roeg, se mira en el espejo, como si intentara reconocerse, como si sintiera un extraño en este mundo, un extraterrestre, como lo era el personaje de David Bowie en aquella película. Un matiz diferencia a los planos: aún más remarcada es la distorsión en el pequeño espejo lateral. En esa frontera entre el enfoque y la distorsión (la cualidad borrosa de la pulpa de la vida, del magma de lo real) se desenvuelve y desplaza Nick Cave con la música y las historias como su cuerda de equilibrista La condición de elaborado proceso orgánico, como si fuera transposición del cuerpo, de la memoria, de Cave, se evidencia también en la alternancia entre esos diálogos u otras evocaciones de su pasado a través de fotografías, y el proceso de la elaboración del disco. El trayecto de un proceso de formación, de dar cuerpo a una vida y a una obra concreta, representativa de la columna vertebral, o del aliento, de su vida, la tarea creativa. En los primeros pasajes priman los ensayos, y en los finales ya son frecuentes las actuaciones en el escenario. Del ensayo, de los trances y desafíos creativos, a la realización. Por eso, la conclusión transmite la sensación de tarea culminada, entre la catarsis y el éxtasis. La sucesión de planos, el montaje, no era sino la configuración de una línea de puntos, o más bien acordes, que perfila el cuerpo, de dentro afuera, de Nick Cave. Se estrena el próximo 7 de noviembre.

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