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lunes, 27 de julio de 2015

La mirada del silencio

¿Cómo se gradúa la mirada que olvida en el presente, cuando el olvido es ajenidad, y olvida lo que ya es pasado, cuando el olvido es conveniencia?, ¿Cómo se gradua la mirada que niega, avasalla, desprecia y mutila al otro, la mirada que silenció a quien pensaba distinto, la mirada que silencia incluso la mención del pasado como si no existiera, la mirada que no se arrepiente de la crueldad que ejercía, y que incluso siente orgullo, y alardea, de la brutalidad con la que torturaba, mutilaba y asesinaba?¿Cuál es la entraña de ese desenfoque que no admite miradas que no encuadren el presente y el pasado del mismo modo?¿Cuál es la entraña de ese desenfoque en el que no se produce el mínimo pestañeo cuando se ensaña con otro cuerpo, indiferente a su padecimiento? Tras 'The art of killing' (2012), Joshua Oppenheimer realiza con 'La mirada del silencio' (2014), otro demoledor viaje a los abismos de la abyección humana, a través del genocidio de comunistas indonesios en 1965. Tras radiografiar la mirada escénica del ejecutor, del torturador y asesino, busca otro ángulo de aproximación, el de la víctima, el de los daños colaterales, el de los que perdieron a alguien querido entonces, la mirada que fue amordazada, sometida, un ángulo incordiante. porque en cincuenta años no ha variado mucho el escenario, y cualquier persistente disensión, cualquier obstinada actitud interrogante, implicaría despertar de nuevo a la bestia mutiladora que mató un millón de compatriotas indonesios.
En 'The art of klling', Oppenheimer utilizaba la seducción para que aquellos asesinos de masas alardearan de lo que hicieron, con lo que remarcaba su mirada escénica, por lo tanto ajena, incitándoles a escenificar algunas de aquellas situaciones que vivieron (que para ellos, era protagonizar). Estimulados por sentirse centro de la mirada de una cámara, revelaban que esa era su relación con la realidad cuando realizaron aquellas brutalidades sin escrúpulo alguno, y sin arrepentimiento o remordimiento posterior. El trayecto de la obra buscaba, a través de la colisión con una escenificación (de lo que vivían como un escenario) propiciar la nausea de la consciencia y confrontar con la propia abyección. En 'La mirada del silencio' Oppenheimer utiliza al hermano de una de las víctimas como entrevistador que interroga a los que colaboraron de un modo u otro en aquel genocidio, y que en algunos casos ejerce de oculista que gradúa la vista de los entrevistados, Sus preguntas gradúan su desenfoque, su reticencia a mirar de nuevo hacia el pasado, o la distorsión conveniente de su versión (la que se ha instituido desde entonces socialmente). En alguno de los encuentros se evidencia cómo, en un principio, han permitido ser entrevistados por la mediación de Oppenheimer, y la presencia de unas cámaras. En cuando el entrevistador comienza a realizar preguntas demasiado incisivas, que son calificadas de profundas (la realidad es una superficie constituida de pantallas convenientes), o políticas, algunos de los entrevistados se revuelven, intentando dar por concluida la entrevista. Otros escurren el bulto como pueden, y otros se justifican con el hecho de que no mataron a nadie, como uno de sus tíos, que se dedicaba a las tareas de guardián, lo que, según él, le exime de sentirse responsable de ninguna muerte.
Si hay una frase que se repite entre los entrevistados, como una letanía, es la de que el pasado, pasado es, y hay que dejarlo atrás. Aunque hay quien va más allá, y deja asomar, con sonrisas afiladas, amenazas veladas que insinúan cómo intentar levantar tumbas y exigir explicaciones, y aún más responsabilidades, podrían determinar reacciones parecidas a las que realizaron aquel exterminio entonces. Porque las esferas del poder están dominadas aún por los que determinaron aquel genocidio de comunistas. La calma del presente, por tanto, es la de la bestia adormilada, despatarrada, porque no teme que el territorio que rige sea vulnerado. Los intentos por desentrañar la razón de aquellos actos, o de visibilizar como memoria histórica lo que realizaron, colisionan con unas actitudes esquivas que ya sólo quieren vivir en el presente que instituyeron acorde a su voluntad y designio cincuenta años atrás: La versión que sigue reproduciéndse en las escuelas, como refleja la secuencia en la que un profesor relata las crueldades que realizaban los comunistas, y que justificaron su exterminio gracias a los que hoy en día, según versión oficial, son considerados los héroes, los salvadores. En la apertura de la narración, se evidencia, como ya hizo en 'The art of killing', la realidad como entramado ficticio o escenificación, consciente o inconsciente. En este caso, incide en la intencional.
El oculista protagonista entrevistador contempla en la televisión, en imágenes grabadas en el 2003, las declaraciones de uno de los asesinos de masas, que alardea de sus crímenes entonces, y detalla alguno de ellos, como en otra posterior grabación harán dos de los que ejecutaron a cientos en la orilla del río, entre ellos el hermano del entrevistador. Siempre, como clausura de todas las entrevistas, los planos se dilatan sobre los rostros del entrevistador y del entrevistado, se dilatan en su silencio, un diferente silencio en cada caso, el silencio esquivo, el silencio negador, el silencio arrogante, en el entrevistador, y el silencio interrogante, acusador, en el entrevistador, el silencio de la mirada que persiste en mirar la realidad pretérita como si fuera presente, la mirada desentrañadora que sabe cuán fundamental es la memoria histórica, la mirada que indaga, nombra y enfoca, la mirada que gradúa la consciencia, y afina la conciencia. La mirada que desprende los velos y desnuda lo real. La mirada que sabe de qué materia están hechos los cuerpos, y el sufrimiento, y el deterioro, y el desgarro de los que han perdido a seres queridos. Esa mirada que se agita como los capullos de los que brotarán las mariposas, e intentará discernir y descifrar las difusas y distantes figuras entre las sombras de la noche con la luz que suministre su persistente ánimo de desentrañar la realidad silenciada.

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