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viernes, 3 de julio de 2015

Misericordia y Profanación

El inspector Morck (Nicolaj Lie Kaas) no ríe demasiado. Parece que porta toda la pesadumbre del universo, por lo menos la que genera la podredumbre de una sociedad de presunto bienestar, cuya infección está largamente arraigada en el tiempo pretérito. Una sociedad de jaulas y ausencias en vida. En 'Misericordia' (Kvinden i buret, 2013) y 'Profanación' (Fasandraeberne, 2014), ambas de Mikkel Norgaard, adaptaciones de las novelas de Jussi Asler-Olsen, Morck indaga en el pasado, cuando decide acarrear sobre sus hombros un nuevo departamento, el departamento Q, donde junto a un compañero, Assadd (Fares Fares) investiga casos no resueltos, casos archivados como incógnitas, incógnitas sepultadas en la indiferencia. Hay muchas desapariciones sin resolver, muchas tumbas que excavar, muchos flecos sueltos, muchos sótanos que descubrir. Los países nórdicos se convirtieron en la imagen ideal de la sociedad del bienestar. La literatura nórdica, en particular, la novela criminal o negra, se ha dedicado a desentrañar esa falacia, a descubrir que tras la imagen hay muchas carencias y desajustes, desequilibrios e injusticias. En la literatura nórdica el pasado es peso, como una herrumbre, en particular en las estupendas novelas de Arnaldur Indridasson, ubicadas en Islandia, como si la sociedad viviera de realidades no resueltas, ocultadas, apiladas como postillas o costra. Las investigaciones se despliegan sobre un presente que son residuos secos, sino invisibles.
También se realizaba una incursión en el distante pasado la primera de las obras de la saga Millenium, una búsqueda de otra desaparición. Cuerpos que ya no están, que se echan de menos, o de los que nadie se percata. Pero no dejan de ser reflejos de una sociedad en la que desapareces en vida, aunque estés visible, fantasmas que transitan entre edificios de cristal que son jaulas, figuras ausentes de sí mismas, y en su relación con los demás, como el mismo Mock, enquistado en su amargura, para quien la presencia de su sobrino en su piso es más una incomodidad, una presencia con la que no sabe cómo lidiar, como si las relaciones ya fueran lidias, semilleros de molestias y desencuentros y trámites engorrosos. Mock es torpe en sus maneras, no sabe ya relacionarse, ser agradecido. No sonríe, su capacidad de afecto se solidificó con la amargura, la pesadumbre, la culpa y un hondo cansancio vital. Su semblante parece una jaula en cuyo interior su habitante se derrite lentamente en su ausencia. 'La mujer en la jaula' es la traducción del título original de 'Misericordia', la primera de las investigaciones del departamento Q. Una mujer que desapareció en tránsito, en un ferry. ¿Realmente se realizan tránsitos? Una desaparición que se difuminó en el olvido, en papeles apilados en sótanos. Una mujer en una especie de jaula, de cautiverio, como tantos otros, aunque no sea de modo visible.
'La ausente' es la traducción del título original de 'Profanación', el segundo caso investigado por el departamento Q. Su recorrido lleva a los sótanos que se desentrañaban en la primera obra citada de 'Millenium', las podredumbres y mezquindades de quienes edifican y generan jaulas en esta presunta sociedad del bienestar, los detentadores del poder financiero y económico, los empresarios que imponen su voluntad, que muchas veces es mero capricho, y el capricho linda con la crueldad, es inconsciencia, la arrogancia y la soberbia es inconsciencia pero también consciencia por cuanto hay placer en el ejercicio de la crueldad, en la imposición de un poder, en la expresión del despecho si su voluntad es contrariada, si alguien osa introducirse en sus dominios, un amante en la vida de su esposa. No importa la distancia que exista con esta, lo importante es que es su territorio, son sus dominios, sus pertenencias. Los dos poderosos empresarios, Ditlev (Pilou Asbaek) y Ulrik (David Dencik) disponen de otras jaulas en sus dominios, los de unos animales en cautividad con los que disfrutan de los placeres recreativos de la caza. Hay otras cazas con sus negocios, y las hay con los juegos en los que humillan a otros, y lo hacen desde siempre, desde que eran un jóvenes estudiantes que ya imponían su capricho. No sienten culpa ni pesadumbre ni cansancio como el inspector Mock, más bien se congratulan de sus actos, por eso dominan el escenario social, porque disponen del trono financiero que les permite realizar el acto que su voluntad disponga.
'Profanación' dota de contundente cuerpo a lo esbozado o planteado, como estimable carta de presentación, en 'Misericordia', un aperitivo para la demolición de 'Profanación'. Con sus colores amortiguados, espesos, como si la atmósfera ambiental careciera de un aire que no sea retenido ni viciado, refleja y materializa esa infección vital, esa miseria de jaulas y ausencias en vida, el virus tras la máscara de la sociedad del bienestar. El gesto y el cuerpo doliente de quien ya carece de fuerzas y estímulo para sonreír, de quien acarrea sobre sí esa desolación y desesperación se enfrenta, como un cuerpo en llamas que se tropieza en su propia tribulación, a la indiferente bestia que ha erigido su trono dorado sobre jaulas y dolor. Y no ceja en su empeño, firme y perseverante, de desentrañar las muchas infamias ocultas.

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