
La otra, fantástica, es la conversación entre Kralik y su compañero Pirovitch (Felix Bressart), ante el escaparate del restaurante en donde se había citado por fin con su amada virtual. A través de las palabras de Pirovitch el fuera de campo hasta ahora virtual se torna real cuando le señala que es su compañera de trabajo Clara. A partir de entonces se produce un cambio de escenario, dado que uno de los personajes sabe lo que el otro no sabe. Kralik es para ella lo opuesto a lo que representa y es para ella el amado virtual. Ironía cuando son el mismo. Él,por un lado tiene que luchar contra sí mismo, contra la idea que tiene ella de su identidad virtual (que cree otro) y que no tiene de su persona real (¿aparente?), y por otro ahora la ve de un modo distinto, como si lo virtual hubiera dotado de condición más real a lo que se suponía real pero quizá era aún más virtual, y esta hasta capaz de ahora reaccionar con admiración a sus demoledoras descalificaciones a su persona por su ingenio creativo. Hay un giro admirable en la secuencia final que replantea su relación, o evidencia esos difusos límites entre lo real y virtual, o cómo era más virtual, tenía más de escenificación su relación cara a cara que a través de sus cartas. Es el momento en que ella le reconoce, aún sin saber que es con quien se escribe, cómo se qudo prendada tras conocerle, enamorada, pero leyó algo de la comedia francesa, y puso en práctica la 'escenificación' de hacerse la dura con él, ya que no el no le 'lamía la mano'. No sólo es el contraste entre lo virtual y lo real, sino como en el supuestamente real puede primar de modo más remarcado lo virtual, la escenificación, la incapacidad de ver al otro ( o e que primen la ofuscación de la proyección de los miedos e inseguridades con su correspondiente reacción defensiva: la representación o mascarada de simular lo que no se es, incluso expresar lo opuesto de lo que no se siente). O cómo creamos películas con el fuera de campo que emborrona el discernimiento de lo real, hasta que un día somos capaces de ver las canillas bajo los pantalones y no reímos de nosotros mismos.















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