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sábado, 26 de octubre de 2013

La doble vida de Veronica

 photo OIR_resizeraspx2_zps4424a0b0.jpg ¿Qué hay entre las estrellas y la nervadura de una hoja? Los misteriosos hilos de la vida, quizás casualidades que hacen de la vida una danza enigmática, quizá los brumosos compases de algo llamado destino. El anhelo de vivir otras vidas puede tener su correspondencia en la realidad, la figura del doble quizá exista, no sólo en otro tiempo, sino en el mismo, en otro espacio. Como misterio cautivador es el que resplandece en las pequeñas sensaciones, tan plenas, de sentir el sol caminando la calle, la cal que cae sobre tu rostro del techo tras que lo haya golpeado la pelotita que has lanzado, los roces de otra piel sobre la tuya en ese canto de intimidad que es la desnudez compartida. Misteriosa puede ser hasta una representación de marionetas. Quién sabe si lo somos, quizá sólo lo único cierto es aquello que podemos palpar con la mano, la corteza de un tronco, la piel del amante, quizás todo eso sea la música más honda, como la de un reflejo de luz que se desplaza, como si deslizara, en tu habitación, como si buscara tu cuerpo, quizá el reflejo que alguien crea, como quizá seas el reflejo en el que alguien se busca, para por fin reconocerse en otra imagen que es cuerpo.  photo OIR_resizeraspx5_zpsba4bfe47.jpg  photo OIR_resizeraspx3_zpsf0af9b2e.jpg Como Veronique (Irene Jacob) sorprende en el reflejo de un espejo la mirada de quien misteriosamente le ha cautivado. Misteriosamente porque no se pueden comprender cuáles son los hilos que crean en ti un sentimiento, un reacción, un reflejo, sentir que en esa mirada estás tú. O quizá es un enigma, reflejos que te iluminan sin que logres aprehender su procedencia, como si percibieras la presencia de alguien o algo que no tienes la certidumbre de que exista. Hay algo misterioso en la intuición. Como si lograras traspasar la pantalla de realidad que te rodea, contiene y limita. Quizá vivas otra vida en otro escenario, en uno eres profesora de música, en otra cantante, como si pudieras vivir desde distintos ángulos. La vida es una posibilidad de múltiples relatos. La vida es un sendero de incógnitas, de imprevistas conexiones.  photo OIR_resizeraspx8_zps11ed5cfa.jpg  photo OIR_resizeraspx6_zpsac7f1de7.jpg Un lazo, un cordón, asemeja a la linea de un electrocardiograma. Tu corazón puede ser frágil y frustrarse tus pasos en la vida, como una bailarina romperse una pierna y frustrase su carrera artística. O puedes encontrar las alas que posibiliten que asciendes, otro latido que propulsa el tuyo, porque ambos se conjugan con el mismo diapasón. Unas intrigantes llamadas con la música que haces interpretar a tus alumnos y una voz que te dice que no cuelgues para escucharla y unas misivas con un lazo o una grabación de sonidos de lo que parece un espacio público de tránsito, una estación, se convierten en un canto que abre el mundo, que propulsa posibles lazos hacia lo excepcional, espacios de tránsito que posibiliten la residencia de una raíz, ese tronco en el que poses tu mano porque te sientes presente, arraigado y enlazado con la vida, a través de otro rostro, de otra voz, de otro cuerpo. Cuando se produce el asombro de un acto de realización, esa música del afuera que puede ser cantada cuando posees esa voz que rasga las entrañas con otro misterioso don, el de hacer del canto catarsis y extasis, o cuando encuentras el reflejo en otro que se amolda a tus emociones, a tu cuerpo. Como Kieslowski lo logra con su cine,con esta obra que es tanto epifanía como misterio.  photo OIR_resizeraspx_zpsb46acaf8.jpg  photo OIR_resizeraspx4_zpsddb2a8f0.jpg 'La doble vida de Verónica' (La double vie de Veronique, 1991) es una de las experiencias sensoriales y emocionales más enigmáticas y cautivadoras que se pueden vivir en el cine, esa misteriosa senda que transitaron cineastas como Dreyer o Tarkovski.La vida reside en ese secreto hilo de pequeños instantes, como la punta de iceberg a través de la que sentimos un incierto mundo de posibles que no logramos articular en todo su sentido. La mirada abierta, despejada, es la que puede percibir y vivir, de un modo más próximo y elevado, esos momentos de sensación verdadera hechos a su vez de misterio. Porque aún no sabemos del todo cuál es la materia de este escenario en el que vivimos, sin aún lograr esclarecer del todo por qué y para qué estamos aquí, lo que no impide el gozar de sumergirse en la epifanía de los momentos, del posar la mano en la piel de la vida como si surcaras sus entrañas.  photo OIR_resizeraspx7_zps32343013.jpg

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