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domingo, 3 de mayo de 2015

Correspondencias: Gato blanco, gato negro, en Hiroshima, mon amour

En 'Hiroshima, mon amour' (1959), de Alain Resnais, Tras su encuentro inicial amoroso, ella de algún modo huye de las emociones que le abrasan, las cenizas de las huellas heridas del amor frustrado pasado. Y no deja de ser también un escenario, un escenario que impide que se materialice el escenario de la relación presente. Él la busca, en el rodaje (escenario de representación), conversan, junto a un gato blanco. Logra que la conversación se reanude, conversan en un bar, el sonido ambiente, desaparece, como en los fragmentos de la evocación de ella, que abre la memoria de la herida, o la herida de la memoria. Ella evoca, comparte con él, aquel amor pasado en Nevers, aquella reclusión en el sótano, se sumerge en los sótanos de su memoria, se enfrenta a aquel escenario que obstaculiza como una lluvia de ceniza su presente. En aquel pasado, entre aquellos fragmentos, que se reaniman en la memoria como esquirlas de una explosión interna, destaca su rostro magullado, con cabello rapado, mirándose con un gato negro.

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