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miércoles, 15 de mayo de 2013

Pitfall

 photo a1edea24eaf54562a9b4fc63b40e4441_zps1710ea81.jpg Escollos, trampas, peligro: Un día te preguntas qué fue de aquel que soñaba con disponer de un bote y navegar hacia Suramérica. Te preguntas si tiene algo que ver con aquel en el que se ha convertido, alguien que tiene que mantener a su familia, su esposa e hijo, y debe conformarse, resignarse, con ser uno más de los cincuenta millones que son como él. La vida se convierte en un seguro de vida, aunque sientes ciertas mañanas, al despertarte, y tener que incorporarte de nuevo a la vida, que es un lodazal de rutina. Pitfall se puede traducir como escollos, trampas, peligro.  photo a8bb2dd99986470fb8da23146f1fe7fc_zps28f8adc0.jpg En ‘Pitfall’ (1948), de Andre De Toth, en la que se adapta una novela de Jay Dratler (que había colaborado en los guiones de ‘Laura’, ‘Envuelto en la sombra’ o ‘Yo creo en ti’), así se siente al despertar una mañana Forbes (Dick Powell). Su gesto se contrae, la comisura de los labios se tuerce, siente que el coche que conduce su esposa, Sue (Jane Wyatt) y que le lleva al trabajo, no le lleva a ninguna parte. Simplemente es una rueda que gira y gira y gira, de la que no podrá escapar ni liberarse. Saldrá de la oficina, de la compañía de seguros en la que trabaja, a la misma hora, como cada día. Y a la misma hora de cada día, un compañero de trabajo le recogerá para llevarle a su casa, a la que llegará para darle un beso a su esposa a la misma hora de cada día. Hay una diferencia importante de talante entre su esposa y él. Forbes sigue dejándose llevar por la inercia de los besos en la mejilla al despedirse. Ella le espeta que por qué en la mejilla.  photo a409dad897964c66bb71752f9e4856a6_zpsa5d5bdb3.jpg Escollos, trampas, peligro: Hay otras mejillas, otros labios. Hay quien sí dispone de un bote. En su trabajo conoce a Mona (Lizabeth Scott), la receptora de los regalos de alguien que desfalcó a su empresa por darle esos lujos y ahora cumple condena por un año. Forbes la mira, en principio, con cierta suficiencia y desprecio, como si fuera un rémora, un parásito que por sus caprichos ha conducido a la desgracia a otro hombre. Aún se siente en este lado de las barreras, el del orden, el que no sabe de impulsos. Pero descubre que ella está en el mismo lado, el de la frustración, el de los que sueñan. Ella dispone de un bote, como su sueño. Y descubre que ella no demandó nada, aquel hombre supuso cuáles eran sus deseos. No era una mujer que demandara joyas a granel, era una mujer que nunca había recibido algo que anhelaba, un anillo de compromiso. Ella no aspira sino a navegar en unas corrientes en las que el sentimiento fluya. Y Forbes parece ser el hombre que pueda liberarla de sentirse varada en su vida.  photo OIR_resizeraspx2_zpsb4ddb7b7.jpg  photo 1c85ca44c6f94445a4e779fd72271f71_zps4dbf79cc.jpg Escollos, trampas, peligro: Forbes despierta a base de puñetazos, Por un momento ha soñado que navegaba en bote a Suramerica, pero lo único que ha hecho es despertar a alguien con quien no quiere soñar. Quien le despierta es alguien que también desea a Mona, MacDonald (Raymond Burr), detective privado que trabaja para la compañía de seguros. Y para conseguirlo arrasará con cualquier voluntad que se lo niegue, sea un posible rival, o la de la propia Mona. Escollos, trampas, peligro: Forbes se sentirá incapaz de afrontar su pasajero estado de embriaguez, de pérdida de consciencia, de sueño ocasional. Las mentiras y ocultaciones le aprisionan. Su hijo recibe una reprimenda por leer unos comics que le provocan pesadillas.  photo OIR_resizeraspx4_zpse7246c0b.jpg Pero la realidad comienza a cernirse sobre él, sustrayéndole el sueño. Ya no sueña, ya no duerme. Su hijo muestra su decepción porque en la guerra no fuera condecorado como el padre de un compañero, y en cambio estuviera destinado en el propio país sin entrar en combate. A Forbes se le desenfoca el criterio y opta por intentar acallar y apabullar a la fiera, a base de puñetazos. Pero ni las mentiras ni los puñetazos impedirán que la fisura siga creciendo. No podrá evitar que el espejismo de vida que intenta erigir se sostenga. La fiera es el reflejo en el espejo de su insatisfacción y frustración, y se ha desbocado. La amargura de la realidad se despliega sobre él, mostrándole las infaustas consecuencias de su falta de valor, de su inconsecuencia. La vida no es una tira de comic. Y los botes pueden hundirse antes de zarpar.

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