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miércoles, 10 de agosto de 2011

Daniel Craig, relieves y fisuras

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Daniel Craig, fotografiado por Claudio Carpi. En la extraordinaria fantasmagoría 'Camino a Perdición' (2002), de Sam Mendes, Tom Hanks se veía 'ensombrecido' por la deslumbrante luz de tres grandes actores de ojos azules, Paul Newman, Jude Law y un emergente Daniel Craig, quien en escasas secuencias realizaba un prodigioso alarde de intensa y arrolladora contención expresiva (todo una labor modélica de cómo hacer palpable la caldera de unas emociones hirvientes que se intenta camuflar). Su popularidad se propulsaría cuando fue, para sorpresa de muchos, elegido como el nuevo James Bond. Y qué lúcida decisión. Desprovisto de aquel impostado encanto de machito cáustico que sabe usar smoking a juego con su coraza interior, ahora se revela como un alud de energía apabullante, cual incontenible adolescente, entre la máquina y el bruto, pero a la vez dotándole de una imprevista vulnerabilidad, una fisura en la roca, que va humanizándole progresivamente, como quien aprende a saber habitar las emociones, y que en la vida hay que saber asumir lo que arde y se pierde, que el despecho es un lastre del orgullo mal entendido (la soberbia ataviada con los ropajes del agraviado victimismo) y que no todo se puede controlar. Craig ha demostrado también sus grandes cualidades de actor, su sutil dominio del matiz expresivo, de cada ascua de emociones, en papeles menos populares, como su sobrecogedora interpretación en 'Historia de un crimen' (2006), de Douglas McGrath, ahondando en un aspecto de Perry Smith, el aspecto que hubiera logrado redondear a ese, de todos maneras, portento que es 'A sangre fría' (1967), de Richard Brooks, la homosexualidad del personaje, y cómo ese aspecto, la atracción que siente por él, influye en el interés del mismo Capote por su historia, por los crímenes ( una película sin duda a revalorizar). No hay que olvidar su participación en dos obras tan poco convencionales, como sus colaboraciones con Roger Michell, como 'The mother' (2003) y 'El intruso' (2004), esta según una obra de Ian McEwan. O en el interesante thriller 'Crimen organizado' (2004), de Matthew Vaughn, cuyos lindes con la comedia excéntrica están realizados con más gracia que los más afamados de Guy Ritchie. Fue también Ted Hughes, el marido de Silvia Plath en la sugerente pero excesivamente contenida 'Sylvia' (2009), de Christine Jeffs, uno de los 'agentes israelitas. Fue un judio de origen sudafricano, en misión de revancha en la magnífica 'Munich' (2005), de Steven Spielberg, y otro judio 'resistente' en la también demasiado contenida ( o correcta', 'Resistencia' (2008), de Edward Zwick. Su presencia, como un paciente en un psiquiátrico, fue de lo poco memorable de la indigesta 'The jacket' (2005), de John Maybury, con quien ya habia colaborado en el tétrico y áspero acercamiento ( pero un tanto envarado con papel cuché) al pintor Francis Bacon en 'El amor esun demonio' (1998), en la que interpretaba a su amante y modelo. Entre lo último, dos obras olvidables, 'Cowboys y aliens' (2011), de y la pésima 'Detrás de las paredes' (2011),de Jim Sheridan (o cómo desperdiciar un gran reparto, ya que le acompañan Rachel Weisz y Naomi Watts). Para contrarrestar, dos espléndidas obras, 'Millenium: los hombres que no amaban a las mujeres' (2011), de David Fincher, y 'Skyfall' (2012), de Sam Mendes, que consigue lo hasta ahora inimaginable, una gran obra protagonizada por James Bond. Sin duda, un actor con muchos 'relieves'.

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