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domingo, 26 de febrero de 2017

Trágica sugestión

En la producción británica 'Trágica sugestión' (The dark tower, 1943), de John Harlow, con guión de Reginald Purcell y Brock Williams, el dominio de la hipnósis se aprovechará para ejercer un dominio sobre la voluntad, el cuerpo, que se pretende poseer, controlar, el de la mujer que se ama o desea. Por añadidura, además de finalidad, se utilizará como instrumento para ejecutar, por delegación, un deseo siniestro. Si la relación sentimental, el amor, se puede considerar como un ejercicio de equilibrio, de acróbatas o funambulistas emocionales, la hipnosis representa la acción extrema que fuerza ese equilibrio para imponerse sobre la otra voluntad; fuerza la realidad, la somete a su capricho o deseo, ya que de modo espontáneo la otra voluntad no corresponde. Mary (Anne Crawford) y Tom (David Farrar) comparten número de acrobacia en el circo que dirige Dalton (Ben Lyons, el hombre que descubrió a Norma Jean Dougherty y la bautizó artístícamente como Marilyn Monroe). La intrusión del hipnotista Torg (Herbert Lom) alterará la estabilidad y armonía de su relación artística y sentimental.
Por su don, Torg se convierte en el nuevo fenómeno que pueda atraer público a un circo que parecía haber perdido capacidad de reclamo. Con su habilidad sugestionadora logra que Mary, bajo hipnosis, descienda por una cuerda deslizándose sobre sus pies sin necesidad de utilizar nada, ni a nadie, o sea Tom, para mantener el equilibrio (y Torg intentará que eso también se extienda a la relación sentimental). Torg es alguien que necesita reconocimiento, necesita el respeto que implica reverencia. Necesita remarcar su posición alcanzada (de ser un vagabundo a ser alguien notorio), y lo manifiesta en la compra de ropa o de un coche que resalten su éxito. Su ego se inflama, y necesita que todas las piezas alrededor se adapten a su voluntad. Si Mary ama a otro, se hace necesario, por tanto, hacer uso de su poder para manipularla y dominarla como si fuera una mera extensión de su voluntad, cual muñeco de un ventrílocuo, pero ella de su mente.
Para asegurar ese propósito, primero, resulta necesaria eliminar de la ecuación a la interferencia, el rival, Tom. Para conseguirlo, utiliza como instrumento la voluntad dominada de Mary. De este modo, conseguirá que provoque que Tom se precipite en el vacío, como si fuera un accidente. Durante la convalecencia de este se consolidará su número, lo que convertirá la actuación en un dueto, el de Mary y Torg, ya excluido Tom. En la ejecución de la hipnosis se resalta la sexualidad implícita. La interacción de los primeros planos de los ojos de ambos afianzan un sometimiento de raigambre sexual. La mirada de Torg penetra la de Mary para convertirla en suya. El sujeto amado se convierte literalmente en objeto. Quien es deseada o amada mira como mira quien proyecta y desea, e incluso actúa como quien proyecta y quiere. Es una muñeca complaciente, un instrumento y un objetivo a un mismo tiempo. Sólo la intrusión de quien ama realmente (y no pretende modelar ni imponer), Tom. De modo significativo, será en el espacio o en la circunstancia que, física y metafóricamente, recuerda el equilibro sentimental, sobre la cuerda de funambulista, donde Tom logrará desestabilizar el dominio para recobrar una estabilidad que era natural y no artificial ni impuesta.

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