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jueves, 27 de agosto de 2015

Peter Weir, el cineasta de los sueños vivos

El viernes pasado, 21 de agosto, cumplió 70 años uno de los mejores cineastas de la actualidad. Breve filmografía, poco más de una docena de largometrajes, para algo más de cuarenta años de carrera. Es el creador de obras tan populares como 'Único testigo', 'El club de los poetas muertos' o la visionaria 'El show de Truman'. Fue decisivo en el impulso de la carrera de Mel Gibson con 'Gallipoli' o 'El año que vivimos peligrosamente', tiene un par de obras de culto del género fantástico, 'Picnic en Hanging rock' y 'La última ola', y recuperó las esencias del género de aventura con 'Master and commander' y 'Camino de perdición'. Ha sido nominado cuatro veces como director en los Oscar (Único testigo, El club de los poetas muertos, El show de Truman y Master and commander) y una como guionista (Matrimonio de conveniencia). `
Sus obra se construyen sobre el contraste entre diferentes modos de vida, o diferentes formas de enfocar la vida. Hay personajes que aprenden a mirar desde otros ángulos, o su mundo se desmorona cuando entra en contacto con esas otras perspectivas que evidencian las ilusorias certezas con las que vivía. Ensalza lo epicureo y la exuberancia de los sentidos, la naturalidad y el carpe diem, la apertura y flexibilidad de mente, y cuestiona toda mirada que instituye una realidad reglamentada o programada, sea un sistema educativo o militar, o un modelo de vida que tiene más de ficción que de real (sobre lo que se ironiza en El show de Truman). Por eso, su sentido de la aventura, de la fisicidad, de sus dos últimas horas contrasta con la progresiva virtualización de nuestra relación con la realidad. Aprovechamos su onomástica para realizar un recorrido por doce de sus obras. ¿Cuál es tu preferida?.
Picnic en Hanging rock 'Todo lo que vemos, y lo que parecemos, no es más que un sueño, un sueño dentro de un sueño'. Con estas palabras, de Edgar Allan Poe, comienza 'Picnic en Hanging rock' (1975). En una excursión que realizan, en 1900, de chicas, uniformadas con etéreos vestidos blancos, y lazos rosas en sus sombreritos de paja de un estricto colegio desaparecen tres chicas y una profesora. A Weir no le convencía esa tendencia a explicar todos los misterios, incluso en las obras de su admirado Conan Doyle. La vida está hecha de misterios irresueltos, hay mucho que ignoramos, como cada día desaparecen personas. El colegio simboliza ese afán de constreñir toda explicación en un sistema rígido en el que todo está en su sitio. La naturaleza, la sensualidad, reflejaba lo incierto, la brecha de lo que puede ser y desestabiliza certezas. Por eso, la incógnita prevalece en una de las cimas del género fantástico.
La última ola 'Hemos perdido nuestros sueños, pero cuando vuelvan, no sabremos lo que significan', expresa el abogado que encarna Richard Chamberlain en 'La última ola' (1977) cuando reprocha a su padre que le educara en un sentido de la realidad que ahora ha descubierto sin significado, porque nada le había instruido sobre una vida tramada sobre misterios, que no tienen que ver con los 'misterios' que explica desde su púlpito. Hay otros que no son (fácilmente) explicables. ¿Qué es lo que ocurre cuando de repente llueve granizo como piedras desde un cielo sin ninguna nube en el que resuenan truenos?. ¿Y qué representa esa última ola que se avecina según las leyendas maoríes? Confrontado con la cultura maorí cuestionará su modo de ver la vida, y las certezas que le conferían ilusión de estabilidad. Chamberlain, actor en apogeo del éxito entonces, dudaba si aceptar el papel porque suponía trasladarse lejos de Inglaterra y trabajar con un cineasta que desconocía. Weir le visitó en el teatro donde actuaba, y la buena conexión que se dio entre ambos y visionar su obra previa determinó que aceptara.
El visitante 'El visitante' (1978), producción televisiva, comparte con 'La última ola', desbordamientos de agua y figuras tribales. La intrusión del 'cuerpo extraño' es aquí la de un fontanero, no proveniente de otra cultura, pero sí con otros planteamientos que no deja de remarcar (relacionados con la diferente posición social: la protagonista vive en una torre de apartamentos y disfruta de una posición privilegiada dedicada al estudio). El deterioro del cuarto baño, convertido en una maraña de tuberías y conductos se corresponde con el de la vida y relación de pareja de la protagonista , que tendrá que responder al asedio de ese caos que atenta contra la estabilidad de su organizada vida (o la ilusión de que lo es).
Gallipolli Supuso la primera colaboración con Mel Gibson. El trayecto de 'Gallipoli' (1979) es del dos jóvenes que compiten en carreras atléticas en las que hay una meta, en las que hay tiempos cuya marca superar, y que acaban corriendo hacia la nada, hacia la muerte, sin nada que superar, sino convertirse en otro peón sacrificable en el juego de la guerra, otro de tantos soldados que salen corriendo de las trincheras para ser abatido por el enemigo. Este fue el caso de unos soldados australianos en la batalla de Gallipoli, en Turquia, durante la segunda guerra mundial.
El año que vivimos peligrosamente En 'El año en que vivimos peligrosamente' (1982), el fotógrafo Billy Kwan (Linda Hunt, actriz que ganó el Oscar a la mejor actriz secundaria interpretando a un personaje masculino), se pregunta qué podemos hacer. Él retrata la realidad cómo testigo revelador, como llamada de atención sobre aquello que no es justo, para hacer 'visible' esa realidad al ojo público. Es una mirada comprometida, en contraste con la del ambicioso periodista recién llegado que encarna Mel Gibson, el ojo que ante todo busca la notoriedad de un gran titular, el resplandor de una noticia que destaque y le haga destacar a él, indiferente a las implicaciones o consecuencias de lo que revele. Billy expondrá su vida desesperado cuando sea consciente de que aquel que admira, el presidente Sukarno, es indiferente a la situación de su pueblo, sacrificio que influirá en que Guy se comprometa con la realidad (con herida en un ojo como emblema de esa transformación).
Único testigo Cuesta imaginarse a Sylvester Stallone en vez de Harrison Ford como protagonista de la primera producción estadounidense de Peter Weir. Stallone considera uno de los grandes errores de su carrera haber rechazado esta propuesta. Supuso la única nominación a los Oscars que ha recibido como actor Ford. El guión, que sí se llevó la estatuilla, como el montaje de tiralineas (pura lógica en la que no sobra un plano), ha sido considerado modélico como en términos estructurales para guionistas posteriores. En principio, se centraba en el personaje de la mujer amish, que encarnó Kelly McGillis, pero Weir sugirió que se enfocara en el policía que interpretaba Ford para acentuar el contraste entre dos formas de vivir opuestas, la de la urbe accidental y el la comunidad rural de los amish, y el contraste entre violencia y pacifismo a través de su evolución. Puede que algunos recursos dramáticos sean más convencionales que en obras precedentes, pero legó secuencias memorables como la construcción de la casa, el primer baile de Ford y McGillis, o la contención lírica de la despedida entre ambos a través de miradas.
El club de los poetas muertos Segunda vez que Weir contrasta las rigideces de un modelo educativo y social con planteamientos más vitales. La desaparición de las chicas en Picnic en Hanging rock y su oda al despertar de los sentidos y lo natural se corresponde con la 'aparición' de un profesor anómalo como el Keating de Robin Williams y su apología del carpe diem. El misterio que queda en incógnita se corresponde con la apertura de mente por la que aboga Keating. La película le llegó de rebote a Weir. Pretendía realizar 'Matrimonio de conveniencia' pero Depardieu no estaría disponible en un año, así que la productora le sugirió este proyecto, que había estado a punto de ser dirigida por Jeff Kanew e interpretada por Liam Neeson. Weir llamaba al personaje Robin Keating porque quería que un 15 % de la personalidad del actor estuviera siempre presente en la interpretación del personaje.
Matrimonio de conveniencia Weir quería rodar esta película desde que había visto a Gerard Depardieu siete años atrás en 'Danton' de Andrezj Wajda. La productora no lo tenía tan claro con un actor que nunca había trabajado en una producción en inglés. Andie McDowell se sorprendió de que Weir le pidiera que engordara algunos kilos, cuando lo usual es que le pidieran que adelgazara. En esta entrañable comedia en la que la exuberancia del personaje de Depardieu desestabiliza la vida de invernadero del de McDowell, como un elefante que entra en una cacharrería para dejar entrar el sol y que los sentidos se desplieguen, es memorable la secuencia final, el lírico cruce de miradas en la despedida que evoca a la de Único testigo'.
Sin miedo a la vida En la primera imagen de Sin miedo a la vida (1993), el arquitecto que encarna Jeff Bridges surge, como una aparición, entre un maizal, guiando a otras personas, y con un bebé en sus brazos. La misma alteración distorsionada del sonido imprime la sensación de que estuviéramos en 'otra' realidad. Son los supervivientes de una accidente de aviación. Con el accidente el diseño de vida del arquitecto se derrumba. Descubre que su realidad estaba edificada sobre cimientos ilusorios (por eso, se niega a mentir aunque la verdad implique hacer daño). Su clarividencia tiene algo de funambulista que se sostiene sobre el vacío. Busca las sensaciones verdaderas, sentir su presencia física en relación con la materia de la realidad, y expone su vida a los límites como si se confrontara a la consciencia de su propia finitud. Memorable el momento en el que demuestra al personaje de Rosie Perez que no podía haber evitado que su bebé saliera despedido de sus brazos cuando sufrieron el accidente, estrellando el coche contra un muro.
El show de Truman Otra aguda reflexión de éste gran cineasta australiano sobre los límites de la realidad, o cómo la percibimos y habitamos. Consideramos la realidad tal como nos la presentan, afirma Christof (inmenso Ed Harris) el director del programa 'El show de Truman'. Y como tal la consideramos, hasta que un día descubrimos, por accidente, una fisura en la proyección, como Truman literalmente la caída de un foco desde el cielo. Descubrirá de ese modo que ha sido, desde que nació, parte de un programa televisivo, actor en una ficción que ignoraba, y todos alrededor eran actores contratados. El único que no era consciente de que su vida era un decorado era él. Como en otras obras de Weir, el agua representa ese miedo a una realidad inestable y precaria. Iba a dirigirla en principio su guionista, el luego director Andrew Niccol, pero la productora prefería a un director más experimentado para una producción de esa envergadura.
Master and commander 'Master and commander' (2003), de Peter Weir, nos sitúa en el espacio incierto del mar, y del horizonte. Porque éste es real, material, a diferencia del de 'El show de Truman', un horizonte que era decorado, con el que chocaba la proa del barco en él que huía Truman de la prisión de ficción de vida en la que había estado sumido, tras rebelarse a su vida condicionada de identidad adjudicada. En 'Master and commander' nos encontramos con un navío estratificado como una reglamentada sociedad, en pequeña escala, en donde todos saben el lugar que ocupan, y que asumen. Y el trayecto nos plantea varias preguntas, condensadas en las dos figuras principales, contrapuestas, el capitan dle navío, Aubrey (Russell Crowe), y el médico cirujano, Maturin (Paul Bettany). Uno es el que acata su papel, el otro es el que cuestiona las reglas. Extraordinario la secuencia en la que Maturin comprende que las obsesiones de uno y otro no difieren, aunque uno sea para apuntalar su orden de vida y el otro su ansia de conocimiento.
Camino de libertad Hay películas que logran hacerte sentirte 'real', o quizás recuperar esa sensación, valga la paradoja, ya que se supone que se experimenta a través de una pantalla ( ¿o la pantalla es en la que uno vive?). Hay películas que logran hacerte sentir la Ilusión de que te renuevan, hay películas que te hacen sentir, o creer en, lo posible, como 'Camino a la libertad' (2010), tan asombrosa como la peripecia que viven los protagonistas del relato narrado, quienes recorrieron 6.500 kilometros caminando desde el gulag de Siberia del donde se fugaron hasta llegar a la frontera de India, recorriendo bosques, montañas y desiertos, soportando las más extremas temperaturas de frío y calor, al borde siempre de la inanición o de la deshidratación. Una auténtica, y sobrecogedora, odisea de superación que recupera el genuino sentido de la aventura (del género y de la vida). Y aún más es la que supera el escollo del tiempo como el reencuentro décadas después del protagonista con la mujer que ama.

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