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domingo, 30 de julio de 2017

Dunkerque

En la guerra, la realidad es un espacio inseguro, un laberinto a la vez que una intemperie, que surca y cruza tu cuerpo vulnerable. El cuerpo transita entre una certeza, su vulnerabilidad, y una incertidumbre, si una bala o una explosión o cualquier circunstancia accidental puede detener ese movimiento, y esa detención supondrá una herida o la muerte. 'Dunkerque' (Dunkirk, 2017), de Christopher Nolan, se estructura sobre tres niveles. El cuerpo que intenta sobrevivir, Tommy (Fionn Whitehead), y las intervenciones, por un lado, de aquellos que intentan eliminar algunas amenazas que pueden detener ese trayecto, e imposibilitar esa supervivencia, como es el caso del piloto Farrier (Tom Hardy) o, por otro lado, de aquellos que intentan rescatarle, como culminación del trayecto y consecución de la supervivencia, caso del bote que conduce Dawson (Mark Rylance), con la asistencia de su hijo pequeño, Peter (Tom Glynn-Carney) y un amigo de este, George (Barry Keorghan). Son tres perspectivas, desde tres elementos: la tierra, la costa francesa, en Dunkerque, de la que intentan escapar, o ser rescatados, cientos de miles de soldados británicos, y también franceses, en retirada y asediados por el ejercito alemán; el aire, desde el que tres pilotos británicos asisten esa huida o ese rescate; y el mar, a través del cual cruzan desde Inglaterra pequeñas embarcaciones de civiles, dispuestos a ayudar en un rescate para el que el ejercito británico carece de la suficiente fuerza naval de asistencia, o sólo para evacuar al menos, según las prospectivas de Churchill, a 30.000 de esos hombres (una décima parte del efectivo militar).
Las tres perspectivas corresponden, por otro lado, a tres niveles temporales. Las peripecias de los soldados corresponden a un lapso de tiempo de una semana. El trayecto por mar para efectuar el rescate corresponde a un día. Y la asistencia de los aviones británicos a una hora. La urgencia y la exasperación se entrecruzan, la misma noción del tiempo se entrevera y estrangula. Tres tiempos, tres perspectivas, conjugan la ecuación que necesita ser ajustada, realizada, en esa circunstancia expuesta, en vilo, amenazada: supervivencia y rescate. Los tiempos se alternan como las perspectivas (un mismo hecho puede ser visto desde otro punto de vista y hasta quizá modificar la impresión que suscitaba desde el otro ángulo).
Un trayecto es del un soldado que irá sorteando todas las situaciones de peligro, mientras a su alrededor otros soldados son abatidos. Es un cuerpo entre tantos otros, un uniforme más, alguien que ante todo intenta sobrevivir, evitar la muerte. Desde la secuencia inicial, no sabe si su cuerpo será el que perezca entre esos otros que le acompañan en cada circunstancia o pasaje de espera. No sabe el tiempo que durará. Si una bala impedirá que prosiga su trayecto en busca de la salida de lo que parece un callejón de salida, hasta que encuentra el hueco o resquicio por el que evita, de nuevo, la amenaza de la muerte, como en esa primera secuencia, será el único de los soldados que logre sortear las balas saltando a través de una valla, un parterre, y alcanzando un parapeto de soldados franceses. No sabe si esa circulación, que es proceso de fuga, será frustrada por una bala, si perecerá destrozado por la explosión de una bomba, ahogado en el interior de un barco que se hunde, o abrasado por una mancha de combustible sobre la que acaba de precipitarse un avión derribado. No sabe si será él o cualquiera de los otros que le rodean, cualquiera de los que intenta sobrevivir. Puede ser quien está a su lado en la playa cuando cae sobre él una bomba, o quien no logra salir a tiempo del buque que se hunde, porque quizá queda enganchado fatalmente. La supervivencia, por tanto, puede ser, en buena medida, una cuestión de suerte. Depende de tu posición en determinado momento,en la playa o junto a una puerta de salida, o de la intervención oportuna de otro, la de aquel que abra la compuerta que evita que te ahogues, o que te coja de la mano en su preciso momento, desde un bote, aquel que evita que ardas, como otros de tus compañeros, en aquella mancha de combustible prendida.
Christopher Nolan, como en obras previas como 'Origen' (2010) e 'Interstellar' (2015), prioriza la inmersión narrativa, hacer participe de la experiencia o vivencia. De nuevo, la música (la excelsa banda sonora de Hans Zimmer) y el elaborado diseño sonoro son ingredientes esenciales, entreverados en la carne de la modulación del afinado y complejo montaje. Los soldados son conductores que nos guían y a través de los cuales sentimos la vivencia, desde su posición como cuerpo en un conjunto, otro cuerpo más que intenta encontrar la salida en un laberinto que parece infestado de pasajes amenazantes. El proceso, a su vez, es un trayecto simbólico, conjugado con la paradójica combinación de la distancia e inmediatez documental (mirada desde fuera y desde dentro, a la vez, por desterrar el convencional mecanismo de identificación psicológica además de por fracturar la estructura del relato). Para ello opta por una configuración emblemática, más que psicológica, en especial de los soldados que intentan sobrevivir, y de quienes les asisten desde las alturas para eliminar amenazas.
A través de los integrantes de ese bote singularizado entre quienes acuden a rescatarle si se precisan aspectos que perfilan el enfoque de la obra sobre la experiencia de la guerra. A través de los componentes del bote, que representan la retaguardia, la perspectiva civil, se enfoca en la pérdida y la responsabilidad, en la actitud desde la distancia, y la actitud consciente de las consecuencias de la guerra. Dawson pertenece a otra generación: como indica en cierto momento, son los de su generación los que han propiciado la guerra, es su responsabilidad. Dawson es alguien que ha perdido a un hijo en combate, a su primogénito, piloto, en la tercera semana de la guerra. Frente a la ingenuidad, aún idealizadora, de George, que se une a padre e hijo aunque no fuera lo previsto, porque la guerra para él aún es un escenario abstracto, un escenario de posible aventura en el que realizar una gesta, un escenario aún sin fisicidad, y por tanto sin consciencia de herida o perdida, Dawson representa la consciencia. Sabe, y así lo enuncia, que tras una guerra ya no serás el mismo. Sabe que la conmoción no es sólo la del momento, la del lance de guerra en el que eres un cuerpo vulnerable (por eso apunta a George que la conmoción del soldado rescatado de un navío hundido, encarnado por Cillian Murphy, que le impele a demandar con desesperación que no retornen a la zona de guerra, no refleja cobardía sino el trauma de una vivencia extrema terrible) sino también posteriormente, tras la finalización de la contienda, aunque el cuerpo ya esté a salvo de la incertidumbre amenazante del campo de batalla. Una guerra no sólo es una circunstancia, un escenario, en el que cualquier cuerpo puede ser herido, sino una herida que nunca se cerrará como una huella que se arrastrará toda una vida.
La guerra es una vivencia en la que la supervivencia es el propósito fundamental. Por ello, como se refleja entre los propios soldados que pugnan por sobrevivir, ese afán puede determinar que el propio interés prime sobre otra consideración, y por tanto que se desprendan de escrúpulos por priorizar la propia supervivencia, aunque suponga exponer a quien, poco antes, a riesgo de su propia vida, ha posibilitado que salven sus vidas, como es el caso de quienes abogan, en el bote que se hunde, porque sea Gibson, quienes antes les había abierto la compuerta del buque que se hundía salvando su vida, quien se exponga primero a los disparos de los soldados alemanes por el simple motivo de que han descubierto que es un francés que robó el uniforme de un soldado inglés para poder sobrevivir. A veces supera la conmoción, y se pierde la perspectiva, para que sea el pánico el que domine, o la desesperación, como es el caso de quienes no soportan la espera y se lanzan al mar para cruzar a nado el Canal, o del soldado con trastorno postraumático que encarna Murphy: su desesperación propicia, accidentalmente, que George sufra una herida que le abocará a la muerte: en los momentos previos de su muerte padecerá una ceguera, a causa del golpe en la cabeza, en dolorosa correspondencia con la ceguera de su idealización de la guerra. En esas circunstancias extremas, los gestos mezquinos o atribulados conviven con los generosos y sacrificados, con las actitudes templadas, firmes, en situación de riesgo, como es el caso del piloto Farrier, Dawson, o el comandante Bolton (Kenneth Branagh), al mando de la evacuación en el muelle, que decidirá quedarse para también asistir el rescate de los efectivos franceses. Más allá de victorias o derrotas, la supervivencia es el logro. Otra figura ciega será quien lo remarque a los soldados que han logrado arribar a la costa británica. Aunque los soldados se hayan retirado, lo que implica una derrota, no es vergüenza lo que deben sentir, como expresa uno de los supervivientes, sino la satisfacción de haber sobrevivido. Quien sentía la vergüenza no había advertido que aquel hombre era ciego, como la ceguera interior define su vergüenza. Hay cegueras físicas, en cambio, que son reflejo de la consciencia de la herida.
El planteamiento narrativo de apariencia fracturada, como la propia naturaleza la guerra y de su vivencia, es a la vez un trayecto catártico que supera una serie de pruebas o niveles, como en 'Origen' e 'Interstellar'. En estos casos, la peripecia también era interna; en 'Dunkerque' es ante todo externa. Un laberinto en el que se superan diferentes niveles o pasajes, una calle, un muelle y una playa, un barco que es hundido por un torpedo, un bote varado que es usado para ejercitar el tiro al blanco que después sufrirá un hundimiento, un mar que arde en llamas. Su contrapunto, la intervención de quienes asisten, aunque, a veces, a la vez, pueden determinar la amenaza (el avión de Farrier abate a un avión enemigo que diezma a la tropa británica, pero al precipitarse en el mar prende la mancha de combustible: paradojas de la guerra, como las contradicciones se reflejan en la citada actitud de quienes están decididos a sacrificar a quien les había salvado la vida ). En la secuencia final se conjugan dos imágenes: el avión de quien ha sido decisivo en la consecución de un salvamento más amplio del calculado, el piloto Farrier, que arde tras un aterrizaje que ha estado a punto de ser trágico por la dificultad de que salga correctamente el tren de aterrizaje, lo que logró en el último instante, escasos segundos antes de tomar tierra. Un avión que ha quemado el propio Farrier antes de ser apresado por soldados alemanes. Y, por último, el rostro del soldado Tommy, quien ha logrado sobrevivir tras superar el laberinto que ha recorrido para salvar su vida, y cuyo tren llega a la estación, el emblema del hogar alcanzado. Su recorrido ha sido equiparable al de ese tenso aterrizaje del avión. También, en cada uno de los pasajes sufridos, ha salvado su vida en el último instante, como si el tren de aterrizaje saliera en el último segundo, sea en el tiroteo inicial, el hundimiento del barco o cuando la mano de Peter coge la suya entre los cuerpos que intentan evitar la mancha de combustible que arde. Dunkerque es la refinada composición musical narrativa de un accidentado trayecto en el que pende, en todo momento, la posibilidad del fracaso. Tommy alcanza el último nivel. Sobrevive, pero también pudiera haber sido cualquiera de los miles que no han sobrevivido. La excelsa banda sonora de Hans Zimmer

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