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lunes, 1 de febrero de 2016

Unforgotten

Lo que se prefiere olvidar, lo que se prefiere ocultar en los sótanos, a veces resurge en la superficie, y puede ser en forma de cadáveres que revelan las miserias y mezquindades pretéritas que, en algún caso, no deja de revelar las presentes. En otras quizá ayude a rectificar los errores que se fueron amontonando bajo el cemento del paso de la vida. ¿Qué tiene que ver lo que fuimos con lo que somos ahora? ¿Y el modelo de la sociedad actual sobre qué cimientos se erigieron?. En la excelente miniserie británica, de seis episodios todos dirigidos por Andy Wilson, 'Unforgotten' (2015), creada y escrita por Chris Lang, la investigación que realizan los inspectores Stuart (Nicola Walker) y Khan (Sanjeev Bhaskaar) sobre el esqueleto encontrado en el sótano de un edificio abandonado, implica el trastorno de cuatro vidas relacionadas con el muerto 39 años atrás. Representan las instituciones que rigen y modelan la realidad, Cross (Trevor Eve), el político en ascenso hacia las cúpulas del poder que se confronta con sus actividades de juventud a las ordenes de gangsters, y a las escasas diferencias entre aquellas extorsiones y las del presente de la actividad legal, o Greaves (Bernard Hill), el sacerdote, la voz que predica unos modelos de conducta, que se confronta con las decisiones erróneas que contradicen lo que predica.
Y otros representan la conflictiva relación con los fantasmas que evidencian la demencia de nuestros prejuicios, los límites en los que recluimos nuestra mente, las miserias de nuestra emponzoñada sensibilidad: el racismo y la homosexualidad. En Beth (Ruth Sheen), casada con un hombre negro, se revela sus actividades de juventud con un grupo neonazi y las agresiones a personas de otras razas. ¿Se dejaba dominar de tal modo por el chico que amaba o expresaba lo que pensaba y sentía entonces?. Y en la pareja que conforman Eric (Tom Courtenay), impedido en una silla de ruedas, y Claire (Gemma Jones), que padece demencia senil, se desentrañan las turbiedades no expresas de la célula familiar, lo que la sociedad reprime o impide que se manifieste y que puede derivar en la gestación de monstruos. En la elaborada relación dramática de reflejos se amplia a la madre soltera del chico muerto (la vida que no tuvo y que tuvieron otros de su edad, como los futbolistas del Liverpool que coronan las paredes que aún conserva como entonces) o a la relación de la propia inspectora Stuart con su padre, quien le revela la conmoción que le supuso descubrir, por unas cartas, que su madre, tiempo atrás, mantuvo una relación de dos años con un hombre que amaba. ¿Qué vemos de los demás? ¿Quién es aquel con el que convivimos durante años?¿Cómo logramos ocultar a los demás nuestros secretos, nuestras pesadumbres y lo que nos averguenza? ¿Cómo podemos vivir durante décadas con los crímenes que cometimos y nadie sospecharlo bajo nuestra apacible o mundana apariencia? En el contraste entre ambos inspectores también se dirime la mirada hacia esas revelaciones, la mirada inclemente que exige castigo, y la mirada comprensiva que preferentemente siente pesar por la desolación de los que sufrieron, y aún sufren, también con sus errores, sus crímenes y sus miserias. Maravillosos títulos de creédito iniciales

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