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domingo, 3 de abril de 2016

Cemetery of splendour

En el 'Cementerio de esplendor' ( Rak Ti Kohn Kaen, 2015), la sublime última obra de Apichatpong Weerasethakul, unas nubes también son células que se desplazan en el interior de un cuerpo. Un bosque es también el interior de un palacio, hay árboles y múltiples espejos porque al rey le preocupaba que alguien le traicionara. En un bosque hay esculturas como las figuras animadas que lo recorren, de apariencia humana, quizá sean varias. Quizá una medium sea también un soldado dormido a través del que conecta con miradas de tiempos pretéritos. Quizá ese soldado, Itt (Banlop Lomnoi), representa algo que conecta a Jenjira (Jenjira Pongpas) con las aflicciones y faltas de su pasado y de su presente. Jenjira camina sobre un suelo cubierto de hojas de árbol y páginas rotas. El espacio, un aula, le recuerda el ejercicio que no completó y, por ello, no entregó a la profesora, y también a una criatura que flotaba en el agua, como si no dispusiera de centro de gravedad, y también en su mente y en su corazón. Pero esa criatura puede ser de su presente. O habita su mente. Ese aula pertenece a un colegio abandonado que ahora se utiliza como hospital para unos soldados que padecen una misteriosa enfermedad que determina que permanezcan dormidos. Pero dos diosas a las que había realizado una ofrenda Jenjira se le aparecen para decirle que bajo ese colegio y ahora hospital existe un cementerio de un reino que se mantuvo en disputas y contiendas durante miles de años. Los espíritus de aquellos reyes inhalan la energía de los soldados, para mantenerse en la lid permanente. En el exterior, excavadoras realizan un trabajo de extracción por alguna ignota motivación secreta del gobierno. En el interior de Jenjira quizá aún forcejean disputas no resueltas, quizá busca aún su lugar de descanso, ese donde dormir, reposar, sin que le perturben sus heridas. La realidad no deja de incrementar sus cicatrices y sus hoyos y agrandar las faltas, y los agujeros, en la mente y el corazón y el cuerpo.
Los pensamientos tienen diversos ángulos, y los ángulos pueden ser unas figuras que intercambian, como en una coreografía, sus posiciones en un paisaje frente al agua. En el agua unas máquinas no cesan de mover sus hélices, y a su alrededor, indefinida, se advierte una extraña figura. Jenjira, en cierto momento, dice que está soñando, y que quisiera despertar. En su mente los pensamientos se desplazan como si intentaran encontrar el ángulo adecuado que reparara el desajuste. Su primera pareja fue un soldado, al que califica de monstruo. Quizá sigue batiendo con sus hélices las aguas de sus sentimientos, aunque ahora un estadounidense que abandonó su país sea su nueva pareja. Itt, cuando despierta, no deja de realizar preguntas sobre él, como los reyes que no dejan de inhalar la energía de sus súbditos o las excavaciones secretas que realiza el gobierno. Se imponen aunque sean ya pasado. Jenjira excava en su pasado como si intentara recomponer las faltas de su presente. Su pierna izquierda, que necesitó ser intervenida, es centímetros más corta que la derecha, y una cicatriz recorre su muslo. Sus emociones cojean, como su pierna, y su mente también, como si buscara entre los fantasmas de su mente el reposo no encontrado. La medium que es a la vez Itt le lame la pierna tras rociarla con el brebaje que Jenjira le suministra a su actual pareja para evitar que el Alzheimer progrese. Curar los recuerdos, para sentir que el presente puede respirar sin cojear. Entre los hoyos de la tierra excavada, los niños juegan al fútbol, como las figuras intercambian sus posiciones, o los colores se modifican en la terapia con los soldados dormidos, mientras se escucha la voz de Jenjira que dice que ahora ve con claridad. O quizá, por la recurrencia de los movimientos de esas figuras, aún está cautiva en el bucle de su mente, mientras las nubes de sus pensamientos se deshilachan, y las células flotan, como si pudieran encontrar algo. En el centro del reino, más allá de los campos de arroz, no hay nada, añade, añade Jenjira. Quizá sólo un lugar donde por fin dormir.

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