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domingo, 1 de noviembre de 2009

El rostro impenetrable

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La singularidad de 'El rostro impenetrable' queda evidente desde su primer plano. Brando comiendo un platano, y dejando la cáscara sobre uno de los platos de una balanza, y en el otro unos guantes. El plano se abre y vemos que junto a sus dos secuaces está atracando un banco. En ese gesto queda manifiesto el recorrido de alguien que se desliza por la vida sin escrúpulos, como demuestra seduciendo a mujeres, a las que regala un anillo, para quitarselo bruscamente cuando tiene que huir, hasta convertirse en un caballero. Brando mismo porta esa figura con el aire maldito de un personaje salido de El Conde de Montecristo, un espectro ávido de venganza, con un toque Lord Byron, que porta el poncho como una capa, y lleva un largo pañuelo. La presencia del mar colabora en esta extrañeza, y en esa condición romanticismo fronterizo de alguien que recupera su corporeidad por el amor.

'El rostro impenetrable (1961), es la única obra que dirigió Marlon Brando. Y otra obra que, afortunadamente, como Inteligencia artificial, no acabó haciendo Stanley Kubrick. Un admirable uso del color, y de la profundidad de campo, y con un genuino aire romántico. Y que culmina con un duelo separados por una fuente, porque el agua es el símbolo de la liberación.

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