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jueves, 11 de agosto de 2016

Regreso a casa

Hay regresos que no lo son cuando resultas un extraño. No regresas, porque no existes en la mente de aquella con quien esperaste durante años reencontrarte. Tu pasado se convirtió en una espera, y se encuentra con un presente que es una ausencia. No te dejaron ser cómo querías, porque no pensabas como el régimen dominante, y no te dejan ser porque no hay ya una mirada de reconocimiento. 'Regreso a casa' (Gui lai, 2014), de Zhang Yimou, dota de cuerpo, a través de la peripecia singular, a un modo colectivo de desactivar la memoria histórica mediante el recurso de sedimentar una amnesia que anule la consciencia de un daño infligido y de una persecución del diferente fundada en el estigma, en este caso concreto la disensión en tiempos de la Revolución Cultural china. El olvido, a su vez, se convierte en prisión. La memoria histórica propicia la posibilidad de que un error no se repita, no parchea brechas ni heridas. En cambio, si recuerdas la negación, quedas marcado por el daño, ignoras lo que se prefiere silenciar. Y el que fue perseguido, y enviado a campos de trabajo, apartado de la sociedad, como un cuerpo infecto, se ve condenado a la condición de sombra, el gesto disidente queda borrado, y sólo permanece la sustracción, la huella distorsionada de la opresión en el mero olvido. No se recuerda el despropósito, porque la humillación sufrida ejerció un borrado completo. La marginación efectuada entonces se extiende a los tiempos en los que ya de modo explicito no se ejerce esa opresión ni sus consiguientes estigmas.
En los pasajes iniciales de 'Regreso a casa' se precisa la persecución. En el posterior núcleo y desarrollo del relato, las consecuencias del borrado. Lu (Chen Daoming), que ejercía como profesor, fue encarcelado por disidente durante la Revolución Cultural, opuesto a un sistema. En las primeras secuencias se narra cómo logra escapar del campo de trabajo para intentar unirse con su esposa, Feng (Gong Li), pero su hija Dandan (Zhang Huiwen), que ve peligrar sus posibilidades de conseguir los mejores papeles como bailarina, no duda en denunciarle, y por tanto en frustrar ese reencuentro en una estación, entre la multitud, detalle que acrecienta la sensación de desamparo, de tragedia singular imperceptible en el bullicio general. Lo singular quedaba diluido en la relevancia de la abstracción de lo colectivo, la uniformización sobre la individualidad. Cuando Lu sea liberado tras el fin de la Revolución cultural, el impedimento no será la traición sino la desmemoria, la amnesia de su mujer, quien le confunde una y otra vez con la misma persona, el señor Fang, convencida de que su marido retornará el día cinco, expectativa que se convertirá en ritual de espera el cinco de cada mes durante largos años, como una infección que se hubiera apoderado de su mente de modo irremisible.
Lu recurrirá a varias estrategias para intentar despertar el recuerdo pero siempre será de modo infructuoso. Incluso, urdirá la escenificación de un regreso el cinco de un mes por si de ese modo consigue que le asocie con quien realmente es, pero tampoco lo consigue. Sigue viendo a un extraño, o al señor Fang, quien se revelará que es la raíz de ese atasco, o quiste emocional convertido en tumor, causante de su trauma, ya que, aprovechándose de su posición de poder en el sistema dominante, la violó, humillación que determinó que olvidara a quien amaba, como si no pudiera asumir mirar a su rostro estigmatizado con el estigma de su propia humillación, como si hubieran sustraído cualquier resquicio de integridad en un genuino amor compartido por la infección de la humillación y la opresión, aspecto desolador en el que también incidía Yimou en la excelente 'Amor bajo el espino blanco' (2010). Ambas recurren a las esencias tradicionales del melodrama clásico, por lo tanto se enfoca primordialmente en los sentimientos, lo que deriva en que pueda ser calificado de empalagosa o cursi por quienes no consideran que ese enfoque aporte pedigree a su alcance conceptual, y más bien desluzca su rigor, desprecio que también afectó a otro desprejuiciado melodrama que miraba de frente a los sentimientos, la estupenda 'Una vida en tres dias', de Jason Reitman. Desde luego, ese enfoque en los sentimientos no me parece que impida que la conclusión de 'Regreso a casa' sea efectivamente demoledora, de una tristeza insondable. Feng y Lu esperando en la estación, encuadrados tras unos barrotes, a una figura que no vendrá porque es quien, como un fantasma, está al lado de la mujer que ama, la mujer que después de los años sigue sin recordarle. Su vida se ha convertido definitivamente en una prisión.

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