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martes, 16 de agosto de 2016

El cine de James Cameron, de peor a mejor

James Cameron nació hoy hace 62 años en Ontario, Canada, desde donde se trasladaría a Estados Unidos ya con 17 años. 6 años después conducía camiones, pero tras ver La guerra de las galaxias decidió meterse en la industria del cine. Sus primeros pasos fueron en producciones de Roger Corman en el departamento de efectos visuales. Seis de sus ocho películas han sido nominadas a los Oscars en esa categoría, y cinco lo han ganado. Y como cineasta es considerado más como el prototipo del director de cine espectáculo. A Steven Spielberg le pusieron el apodo del Rey Midas. Cameron se declaró rey del mundo en la ceremonia de los Oscars, cuando Titanic arrasó con once estatuillas. Además, desbancó al propio Spielberg como el responsable de la película más taquillera de la historia, posición que fue superada sólo por él mismo con su posterior Avatar.
Sus obras son generalmente grandes éxitos, con la excepción de 'Abbys', si dejamos de lado su primera obra, que él no considera propia, 'Piraña. Los vampiros voladores'. Por eso, quizá no se incide demasiado en su condición de cineasta autor, porque parece que con esos medios de producción y la espectacularidad de una obras inscritas sin vergüenza en las coordenadas del género, no posee el mismo pedigree que cineastas al margen o en la periferia de la industria. Y Cameron es la representación de la Industria. Pero es el guionista de todas sus obras, en las que se puede apreciar cómo recorre una línea continúa que cuestiona la arrogancia del ser humano, su tendencia a la destrucción, al ejercicio de la violencia y por tanto del daño a los otros, y como consecuencia de esa inclinación, el pernicioso uso de la tecnología. Vegano, declara que somos carnivoros por elección, no por naturaleza. Y de algún modo su cine no deja de exponer que si destruimos la naturaleza (Avatar) y a los otros (Terminator y Abyss) es por nuestra preferente inclinación al abuso, la opresión y la discriminación (como también reflejaba Titanic). Realizamos un repaso a sus ocho películas, de peor a mejor.
Cameron declaró que para apreciar 'Piraña. Los vampiros del mar' (1981), hay que verla en un cine al aire libre con seis cervezas. No sé si seis será suficiente. Cameron no reconoce su autoría en esta película cuyo montaje final no controló. De hecho fue despedido al de tres semanas por el productor Ovidio G Assonitis, quien había quedado impresionado por alguno de los efectos visuales que había realizado para Roger Corman, en 'La galaxia del terror' (1981), en concreto por cómo había electrificado un brazo para que pareciera que unos gusanos muertos estaban devorándolo. No hay mucho que rescatar de esta secuela de la película dirigida por Joe Dante en 1978. Más allá de la singularidad de que las pirañas vuelen, los ataques sirven sobre todo como excusa para alguna que otra pasarela de pechos desnudos femeninos. Aún en la estela del éxito de 'Tiburón', no faltan las negativas de empresarios que se niegan a cerrar la playa pese a la posibilidad de peligro, y un protagonista masculino representante de la ley, encarnado por Lance Henriksen, amigo de Cameron, quien años después le haría un gran favor caracterízándose como Terminator. Su irrupción de modo expeditivo en la oficina de los productores fue decisiva para que consiguieran la financiación. No encarnaría a Terminator, pero sí participó como un oficial de policía. Y posteriormente, crearía uno de los personajes más logrados del cine de Cameron, el androide de 'Aliens'. Aquí hace lo que puede en una película que merece ser mordida por el olvido.
Si no fuera por su aplicado dominio narrativo no dudaría en calificarla como su película menos estimulante. Desde luego, 'Mentiras arriesgadas' (1994) me parece su obra más antipática. Aún más lamentable, considerando sus pretensiones de comedia. Adolece de lo mismo que muchas otras películas de acción que asolaron el panorama cinematográfico desde finales de los ochenta hasta la entrada del nuevo siglo. Una tendencia a la desmesura en la que el verosímil importaba más bien nada, exceso que, de modo explicito o implícito, no carecía de pretensiones humorísticas. Se suponía que el espectador ya se daba por contento con esa atracción de feria sin preocuparse en demasía de rigor. Cameron se había logrado desmarcar de esa tendencia con sus obras previas, pero aquí quiso, por sugerencia de su amigo Arnold Schwarzenegger, adaptar una comedia francesa, Dos espías en mi cama, y convertirla en una nueva variante de espías en acción, línea Mejor imposible, o la que el mismo Arnold protagonizaría posteriormente en Eraser. Lo que no dejaba de tener su gracia en principio, esto es, un agente secreto que lleva una doble vida, ya que para su familia es un agente comercial que vende ordenadores, se encuentra con la contrariedad de que su esposa, interpretada por Jamie Lee Curtis, se siente desatendida, con una vida carente ya de alicientes, por lo que decide flirtear con un seductor de bajo rango, encarnado por Bill Paxton, que se hace pasar por agente secreto, pero no es un sino un mero vendedor de coches. La inversión de su marido. Desafortunadamente, esa mordaz linea también se invierte, y el agraviado marido, decide primero castigar y humillar a ambos infractores, primero al intruso (quien para remarcar la humillación se mea en sus pantalones), y después a la esposa, en una de las escenas más penosas que ha dado el cine, aquella en la que se hace pasar por otro, mientras en sombras observa cómo su esposa baila en bragas y sujetador. Por añadidura, entran en escena terroristas islámicos a los que por supuesto también se castiga ejemplarmente. Los atentados del 11 de septiembre evitaron que no se realizara la continuación que tenían en mente porque ya no se consideraban que pudieran abordar el terrorismo islámico desde el ángulo (presuntamente) humorístico.
En posteriores ediciones de 'Terminator' (1984), se señala el reconocimiento a la obra de Harlan Ellison, en concreto un episodio de 'Más allá del límite', que se titulaba 'Soldier' (1964). Más allá de esa deuda de inspiración con la premisa de un soldado que viene del futuro, la obra de Cameron dejaba constancia, cual presentación de credenciales, de sus destacadas cualidades como narrador. Cameron admiraba particularmente a John Carpenter, por ser capaz además de lograr realizar una obra de la envergadura de 'La noche de Halloween', con tal escaso presupuesto. No contaba con demasiado tampoco Cameron. De hecho, por no disponer de los suficientes medios en efectos especiales, debió demorar el uso del terminator T- 100, de acero liquido, para su secuela. Cameron también sacó petroleo de sus limitado presupuesto. Y su implacable perseguidor cyborg, el terminator (encarnado por Arnold Schwarzenegger a quien los productores querían en principio para el papel de Kyle, que sería para Michael Biehn) tampoco difiere demasiado de Michael Myers, otra presencia que parece carecer de toda emoción. Pero su estilo difiere del de Carpenter, que tiende más a arrastrar y dilatar los tiempos, la duración de los planos y la suspensión de una posible amenaza. Cameron despliega una narración vertiginosa en la que no decae la sensación de urgencia, como si el tiempo fuera a finalizar en cualquier momento. La narración, como en Carpenter, se convierte en una vibrante coreografia de montaje tramada sobre el asedio y la persecución. Suspende magníficamente las incógnitas durante los primeros pasajes en los que van siendo asesinadas todas aquellas que se llaman Sarah Connor, hasta que peligra la vida de la protagonista, encarnada por Linda Hamilton. Dosifica bien las pausas, sean las que gestan la atracción de Sarah y Kyle, como las que describen las autoreparaciones del cyborg, y orquesta memorables set pieces como el tiroteo en el techno pub o el asalto del Terminator a la comisaría de policía. Es la primera obra, dentro de la filmografía de Cameron, que se hace eco de la tensión existente entre los dos bloques comandados por Rusia y Estados Unidos, con la amenaza de guerra nuclear permanente. La alegoría, a través del combate entre los dos que vienen del futuro, alude a la confrontación entre las inclinaciones belicosas (la actitud maquinal, ajena al sufrimiento) y la resistencia de quienes abogan por la convivencia conciliadora pacífica, que se ampliará en 'Abyss' y 'Terminator 2: el juicio final'.
'Titanic' (1997) es la tercera de sus películas que tiene al agua como protagonista. Su bautizo, frustrante, fue con 'Pirañas. Los vampiros del mar', padeció las aguadillas del rodaje más conflictivo posible y la decepción de escasos dividendos, con 'Abyss', pero con la película que se centra en el naufragio más célebre tocó el cielo tanto en taquilla como en recepción de premios. No acabó ahí su romance con ese barco hundido, porque después realizaría el documental 'Los misterios del Titanic'(2003). 'Titanic' se divide en dos partes, pero ambas se definen por la carrera de obstáculos. En la primera parte, los que deben superar la pareja de enamorados, Jack y Rose, que encarnan Di Caprio y Winslet, por pertenecer a ambientes y clases distintas, además de por estar ella prometida a un rico empresario que no ve precisamente con los más amables ojos esa interferencia. En la segunda, los que se deben superar para lograr sobrevivir al naufragio del Titanic. En principios, estos estarán relacionados con los de la primera parte, los esfuerzos de Rose para conseguir liberar a Jack de las esposas que lo mantienen apresado a una tuberías antes de que lo cubra el agua, y la huida que tienen que realizar de nuevo hacia las profundidades ya hundidas del agua para sortear las balas que dispara el prometido soliviantado y la posterior superación de escollos para retornar a la superficie. La fase final del naufragio definirá la templada resolución de Jack para lograr que, al menos, su amada, Rose, se salve, Porque si algo ha conseguido, en todas las facetas, es salvarla. La vida de Rose naufragaba por sentirse condenada a aceptar un matrimonio sin amor sólo por la necesidad económica, o por vivir en holgadas posiciones económicas, forzada por su madre. La primera parte que plantea y desarrolla el conflicto dramático se define por lo convencional, por seguir, con habilidad eso sí, unos patrones elementales (el de Romeo y Julieta combinado con la opresión social que representa el mismo buque). Cameron despliega todo su talento narrativo en los trepidantes pasajes del naufragio, sin que falten momentos inspirados (transiciones entre el ojo de la joven Rose a la centenaria Rose que evoca los sucesos; la hermosa secuencia de los cuerpos helados en el agua entre los que rescatan a Rose). Al Titanic le llaman el buque de los sueños. Y estos también naufragan, aunque no su recuerdo, que permanece indeleble ocho décadas después.
'Avatar' (2007 reitera la estructura de 'Titanic', una primera parte destinada a presentar personajes y plantear y desarrollar el conflicto dramático, y una segunda definida por un despliegue arrollador, pero impecablemente modulado, de acción. En este, caso no es la segunda la que propulsa la película, ya que deja la sensación de que no profundiza como pudiera en las cuestiones sugeridas, decantándose más por la exuberante acción. O quedándose en la superficie de lo que esboza, esa confrontación entre los sueños y su frustración, algo también en lo que coincide con 'Titanic'. O cómo la realidad es un crudo despertar definido por la decepción y los impedimentos, sean las opresiones establecidas por diferencia de pertenencia de clase, o por una actitud depredadora que establece al otro como mero nutriente de beneficios, o la actitud agresiva y belicosa que ve al otro como un enemigo que debe ser eliminado. El protagonista es paralítico, y encuentra en su avatar la posibilidad de materializar los sueños (como una pantalla de lo posible, en el cuerpo de una ficción). De nuevo, en la combinación el espectro de Romeo y Julieta en la relación amorosa entre un humano (aun bajo su forma de avatar) y la criatura de ese otro planeta al que han llegado los humanos como invasores que buscan su mero enriquecimiento. Los intereses empresariales buscan extraer una materia que les puede reportar beneficio, por lo que no importa el medio ambiente y criaturas y modos de vida que destruyan. 'Avatar' no deja de impulsar a la sublevación contra la dictadura económica y el animo belicista que suele camuflar la primera, e incluso contra la propia especie humana, dada la elección final del protagonista. Mejor convertirse en criatura de otro planeta que mezquino depredador o parásito humano.
La primera etapa de la obra de Cameron, si dejamos de lado su su primera obra, que él mismo no reconoce como propia, se hace eco de un conflicto que infectaba la sociedad con una tensión permanente, y toma posición. Cameron cuestiona la actitud beligerante de su gobierno y su necesidad de perpetuar como autoafirmación la rivalidad con el bloque comunista. La amenaza de la guerra nuclear, utilizada como instrumento disuasorio con el enemigo, pero también como distracción de otros conflictos más sustanciales dentro de la sociedad, fue un miedo que arraigó como un tumor en aquella década. Cameron en las dos obras que realizó sobre Terminator y Abbys abogaba por el desarme y la conciliación. 'Aliens' (1986) complementa esa perspectiva con su tratamiento de las fuerzas militares, en lo que reincidiría en 'Abbys' enfatizando la enajenación. En 'Aliens' establece una equiparación implícita con la guerra Vietnam, a través de la arrogancia y presunción de quienes piensan que van a arrasar con el enemigo. Pero, como en Vietnam, pese a disponer de superior poder de armamento, se verán superados por quienes dominan el entorno, los aliens. Cameron más que en la atmósfera, como la precedente, incide en la acción, más en el horror que en el terror. Con un vibrante dinamismo prepara durante una hora el arrollador vértigo de la posterior hora y media, una sucesión de enfrentamientos con los aliens, que además deja suficiente espacio para el desarrollo de la relación materno filial entre Ripley y la niña superviviente, que encontrará su culminación en la confrontación con la Madre Alien, y por supuesto, para incidir de nuevo en el implacable cuestionamiento de la voracidad empresarial, de aquel capitalismo salvaje que se consolidó en la década. Por algo, los aliens tienen ácido en vez de sangre, acorde a la falta de conciencia y escrúpulos de esa mentalidad depredadora cuya nefasta influencia aún nos domina. Para el recuerdo, imágenes como la cola del alien que emerge del agua tras la niña, o la tensa secuencia en que Ripley y la niña se ven acosadas en el laboratorio por las dos criaturas (facehuggers) que pretenden implantar un alien en sus entrañas.
Dado que había vendido los derechos para poder hacer la primera, se alegró de que le permitieran controlar de modo completo la secuela. 'Terminator 2: el juicio final' (1991), no es sólo la continuación, sino el afinamiento de 'Terminator'. En primer lugar, por la mejora de los efectos visuales gracias a los avances tecnológicos del CGI (imágenes generadas por ordenador), que posibilitaron que, en esta ocasión, si pudiera utilizar el T-1000 (Robert Patrick), un prototipo de metal líquido que puede adoptar cualquier apariencia humana. Amplifica el poderÍo expresivo de los primeros pasajes, aquellos que narran las dos líneas paralelas de ambos terminators en su búsqueda del objetivo, en este caso, no la madre del lÍder de la resistencia contra Skylab, sino él mismo cuando era un adolescente, John Connor (Edward Furlong). De nuevo, juega hábilmente con la ambivalencia, por un lado con las reminiscencias del mismo físico entre el terminator que entonces fue amenaza y ahora es protector, encarnado por Arnold Schwarzenegger, y por otro con el recurso irónico de que el terminator amenazante adopte primero la apariencia de un patrullero de policía, con el eslogan de servir y proteger. La excelente secuencia del tiroteo en el pub de aquella se amplifica en una apabullante persecución entre camión y moto por unos estrechos pasadizos. La primera de una serie de imponentes set pieces: el enfrentamiento en el sanatorio psiquiátrico donde está ingresada Sarah Connor, el intento de asesinato de esta al ingeniero jefE que creará el microprocesador que derivará en Skynet, o la persecución y el enfrentamiento final de nuevo en una fábrica, en las que Cameron demuestra que, junto a Katrhyn Bigelow, de quien fue pareja ( y para quien escribiría en 1995 el guión de la estupenda 'Días extraños'), es el mejor director a la hora de orquestar secuencias de estas características. Pero en este caso, además, complejiza el desarrollo dramático gracias a la evolución del personaje de Sarah Connor, un personaje que sabe lo que otros ignoran, y además que no creen, lo que la convierte en un personaje tan desesperado como también obsesivo. Por supuesto, aún remarca de modo más manifiesto el substrato reflexivo, del que extrae sombría emoción: el cuestionamiento de las inclinaciones del ser humano a la violencia y destrucción (también de modo irónico a través de las enseñanzas que John intenta transmitir al Terminator de que intente no matar a nadie). Por eso, pese a la resolución positiva, finaliza con una carretera en la oscuridad: lo incierto se mantiene porque el ser humano no dejará de precipitarse en las tinieblas de su conducta dañina.
'Abyss' (1989) comienza con la conocida frase de Nietzsche, 'Cuando miras largo tiempo al abismo, este también mira dentro de ti'. Por lo que parece miró bien de frente a los participantes en el conflictivo y accidentado rodaje, porque escasos fueron los que quisieron repetir con James Cameron. Ed Harris le golpeó tras que siguiera rodando en una escena en la que estuvo a punto de perecer ahogado, y Mary Elizabeth Mastrantonio dejó el rodaje de una escena gritando que no eran animales, tras que el director le dijera que había que repetir varios de sus planos en la secuencia de su resurrección porque se había estropeado la cámara, a lo que ella se negó, por lo que Harris tuvo que gritar al vacío cuando intenta desesperadamente que el personaje de ella vuelva a la vida. La actriz incluso sufriría una crisis nerviosa posteriormente, como Harris también tendría que detener un día su coche para prorrumpir en llano tal era la tensión acumulada. No deja de ser irónico cuando la película se distingue por su talante conciliador, aceradamente crítico con la recurrente tendencia del ser humano a la destrucción, en tal grado que los extraterrestres se plantean su exterminio (no deja de tener sus ecos de 'Ultimatum a la tierra', de Robert Wise, en los inicios precisamente de la Guerra fría). Es más evidente en la excelente versión de la edición especial con casi media hora más, que tuvo un fugaz reestreno incluso en 1993, en la que se alude al conflicto de amenaza nuclear entre Rusia y Estados Unidos que se arrastraba desde hacia cuatro décadas. Cameron juega con habilidad con varios escenarios de rivalidades, las que se dirimen entre los trabajadores de la base petrolífera submarina y los militares que descienden para investigar por qué se hundió un submarino nuclear estadounidense, si fue a causa de algún ataque ruso. Y la rivalidad en la pareja en proceso de divorcio que conforman Bud y Lindsey, encarnados por Harris y Mastrantonio. Cameron estructura la narración en tres largos episodios en los que demuestra su dominio del montaje; la caída de la grua que provoca la inundación en el interior de la plataforma; el duelo entre minisubmarinos, que culmina con la mejor secuencia del cine de Cameron (el ahogamiento de Lindsey y su resurreción por Bud), que evidencia cómo también sabe trabajar de modo admirable con personajes y sus emociones, y la inmersión final de Bud en busca de la ojiva nuclear que tiene que desactivar, en la que se produce el encuentro con los angélicos alienígenas, o cómo el sacrificio es el último reducto de la integridad en una especie tan tendente a infligir daño.

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