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domingo, 25 de noviembre de 2012

Plácidas pausas de rodaje:Laurence Olivier, Leslie Howard, Anton Walbrook y Eric Portman

Photobucket Laurence Olivier, Anton Walbrook, Leslie Howard y Eric Portman durante una pausa de rodaje de 'Los invasores' (49th parallel, 1941), de Michael Powell (y Emeric Pressburger)

Pimpinela Smith

Photobucket Si hablamos de un arqueólogo que además es profesor en la universidad y que lleva una doble vida, la segunda de ‘riesgo’, seguramente se pensará automáticamente en Indiana Jones. Pero no, hablo de Horatio Smith (el cual era el apellido elegido en principio por Lucas antes de acabar siendo Jones), protagonista, encarnado por Leslie Howard, de ‘Pimpinela Smith’ (Pimpernel Smith, 1941), dirigida por el popio Howard, que como se puede deducir es una actualización, en tiempos de la segunda guerra mundial, del ‘Pimpinela Escarlata’ de la Baronesa D’Orzy, que el propio Howard encarnó en 1934 bajo la dirección de Harold Young. Si uno salvaba aristócratas de las siniestras huestes de los revolucionarios para que no acabaran en la guillotina, el otro salva a los que corren riesgo bajo la amenaza de los nazis, porque sean judíos o se opongan a su voluntad. Si la Pimpinela escarlata, como el zorro, se camuflaba bajo el aspecto de alguien amanerado, que daba escasas muestras del prototípico comportamiento de virilidad, e incluso no mostraba mucho entusiasmo por su esposa, Smith no está casado, e incluso parece que prefiere tener a las mujeres lejos, y adopta un aire que parece más bien inofensivo, el típico profesor sesudo, aunque de humor desapegado, que parece errar en su abstraído universo. Evidentemente, a Jones lo convirtieron en alguien muy poco ‘british’, añadiéndole el vestuario, y hasta rocosos ademanes viriles, del Charlton Heston de ‘El secreto de los incas’ (1953), de Jerry Hopper, aunque con el socarrón humor, muy ochentero, de a la par de vivir la acción comentar la jugada como si se estuviera en la moviola. Photobucket ‘Pimpinela Smith’ es la primera película que dirigió Howard en solitario. La primera, ‘Pygmalion’ (1938), la realizó con Anthony Asquith. Posteriormente, dirigiría ‘El gran Mitchell’ (The first of few, 1942), también con aliento propagandístico, esta vez centrado en la figura sacrificada de quien diseñó el avión ‘Spitfire’, decisivo para la resistencia aérea con respecto a los ataques de los aviones alemanes sobre territorio británico, tan dedicado a su tarea que incluso descuidó su delicada salud, lo que llevó a la muerte (lo que da a pie a las mejores secuencias, las finales, de pura raigambre melodramática). Su última obra fue ‘El sexo débil’ (1943), centrada en la entregada dedicación en retaguardia de siete mujeres . Poco después fallecería cuando fue derribado sobre Teixido (Galicia) el avión en el que viajaba ( se dice que los alemanes sospechaban que viajaba el mismo Churchill). Como se puede apreciar, Howard se dedicó encarecidamente, con sus películas, a insuflar ánimo resistente y combativo en tiempos de guerra. De hecho, la influencia de ‘Pimpinela Smith’ fue tal que el diplomático sueco Raul Wallenberg, en 1944, emuló las acciones del personaje y organizó en Budapest, a donde fue enviado como primer secretario de la delegación sueca, una larga y exitosa operación de rescate con la que salvó a diez mil judíos de los campos de concentración. La película de Howard transita con elegancia sobre las pautas del género de espías, aliñado con una fina patina de comedia, que emana de la misma interpretación de Howard de su irónico y templado personaje. Photobucket Si en ‘Pimpinela escarlata’, uno de sus momentos álgidos era la secuencia de una cena en la que el antagonista, Chauvelin (Raymond Massey), está convencido de poder sorprenderle, ‘Pimpinela Smith’ tras un dubitativo inicio comienza a coger vuelo en otra larga secuencia de una fiesta. El antagonista, el general Von Graumm, (Francis L Sullivan), de la Gestapo, ha requerido, además de sus oficiales, de una mujer polaca, Ludmilla (Mary Morris) para intentar descubrir entre los invitados quién puede ser. Ella será la única que sospeche de Smithl. Pero la relación que establece con Smith derivará en senderos más sinuosos o imprevistos, que también determinarán que Smith deje de lado esa misoginia un tanto defensiva que prontamente ‘desenvainaba’: hay una muy hermosa secuencia que marca esa transformación: después de haber librado de una situación de apuro a Ludmilla con la Gestapo, conversan en un café, en donde Smith le habla de su anterior amor, que resulta ser la estatua de Afrodita (con respecto a la cual nos habían presentado a Smith, echando un rapapolvo al ujier por la capa de polvo que había apreciado sobre ella), que ahora ve demasiado pétrea. Rompe la foto, y la mi rada de Ludmilla se ilumina porque sabe lo que significa ese gesto. Photobucket Esta relación que se estrecha, y se hace amor (y llega a ser ‘el otro’, aquellos a quien salva, como se refleja en la bella secuencia en el vagón del tren de mercancías), conjugada con el duelo entre Smith y Von Graumm (la perplejidad de este con respecto al sentido de humor inglés que no logra entender, por mucho que intente hacerlo en la obra de Carroll, Lear o Hawthorne; las irónicas conversaciones sobre la procedencia de Shakespeare), y notables secuencias moduladas con vibrante tensión, como aquella en la que se camufla como espantapájaros, o el rescate en un campo de concentración, con ingenioso uso de la elipsis y del fuera de campo, dotan a la película de una creciente intensidad que la verdad, sin ser tampoco una gran obra, se hace más sugestiva, que las posteriores andanzas de Indiana Jones. Photobucket

Monsieur Verdoux - Imágenes de un rodaje

Photobucket Photobucket Photobucket Photobucket Photobucket Charles Chaplin, sus hijos Sidney y Charles, y el director de fotografía Rollie Totheroh, en varios momentos del rodaje de 'Monsieur Verdoux' (1947)

La muerte del sr. Lazarescu

Photobucket 1. Los errores de la comedia. ‘En Cortina Rasgada’ (1966), de Alfred Hitchcock, ante una situación de amenaza, que no carecía de condición absurda, un personaje decía que ‘Tiene gracia, pero maldita la gracia que tiene’. De ‘La muerte del sr.Lazarescu’ (2005), de Cristi Puiu, se podría decir que no tiene maldita la gracia, pero la sonrisa a veces surge, aunque más bien como la espita de una olla, porque no se puede dar crédito a la tan desquiciadamente delirante, como grotesca y absurda, que es la odisea, perdón, el calvario, que sufre en una noche (durante alrededor de siete horas) este paciente de 63 años, Lazarescu (Ioan Fiscuteanu), quien recorre (o es traslado en camilla por) cuatro hospitales, en busca del diagnóstico certero y del espacio y tiempo suficiente para que le puedan realizar pruebas e incluso operar para poder salvar su vida. Hay obras que colocan el letrerito de ‘Basado en hechos reales’ como si eso aportara una seña de distinción, o resaltara la excepcionalidad. Puiu no recurre a ese indicador, aunque está inspirado en un caso acaecido en Bucarest, lo que favorece la abstracción. Adopta el estilo documental, como un ojo continuamente presente que sigue el calvario, cámara en mano, con planos largos, sin interferir con planos-contraplanos, con una iluminación que se aprovecha de las luces naturales (sobre todo en hospital y ambulancia), con ausencia de música incidental, siempre desde la distancia que sólo parece registrar la sucesión de hechos, desde que Lazarescu, se siente indispuesto, y pide ayuda a sus vecinos. Es el registro clínico de los hechos a ras de suelo. Dos horas y medias que fluyen admirablemente, sin perder pulso, señalando la miseria con el dedo, sin resultar nunca afectada, ni cargar tintas en lo tétrico, en lo sórdido o en lo desesperado. Photobucket Photobucket 2. Historia de una desaparición. Lazarescu se va desprendiendo progresivamente de cualquier rasgo de identidad y dignidad. Como se va convirtiendo en un mero cuerpo en grado cero, en una materia transportada, un paquete orgánico, cuya mente se degrada acompasada al cuerpo. Cierto que ya era una figura casi muerta, que vivía en un abandono en vida, con la única compañía de sus gatos, viudo, cuya única hija vive en Canada; abandono que se aprecia en las varices que destacan en sus piernas, en la dejadez que transpira el desorden de su hogar, el penetrante olor a ‘encerrado’ (los vecinos señalan cómo resalta el olor a animal), y su apoyo en el alcohol. De hecho, es lo primero que le reprochan los médicos, cómo huele su aliento a alcohol, lo que determina que en principio se haga el apresurado diagnóstico superficial de que sus dolores o molestias se deben a la ingesta excesiva de alcohol, que no deja de ser una manera de cumplir trámite y pasar al siguiente caso. Photobucket Aunque más desolador resultan los médicos que no aceptan operarle porque no puede firmar la exención de responsabilidades (cuando es obvio que ya no rige), actitud en la que influye la soberbia de remarcar su posición sobre la enfermera, Avram (Luminita Gheorghiu ) que acompaña a Lazarescu, y que ha ‘osado dar su parecer’. Y es que ella se ha convertido en en su paladín, en la representación de un cuerpo que se va desvaneciendo (de hecho, en un momento el documento de identidad se cae, y ella lo porta). Avram es la voz que clama por una pronta atención, que recuerda los diagnósticos de los anteriores médicos para agilizar procesos, que se esfuerza para que le atiendan, y no sea despachado con diagnósticos superficiales ( lo que pasa en el primer hospital, y por eso se esfuerza en el segundo, y consigue que le hagan un análisis más a fondo, e incluso pruebas). Lazarescu siente cada vez más intensos los dolores, pierde pie, siente parálisis en un lado, se mea encima, vomita una y otra vez, sus frases van derivando en un hilo inconexo, incapaz ya de comunicarse, su cabeza es rapada… Photobucket ‘La muerte del sr Lazarescu’ muestra las fisuras de un sistema, de una organización sanitaria, que permite estos resquicios, estas situaciones tan desoladoras, como arremete contra la actitud de ciertos médicos, que no se preocupan de los pacientes, de hacerles sentir bien, sino que les tratan como ganado o trámite, y se preocupan más de remarcar su autoridad ( de ahí el contraste tan radical entre los médicos del tercer hospital y el cuarto), pero también contra la irresponsabilidad o negligencia de los que llegan a ser pacientes por no saber cuidarse, como el mismo Lazarescu, que no deja de remarcar que le operaron catorce años atrás por una ulcera, pero ha seguido descuidándose, haciendo caso omiso de las indicaciones, bebiendo y fumando. La actriz, Luminita, señaló que el plano final, ese cortante y largo fundido en negro, le transmitía la sensación de que la vida es una broma pesada. Aunque siempre hay actitudes que se preocupan de los demás, que se esfuerzan y hacen el transito, tenga gracia o no, más agradable, como es el caso de su personaje, Avram, la paladín de un cuerpo cuya muerte ya estaba anunciada tiempo atrás.

Mark Romanek .Nine Inch Nails - Closer (Director's Cut)


Mark Romanek dirigió este video, nada 'políticamente correcto', en 1994, de la canción 'Closer' de Nine inch nails. Seguramente a Witkin o Bacon entusiasmaría...y a David Fincher, of course, con quien colaborarían al año siguiente en la exquisitamente siniestra 'Seven'

sábado, 24 de noviembre de 2012

Reinhold Heil / Johnny Klimek - Retratos de una obsesión


El alemán Reinhold Heil y el australiano Johnn Klimek son un sugerente dueto de compositores de banda sonoras, que se convierten en trío cuando se une el director Tom Tykwer, con quien empezaron en el 1997, con 'Winter sleepers', aunque fue
con 'Lola, corre, Lola' (1999), cuando se dieron a conocer. Su banda sonora para 'Retratos de una obsesión' (2002), es una excelente muestra de su estilo, música electrónica entre lo atmósferico y la febrilidad rítmica.

Connie Nielsen, un fulgor que marca a fuego las pantallas

Photobucket La danesa Connie Nielsen quizá no se haya convertido en una estrella, pero su presencia siempre es un fulgor en la pantalla, desde su 'revelación' demoníaca en la estimable 'Pactar con el diablo' (1997), de Taylor Hackford a su imponente in terpretación como la esposa del alcalde,que encarna Kelsey Grammer, en la excelente serie 'Boss' (2011-21012). Por su potente carisma, combinación de deslumbrante belleza y sutil talento, no le costó brillar en la soporífera 'Misión a Marte' (2000) de Brian De Palma, ni ser fagocitada por el espásmodico montaje de 'Gladiator' (2000), de Ridley Scott. Trabajó con Wes Anderson en la estupenda 'Academia Rushmore' (1998), de Wes Anderson, y con otro Anderson, Paul, en un híbrido de ciencia ficción y película de acción musculosa, 'Soldier' (1998), que acabó en tierra de nadie. Logró no quedarse ensombrecida en medio del duelo de Tommy Lee Jones y Benicio del Toro en la interesante 'The hunted' (2003), de William Friedkin, como tampoco le costó comerse con patatas a su partenaire, John Travolta, en la estimable 'Basic' (2002), de John McTiernan, así como hacer aún más dolorosamente comprensible los anhelos de un ideal hogar del personaje de Robin Williams en 'Retratos de una obsesión' (2002), de Mark Romanek. Su primera producción danesa, la sugestiva 'Hermanos' (2004), de Susanne Bier, propició quizá su más potente interpretación, que hacía pensar, por añadidura, en por qué no le ofrecen personajes de mayor enjundia con más frecuencia. Hay obras de Oliver Assayas que me entusiasman, pero protagonizó una de las que no me convencen, 'Demonlover' (2002). Su presencia era breve, pero tan potente, en la notable 'La cosecha de hielo' (2005), de Harold Ramis, que marcaba la película a fuego. Aunque suele ser la norma.

Rutger Hauer, de Holanda a Orion

Photobucket Rutger Hauer, fotografiado por John Midgely, creó uno de los personajes más memorables que ha dado el cine, su Roy Batty de 'Blade Runner' (1982), de Ridley Scott, beneficiándose del más complejo y fascinante tratamiento que los guionistas, David Webb Peoples y Hampton Francher dieron a su personaje con respecto al de la novela de Philip K Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?'. Con su aire nórdico, y sus pantalones cortos, parecía una encarnación del enano Loki de la mitología nórdica (como sus tres compañeros replicantes, una encarnación de los tres hijos del dios nórdico, dada las modificaciones de los personajes con respecto a la novela). Su monólogo final es una de los más recordados, y repetidos, y convirtió a Orion, tras Benidorm y Torrevieja, en el objetivo turístico más solicitado. Hauer adquirió notoriedad en paralelo a su compatriota Paul Verhoeven, con quien había empezado a colaborar en la serie 'Floris' (1969). Hauer sería protagonista de varias de sus obras, 'Delicias turcas' (1973), 'Katty Tippel' (1975), 'Eric, oficial de la reina' (1977) o 'Los señores del acero' (1985), rechazando el papel protagonista de 'Robocop' (1987). Dio el salto a Hollywood como villano enfrentado a Sylvester Stallone en 'Halcones de la noche' (1981), de Bruce Malmuth. Tres obras especialmente destacan en los 80, aparte de la de Scott, con tres diferenciados personajes que pusieron a prueba sus registros interpretativos, la notable 'Clave: Omega' (1983), de Sam Peckinpah, más apreciable de lo que se la reconoció, la excelente 'La leyenda del santo bebedor' (1988), de Ermanno Olmi y la estimulante 'Carretera al infierno' (1986), de Robert Harmon, en la que creó un memorable villano. A parti de los 90 su carrera se centró en producciones de género, sobre todo thrillers, de poca entidad, con excepciones como la sugerente opera prima de George Clooney 'Confesiones de una mente peligrosa' (2002) o la discreta 'Batman begins' (2005), de Christopher Nolan. Anne Rice declaró que se basó en él a la hora de diseñar su personaje del vampiro Lestat. Aunque en principio horrorizada porque optaran por Tom Cruise en la adaptación de 'Entrevista con un vampiro' (1994), de Neil Jordan, tras verla les daría la razón a los productores, aunque estoy convencido que Hauer hubiera hecho dormido un Lestat más fascinante que Cruise.

Nine Inch Nails - The Perfect Drug - Video de Mark Romanek


Mark Romanek dirigió este alucinatoria pesadilla gótica bañada en absenta, para 'The perfect drug' de Nine inch nails, que había sido compuesta expresamente para la banda sonora de esa magistral inmersión en una mente transtornada, que inauguraría cualquier ciclo de visionarias películas adelantadas a su tiempo, 'Carretera perdida' (1999), de David Lynch.

Retratos de una obsesión - Imágenes de un rodaje

Photobucket Photobucket Photobucket Photobucket Photobucket Photobucket Mark Romaek y Robin Williams en varios momentos del rodaje de la turbadoramente sugerente 'Retratos de una obsesión (One hour photo, 2002)

viernes, 23 de noviembre de 2012

Christopher Young - Sinister-Portrait of Mr. Boogie


Christopher Young compone una ejemplar banda sonora para una película de terror, columna vertebral de la atmósfera desasosegante que se consigue en la notable 'Sinister' (2012), de Scott Derrickson. Hay fragmentos de esta composición, dedic
ada a ese memorable siniestro personaje 'Mr Boogie', que evocan a los acordes de Nine inch nails en los títulos de crédito de 'Seven' (1995), de David Fincher. Young muestra su versatil talento capaz de bandas sonoras tan diversas como 'Rounders', 'Jenniffer 8', 'Atando cabos' o esta obra excepcional.

Patricia Morison, belleza patricia

Photobucket Patricia Morison, actriz de cine y teatro, así como mezzosoprano, fue admirada por su 'belleza patricia'. En sus primeros papeles en el cine, desde que debutó en 1939 (tras firmar contrato con la Paramount), fue encasillada en el papel de 'la otra mujer'. Entre sus mejores papeles destacaron el de la Emperatriz Eugenia en 'La canción de Bernardette' (1943), de Henry King, su villana enfrentada a Sherlock Holmes/Rathbone en 'Vestida para matar' (1946, de Roy William Neill, o como una novia pretérita del personaje de John Garfield en la notable 'Perseguido' (1943), de Richard Wallace. Fue villana en la anteúltima andanza del Tarzan de Weissmuller en 'Tarzan and the huntress' (1947), de Kurt Neumann o de la última de la pareja de Nick y Nora Charles en 'Song of the thin man' (1947), de Edward Buzzell, y participó en una de las menos conocidas obras protagonizada por Spencer Tracy y Katharine Hepburn, 'Sin amor' (1945), de Harold S Bucquet. Su primer gran éxito como protagonista llegó en el teatro, cuando interpretó a la protagonista del musical de Cole Porter, 'Kiss me Kate', en 1948 (hasta 1951), elegida por el propio compositor que había quedado prendado de su voz. Otro gran éxito lo tendría en 1954, junto a Yul Brinner, con la producción musical de Rodgers y Hammerstein 'El rey y yo'. En el cine ya sólo realizaría algún cameo, centrándose en el teatro y la televisión. En 1978 volvería a interpretar en los escenarios el personaje protagonista de 'Kiss me, Kate' en Birmingham. Aún vive, con 97 años, aún dedicada al arte de la pintura.

Ida Lupino y Louis Hayward, amor, guerra y crisis

Photobucket Ida Lupino y Louis Hayward y perrito. Se casaron en 1938, pero su relación se resintió del stress post traumático que sufrió Hayward durante la guerra. Cuando retornó al hogar en 1942 (con imágenes grabadas por él y el actor Eddie Albert du rante la batalla de Tarawa, una de las más sangrientas del Pacífico, que ganarían el Oscar al mejor corto documental de 1944, 'With the Marines at Tarawa' ), Hayward se sumió en la depresión, y su comportamiento cambió drásticamente. Se divorciaron en 1945. Ida Lupino sufriría una crisis nerviosa. Vivió un año en el barco de un amigo, para recuperarse. Retornó e interpretó cuatro películas en la Warner, pidiendo que le rescindieran contrato. Jack Warner le dijo que si se iba, nunca más trabajaríai en la Warner. Ella nunca volvió a hacerlo.

Río de sangre - Imágenes de un rodaje

Photobucket Photobucket Photobucket Photobucket Photobucket Kirk Douglas, su hijo, Michael, Elizabeth Treatt y Howard Hawks en varios momentos del rodaje de la esplendorosa 'Río de sangre' (The big sky, 1952)