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martes, 28 de julio de 2026

Mother Mary

 

Las metáforas y los retorcimientos de los sentimientos. La transustanciación de los sentimientos, así denomina, en Mother Mary (2026), de David Lowery, la diseñadora de moda Sam Anselm (Micaela Cole) a su labor según las necesidades de la cliente. Para ello necesita realizar las correspondientes pesquisas, interrogantes, con respecto a quien va a vestir, para lograr precisar qué necesita, qué revelará cómo se siente o qué quiere expresar. En concreto, con la famosa cantante Mother Mary (Anne Hathaway), tras la exploración realizada, cual prueba acústica de una piedra, con sus sucesivas preguntas, logrará perfilar que lo que necesita reflejar es claridad. La circunstancia peculiar de este encargo es que la relación se encuentra condicionada, enmarañada, por los residuos emocionales de una relación sentimental truncada, por lo cual la exploración de qué necesita es también un pulso, un duelo, por la interferencia de las heridas no cerradas, los resentimientos y los reproches, aunque se actúe como si ya hubiera sido neutralizado el daño. Es por tanto, un diálogo que es pulso escénico en el que se conjuga el camuflaje y la búsqueda de la clarificación. Durante la primera mitad de su metraje, pareciera una obra de cámara en la que ambas forcejean con un pasado que aún ejerce de sombra tenebrosa, como la oscuridad que prima en ese almacén en el que se desplazan mientras se tantean y realizan una coreografía acorde a su desajuste o conversación amorosa quebrada. Quien ahora diseña tejido que cubre y proporciona identidad y proyección de imagen de lo que es o quisiera ser o cree que es a quien la porta se siente como una sombra fantasmal sin cuerpo, a la que sustrajeron la ilusión de la intimidad, pese a que hable con un dominio, deletrando casi cada palabra, como si fuera una directora de orquesta. Quien actúa en un escenario antes miles de admiradores que la idolatran no es sino una figura quebradiza que parece que se va a desintegrar en cualquier instante como un temblor constante que se desenvuelve con torpeza, sin que proyecte ningún dominio escénico. Cuando efectúa la coreografía de la canción, Acción fantasmal, para la que requiere el vestido que sus diseñadores no consiguen crear, resulta obscena la desesperación que transmite como si fuera una serie de espasmos y convulsiones, motivo por el que Sam le preguntará cuándo canta entre esa sucesión de movimientos dislocados.

En cierto momento, la narración da un giro radical, desde el momento en que Sam comparte la experiencia que sintió en ese lugar con un fantasma, cual tela roja que no es roja, el color, precisamente, que la cantante no quiere que esté presente en su vestido. La narración pierde vínculo con la representación ortodoxa de la realidad cuando, para sorpresa de Sam, Mother Mary comparte que vivió una experiencia parecida con ese mismo fantasma, En un caso y otro, la narración retrocede en el tiempo, difuminando límites en el mismo espacio. Sam abre la compuerta del almacén y accede al espacio del último concierto de Mother Mary al que asistió. Ambas son testigos de la experiencia de Mother Mary en una sesión con una medium. Y a partir de ese momento la realidad difumina aún más los límites porque a veces cuando parece que es una no es sino la otra ya que al fin y al cabo esta es una narración en la que dos mujeres comprenderán que sufrían la misma herida, como esa tela fantasmal que brotaba de sus entrañas. Los resentimientos se derrumban con la comprensión de que el desencuentro se debió a las mutuas torpezas, a malentendidos que determinaron que una y otra pensaran que era la otra quien había cerrado la puerta que imposibilitaba que su relación prosiguiera.


Antes de que la narración realice ese giro radical, con los fantasmas, Mother Mary apunta que espera que no prosiga con metáforas porque le cuesta entenderlas. Y efectivamente, aunque Sam lo niegue, la narración se adentra en un territorio expresivo en el que la metáfora se expone de modo patente, lo que torna la narración en un delicado ejercicio de funambulismo, además de decisión arriesgada, al tender progresivamente a la abstracción, sobre todo si no fluyera como atmósfera emocional y sensorial, opción por la que optó en la extraordinaria A ghost story (2017), en la que era manifiesto el influjo del cine de Apichatpong Weerasethakul, como también en otra de las mejores y más singulares obras de este siglo, El árbol de la vida (2011), de Terrence Malick. En ese sentido, aún con un deslumbrante diseño visual y sonoro, la arriesgada apuesta puede que no resulte tan armónica en su conjunto, como en A ghost story u otra fascinante rareza, El caballero verde (2021), aunque de nuevo deja patente que es una de las figuras más singulares del cine estadounidense, por la diversidad de los enfoques expresivos de sus largometrajes, alguno particularmente admirable como la menospreciada The old man & the gun (2018), como muy sugerente resultaba En algún lugar sin ley (2013), sin olvidar la estimulante variación del tratamiento de la figura del Capitán Garfio en Peter Pan & Wendy (2023), su radiante adaptación de 2016 de Peter y el dragon, en la que demostraba cómo sabe transitar derroteros narrativos más ortodoxos o marcados por ciertos patrones sin resultar convencional, o su guion para una excelente desconocida película, Pit stop (2013), de Yan Ten.

domingo, 19 de julio de 2026

Mis textos para Dirigido por Julio-Agosto 2026

En el número de Julio-agosto 2026 de Dirigido por se publican mis texto sobre Un taxi en Tokio, de Yoji Yamada y la segunda temporada de Vicios ocultos.
 

sábado, 13 de junio de 2026

Mis textos para Dirigido por Mayo y Junio 2026

 En el número de mayo de Dirigido por se publicaron mis textos sobre Enzo, de Robin Campillo, Recreación de un asesinato, de Jim Sheridan y David Merriman, Love me tender, de Anne Cazenove Cambet y, para el Dossier de Cine Europeo, Surcos, de Jose Antonio Nieves Conde.
En el número de junio se publican mis textos sobre Caso 137, de Dominik Moll, las series de Harry Hole y The Pitt (su segunda temporada) y, para el Dossier sobre David Lean, Breve encuentro y La hija de Ryan. 

viernes, 24 de abril de 2026

Imágenes de la presentación de John Sturges. La mirada ecuánime o depende de a qué se llame mirar en la Filmoteca de Madrid El 23 de abril

 

Con mi querido amigo Israel Paredes la presentación ayer jueves 23 de abril en la Filmoteca de Madrid de mi libro John Sturges. La mirada ecuánime o depende de a qué se llame mirar (Providence). Gracias mil de nuevo a Nuria y Nacho.

jueves, 16 de abril de 2026

Mis textos en Dirigido por nº Abril 2026

En el nº de Abril de Dirigido por se publican mis textos sobre Buena suerte, pásalo bien, no mueras, de Gore Verbinski y, para el Dossier 50 Joyas del cine europeo, Cold war (2018), de Pawel Pawlikowski.
 

martes, 10 de marzo de 2026

Mis textos en Dirigido por Marzo 2026

 

En el número de Marzo del 2026 de Dirigido por se publican mis textos sobre La sombra de mi padre, de Akinola Davis, Ruta de escape, de Bart Layton, Shelter, de Ric Roman Waugh, 2+2=5, de Raoul Peck, la segunda temporada de la serie El infiltrado, El gran Garrick (1937), para el dossier sobre James Whale y The outsider (1981), para el Dossier sobre Bela Tarr.

jueves, 19 de febrero de 2026

La discriminación y el prejuicio en el cine de John Sturges

John Sturges abordó en su cine, con frecuencia, la cuestión de la discriminación y del prejuicio, que implica una imposición por categorización y, por tanto, restricción de acceso a privilegios o derechos. Puede ser por cuestión genérica, por ser mujer, como es el caso en The girl in white. Pero, fundamentalmente, en la obra de Sturges, está muy presente la discriminación étnica: Conspiración de silencio (japonés), El último tren de Gun Hill, Cuando hierve la sangre y Los siete magníficos (nativos americanos), Cruce de derecha y Joe Kidd (chicanos), La calle del misterio (portugués), Una chica llamada Tamiko y Caballos salvajes (mestizos). En 1968, le preguntaron por qué eligió a un actor negro para un personaje relevante en Estación Polar cebra. Simplemente contestó que era irrelevante que fuera blanco o negro. La actitud xenófoba es degradante, es la expresión contraria de la aceptación del otro, sea cual sea su condición identitaria, y, por tanto, de la convivencia armónica, que se fundamenta en la asunción de la diversidad. En su última obra, precisamente, Ha llegado el águila, se ironiza, con respecto al rechazo al extranjero, por la diversidad que confluye en un pueblo inglés (polacos, alemanes, estadounidenses, irlandés…). La imposición por categorización (étnica) también implica una jeraquización de clase. Se explicita en Cuando hierve la sangre. El nativo americano, que encarna Charles Bronson, responde con el apelativo de niño rico al que, con sorna, se dirige a él con un sobrenombre, Hiawatha, relacionado con la figura política que, en el siglo XV, consiguió unificar, en la Confederación iroquesa, a las tribus indias que compartían misma lengua. Por eso que le llame de esa manera lo considera un desprecio con regodeo.

Ese cuestionamiento de una imposición clasista no implica que no se cuestione también la rigidez o inflexibilidad, la pérdida provisional de perspectiva, consecuencia de las amarguras o resentimientos por la discriminación sufrida, lo que puede desembocar en la extrema susceptibilidad, la enajenación y ofuscación, la instrumentalización de otros, o una marcada necesidad de autoafirmación ( imponer su criterio como ratificación de sus aptitudes), como se evidencia en La calle del misterio, Cruce de derecha, Una muchacha llamada Tamiko, Los siete magníficos (a través del personaje de Chico), o las reacciones susceptibles de los personajes que encarna Charles Bronson en Cuando hierve la sangre y Caballos salvajes (con respecto una mujer inglesa, porque piensa que con su atavío remarca su extracción noble, es decir, su distinción comparativa, o él siente que la remarca). En particular, Una muchacha llamada Tamiko y Cruce de derecha se cimentan sobre el proceso de aprendizaje o conocimiento que faculta, por tanto, la modificación de una perspectiva y actitud obcecada. En Cruce de derecha, no se dirime un posicionamiento entre lo mejicano y lo gringo, como en Una muchacha llamada Tamiko tampoco entre lo americano o japonés, sino que se plantea el cuestionamiento de una actitud susceptible, ofuscada por el resentimiento generado por una imposición discriminatoria. Esto es, la instrumentalización, intencional o no, de los otros puede ser realizada tanto por el integrado en un sistema (Brotes de pasión) como, en el otro extremo, por parte de quien se siente marginado, desposeído, anatemizado, por un sistema social, caso del mestizo protagonista de Una muchacha llamada Tamiko. Fragmento del apartado Discriminación, marginación, desubicación de John Sturges. La mirada ecuánime o depende de a qué se llame mirar (Providence).

miércoles, 4 de febrero de 2026

Mis textos en Dirigido por Febrero 2025

En el número de Febrero de Dirigido por se publican mis textos sobre Marty Supreme, de Josh Safdie, Si pudiera te daría una patada, de Mary Bronstein y un In memoriam del gran Peter Watkins.
 

sábado, 24 de enero de 2026

Historias del buen valle

 

Raíces y desfiguración. Un espacio que es dentro y a la vez fuera de un entorno urbano. Una extensión que es a su vez otredad, en cuanto pasado y posibilidad. Un último resquicio de lo natural en un escenario urbano que se define por la apropiación. Vallbona, el buen valle, un barrio periférico de Barcelona, es huella de un pasado, de una raíz que se ha ido desfigurando. Un sentido de la comunidad que las sucesivas transfiguraciones del espacio, con las construcciones de autopistas y altos edificios, decorado de las prototípicas ciudades dormitorios, fueron desfigurando. Los planes de otras programaciones de modificaciones del espacio se sienten como amenazas, sobre todo porque no tienen en cuenta lo que quiere la comunidad, sus reales necesidades. Eso les afecta más que la progresiva llegada de personas de diversas procedencias, de variadas zonas del planeta, que se han ido integrando, como reflejan esas congregaciones en el espacio del agua, el río, aunque estén prohibidas por la ley, otro ejemplo de cómo se amordaza un modo de vida y comunidad, de contacto con la naturaleza y con los demás.

Este valle es un espacio en el que los trenes pasan pero no se detienen, como contraste con los de las películas de Yasujiro de Ozu, o los de tanto westerns en los que se espera la llegada de un tren. Un espacio en el que las aguas eran más hondas y las mujeres africanas ensayaban con sus instrumentos de percusión. Un espacio en el que se transmite cómo las margaritas ya secas disponen de semillas que se pueden desperdigar para que germinen nuevas flores. Un lugar, pues es un lugar, en sentido handkiano, en el que los distintos ciudadanos, en especial los ancianos que conocieron aquella comunidad seminal décadas atrás, evocan el pasado . O cómo añoran a aquellos con los que compartieron vida. O cantan, como en las películas de John Ford, con júbilo pero también con tristeza. A través de ese lazo comunitario Historias del buen valle (2025) se engarza con otra película pretérita de Jose Luís Guerin, Innisfree (1990), una de sus grandes obras, junto a Tren de sombras (1997) y, en especial, En la ciudad de Sylvia (2007).

Una mujer traslada árboles para replantarlos en otro lugar, y es observada a través de las ventanas por otros cuyas miradas añoran y a la vez buscan sentir la raíz en su vida, que no sea apropiada por esa voraz mentalidad que carece de todo principio social. Todos y cada uno de ellos, sea cuál sea su procedencia, ahora parte de una comunidad, disfrutan juntos de ese pequeño reducto de agua, aunque tengan que salir corriendo si ese fuera de campo en forma de uniforme irrumpe para remarcar ese cerco de realidad en el que les han confinado, aunque, paradójicamente, se haya convertido ese espacio comunitario, ese valle, o barrio, en el último reducto de singularidad natural en las lindes del escenario de una gran urbe y, por lo tanto, preciado oasis del que apropiarse para reconfigurarlo según un molde que implica desfiguración de una raíz o de habitar una realidad con raíz. Así el eco de los tambores dejará de sonar en el agua.

domingo, 18 de enero de 2026

Las mujeres en el cine de John Sturges

 

En John Sturges. La mirada ecuánime o depende de a qué se llame mirar (Providence) desmonto algunas de las imprecisas etiquetas que le encasquetaron, como artesano y director de acción. O director de hombres, en parte mediatizado por el hecho de que en sus películas más célebres, Conspiración de silencio, Los siete magníficos, La gran evasión o Estación polar Cebra, predominen los personajes masculinos, cuando no de modo completo, como en las dos últimas mencionadas. Antes de Conspiración de silencio, eran frecuentes los personajes femeninos, incluso protagonistas, caso de June Allyson, en The girl in white, Barbara Stanwyck en Astucia de mujer, Susan Peters en El signo de Aries o Ethel Barrymore en Kind lady. O coprotagonistas en pulso sentimental (aunque en algunos casos no el único), como Ella Raines, en Mares de Arena, Teresa Wright, en La captura, Eleanor Parker en Fort Bravo, Polly Bergen, en Fast company, Donna Reed, en El sexto fugitivo o Jo Van Fleet, en Duelo de titanes, o más adelante, contrapunto de actitud, Rosenda Monterios, en Los siete magníficos, Frances Nuyen, en Una muchacha llamada Tamiko (abunda en su obra, como en la de un cineasta afín en bastantes aspectos, Sam Peckinpah, las figuras femeninas como contrapuntos lúcidos). Particularmente memorable es el personaje de Carolyn Jones en El último tren de Gun Hill, como figuras secundarias, caso de Lana Turner y Susan Kohner, en Brotes de pasión, Lee Grant, en Atrapados en el espacio, Colleen Dewhurst, en McQ, o Jean March y Jenny Agutter, en Ha llegado el águila. De todas maneras, como indico en el apartado Etiquetas (II): cineasta de hombres, de mi libro sobre el cineasta, Sturges era un cineasta que ante todo cuestionaba actitudes, da igual si fuera de un hombre o de una mujer, o la ejerza o sufra una mujer (...) En las lides amorosas se cuestionan las contradicciones, las susceptibilidades o vacilaciones, las premuras de juicio o las indecisiones, tanto de los personajes masculinos como femeninos, en Mares de arena, La captura, The girl in white, Fast Company, Fort Bravo, El sexto fugitivo o Cuando hierve la sangrePor tanto, definirle como cineasta de hombres, no deja de ser una definición certera, a partir de cierto momento de su carrera, en términos de porcentaje, pero imprecisa e insuficiente.