Dick Powell realizó una singular y fructífera transición de madurez. Cuando ya entraba en los cuarenta, y pensaba que sus tiempos de galán tenían inminente fecha de caducidad, intentó dar el salto a papeles más sustanciosos, o cuando menos, más dramáticos. Así de galan sonriente de musicales y comedias, entre las que destaca Navidades en julio (1940), de Preston Sturges se transformó en un sombrío, irónico, áspero o escurridizo protagonista de film noirs o thrillers. Su primer intentó fue postulándose para el protagonista de Perdición (1944), de Billy Wilder, pero fue derrotado por otro actor que también había transitado ante todo la comedia, Fred MacMurray. Pero ese mismo año tuvo su oportunidad, interpretando a Philip Marlowe en Historia de un detective (1944), de Edward Dmytryk. Otros estimulantes noirs o thrillers posteriores fueron Venganza (1945), también de Dmytryk, Johnny O'Clock (1947), de Robert Rossen, Pitfall (1948), de Andre De Toth, Un grito de terror (1951), de Robert Parrish o The tall target (1951), de Anthony Mann. También participaría en Cautivos del mal (1952), de Vincente Minelli y la comedia Las tres noches de Susana (1954), de Frank Tashlin, pero, aparte de alguna intervención televisiva, ya se centraría en la dirección, realizando seis películas. Entre ellas, El conquistador de Mongolia (1956) o Duelo en el Atlántico norte (1957)
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miércoles, 15 de mayo de 2013
lunes, 24 de septiembre de 2012
Everett Sloane, la inquietante mirada de un rostro de permanente perfil
Everett Sloane, gran secundario, de rostro aguileño, que parecía de perfil incluso de frente, es recordado ante todo ( o ha quedado como figura inónica, con muletas, en la memoria cinéfila oficial, en lo que ha puesto su homenajeador granito de arena Woody Allen en Misterioso asesinato en Manhattan) por su personaje de criminalista, millonario, esposo del personaje de Rita Hayworth, que muere multiplicado entre los reflejos de espejos que se quiebran, en la tan artificiosa como discreta La dama de Shangai (1948), de Orson Welles. Con Welles había debutado precisamente en el cine, como compañero de andanzas periodísticas, en la sobrevalorada Ciudadano Kane (1941). Aunque sus primeros pasos en la interpretación los había dado a mediados de la década de los 20. Pero decepcionado por las malas críticas que recibieron sus primeras actuaciones teatrales, optó por la dedicación de corredor de bolsa. Aunque el Crack del 29 determinó que probara de nuevo suerte en la actuación, uniéndose al Mercury theatre, la compañía de Orson Welles. Sloane es otro de esos actores que no parecen que hayamos visto jóvenes en la pantalla, aunque tenía treinta cuando intervino en Ciudadano Kane. En esta década se dedicó ante todo al teatro (incluso dirigiendo alguna obra), realizando esporádicas apariciones en el cine. De nuevo, con Welles, en Estambul (1943), de Norman Foster o en la extraordinaria El príncipe de los zorros (1949). Serían ya más frecuentes sus trabajos en la siguiente década: Hombres (1950), de Fred Zinnemann, Sin conciencia (1951), de Bretaigne Windust (y Raoul Walsh), Sirocco (1951), de Curtis Bernhardt, Rommer, el zorro del desierto (1952), de Henry Hathaway, Martín el gaucho (1952), de Jacques Tourneur, The big knife (1955), de Robert Aldrich, Marcado por el odio (1956), de Robert Wise, El loco del pelo rojo (1956), de Vincente Minelli o The gun runners (1958), de Don Siegel. Lo compagino con intervenciones en series o producciones televisivas, como en The Alfred Hitchcock presenta o El zorro (como son recordadas sus lecturas de El gran Gatsby de Scott Fotzgerald para un programa de la NBC en 1955). Entre 1960 y 1961 puso la voz a Dick Tracy en una serie de animación, y protagonizó un estupendo episodio de The Twilight zone (The fever, 1960, Robert Florey). Participó en Con él llegó en el escándalo (1960), de Vincente Minelli, de ejecutivo de cine Pygmalioniano en Jerry calamidad (1964), de Jerry Lewis y en Caso clínico en la clínica (1965), de Frank Tashlin. A causa de un glaucoma, le diagnosticaron una ceguera irreversible. Sloane cayó en la depresión aguda, y optó por el suicidio, a los 55 años, en 1966.
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viernes, 1 de abril de 2011
En rodaje: Frank Tashlin, Jane Russell y Cecil B DeMille
Cecil B DeMille, de visita, y Frank Tashlin conversan mientras observan cómo calibran y ajustan con una 'regla' el adecuado nivel de espuma, que ni desborde ocultando demasiado ni muestre 'más allá de la incitante sugerencia', que envuelve a Jane Russell durante el rodaje de 'El hijo de Rostro pálido' (1952), de Tashlin.
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