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lunes, 4 de marzo de 2013

Helen Hayes, la primera dama del teatro estadounidense

 photo hayes-borzage-awards_opt_zps7b87a38c.jpg Helen Hayes, que fue calificada como 'la primera Dama del teatro norteamericano', junto a Frank Borgaze, durante el rodaje de 'Adiós a las armas' (1932), con el Oscar a la mejor actriz que recibió por su interpretación en 'The sin of Madelon Claudet' (1931) de Edgar Selwyn, que había supuesto su debut en el sonoro (su anterior largometraje databa de 1917). Ese mismo año había interpretado 'El dr. Arrowsmith' (1931), de John Ford. En 1935, tras haber protagonizado 'La hermana blanca' (1933), de Victor Fleming, junto a Clark Gable, 'Vuelo nocturno' (1933), de Clarence Brown o 'What every woman knows' (1935), de Gregory La Cava, se decantó por el teatro, en el que habái debutado con cinco años. Durante tres protagonizó en Brpadway el papel de la Reina Victoria, junto a Vincent Price. Es una de los once interpretes que han ganado algún Emmy, o Tony, o Grammy u Oscar. Sus apariciones en el cine fueron escasas., Retornó en 1952 con 'Mi hijo John' (1952), de Leo McCarey, pero fue considerado como retorno , sobre todo, 'Anastasia' (1955), de Anatole Litvak, por la que fue nominada a los Globos de Oro, como actriz secundaria, tras unos años de ausencia por la muerte de su hija Mary, y la mala salud de su marido, el guionista y autor teatral Charles MacArthur, que fallecería al año siguiente; del cal era hijo el actor James McArthur (que fue adoptado por Helen). En 1970 ganaría un nuevo Oscar, a la mejor actriz secundaria, por su papel en 'Aeropuerto' (1970), de George Seaton. En 1971, tras representar 'Harvey' junto a James Stewart abandonaría el teatro por su asma, agravado por el polvo de los escenarios. Aún intervendría en varias producciones de la Disney, como 'Herbie, un volante loco' (1974), 'Se nos ha perdido un dinosaurio' (1975), ambas de Robert Stevenson, o 'El secreto del castillo' (1977), de Norman Tokar, además de en diversas series.

Plácidas pausas de rodaje: Frank Borzage, Gary Cooper, Helen Hayes, Douglas Fairbanks y Harold Lloyd

 photo fairbanks-cooper-hayes-lloyd-borzage_opt_zpsec5dd0b9.jpg Helen Hayes toma la temperatura a Gary Cooper, durante el rodaje de la sublime 'Adiós a las armas' (Farewell to arms, 1932), ante el director Frank Borzage y, de visita, Douglas Fairbanks y Harold Lloyd

Basil Rathbone y Donald Crisp: La escuadrilla del amanecer

 photo rathbone-crisp-patrol_opt_zps28499d3f.jpg Basil Rathbone y Donald Crisp en una imagen promocional de 'La escuadrilla del amanecer' (1938), de Edmund Goulding, otra espléndida obra cuya acción dramática relata las 'sombras' de la lucha aérea durante la primera guerra mundial. Las 'sombras' en este caso son las que abrasan las emociones de los oficiales enfrentados a la inevitable perdida de los hombres a su cargo, y sus responsabilidades y capacidad de maniobra al respecto, más allá de lo que sientan, y la asunción de que el sentimiento en tal cruel contexto siempre está supeditado y castrado. Además, de sufrir la incomprensión de sus subordinados (hasta que estos toman su puesto). Una frase condensa el aliento crítico, antibelicista, de esta excelente obra: 'El ser humano es un animal salvaje, el cual, periodicamente, para aliviar las tensiones, se dedica a autodestruirse'

domingo, 3 de marzo de 2013

Myrna Loy, chica del coro

 photo myrnaloythejazzsinger1927_opt_zpsa542cdf5.jpg Myrna Loy como 'chica del coro', un papel no acreditado, en 'El cantor del jazz' (1927), de Alan Crosland

Scott Fitzgerald, segundo teniente

 photo scottfitzgeraldprimeraguerramundial_opt_zps7f7ba5f5.jpg Francis Scott Fitzgerald, de uniforme, durante la I guerra mundial. Abandonó la escuela en 1917 para unirse al ejercito. Temeroso de perder la vida sin cumplir sus sueños literarios escribió 'The romantic egotist', que fue rechazada por la Arthur Scribner son's, aunque se destacaría su singularidad, y se le animó a seguir presentando futuras obras. A Fitgerald se le dió el rango de segundo teniente y fue asignado a 'Camp Sheridan', en las afueras de Montgomery, Alabama. Durante ese tiempo conocería en una Fiesta a Zelda. La guerra terminó antes de que Fitgerald tuviera que entrar en combate. El único guión en el que aparece acreditado, en su estancia en Hollywood, la hermosa 'Tres camaradas' (1938), adaptación de una novela de Erich Maria Remarque (que también parece ser inspiración para 'El cazador' de Michael Cimino) relata la amistad de tres hombres, el nacimiento de un amor y el de otros odios y otras rivalidades, tras finalizar la primera guerra mundial.

El calentamiento de Glenn Gould

 photo tumblr_kqis6shuiF1qzn0deo1_500_opt_zpse4ae5420.jpg Glenn Gould, en pleno proceso ritual de 'calentamiento', antes de actuar para la grabación a realizar en 'Columbia Recording studio' . Sumergía sus dedos en agua, en principio tibia, para progresivamente ir aumentando su temperatura. Fotografía de Gordon Parks, en 1956, para LIFE.

Cómicos

 photo Comediantes_Comicos_opt_zps8a6779d8.jpg Cómicos, figuras errantes, en tránsito entre el sueño y la realidad. En la secuencia inicial de ‘Cómicos’ (1954), de Juan Antonio Bardem (autor también del guión), se nos presenta a los componentes de la compañía de teatro, en los compartimentos del tren, en tránsito hacia otra ciudad, para unas nuevas representaciones (mientras el ‘jefe’ viaja en coche), a través de la ‘voz interior’ de la segunda actriz, Ana (Elisa Christian Galvé). Resaltan unos planos del perfil de ésta. Vida sesgada. Reflejan su insatisfacción, su sensación de incompletitud o de no realización, de vida a medias que no acaba de definirse. Una vida en la que resulta difícil conseguir el equilibrio, lograr conciliar ese amor por la interpretación, con los sacrificios que conlleva, con la realización afectiva o con el ansia de la consecución del éxito, como dos cuerdas que tiraran para diferentes extremos, en vez de todas poder conformar un mismo nudo. En el tren de la vida, a veces tienes que desprenderte de equipaje, que no consideras además accesorio, o te endosan otro que no has elegido pero resulta necesario para alcanzar el destino establecido.  photo 21_opt_zps3ae3fcfc.jpg Dos personajes corporeizan ese desequilibrio, ese escenario de sombras pesadas que parece constituir la vida, de encierro vital; abundan los nocturnos, se eluden transiciones, lo que unido a la tensa construcción de los encuadres, la disposición de las figuras dentro del plano, jugando con los términos, y, en ocasiones, la dilatación de la duración, sedimenta esa sensación, que se irá incrementando, de asfixia u opresión, como un escenario cuyas paredes fuera cerniéndose lentamente.Por un lado está Miguel (Fernando Rey), segundo galán, que acaba de unirse a la compañía, y que fuera pareja años atrás de Ana. De nuevo el amor renace entre ambos, pero sus prioridades son diferentes. Miguel desiste de seguir arrastrándose por una vida de penurias en la que no entrevé horizonte, y decide abandonar y buscar otras vías. Pero Ana quiere perseverar en alcanzar ese éxito anhelado, ser una primera actriz. Esa falta de horizonte conjunto está espléndidamente expresada en la conversación en la mesa del restaurante, en la que juegan a imaginar lo que hay en la ciudad más allá de la negrura que impide discernir lo que hay tras esa ventana que parece ciega. Nunca vemos lo que hay afuera, porque para ambos no hay un afuera posible que materializar juntos.  photo Comicos_2_opt_zps365ff0cf.jpg  photo lacompania_opt_zps8d1fc787.jpg Por otro, el empresario teatral, Marquez (Carlos Casaravilla), quien la coloca en la tesitura de optar por una posibilidad, la de ser su amante, que facilite que logre salir de su empantanamiento, que le proporcione alguna salida al túnel camino de ese éxito que parece cada vez menos factible, impedida por primeras actrices que cogen papeles aunque ya no sean las adecuadas por edad, como la de su compañía, Doña Carmen (Rosario Garcia Ortega): demoledor el plano de ésta cuando intenta asimilar, mientras se contempla la piel, que ya no es joven, que se ‘deteriora’. Resulta también admirable la intensidad que extrae de un montaje más fragmentado, conjugado con la ‘voz interior’ de Ana, en la secuencia en la que se le presenta la oportunidad de realizar la sustitución de la primera actriz, enferma (en una secuencia en la que destaca la falta de escrúpulos del empresario o del autor con respecto a la salud de los actores; lo importante son las entradas vendidas o a vender). Cómicos, o figuras cautivas en un escenario en sombras en el que intentan desgarrar el telón para conseguir que les alcance la luz

sábado, 2 de marzo de 2013

Delphine Seyrig, musa de laberintos de la mente

 photo l_opt-1_zps53af693b.jpg Delphine Syerig hija de arqueólogo, nacida en Beirut, conoció a Alain Resnais en Nueva York, donde le propuso protagonizar una fascinante incursión en los laberintos de la mente, y en el tiempo, recuerdos como estatuas que la arqueología de la memoria pugna por descifrar. Con Resnais, también sería la memorable protagonista de la magnífica 'Muriel' (1963). Trabajó con Joseph Losey en 'Accidente' (1967) y 'Chantaje a una esposa' (1973), Francois Truffaut en 'Besos robados' (1968), Luís Buñuel en 'La vía lactea' (1969), Jacques Demy en 'Piel de asno' (1970), Fred Zinnemann en 'Chacal' (1973), Don Siegel en 'El molino negro' (1974), Chantal Akerman en ' Jeanne Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles', 'Letters home' (1986), o 'Golden eighties' (1986), Marguerite Duras en 'India song' (1975) y 'Baxter, Vera Baxter' (1977) o Mario Monicelli en 'Caro Michele' (1976). Dirigió tres películas. Una de ellas, 'Sois belle et tais-toi' (1977), que incluía entrevistas a actrices como Shirley MacLaine, Jane Fonda o Maria Schneider, sobre el sexismo que habían tenido que sufrir como mujeres en la industria del cine. Fue una de las fundadoras en 1982 del 'Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir" en el que se recopila un extenso archivos de obras audiovisuales realizadas por, y sobre, mujeres.

En rodaje: Jacques Tati

 photo tumblr_mhu7s3wES11qf7r5lo1_r2_500_opt_zps3f30199d.jpg Jacques Tati, durante el rodaje de la magistral 'Mi tío' (Mon oncle, 1958)

En rodaje: Alain Resnais, Ingrid Thulin e Yves Montand

 photo Corbis-42-36402467_opt_zps15e641ed.jpg Alain Resnais, Ingrid Thulin e Yves Montand durante el rodaje de la espléndida 'La guerra ha terminado' (La guerre est finie, 1966), fotografiados por Jacques Chaillot.

viernes, 1 de marzo de 2013

Anton Walbrook, señorial elegancia

 photo 8804566fdd3e95cf1e0abd6e4e9d4cc0_opt_zpsdeebafa9.jpg Anton Walbrook, siempre elegante, sea con la sorna de su narrador en 'La ronda' (1950), de Max Ophuls, la inclemente tiranía, del que piensa que la vida está subordnada al arte, del director teatral Lermontov, en 'Las zapatillas rojas' (1948), de Michael Powell y Emeric Pressburger, la templanza del lider de los alemanes cristianos que residen en Canada, en 'Los invasores' (1941), de Powell y Pressburger, o con ese extraño talante suspenso entre lo circunspecto y parecer estar en otra dimensión, como el rey Ludwig en 'Lola Montes' (1955), de MAX Ophuls. El autor austríaco, que era gay y calificado como medio judio por las leyes de Nuremberg, decidió no retornar a su país cuando se trasladó a Estados Unidos para rodar de nuevo escenas de 'The soldier and the lady' (1937), de George Nichols, jr, en la que interpretaba a Miguel Strogoff. Fue protagonista de la versión de 'Luz de gas' (1940), de Thorold Dickinson, que me parece tan discreta como la posterior de George Cukor, aunque hay quienes la consideran superior. Protagonizó a un músico con 'Aquella noche en Varsovia' (1941), de Brian Desmonf Hurst, con un sugestivo inicio. Y fue el coprotagonista, el alter ego y amigo del protagonista en 'La vida y muerte del Coronel Blimp' (1943), de Powell y Pressburger, con los que de nuevo trabajaría en 'Oh, Rosalinda' (1955). Y fue el Obispo de Beauvois en 'Saint Joan' (1957), de Otto Preminger o el mator Esterhazy en 'Yo acuso' (1957), de José Ferrer. Uno de sus últimas interpretaciones, para televisión, fue como Waldo Lydecker en 'Laura', en 1962, de Franz Joseph Wild. Con Clifton Webb podría haber realizado, como gemelos, una singular variante de 'inseparables'.

En rodaje: Anton Walbrook y Simone Simon

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Sessue Hayakawa

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Errol Flynn, Anita Louise y perro: La luz verde en el horizonte

 photo louise-flynn-green-light_opt_zps6881ccfe.jpg Errol Flynn, Anita Louise y hermoso perro en una imagen promocional de la muy sugerente 'Green light' (1938), de Frank Borzage, una obra de exultante misticismo, entre cirujías del cuerpo y del alma.