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jueves, 4 de noviembre de 2010

Paulette Goddard y la tarta

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Paulette Goddard devora con suma delectación un trozo de tarta durante el rodaje de 'Tiempos modernos' (1936), de Charles Chaplin

martes, 2 de noviembre de 2010

The Professionals Theme - Maurice Jarre


La vitalista banda sonora de Maurice Jarre para 'Los profesionales' (1966), de Richard Brooks, todo un hermoso canto a la resistencia de la integridad.

Lee Marvin: 'Los profesionales' y las armas de la integridad

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Lee Marvin en una imagen promocional de la esplendida 'Los profesionales' (1966), de Richard Brooks.

Boetticher, Scott, Wayne y Batjac

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John Wayne, Randolph Scott y Budd Boetticher durante una pausa de rodaje de 'Seven from now' (1956), de Boetticher, producida por el primero a través de su Compañía independiente Batjac, que toma su nombre de una compañía naviera de la notable 'La venganza del Bergantín' (1948), de Edward Ludwig, que protagonizó Wayne. Junto a Robert Fellows fundó la productora Wayne-Fellows en 1952 que tras la marcha del segundo se convertiría en Batjac. Produjo obras como 'Big Jim McLain' (1952), de Edward Ludwig, 'Hondo' (1953), de John Farrow, 'The track of the cat' (1954), 'The high and the mighty' (1954) e 'Island in the sky' (1953), las tres de William A Wellman, 'Seven from now' (1956), de Budd Boetticher, 'El alamo' (1960) y 'Boinas verdes' (1966), ambas de Wayne o 'McQ' (1974), de John Sturges. A Boetticher le había producido 'The bullfighter and the lady' (1951), que el director consideraba su mejor película junto a 'Seven from now'.

Mis cinco preferencias de la filmgrafía de Budd Boetticher: 'Seven men from now' (1956), 'Ride lonesome' (1959), 'La ley del hampa' (1960), 'Los cautivos' (1957) y 'Un asesino está suelto' (1956).

Randolph Scott y perrito.

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Gail Russell con un minino y dos perritos.

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Scarface

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'Scarface' (1932), de Howard Hawks. Un letrero luminoso en lo alto con las palabras 'El mundo es tuyo'. El aspa como figura constante en las composiciones de los planos, el símbolo de la muerte, el de la eliminación de todo aquel que impida llegar a lo alto del mundo (la prodigiosa secuencia de la muerte del gangster rival, encarnado por Boris Karloff, en la bolera). Es la historia de un gangster, Camonte (Paul Muni), alguien al margen de la ley, pero la dinamo de sus acciones, la codicia, es producto de una sociedad que la alienta. Su mentalidad convencional, y retrograda, queda manifiesta en su actitud posesiva y anuladora con respecto a su hermana (interpretada por Ann Dvorak), tan desorbitada que parece la del más desquiciado novio celoso. El estilo crispado, virulento de Hawks retrata una sociedad a través de un bruto que quiere coger por la via rápida las capciosas promesas de lujos que ofrece para incentivar la competitiva rapiña. Scarface es el monstruo que deja en evidencia su falacia. Su sombra (así se nos presenta).
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La grandeza de 'Scarface' queda más en evidencia si se la compara con el penoso remake que realizó Brian de Palma en 1983, con Al Pacino. Da toda una lección de puesta en escena desde su virtuoso plano secuencia inicial, con su uso de una tenebrosa caligrafia visual dominada por las sombras, su uso de la profundidad de campo y la elipsis. Su ritmo narrativo progresa en un crescendo que conduce a un desolado delirio, con la figura de Scarface degradándose hasta quedar difuminado, como su ciega mente, por la humareda de las bombas lacrimogenas antes de ser abatido como un doctor jekyl, el reverso, la sombra, de una sociedad asentada sobre la codicia.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Gene Tierney y Rex Harrison: El fantasma y la sra. Muir

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Hermosa imagen publicitaria de 'El fantasma y la sra. Muir' (1947), de Joseph L. Mankiewicz...Y sugerente: Ella mira hacia el frente, con expresión de firmeza, y a la vez ensoñadora, y él la mira, como si supiera cuál es el sendero de sus sus pensamientos, y qué horizonte anhelan...

Plácidas pausas de rodaje: Laurence Olivier y Marilyn Monroe

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Laurence Olivier y Marilyn Monroe, durante el rodaje de 'El príncipe y la corista' (1957), de Laurence Olivier.

Franz Waxman - Theme from Rebecca (1940)


La maestría de Franz Waxman, autor de la banda sonora de 'Rebeca' (1940), de Alfred Hitchcock. A Waxman se le debe, entre otras, las bandas sonoras de 'La mujer pirata' (1950), 'Un lugar en el sol' (1951), 'El proceso Paradine' (1947), 'El crepúsculo de los dioses', 'Cimarrón' (1960), 'Noche en la ciudad' (1950), 'Tener o no tener' (1944), 'Sospecha' (1941), 'Traidor en el infierno' (1953), 'El príncipe valiente' (1954)...

Agnes Moorehead, entre la madre y bruja

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Agnes Moorehead. De la madre de Charles Foster Kane en 'Ciudadano Kane' (1941), de Orson Welles a Endora, la madre de Samantha, en la serie 'Embrujada' (1964-1972). Agnes Moorehead fue una de las grandes secundarias del cine estadounidense, encarnando especialmente personajes enérgicos, temperamentales o autoritarios. Una de sus grande creaciones fue el de la tía Fanny en 'El cuarto mandamiento' (1942), la obra maestra de Orson Welles, personaje despechado que 'emponzoña' la mente del, ya de por sí soberbio, sobrino, para desencadenar la tragedia. Otras memorables interpretaciones, entre otras, son la que ha realizado en 'Senda tenebrosa' (1947), de Delmer Daves, 'Viviendo el pasado' (1947), de Martin Gabel, 'Belinda' (1948), de Jean Negulesco, 'Sin remisión' (1950), de John Cromwell, 'Obsesión' (1954), de Douglas Sirk, 'La verdadera historia de Jesse James' (1957), de Nicholas Ray o 'Lío en los grandes almacenes' (1963), de Frank Tashlin.

Conrad Veidt, la perversa elegancia dandy

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Conrad Veidt, fotografiado por Alex Binder (de su estudio Binder), perteneciente a la serie Ross verlag, Compañía de BerlÍn que publicó postales de estrellas del cine desde la década de los 20 hasta mediados de los 40.

MIKLOS ROZSA - The Thief of Bagdad [1940]


Cautivadora música de Miklos Rosza para 'El ladrón de Bagdad' (1940), producción de Alexander Korda, dirigida por Ludwig Berger, Michael Powell y Tim Whelan ( y otros no acreditados como el propio Korda, su hermano Vincent y William Cameron Menzies).

El ladrón de Bagdad

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En 'El ladrón de Bagdad' (1940), lo que puede parecer ordinario, en lo que está al margen de lo que la visión dominante establece, un pordiosero que es ciego, Ahmad (John Justin) y un perro, Abu no son lo que parecen, y son la mirada y la voz con las que lo asombroso y lo extraordinario puede ser discernido. Su relato desentrañará cuán equívocas pueden ser las apariencias o cuán erradas las miradas. Ahmad era realmente un príncipe, y Abu (Sabú) un ladronzuelo, que tuvieron el infortunio de cruzarse en el camino, o mirada, del Visir Jaffar (Conrad Veidt), a través de cuyos ojos impone su voluntad a los demás, que es buscar modelar la realidad a su conveniencia y deseos, sea tanto detentar el poder como conseguir el amor de la princesa (Janet Duprez), pero la mirada de esta, su amor, está prendida de Ahmad. Jaffar plantea como condición para que Ahmad recupere la vista el que ella acceda a abrazarle (la voluntad que acepta que su espacio intimo ya no sea propio sino de otro; o el abrazo en este caso no como recepción sino como opresión). En esta lid de diferenciadas formas de mirar, como discernimiento o como imposición, no es de extrañar que una de sus claves sea el lograr la preciada joya de nombre 'El ojo que todo lo ve'.
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Recuperada la vista Ahmad, y Sabú su constitución humana, ambos pugnarán por restituir la realidad negada y usurpada, enajenada y esclavizada por la mirada imperativa de Jaffar. Y lo asombroso y lo extraordinario se adueñan de la narración, como si la imaginación fuera el fundamental impulso disidente: Las secuencias de Sabú con el genio de la botella (incorporado por Rex Ingram), la lucha de éste con la araña gigante cuando asciende en su telaraña para apropiarse de 'El ojo que todo lo ve'; la creación mecánica de la mujer de seis brazos que asesinará al padre de la princesa (tras precisamente abrazarle) ; el caballo mecánico, que al unirse sus partes se convierte en un caballo real volador. No es casual que el triunfo de la imaginación, y de la mirada luminosa, se materialice con la flecha que lanza Sabú cuando Jaffar pretenda huir a lomos del caballo volador.
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En la dirección de 'El ladrón de Bagdad' (1941), constan tres directores, Ludwig Berger, Michael Powell y Tim Whelan, pero otros tantos participaron en tal tarea, el productor mismo, Alexander Korda, su hermano Vincent, también responsable del diseño de producción, y William Cameron Menzies. Un año y medio duró el proceso de rodaje, que ya tuvo un inconveniente en el estallido de la guerra, lo que determinó trasladar el rodaje de Inglaterra a Estados Unidos. Korda no quedó muy contento con el trabajo del primero director contratado, Berger, como por la música que había elegido, y lo sustituyó (parece que escaso es lo que resta de lo rodado por Berger), y contratando a Miklos Rosza para la música, y para la dirección a Tim Whelan y Michael Powell, que parece que sobre todo rodó las secuencias con Conrad Veidt, y fue a quien se le ocurrió la idea del ojo en la proa del barco del visir. Escenas como las del desierto con el genio, rodadas en Monument valley, y las del templo de la diosa de la luz, fueron dirigidas por Vincent Korda y Menzies ( fundamental en la concepción visual del film), así como tuvieron que rodarse de nuevo secuencias con Sabú dado lo que había crecido en el largo tiempo transcurrido desde el inicio del rodaje. Tampoco olvidar de mencionar el fascinante technicolor de la fotografía de Georges Perinal.