Translate

jueves, 7 de marzo de 2013

En rodaje: Carl Dreyer y Birgitte Federspiel

 photo 0l5ie_opt_zps83664474.jpg Carl Dreyer, Birgitte Federspiel y otros componentes del equipo durante el rodaje de la sublime secuencia final de la portentosa 'Ordet' (1955).

Inmar Bergman, Duncan, Macbeth y los nazis

 photo 5A5664AC86D245E4A1B831F1D32D6E25_opt_zps06a00787.jpg Ingmar Bergman interpretó a Duncan en la primera de las tres representaciones que dirigió de 'Macbeth', en 1939, 1944 y 1948. 'Nunca Duncan se ha parecido tanto a una cabra', dijo de él mismo. En la representación de 1944 llegó a calificar 'Macbeth' como una pieza antinazi. Costó convencer a los responsables militares de la zona para conseguir los permisos de todos aquellos que colaboraban en la producción para estar presente en el estreno en Flickläroverket (Escuela secundaria femeninal) en Estocolmo. Fue destacada en especial la labor creativa que realizó conjuntamente con los escenógrafos, Ruben Zehlén yTorsten Ohlsson. Los decorados se utilizarían en la representación de 1948.

Andrei Tarkovski

 photo Tarkovsky2_opt_zps55f66f90.jpg

En la niebla

 photo Niebla1-600x255_opt_zps848638fc.jpg Un preámbulo que es un breve flashback emocional. La visión de ‘En la niebla’ (V Tumane, 2012) de Sergei Loznitsa, propició una inmersión en el pasado, un desdoblamiento simultáneo, como si recuperara las sensaciones como espectador, hace cerca de treinta años, cuando empecé a transitar por festivales, y a acceder a obras de estilos o procedencias (como de los países del Este) que no eran usualmente accesibles en los canales convencionales (de televisión y en pantallas de una ciudad de provincias). En este caso, encontrarse con una narración que parece que está masticando minuciosamente el tiempo. Entonces era sentir el tiempo de modo distinto, como si los pasos a través de la realidad tuvieran otra coreografía. Como si se descubriera que se pudiera respirar en otras atmósferas. No es que el estilo de esta excelente producción ucraniana, segunda del director bielorruso, sea algo anómalo en el cine de hoy.  photo inthefog__05_opt_zps42201d0a.jpg Se puede encontrar correspondencias con las señas distintivas de lo que ha sido calificado como ‘nuevo cine rumano’, modular secuencias en planos de extensa duración, o elaborar planos secuencias con largos movimientos de cámara, así como por renunciar a utilizar música en la banda sonora. De hecho, su director de fotografía, Oleg Mutu, lo ha sido de las dos últimas obras de Mungiu, ‘4 meses, 3 semanas y 2 días (2007) o Más allá de las colinas (2012). O aún más, sin irse tan lejos, por coincidir en un tempo, en una narrativa no tan tensa o crispada como la de Mungiu, sino más parsimoniosa (sus deslizamientos tienen que ver más con un trance: el tiempo parece que fluyera de puntillas), con la interesante ‘Elena’ (2012), del ruso Andréi Zviáguintsev. O también se podría establecer conexiones con el estilo (o trance), más esquivo y soterrado, de larguísimos planos de Nuri Bilge Ceylan en ‘Once upon Anatolia’ (2012), que se estrena en unas semanas.  photo foto_6_opt_zpsac7ccc59.jpg La niebla hace acto de presencia física en las secuencias finales, pero se puede decir que, figurativamente, hay una niebla que ofusca la percepción y el juicio a los personajes. En un sentido amplio, por lo que afecta al conjunto, a una sociedad, la bielorrusa en 1942, con la que se es implacable. Como dice Susensha (Vladimir Svirskiy), por cómo parece que tras año y medio de guerra, nadie parece ya conocer a nadie, y se confía más en los invasores, los alemanes, que en quien se conocía desde hacía décadas. ¿Es que de repente se es diferente? O ¿Tanto se puede cambiar para que tu juicio o consideración varíe tanto y creas al amigo capaz de realizar algo que consideras una abyección?¿Es el ser humano tan voluble, tan variable según las circunstancias? Esa idea de la falta de discernimiento, o de visión, subyace en el uso del campo/fuera de campo en la secuencia inicial, un extraordinario plano secuencia que se inicia con un plano vacío para seguir a unos prisioneros, escoltados por soldados alemanes, que son conducidos entre el gentío, en los que la cámara se centra, hasta que se escucha cómo ahorcan a los prisioneros mientras la cámara encuadra otro plano vacío.  photo images_opt_zpsdf3f7de1.jpg Espacios vacíos como una pantalla, un fuera de campo que se rellena, enmaraña, con desacertadas especulaciones (realizadas por los que se supone conocían a quien acusan de ser responsable, por delación, de esas muertes). Se piensa que fue Susensha, porque a él le liberaron tras interrogarle. Es lo que piensan (como si fuera algo obvio; sin contemplar otra opción) los que se dirigen a su casa, Burov ( Vladislav Abashin), amigo desde la infancia (y quien le tiene que ajusticiar; de mirada como una esquirla de fuego que indica su ciega susceptibilidad, condicionada o influida por su odio a los invasores, y por ver a convecinos uniéndose a la fuerza policial colaboracionista, que determina que piense que cualquiera puede ser un traidor) y Voitik (Sergei Kolesov).  photo Niebla4-600x337_opt_zps25f03483.jpg La narración, de exquisita modulación, combina el tiempo presente con tres largos flashbacks, cada uno relacionado con uno de los tres protagonistas: la actitud combativa ante el invasor, de Burvo, que llega a atentar hasta contra sus propiedades porque las utilizan los alemanes; el relato de lo que ocurrió en relación al atentado que realizaron los compañeros de trabajo de Susensha y del posterior interrogatorio de este (que depara otro equivalente y magnífico largo plano secuencia con respecto al inicial, pero sólo con Susensha); y un tercer flashback que refleja la hipocresía, con Voitik, por cómo provocó su delación la muerte de otros. Añádase que quienes les persiguen, la policía organizada por los alemanes, son paisanos, quienes antes eran vecinos y ahora disparan sobre ellos sin ningún miramiento, para dibujar un panorama desolador. De un despojamiento y una concreción física que enraiza en lo esencial, la puesta en escena esculpe gestos, naturaleza, movimientos y acciones en una exquisita armonía de conjunto que refleja el horror que habita, y expectora, en la niebla de unas mentes.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Tatsuya Nakadai y Aratama Michiyo: La condición humana I: No hay amor más grande

 photo THEHUMANCONDITIONMasakiKobayashi1959-61_opt_zps1c596d0f.jpg Tatsuya Nakadai y Aratama Michiyo en una imagen promocional de la excelsa 'La condición humana I: No hay amor más grande' (1959) de Masaki Kobayashi

Ineko Arima, de Ozu a Kobayashi

 photo 45856_opt_zps52306513.jpg Ineko Arima puede ser especialmente recordada por ser una de las dos hermanas protagonistas de una de las más bellas obras de Yasujiro Ozu, 'Crepúsculo en Tokio' (1957). Con el cineasta reincidaría en 'Flores de equinoccio' (1958). Excelentes fueron sus interpretaciones para Masaki Kobayashi, en 'Río negro' (1957), y en la primera de la trilogia de 'La condición humana: No hay amor más grande' (1959). También trabajó con Mikio Naruse en 'Crisantemos tardíos' (1954).

Hideko Takamine y Tatsuya Nakadai: Cuando una mujer asciende la escalera

 photo tumblr_lw5yw48YB71qf7r5lo1_500_opt_zpsbd4982ef.jpg Hideko Takamine y Tatsuya Nakadai en una imagen promocional de la bella 'Cuando una mujer asciende la escalera' ( Onna ga kaidan wo agaru toki, 1960), de Mikio Naruse

Kenji Mizoguchi

 photo Portrait1_opt_zpsb2ff90f3.jpg

Tatsuya Nakadai, de lo siniestro a lo trágico

 photo 460586_opt_zpsee246068.jpg Tatsuya Nakadai, memorable protagonista de la prodigiosa trilogía de 'La condición humana' (1959-61), de Masaki Kobayashi, con el que colaboró en once ocasiones. Entre ellas, 'Río negro' (1957), 'El más allá (Kwaidan)' (1964), en el segmento 'La mujer de la nieve', 'Harakiri' (1962), en la que fue protagonista con una expresión que parecía en permanente suspensión de arder por combustión espontánea, o en 'Rebelión' (1967), como mejor amigo del protagonista, encarnado por Toshiro Mifune, con el que coincidiría en tres de las cinco películas que interpretó para Akira Kurosawa, 'Yojimbo' (1961), 'Sanjuro' (1962) 'El infierno del odio' (1963), además de intervenir en la película que dirigió 'Gojuman-nin no isan'. Las otras dos que ha interpretado con Kurosawa fueron 'Kagemusha' (1980) y 'Ran' (1985). Ha trabajado con Mikio Naruse en 'Cuando una mujer asciende las escaleras' (1960), 'Hijas, esposas y una madre' (1961) o 'La otra mujer' (1962). Con Keisuke Kinoshita en 'Inmortal love', Hiroshi Teshigahara en 'El rostro de otro' (1966), o 'Basara' (1992), o Kon Ichikawa, entre otras, en 'Enjo' (1958), 'Kagi' (1959) o 'Wagahai wa neko de aru' (1975) o 'Inugamike no ichizoku' (2006). Fuera de Japón intervino en Oggi a me... domani a te!' (1968), de Tonino Cervi o 'Retorno del río Kwai' (1988), de Andrew V McLaglen

martes, 5 de marzo de 2013

Harrison Ford, el boy scout y los reptiles

 photo Harrison-Ford-2_opt_zpsa09c343f.jpg Este niño que nació en Chicago y que como boy scout consiguió una condecoración por su estudio de los reptiles aún no sabía que se haría muy famoso con cierto arqueólogo de doble vida que tenía cierto repelús a las serpientes. Indiana Jones compartiría con Illinois (Harrison) Ford una infancia de boy scout (ocurrencia de Mr. Spielberg).

Plácidas pausas de rodaje: Matt Dillon y Diane Lane

 photo 500full_opt_zpsb5a7d8a3.jpg Matt Dillon y Diane Lane fotografiados por Mary Ellen Mark durante el rodaje de 'La ley de la calle (Rumble Fish, 1983), de Francis Coppola.

Days of being wild

 photo daysofbeingwild07_opt_zpsec58296a.png ‘Days of being wild’ (1991), de Wong Kar Wai, es la historia de un pájaro que no tenía patas, por lo que sólo podía tocar una vez tierra, para morir. Es la historia de un pájaro que no llegaba a ninguna parte, porque ya estaba muerto al principio. Pero Yuddi (Leslie Cheung) no es un pájaro. Ni sabe volar, ni amar. A So Lai Chen (Maggie Cheung) le dice que soñará con él, que recordará ese minuto por siempre, como si fuera un hechizo, o una condena. Un momento puede durar poco, o puede durar toda una vida. En los sueños lo momentos parecen encapsularse en la eternidad. Pero los despertares a veces sangran.  photo daysofbeingwildlesliecheung_opt_zps959b7532.jpg Yuddi no toma tierra, ni deja volar. Abandona a So Lai chin, y se une a Mimi/Lulu (Carina Lau). Aunque no puede decirse que sea unirse, sino contemplar a quien te friega los suelos, donde cree que flotan los sueños que dibuja sobre su mirada ausente. Yuddi no vive en el presente, sino en una vida suspensa, la de una interrogante no resuelta, quién es su madre biológica. Porque no tiene raíz, porque cree que vuela. Porque tiene miedo a posarse en las emociones de quien ama, de quien le despierta, porque resulta más cómodo seguir siendo un sueño.  photo mrschow13_opt_zps68247081.jpg Lo presente es un ras de tierra en el que no quiere posarse, ese en el que vive su madre adoptiva, prostituta, o clientes o enamorados de ella, a los que apaliza. Todo parece desequilibrado, como si les hubiera adoptado a todos los personajes un error, el desenfoque, el desajuste. Mimi espeta al amigo de Yuddi, Zeb (Jackie Cheung), que no se enamore de ella, pero el amigo se obceca, se le emborrona la visión, como se difumina con la lluvia que cae cuando la sigue, porque quiere protegerla, que no le pase nada, pero cuando ella le exige que no la abrume, la golpea. El amor puede derivar en golpes, gritos, reproches, objetos que se quieren recuperar, huidas.  photo daysofbeingwild18_opt_zps215a8050.jpg En un bellísimo excurso o giro narrativo, como si la narración se deslizara por otros senderos que abren ángulos como si abrieran una herida, So Lai Chan conoce a un policía, (Andy Lau) que se enamora de ella. Pero los sentimientos están atrapados en frascos que huelen a pasado, y las llamadas que se esperan son las de otro tiempo, las de otra voz y otro rostro. Y quizá sea ya demasiado tarde cuando decidas mirar al presente, y este ya no sea un policía sino un marino que marchó a otro país. Sueños, recuerdos, hacia adelante, y hacia atrás, pero nadie vuela, cautivos en una tierra intermedia, suspendida. Yuddi dijo que no era capaz de concretar a qué mujer había amado más, pero se pregunta qué estará haciendo. Quizá aquel minuto aún dura en él, siempre en su corazón, pero prefirió seguir creyendo que volaba, aunque ya estuviera muerto. Siguió prefiriendo negarse.  photo ec8f7a7f_astearsgoby11_opt_zps8b852afc.jpg Y los teléfonos siguen sonando en la lluviosa noche, esperando una respuesta a una pregunta que se demoró, que desaprovechó su momento. Porque las respuestas se fugan, dejando rescoldos que arden durante un momento que parece eternizarse, y las preguntas se suspenden como gotas de lluvia que temen al vacío. Siempre el corazón, tembloroso, confuso, mirando hacia donde no debe, perdiendo el paso, prendiéndose de la mirada que te niega, ofuscado en los maridajes de los sueños, o no encontrando el sendero entre los zarzales que quizá haya interpuesto él mismo porque prefiere seguir sobrevolando en la distancia mientras esconde sus patas.

En rodaje: Jean Pierre Melville

 photo loadimg_opt_zpsf53eee38.jpg Jean Pierre Melville, con su característico sombrero de cowboy, rodando una de las secuencias de la extraordinaria 'El ejército de las sombras' (1969)