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jueves, 17 de junio de 2010

Anna Karina, la mirada que danza

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Una de las secuencias más bellas, y a la vez más inspiradoras por sus múltiples resonancias, que recuerdo del cine de Jean Luc Godard es una de la película que supuso su primera colaboración con Anna Karina, 'El pequeño soldado' (1960). Aquella en la que el protagonista realiza una sesión fotográfica del personaje que encarna Anna. Múltiples plano de su rostro, que, en primera instancia, o primera capa, revelaban la admiración o fascinación de Anna sobre Godard (eran los comienzos de su relación, que duraría siete años), y, por otra parte, se revelaban como el emblema o plasmación de esa combinación de cautivado asombro, por un rostro, una imagen, una mirada, y de impulso de descifrar lo que se agita, late, habita en esa mirada. Lo que se proyecta entra en debate con lo que es, la interrogación se conjuga con el rapto del asombro. Godard hacia cuerpo cinematográfico de esa indagación en lo que hay antes del nombre, tras o antes de la palabra amor, el qué trama ese hechizo de sentimiento, cuál es la raiz de esa intensidad que rapta, cómo es quién te suscita ese excepcional sentir, y si hay ese equilibrio entre lo que se proyecta y lo que es. Pero, a la vez, materializa, en los gestos y actitudes de Anna, la otra perspectiva, el tanto ser admirado, el ser centro de foco de la mirada de Otro, como rostro que destaca en la uniforme niebla de los indiferenciados rostros,como el ser visto, apreciado, hallado en lo que es más allá de una imagen, más allá de lo que su imagen representa o suscita en los otros en primera instancia, más allá de lo que representa el abstracto sentimiento amoroso. Godard y Anna Karina establecieron una amplia colaboración cinematográfica durante estos años, hasta 1967, en la que se pueden destacar dos secuencias de 'Vivir su vida' (1962), aquella en la que el rostro de Anna Karina es a la vez espectadora, y por montaje, parte de la película que está viendo, 'La pasión de Juana de Arco' de Dreyer, en una interacción entre ambos personajes que conjuga una asociación, una identificación, una transferencia. Ambas son una, y esa inmovilidad vital,atrapada en lo que los otros proyectan de ella, en su imagen que es estigma como lo es su diferencia vital, encuentra su contraste en aquella otra hermosa secuencia de su baile en el bar, su movimiento, dinámico, insurgente en su vivacidad, alrededor, en contraste con la inmovilidad de los otros, del escenario donde está cautiva y no se encuentra. La carrera de Anna Karina no acaba en Godard, en títulos como 'Pierrot el loco' (1965) o 'Banda aparte' 81964), por ejemplo. Trabajó con Jacques Rivette en 'La religiosa' (1966) o 'Hau bas fragile' (1995), André Delvaux en 'Cita en Bray' (1971) o 'L'ouvre au noir' (1998), Raul Ruiz en 'La isla del tesoro' (1991), Rainer W Fassbinder en 'La ruleta china' (1976) o Luchino Visconti en la muy irregular 'El extranjero' (1967) y ha dirigido un par de obras, 'Vivre ensamble' (1973) y 'Victoria' (2008).

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