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sábado, 17 de octubre de 2015

En rodaje: Josef Von Sternberg y Emil Jannings

Josef Von Sternberg afina el maquillaje de payaso de Emil Jannings en 'El ángel azul' (1930) Cuando Kurtz hablaba del horror en El corazón de las tinieblas se refería a este grito de desesperación

El trío de Miradas al cine del siglo XXI

De izquierda a derecha, uno mismo y los otros, Israel Paredes y Carlos Tejeda

Marlene Dietrich, niña

Y creició, y se hizo ángel azul y venus rubia y voz que cantaba Lili Marlene como si así no dejará de recordarse

viernes, 16 de octubre de 2015

Mr Holmes

Hay un cine que resulta idóneo para los fetichistas de las negruras vitales, como la reciente 'El club' de Pablo Larrain, o las obras de Von Trier. Todo es tétrico, sombrío, sórdido, más vale que el ser humano se autodestruya ya. Hay otro cine idóneo para los fetichistas de la sonrisa bienaventurada con música de Viva la gente que intenta capturar eternamente Coyote, en el mundo no hay sombras ni agujeros negros, y si hay pueden serán barridas debajo de la alfombra, como la hoy estrenada 'Marte' de Ridley Scott. Hay también un cine idóneo para quienes sean proclives a la melancolía, como es mi caso. 'Mr Holmes' (2015), de Bill Condon es una buena muestra. Se siente la erosión del paso del tiempo, el deterioro, la finitud. Se siente el abismo de las vidas soñadas que no pudieron ser. Se palpa la sensación de fracaso, de falibilidad, de decepción por lo que no se logró hacer ni ser. Pero no se deleita en la desgracia ni en la impotencia ni en ningún fatalismo. Su quedo lirismo duele. Bajo su apariencia de vitrina en la que todo componente parece impecablemente engarzado en un impoluto conjunto se escucha leve, pero progresivamente, como se resquebraja el cristal. Y la compostura formal que define la obra se tambalea por un instante, y la narrativa se quiebra, e incluso algunos planos, cuando se alcanza el núcleo, la raíz de una desolación, de una sensación de fracaso, el motivo de la demolición de toda una vida, el por qué Sherlock Holmes decidió retirarse de la investigación especulativa y deductiva para dedicarse durante treinta y cinco años al cuidado de panales de abejas en una casa retirada del mundanal ruido.
'Mr Holmes' es una variación de la ecuación de la gran obra de Bill Condon, 'Dioses y monstruos' (1998). Tres personajes, un hombre de avanzada edad, allí, un cineasta, aquí un ya nonagenario Holmes, en ambos casos interpretados por el extraordinario Ian McKellen, una ama de llaves que se encarga de su atención y cuidado, allí encarnada por Lynn Redgrave, aquí por Laura Linney, y un niño grande allí, el jardinero que contrata, objeto de su deseo, encarnado por Brendan Fletcher, y aquí literalmente un niño, todo un hallazgo expresivo, Roger (Milo Parker). La relación del anciano y el niño determinará una conmoción y cierta transformación en el personaje de avanzada edad. De nuevo, el pasado asoma, como brotes que no se dominan, como una marea que supera el embalse que contenía las aguas, en apariencia adormecidas, allí el amor de juventud, en periodo de guerra, aquí esa fisura en su vida, ese último caso que le enfrentó a una evidencia: por muy brillante que sea la capacidad deductiva e intelectual, si no se considera la faceta empática, se pone una red ilusoria a la vida, se ignoran las caídas. Considera y observa los hechos, pero no atiende las emociones, a no ser que sean útiles para la deducción. El éxito de una deducción puede acompañarse del desolador fracaso de no advertir las necesidades emocionales de alguien. A veces, la verdad puede empujar al abismo. A veces, un abrazo es suficiente para evitar la negrura en la que unas vidas desconcertadas están tentadas de precipitarse. La mirada no advirtió esas sombras, sólo una cartografía en una partida de ajedrez, como miraba la vida, no como un pálpito de deseos y heridas, de decepciones y anhelos.
La vida es una colmena de abejas que no está exenta de la agresión de los aguijones de las avispas (que pueden matar 60 abejas en un minuto). El daño no visible a veces de la vida (como las avispas no dejan el aguijón en el cuerpo que pican). Somos criaturas vulnerables, no componentes en un circuito, piezas en un tablero o engranaje. Un niño pone en peligro su vida para defender las abejas de la agresión de las avispas. Un impulso, una reacción emocional: la empatía. Ese gesto que faltaba en la mente que mira desde la distancia, como una abeja atrapada en un ámbar, una abeja cuyo aguijón sí es visible. Pero la realidad no sólo está hecho de lo visible, de los hechos. También está constituida de corrientes silenciosas, de impulsos que brotan, o que quedan por siempre amordazados, postrados. Y bellísima la banda sonora compuesta por Carter Burwell, casi equiparable a la que compuso para 'Dioses y monstruos'.

Cuarta sesión Miradas al cine del siglo XXI: Del Toro, Shyalaman, Amenabar y el terror hoy

En la cuarta sesión (que se parecerá a la cuarta dimensión) de Miradas al cine del siglo XXI, realizaremos un análisis del estado del cine de terror actual a través de tres estrenos, la estimulante 'La visita' de M Night Shyalaman, la poco estimulante 'Regresión', de Alejandro Amenabar y la nada estimulante 'La cumbre escarlata' de Guillermo Del Toro. El enfoque que busca nuevos senderos de modo desafiante e irreverente (en el género y en su propia filmografia) como es el caso de Shyalaman. El enfoque de quien tiende al batiburrillo sin orden ni concierto (combinando el melodrama gótico, literatura de Bronte y Henry James, o Rebeca y Encadenados, de Hitchcock) como es el caso del despropósito de Del Toro. El enfoque de quien realiza un hábil retorno al refugio del artesanado del género, dejando atrás otras ínfulas, como es el caso de Amenabar (¿aunque es diferente este cineasta al alabado de sus tres primeras obras? ¿Fue en algún momento un cineasta genial y ahora un cineasta venido a menos, o este cineasta es incluso más consecuente, incluso con más sustancia, que aquel director hábil pero tramposo de sus dos primeras obras?¿No ha sido siempre un hábil director para conectar y seducir al público, que ha sabido emular el cine pretérito, pero sin singular mirada? ¿No es un inteligente concertista de las convenciones y triquiñuelas del género, pero lejos de la inventiva y transgresión de por ejemplo, David Robert Mitchell en 'It follows'? De todo esto y mucho más (Ejemplos del ingenio expresivo en el terror en el uso de la duración y el escenario y otros recursos del lenguaje: fuera de campo) hablaremos en la cuarta sesión de Miradas de al cine del siglo XXI en Espacio Leer (Argumosa, 37, Madrid). 40 euros la matrícula mensual. 10 la sesión. alexzarate14@gmail. com

miércoles, 14 de octubre de 2015

Dheepan

Adoptar otra identidad, adoptar otro modo de vida, constituir como realidad una apariencia, una simulación. Adaptarse a otro entorno, sobrevivir, combatir los riesgos de la enajenación por la colisión entre lo que no se deja de recordar y lo que se quiere olvidar, por lo que el presente es un pasado camuflado. En 'Dheepan' (2015), la nueva gran obra de Jacques Audiard, Sivadhasan (Antonythasan Jesuthasan) adopta la identidad de un hombre muerto, Dheepan, y se alía con una mujer y una niña de nueve años, Yalini (Kalieaswari Srinivasan) e Illayaal (Claudine Vinasithamby), que tampoco tienen nada que ver entre sí, para simular que son una familia y así conseguir abandonar un país derrumbado tras una cruenta guerra civil, Sri Lanka, y asentarse, o conseguir refugio, en otro país, Francia, en donde se hace necesario seguir con la simulación, seguir pareciendo una familia, para poder conseguir la ayuda gubernamental que les facilite integrarse, y conseguir alojamiento y un trabajo (él como portero, y ella como asistenta). Pero aunque los escenarios parezca que varíen, no lo hacen, o lo hacen en escala pero no en sustancia, y sí el recuerdo del horror vivido, de la pérdida sufrida (de su real esposa e hijos), le persigue como una corriente turbia que puede desbordarse, la violencia se repite a través de otras rivalidades, con otros nombres de contendientes, los jóvenes delincuentes de los bloques de apartamentos, en uno de los cuáles es portero. Y el papel que se adopta, de padre, y sobre todo esposo, también desborda, y lo que es simulado se sentirá real, y lo que es alianza se convertirá en atracción, y el deseo mina la representación, o quizá se confunde. Y ya actúa como si ella fuera la madre de su hija, y ella su esposa, en ese difuso escenario en el que se confunden la sustitución de lo perdido, la ilusión de reparación de una pérdida, y la autenticidad del afecto y del deseo que se genera en la relación.
Como la violencia en ese nuevo escenario abre la herida aún no suturada del escenario violento pretérito, y también se confunden y superponen uno y otro, como si reparara lo que allí se convirtió en desolación y pérdida irreparable con un combate presente en el que sí lograra proteger a los suyos y consiguiera vencer a los rivales, que son otros pero son los mismos, porque como la denominación de los dos bloques, desde la A a D y de E a la H, todo se reduce al esquema básico de unos luchando contra otros por el dominio del territorio, de la realidad, instintos viscerales que pueden justificarse por diferencias étnicas o por pertenecer a un bloque distinto. La violencia siempre se despliega como raíz básica del ser humano. Variaciones de un mismo escenario. El protagonista de 'Un héroe muy discreto' (1996) tras la guerra, se inventa una nueva identidad, un nuevo escenario de vida, en el que será (eres como te presentas ante los demás) un héroe de guerra en vez de lo que realmente es, el hijo de un colaboracionista; será una imagen ejemplar en vez de una imagen estigmatizada. El protagonista de 'Un profeta' (2009) también tenía que adaptarse a un nuevo escenario, la prisión. Era un árabe que se asociaba, o integraba, en un grupo de los corsos. La identidad es algo maleable, el escenario marca las pautas si hay que sobrevivir. Hay que plegarse a las exigencias del entorno, si no se quiere ser arrinconado, y de ser nadie se convertirá en alguien (que domina el escenario).
El espacio de la libertad, para Dheepan, es un espacio marginal: en una elipsis brutal (el cine de Audiard se caracteriza por su concentrada narración elíptica) lo que parecen las luces en la oscuridad de la llegada a un nuevo mundo en el que sentirse protegido, no son sino las luces que portan en la cabeza él y otros que venden objetos luminosos en las terrazas de los bares. Deephan no es nadie, una figura que parece ridícula, y que puede resultar molesta por su intromisión, porque tiene que sobrevivir en un entorno hostil en el que debe encontrar su lugar. Un espacio en el que no faltan los controles (como el que lleva pegado en el pie quien debe permanecer recluido en su domicilio, o la cadena de un perro, que pueden corresponderse, como realiza en mordaz asociación, con el fular de quien habita en los límites marginales de la precariedad); te constriñen la realidad, y debes saber desenvolverte en esos límites, como quien permanece a flote (o enfrentarte a otros para superarlos). En 'De óxido y hueso'(2012), Catherine tiene que aprender a andar con sus nuevas piernas de metal, como tiene que adaptarse a su nueva condición, a su nueva forma de relacionarse con el mundo, a asumir lo que no podrá ya realizar, y Ali tendrá que aprender a andar con sus emociones, que son las que realmente le desbordan (y uno y otro conectaran de un modo que no parecía y gestaran una relación sentimental; se exponen).
Sivadhasan/Dheepan y Yalini forcejearán, colisionarán, y se aproximarán. Su relación será una alianza que oscila entre la disputa y el acercamiento cómplice, la atracción. Yalini siente el impulso de huir cuando la violencia asoma y siente que el escenario puede convertirse en una réplica del que abandonó. Sivadhasan, en cambio, perderá la referencia. Tanto el encuentro con un superior en la guerra, que le evoca el escenario que ya no siente como propio, el escenario que desea olvidar, en primer lugar por la pérdida que supuso para él, como la reactivación en el espejo de otro escenario de conflicto violento, provocan en él un cortocircuito. Sufrirá un estado de enajenación en la que el escenario combina el del presente y el del pasado, y enfrentarse el del presente supone desprenderse del pretérito, para poder gestar un futuro. Y con otra familia que sea real y no una simulación compensatoria, cual prótesis provisional. A través de Dheepan, la identidad adoptada, Sivadhasaan logra conjurar las heridas no cerradas para recuperar a quien fue sin los lastres que conducían a la enajenación. Logrará ser otro sin dejar de ser él mismo. Se estrena el 6 de noviembre

martes, 13 de octubre de 2015

Nils Frahm - Banda sonora Victoria


Un breve pero exquisito fragmento de la magnífica banda sonora de Nils Frahm para 'Victoria', de Sebastian Schipper, que se estrena este viernes 16.

Audrey Hepburn

Audrey Hepburn, fotografiada por Leo Fuchs durante el rodaje de 'Historia de una monja' (1959), de Fred Zinnemann

Tercera sesión Miradas al cine del siglo XXI

Este jueves será la segunda sesión de Miradas al cine del siglo XXI. La tercera sesión será el lunes 19 de octubre, estará dedicada a interrogantes como qué fue de Ridley Scott, qué tiene que ver Alien o Blade Runner con Prometheus o The martian, otro precocinado (rebosante de incongruencias, pletórico ejemplo de cine que alienta la ilusión de inmunidad vital, pases meses abandonado en Marte o des la vuelta a la Tierra y Marte como si fueras el cochecito de una atracción de feria) como lleva realizando las tres últimas décadas. Nos extenderemos sobre los trayectos y escenarios simbólicos en la ciencia ficción (esos en los que no se fijan ni los freakies del género extraviados en las superficies), y el contraste entre tres obras recientes que impulsan hacia la recuperación de un aliento combativo que rescate de la apatía y la impotencia, como Interstellar, Mad Max: Road fury, Tomorrowland, y como variante más superficial o banal aun bienintencionada The martian, perdón, Marte (se ve que titular a secas El marciano podía inducir a equívocos), que contrastaramos con la ciencia ficción de décadas pretéritas (en especial, los setenta). Por cierto, cuestión que engarza con The irrational man...

lunes, 12 de octubre de 2015

Slow west - Jed Kurzel - Jay Alone Theme (Revisited)


Jed Kurzel compone una muy sugerente banda sonora para 'Slow west', del escocés John McLean, un interesante y peculiar western, que se trama sobre cierta atractiva extrañeza, y un desapegado tono de fatalidad. Unos buscan una recompensa material, otros la recompensa de un largamente anhelado amor. Un viaje que tiene tanto de bucle como de inmovilidad como de desvío como de direcciones imprevistas. Junto a 'The homesman', de Tommy Lee Jones, o 'Salvation', de Kristian Levring, conforma una triada de películas que se alejan de lo referencial para encontrar ciertas variaciones en modelos que parecían gastados. Una estela que marcaron dos cineastas de las Antipodas, el australiano John Hillcoat y el neozelandés Andrew Dominik, con 'The proposition' (2005) y 'El asesinato de Jesse James por el cobarde Bob Ford' (2008), ambas con banda sonora de Nick Cave&Warren Ellis, cuya influencia se puede percibir en las composiciones de Kurzel. Y al fin y al cabo 'Slow west' es una coproducción británico neozelandesa.