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sábado, 27 de julio de 2013

Kathleen Byron, memorable Sister Ruth



http://www.tcm.com/mediaroom/video/472869/Black-Narcissus-Movie-Clip-You-re-All-Jealous-Of-Me-.html

Anthony Hopkins, la influencia de Burton y la sustitución de Olivier

 photo OIR_resizeraspx3_zps1e021d97.jpg Para Anthony Hopkins fue decisivo conocer, cuando tenía quince años, a su compatriota Richard Burton (que había nacido en el mismo pueblo galés, Port Talbot), quien le animó a que fuera actor. Hopkins se apuntó en el 'Royal Welsh Collegue of music & drama', en Cardiff. Cuando tenía 28 años, Laurence Olivier le invitaría a formar parte del Royal National Theatre. Hopkins era su suplente, y no desaprovechó la oportunidad cuando, en 'La danza de la muerte' de August Strindberg, tuvo que sustituir a Olivier en el papel de Edgar, ya que tuvieron que operarle de apendicitis. Olivier escribiría en sus memorias: Un joven actor en la Compañía de excepcional prometedor futuro, Anthony Hopkins, me estaba sustituyendo y se llevó la parte de Edgar como un gato con un ratón entre sus dientes'.

Plácidas pausas de rodaje: Marlon Brando y los conflictos en Julio Cesar

 photo OIR_resizeraspx4_zpsecca0124.jpg Marlon 'Marco Antonio' Brando piensa su próxima jugada para derrotar 'dialécticamente' a James 'Bruto' Mason, en una pausa de rodaje de 'Julio Cesar' (1953), de Joseph L Mankiewicz. Fotografía de Ruth Orkin. Parece que Mason llamó la atención a Mankiewicz por el hecho de que Brando se estuviera apropiando de la película ( y que él y su personaje estuvieran acaparando las simpatías de los espectadores), y que recuperara el foco de atención a donde debía, a su personaje. Mankiewicz estuvo de acuerdo, y Brando se percató del 'cambio de orientación', y pidió que dejara de dar más escenas a Mason, incluso aduciendo como motivo del cambio un menage a trois entre Mankiewicz, Mason y la esposa de éste, Pamela. Según palabras de John Gielgud (quien había dado las indicaciones pertinentes a Brando sobre cómo declamar Shakespeare) parece que el tacto de Mankiewicz consiguió que las aguas se mantuvieran en un pacífico cauce. John Huston calificó el metodo interpretativo de Brando en este película como 'un horno ardiendo que se abriera en una habitación oscura'.

En rodaje: Grigori Kozintsev

 photo OIR_resizeraspx_zps47ffe6dd.jpg Grigori Kozintsev, autor de las dos más potentes y admirables adaptaciones cinematografícas de una obra de William Shakespeare, 'Hamlet' (Gamlet, 1964) y 'El rey Lear' (Korol Lir, 1971)

En rodaje: Charlton Heston

 photo OIR_resizeraspx2_zps2fa97364.jpg Charlton Heston toma notas durante una pausa de rodaje de la excelente 'El señor de la guerra' (The war lord, 1965), de Franklin J Schaffner.

La pasión de Beatrice

                       
Entre acordes de música medieval que nos sitúan en su tiempo, los acordes del contrabajo del músico de jazz Ron Carter (que compone la banda sonora) aportan una nota de extrañeza, o de singularidad, a La pasión de Beatrice (La passion Beatrice, 1987), de Bertrand Tavernier. Ya había aparecido, como interprete, en una de las secuencias de la obra anterior del cineasta francés, Alrededor de la medianoche (1986). No es la única conexión. Siglos distintos, ambientes diferentes, divergencias, pero también coincidencias: La autodestrucción y sus modos, la muerte. Exilios y desconexiones con el mundo. En Alrededor de la medianoche, un músico de jazz, Dale (Dexter Gordon) que vive ya en un estado fronterizo (como esa singular combinación de realidad y decorados, los diseñados por el gran Alexandre Trauner). Dale vive (quizá deshabitado) los últimos pasajes de su autodestrucción, entre escombros de fatiga, asaltos al límite a la vida, y consciencia de la próxima llegada a la términal de la vida, la muerte. Ya no hay reposo, su único aliento es la música. En esa fuga que es rechazo, entumecido con los vahos del alcohol, encuentra en Paris otro refugio que tiene un sabor verdadero de cálida vida, la vigorosa y leal amistad con un dibujante entusiasta del jazz, Francis (Francois Cluzet). Ambos errando con los residuos de una familia rota. Dale encuentra en Francis y su hija la restitución de su fracaso, esa familia que dejó atrás en el camino perdido entre los vahos del exilio de su arte. Por un instante, vuelve a habitar la vida, la lumbre se enciende en sus últimos pasos, en sus últimos acordes.
 Francois de Cortemart (Bernard Pierre Donnadieu) vive en otro siglo, el XIV. También ha vivido sus batallas, aunque han sido más bien las de la decepción y el cautiverio (prisionero de los ingleses durante cuatro años). No busca ni transmite calidez, cuando retorna a su castillo. Desprecia a su hijo, Renaud (Nils Tavernier) al que humilla públicamente, por cagarse antes de entrar en combate, y al que llega utilizar, vestido con ropa de mujer, como presa en una caza al hombre. Y mantiene un tira y afloja con su hija de diecisiete años Beatrice (Julie Delpy) a quién cuestiona cómo administró sus tierras durante su ausencia, indiferente a su justificación de que la venta de propiedades fue motivada por meras necesidades primarias. Francis no cree en nada, ni en nadie, no hay una idea trascendente que le nutra, o en la que crea, y no siente lazos afectivos con nadie. Es un hombre muerto en vida, la desesperación hecha hombre, que descarga su intemperie, su vacío, violando a su hija, y convirtiéndola en su esposa. Es la furiosa rebelión de un hombre ante la Nada. Su retorno convierte la ilusión de Beatrice, por su retorno, en padecimiento. 
El lirismo melancólico, la doliente calidez de Alrededor de la medianoche, se torna rugosa aspereza, desnudez lacerante. En pocas películas se ha descrito el ambiente medieval con tal turbiedad, se ha conjugado tan afilada como armoniosamente la concreción con la abstracción. Es como la inmersión en lo primigenio, en el instinto desatado, en la indefensión que se revuelve con el ejercicio de la brutalidad, de la crueldad. Es la negación de la vida, la disidencia ante cualquier entidad transcendente, patria, Dios, honor, que se ha revelado, o se siente, inconsistente, falaz. Sólo resta la elemental condición animal. La ley del más fuerte que da rienda suelta a su deseo. En su posterior película, La vida y nada más (1988) Tavernier sosiega su tono, aunque también transite los paisajes después de la batalla, de una guerra, la confrontación con las pérdidas, los intentos de rehacerse, y a la vez la inconsistencia de unas instituciones para las que ante todo prima la imagen (una estatua de un soldado desconocido que represente a todos los muertos sin nombre). Si para el protagonista, militar encargado de contabilizar e identificar los muertos, la confrontación con ese 'túnel de heridas no cerradas' suponía el descubrimiento de que aún era capaz de amar, Francois opta por embrutecerse, suicidarse lentamente, con el ejercicio del incesto. 
Para Francois no hay sentido, sino el mero ejercicio de la apetencia, el aprovechamiento de una posición de poder. Pero no es sino la fuga de sí mismo, huir de su desolación (su grito en la noche, clamando al cielo, arrastrándose en la tierra). La contemplación un vacío, el que le rodea, y el de sí mismo en el espejo le repele, y decide autodestruirse destruyendo, maltratando a quienes le rodea. A Francois le pasa como a Carolina (Jane Birkin) en Daddy nostalgie (1990), que le gustaría desaparecer de su propia vida, no ser ella misma, mientras es testigo de los últimos coletazos de vida de su padre (Dirk Bogarde), de quien admira su capacidad de saber vivir. Francois es un hombre que ya estaba muerto desde niño, desde que asesinó al amante de su madre (al descubrirles juntos en la cama), y espero durante meses en la almena a que retornara su padre. Cuando fue él quien marchó al horizonte, a cumplir aquella misión, supuestamente con un sentido, comprendió el absurdo de sus actos, de la falta de una misión en la vida. No hay nada, sólo destrucción, o vana espera. Una vida que es cautiverio. Francois se vació, convirtiéndose en un ser amargo, y afilado como un cuchillo. Ahora es su hija la que le ha esperado con ansia, pero el retorno es otro cuchillo que vuelve contra su hija, hasta que esta decide levantarlo sobre su pecho. 

viernes, 26 de julio de 2013

Lauren Bacall, refresco con pajita

 photo 90ba2a7179b9447baa1221045cd11a52_zps1884fcc9.jpg Lauren Bacall se refresca el gaznate haciendo uso de una buena pajita

Robert Mitchum, cigarrillo, travesuras y globos

 photo OIR_resizeraspx4_zps55d06f8e.jpg Robert Mitchum quizá ensayando para su personaje de 'La noche del cazador', quizá regodeándose por anticipado en el susto que se van a llevar cuando explote los globos con el cigarrillo, o simplemente contento con el 'buen material' que se está fumando.

Robert Mitchum y Lila Leeds, marihuana, cárcel y las sombras de Lana Turner

 photo OIR_resizeraspx2_zpsc2e6ac6e.jpg Robert Mitchum con la actriz Lila Leeds cuando fueron detenidos por posesión de marihuana, y cumplieron sesenta días de prisión. La actriz estaba prometida con el actor Stephen Crane, quien rompió el compromiso. Crane había estado casado con Lana Turner (a quien Leeds se asemejaba bastante). La hija de ambos, Cheryl, adquiriría notoriedad en 1958 cuando disparó contra el amante de su madre, el mafioso Johnny Stompanato. La carrera de Leeds no se recuperó tras este encarcelamiento, en el que se enganchó a la heroina. Mitchum fue el prisionero 91234. Al salir declaró que había sido feliz en la cárcel: 'Nadie me envidiaba, nadie quería nada de mí, nadie quería mis barrotes ni el cuenco de pudín que empujaban a través de la ranura. Hice mi trabajo y me dejaron tranquilo'. Y añadió: 'Esroy cansado de mis así llamados amigos, veré sólo a mi esposa, mis hijos y un par de amigos íntimos. ¿Fiestas? Destacaría cpmo un monstruo en una fiesta. Estoy ya marcado y supongo que tendré que soportarlo toda mi vida'

Wong Kar Wai y Leslie Cheung, el éxito y la depresión.

 photo OIR_resizeraspx3_zps3378588f.jpg Wong Kar Wai con Leslie Cheung, quien protagonizó tres de sus películas, 'Days of being wild' (1991), 'Ashes of time' (1994) y 'Happy together' (1997). También cantante de éxito (en el 2010 fue votado en tercera posición tras Michael Jackson y The beatles en una lista de los músicos más icónicos de todos los tiempos) se suicidó en el 2013 lanzándose desde el piso 24 de un hotel, debido a la depresión aguda que sufría (cuya causa era un desequilibrio químico en su cerebro). Como actor alcanzó notoriedad con su protagonista en 'Adiós a mi concubina' (1992), de Chen Kaige

En rodaje: Kenji Mizoguchi, Machiko Kyo, Aiko Mimasu, Ayako Wakao, Michiyo Kogure y Kumeko Urabe

 photo OIR_resizeraspx_zps74bc052b.jpg Kenji Mizoguchi con las actrices Machiko Kyo, Aiko Mimasu, Ayako Wakao, Michiyo Kogure y Kumeko Urabe, durante el rodaje de la última, y magistral, obra del cineasta japonés, 'La calle de la verguenza' (Akasen chitai, 1956)

¿Qué hora es allí?

 photo OIR_resizeraspx_zpsb539b5ee.jpg ¿Qué hora es allí donde no estoy? ¿Qué hora es allí donde está aquella o aquel con quien quisiera estar? Hay distancias que separan, las que marca el tiempo, el espacio, y aún más, la muerte. Pero ¿Por qué aceptar los límites, lo improbable, e incluso lo imposible? Ausencias, anhelo de sentirse presente. Y sentirse presencia es sentirse con, junto a. La vida se realiza en el entre. En '¿Qué hora es allí?' (Ni na bian ji dian, 2001), de Tsai Ming Liang, Hsiao Kang (Kang Sheng Lee) retrasa siete horas todos los relojes, no sólo aquellos que vende en su puesto en el mercado, los que porta en la maleta en la que los expone, o los de su casa, sino todos aquellos que se encuentra, sea en las tiendas, o sea el que encuentra en cualquier lugar, como en un cines. Es una forma de sentir proximidad con lo distante. Con aquella chica, Shiang Chy (Shiang Chy Chen), que quería comprar el reloj que él usaba, y acabó comprando una réplica. Y él sintió que era su réplica. Así que si ella viajaba a París, quizás modificando la ilusión temporal, viviendo en la hora de París, se sintiera junto a ella, como si realizara una invocación y los tiempos pudieran fundirse, como anhela sentirse con ella.  photo OIR_resizeraspx2_zpsdf000a15.jpg  photo OIR_resizeraspx8_zpsa8e09475.jpg Hsiao vive en su película, porque vivir una fantasía es montar una película, habitarla en la mente, conecta con la vida, impulsa, incentiva, te hace sentirte en el tiempo, con dirección. Hsiao, incluso, compra películas que transcurren en París, como 'Los cuatrocientos golpes' de Francois Truffaut. En las imágenes vemos a Doinel girando en una atracción de feria. ¿No es como se siente quien se enamora? La gravedad parece que se pierda, una flota, gira. La vida te torna el rostro en una sonrisa ávida de travesuras, como robar, como Doinel, una botella de leche y bebértela entera. Hsiao entra en un cine, el mismo que protagonizará 'Goodbye, dragon inn' (2003), y se acomoda en la butaca abrazando un reloj que ha cogido del pasillo. Abraza una película, la que transcurre en su mente, en la que está en compañía de aquella chica que sintió como su rèplica. Shiang erra por París como un fantasma, como una figura que no encontrara un centro, que no encontrara réplica. Hay hombres que le aluden en el restaurante, con la excusa de ayudarle a comunicarse con la camarera, o que la observan desde el otro andén en el metro. Incluso, Jean Pierre Leaud, en un cementerio, la alude, dejándole su número de teléfono. Pero Shiang parece sentirse como esa figura postrada que observa en una de las tumbas.  photo OIR_resizeraspx3_zps2804ae74.jpg  photo OIR_resizeraspx7_zps41223f6c.jpg El ansia de Hsiao por sentirse en el tiempo junto a Shiang, provoca una consecuencia inesperada. La madre (Yi Ching Lu) lo interpreta como un mensaje de su marido recién fallecido. Se convierte en el primer detalle, en el primer signo, que interpreta como un anhelo del marido por sentirse junto a ella, por retornar. Cambia la rutina de las comidas, cenando a medianoche. Llega a quitar la electricidad, porque piensa que la luz le puede molestar, y por ello, impedir que venga. Conversa con el pez en el acuario porque interpreta su gesto de acercarse como si fuera un mensaje de su marido fallecido. La madre reza, como si una fiebre le poseyera, el hijo erra por la ciudad, como Shiang lo hace en París. Hay ocasiones en que los espacios parecen conectados: Shiang, en la cama, mira hacia el techo, a causa de los ruidos arriba. El plano siguiente es el de la madre rezando ante el reloj de hora cambiada.  photo OIR_resizeraspx6_zps89c8892e.jpg  photo OIR_resizeraspx4_zpsdc9afdd4.jpg Mirar hacia el fuera de campo, las pantallas. Soñamos luego existimos. El sueño, el anhelo, invoca, espera. Los planos son largos, dilatados, como una respiración profunda, melancólica. Los silencios abundan, como si la narración estuviera hilvanada con puntos suspensivos. Los cuerpos claman: La madre se masturba, mientras en primer plano permanece la foto en silencio del marido. Hsiao folla con una prostituta, que se lleva su maleta con los relojes. Shiang duerme junto a una chica de Hong Kong que se ha preocupado por ella en un bar al verla vomitar. Los cuerpos parecen aproximarse, pero la otra chica duda.  photo OIR_resizeraspx5_zps1422b9c5.jpg Shiang se queda dormida, agarrada a su mochila (como Hsiao antes al reloj en el cine), como una figura postrada, en un parque, junto a un estanque, en el que fluye su maleta. La vida está tejida sobre pantallas, sobre ausencias, que quisiéramos realizar, hacer presencia. Aunque quizá los sueños no correspondan. A Shiang parece que le interesan más las mujeres. Y el fantasma del marido, que recoge la maleta del agua, está lejos, en París, paseando bajo una noria. Porque algo de noria tiene la vida, dar vueltas y más vueltas entre las ilusiones y las pérdidas. Sublime.

jueves, 25 de julio de 2013

Ann Todd y hermosa criatura canina

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Alfred Hitchcock, un infante de gesto desafiante

 photo OIR_resizeraspx2_zps201487e5.jpg Su infancia fue muy solitaria y muy protegida, agravada por su obsesidad. Una infancia sin mucha historia, hasta que un día, cuando tenía cinco años, su padre le envío a una comisaría con una nota en la que habia escrito que le encerraran durante cinco minutos en una celda como castigo por su mala conducta. No fue precisamente un incentivo para querer ver el mundo que hay afuera, ni para pensar que transmite seguridad (aunque si pensamos en la actitud de su padre, tampoco adentro). Ciertamente, pocos como Alfred Hitchcock han reflexionado sobre las incertidumbres del afuera y las marañas del adentro ( o las incertidumbres y marañas que se dan en el espacio intermedio que conforma lo que se conoce como realidad).