Olivia de Havilland caracterizada como Alicia para una producción teatral de 'Alicia en el país de las maravillas' en 1933.
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miércoles, 25 de agosto de 2010
Olivia de havilland como Alicia
Olivia de Havilland caracterizada como Alicia para una producción teatral de 'Alicia en el país de las maravillas' en 1933.
Cary Grant y la tortuga de Alicia en el País de las maravillas
Descubriendo Nunca jamás
Descubriendo nunca jamás' (2004), de Marc Forster. Hay tonos dorados que no esconden que están hechos con sombras. La luz que irradian no niega su forcejeo con los abismos de la pérdida, de la disolución de los sueños que son esforzados cantos en la oscuridad. Los dientes del tic tac del reloj que yace en el vientre del cocodrilo son un cepo que pende inevitable sobre los juegos para conjurar el temor al último adiós. El garfio no dejará de estar presente en las mentes mezquinas que ven en una relación de cálida entrega turbios recovecos. Buscar Nunca Jamás no es más que un gesto de hacer de este fugaz tránsito un sendero iluminado por la ingenuidad de la ternura que atiende el desamparo y el jubiloso humor travieso, suspendida la cuchara de la nariz, con la cabeza coronada por un pañuelo de pirata y el rostro adornado con pinturas de guerra de un indio. Porque la gravedad que sume bajo las tumbas siempre será el definitivo ganador en la lid con el vuelo de la imaginación en busca de una tierra donde se sienta la ilusión, aunque sea por un instante, que se es eterno, porque aún no ha perdido a ese niño dentro de uno que hace del juego creación y aventura, desverguenza y carcajada desafiante.'Descubriendo nunca jamás', con unos excelentes Johnny Depp, Kate Winslet, Julie Christie y Dustin Hoffman, no es ningún producto edulcorado. Incluso se puede decir que es un caramelo envenenado, porque la melancolía late en sus entrañas, como un permanente recordatorio de lo que es inevitable.
Como en su anterior obra, de tonos más tenebrosos, 'Monster's ball' nos relatan el denodado esfuerzo por aliviar un trance doloroso, sea circunstancial, sea aquel al que está destinado nuestro curso de la vida, la pérdida. Es un canto a la entrega, a proyectar ilusiones cálidas, en cuyos subterráneos, como la misma obra de Barrie, es manifiesta su consciencia de ilusión, de cometa que eleva el espiritu con el viento de la imaginación aunque se sepa que en un momento u otro caerá. Es ese gesto, como reflejaba en su minusvalorada siguiente obra, 'Tránsito', de permanece conmigo, de estoy contigo aunque el viento aulle frío tras la ventana.
Una obra, además, repleta de sutilidades, sin caer en redundancias. Sólo hace falta una secuencia para hacer mención a los miserables rumores de las obtusas mentes sobre la relación, como campo de juego, de Barrie con el personaje de Winslet y sus hijos. Y tiene lugar en el escenario de un campo de juego, el legitimado, el de un partido de criquet. O la relación de Barrie con su esposa, y las resonancias que se sabe extraer a la utilización de las puertas de ambas habitaciones.
Stanley Donen, Gene Kelly y Donald O'Connor
Donald O'Connor, Stanley Donen y Gene Kelly no precisamente con unos paraguas que les protegerían de la lluvia. Gene Kelly, protagonista, coreógrafo y director (mano a mano con Stanley Donen) de la estupenda 'Cantando bajo la lluvia' (1952), no fue la primera opción, sino Howard Keel, cuando en los primeras versiones del guión el personaje era un actor de westerns. El personaje de Donald O'Connor está inspirado en Oscar Levant, que interpretaba al amigo pianista del personaje de Kelly en 'Un americano en París' (1951),de Vincente Minelli, y que en principio también iba a interpretar el personaje. No parece que Kelly tratara ni considerara muy bien a O'Connor, hasta que éste interpretó el memorable número de 'Make' em laugh'. Debbie Reynolds tampoco parece que se sintió muy contenta con el trato de Kelly, Declaró que la experiencia de este rodaje fue una de lasmás díficiles de su vida. Fueron tantas las tomas que exigió para el número 'Good morning' que sus pies sangraban al acabar. Y además fue descarnado con ella cuando la cuestionó sus escasas aptitudes para el baile (Astaire que visitaba el rodaje, y se la encontró llorando bajo un piano, se ofreció para asistirla ). El mismo Kelly reconocería años después que se excedió y que le extrañaba que aún le dirigiera la palabra. Como curiosidad, si el personaje de Debbie Reynolds en la película dobla al de Jean Hagen, era ésta la que realmente lo hacía con su verdadera voz (ya que para su personaje impostó la voz). De hecho fue Reynolds la que fue doblada en un par de canciones por Bettie Noyes. También parece que Reynolds iba a interpretar, en la ensoñación final, el papel que acabó interpretando Cyd Charisse,pero se negó por el desgaste al que se había visto sometida en el rodaje.
Clara Bow, magnetismo rompedor
Clara Bow en 'It' (1927), de Clarence G Bedger ( Von Sternberg dirigió algunas secuencias por enfermedad de Bedger), la película que propició que se la calificara como the 'It' girl, o dicho de otro modo, la chica que tiene ese algo que la diferencia de las demás. De hecho, durante esos años del cine mudo, al que casi se circunscribió su carrera ya que abandonó el cine en 1933, se convirtió en el símbolo de la mujer liberada de enérgico carácter y temperamento, y su look sería imitado en su momento por muchas mujeres. Aunque en 1928 fue considerada la actriz favorita de América, y admirada por el magnetismo de su personalidad, una sucesión de 'escándalos' (o también se puede decir que fue víctima de ellos, véase ser calificada de 'devorahombres'; A retener su frase tiempo después: "Cuanto más sé de los hombres, más quiero a mi perro" ), aparte de que cada vez protestaba más por la falta de profundidad de los personajes que la proponían, determinó que ya no cayera en gracia ni dentro de la industria ni con el público. A destacar en su filmografía 'Alas' (1927), de William A Wellman.
lunes, 23 de agosto de 2010
Eve Southern, la Magdalena de Von Sternberg
Eve Southern en 'A woman of the sea' (1926), de Josef Von Sternberg, con quien trabajó de nuevo en 'Marruecos' (1930). Su primera aparición fue como bailarina y favorita del harén en uno de los fragmentos de 'Intolerancia' (1916), de David W Griffith. Su carrera se vería interrumpida a mediados de los años 30 tras sufrir una fractura de espalda a consecuencia de un accidente de coche.
Boris Karloff y el retrato de Im-ho-tep
Monsieur Verdoux
'Asesinar a una persona hace de uno un canalla, asesinar a millones un héroe. Las cantidades santifican'. Con semejante 'sentencia', que espeta el protagonista, Verdoux (Charles Chaplin), no es de extrañar, en agitados tiempos de posguerra, que esta 'comedia de asesinatos', 'Monsieur Verdoux' (1947), de Chaplin, no sólo no fuera muy bien recibida, sino que levantara ampollas y suspicacias. Y más aún cuando este prolífico asesino de mujeres es retratado con una naturalidad que desconcierta, ya muy bien perfilado en su presentación, arreglando su jardín, mientras el humo sale de la incineradora donde sabemos que quema los restos de una de sus esposas, pero se muestra delicado con una oruga en el camino, a la que recoge para que no la pisen. Como esa sonrisa radiante y desapegada, que no deja de poseer un inquietante y gélido toque perverso, que muestra Verdoux en esa escena, la narración adopta un tono distendido, que vela sus tenebrosas resonancias bajo una capa distendida, y que nos sumerge en sus vicisitudes por asesinar a alguna de sus esposas, o conseguir el dinero que necesita jugando perversamente con los mecanismos de identificación, incluso con toques de comedia. En este sentido está más cerca de Alfred Hitchcock que de Orson Welles gracias al cual se gestó el proyecto ( y consta en los títulos de crédito como autor de la idea).
Welles, años atrás, le propuso interpretar a al famoso criminal Landrú en un proyecto de episodios que iba a dirigir. Para Chaplin era un cambio en su trayectoria, dejando de lado la comedia, y sólo implicándose como actor, pero que desechó cuando también se planteó que escribiera el guión. No es baladí el mencionar que ese mismo año, Hitchock rodaría 'La soga'. En esta envenenada forma de tratar al protagonista con simpatía, hay una poderosa carga de profundidad, que explicita en las últimas secuencias (como con la citada secuencia). Al fin y al cabo, Verdoux es un representativo producto de su sociedad. Trabajó durante 35 años como oficinista en un banco, hasta que un día la inercia de su vida se quebró cuando fue despedido de un día a otro, con las dificultades consiguientes a su edad de encontrar un trabajo, teniendo además esposa e hijo. De repente, le habían dejado fuera de la circulación, y decidió salir del paso con las estrategias de esa sociedad que la había formado: Casarse con diversas mujeres en distintas poblaciones, y heredar su dinero tras matarlas. Hay una ejemplar secuencia en la que se manifiesta cómo no ha entumecido su sensibilidad del todo aunque haya priorizado esa actitud pragmática, que funciona en él como un resorte educado en una sociedad pragmático donde el otro es una función. Me refiero a la escena en la que recoge a una mujer en la calle, que acaba de salir de la cárcel, para experimentar con ella un veneno, que pone en su vino. Tras crear un momento de 'envenenada' comedia con la suspensión de si ella toma o no el vino, Verdoux cambia de opinión cuando escucha su relato sobre cómo cuidaba compasiva de su fallecido marido, postrado en una silla de ruedas tras participar en la guerra (ese otro modelo legitimado).
Chaplin desarrolla secuencias memorables como aquellas en las que infructuosamente intenta matar a una de sus esposas en una barca o poniendo veneno en el vino (que no sabe que es tinte, que ha cambiado accidentalmente la criada, que se quedará sin pelo), o cuando coincide con ella en la boda de otra sus futura víctimas e intenta eludirla del modo que sea. En las últimas secuencias, años después del crack del 29, vuelve a aflorar esa melancolía con sutiles trazos al reencontrarse con aquella mujer que no quiso matar, ahora adinerada porque se ha casado con un suministrador de armamento (como señala Verdoux, es a lo que debería haberse dedicado él), y que determina que acepte entregarse, reflejo de esa toma de consciencia que ha recuperado, ya fuera de juego, al verse en el pasado como si hubiera estado alienado (la misma alienación que había sufrido durante 35 años de trabajo legitimado en acciones consideras ilegitimas, aunque sólo varíen los medios).
'Monsieur Verdoux' (1948), de Charles Chaplin es una tan perversa como incisiva obra que fluctua entre drama y comedia, dejando en evidencia las inconsistencias de una sociedad estructurada sobre las inconsecuencias. Su actualidad puede verse reflejada si se la equipara con la reciente, y estimulante,'Arcadia' de Costa Gavras en las que un hombre que se ha quedado en paro tras años entregado a su labor (como funcional esbirro), se decide a matar a sus contrincantes en aspirar a otros puestos de trabajo. Tras realizar esta obra Chaplin ya se puso en centro del remolino de acusaciones diversas sobre su presunto comunismo por atacar y cuestionar los 'valores de la democracia y del país en que vivía', y optó por emigrar a Inglaterra.
En rodaje: Howard Hawks, Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Louis Jean Heydt y Sonia Darrin
Extraños en un tren
'Extraños en un tren' (1951) de Alfred Hitchcock es otra de sus afiladas disecciones de los fantasmas de la mente, del deseo inhibido enfrentado a la figura del Doble, aquel que materializa lo que se reprime. Farley Granger y Robert Walker protagonizan ese particular 'partido de tenis' en el que se cruza el otro lado del espejo, alli donde uno se encuentra con lo que niega en sí mismo.Un encuentro casual con otro pasajero de la vida con quien uno se cruza, digamos por azar, puede poner en movimiento lo que se tiene reprimido tras la acristalada cabina donde ya no se escucha música sino sólo el ruido de un desencuentro afectivo. La visión se deforma cegado por un ansia de eliminar lo que perturba su orden vital, porque parece que la vida es un partido de tenis en el que uno tiene que acabar desgastando al otro, fruto de no haber sabido tomar las elecciones bien enfocadas. Un mechero, el símbolo de lo se consumió o apagó, o quizá también de esa rabia despechada contenida que encendió lo imprevisto, se convierte en la trampa que le encadena a un tiovivo del que sólo se puede salir despedido si afronta esos deseos, o demonios, ocultos a los que no sabía enfrentarse. Y ahora quizás el viaje pueda realizarse con la mirada despejada, y la compañía adecuada a la que ya se sabe mirar.
Pero ¿Quién mató a Harry?: Diálogo Carrolliano
Sam Marlowe:Tal vez vuelva mañana.
Arnie:¿Cuándo es?
Sam Marlowe:El día que viene después de hoy.
Arnie: Eso es ayer. Hoy es mañana.
Sam Marlowe:Lo fue.
Arnie:¿Cuándo era mañana ayer?
Sam Marlowe:Hoy.
Arnie:Oh, claro. Ayer.
('Pero ¿Quién mató a Harry' (1955), de Alfred Hitchcock, guión de John Michael Hayes).
Olga Kurylenko, vampira y guerrera
Olga Kurylenko. Cautivadora vampira en 'Quartier de la Madeleine', el bello fragmento de Vincenzo Natali, de 5 minutos, de 'Paris Je t'aime (2006); implacable guerrera picto en 'Centurion' (2010), de Neil Marshall; doble en el espejo de las cicatrices aún tiernas de James Bond, en la sugerente y alquímica 'Quantum for solace' (2008), de Marc Forster. Sugerente presencia, incluso en soporíferas películas de (in)acción como 'Max Payne' y 'Hitman'. Y su próxima 'aparición' será nada menos que en el próximo proyecto, aún sin título, del gran Terrence Malick
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