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jueves, 25 de marzo de 2010

La humanidad en peligro

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En la década de los 50, fueron numerosas las obras de ciencia ficción que reflejaron los miedos ante la latente amenaza del empleo de la energía nuclear fruto de un posible conflicto (o 'explosión' de este conflicto) con los del 'otro lado', el bloque comunista, y ante los impredecibles efectos de su radiación, alimentados por sus pruebas desde 1945 (otra variante, que a veces confluía, era el ver reflejado ese miedo a 'los otros', o más bien un estado de paranoia, a través de diversas invasiones alienígenas). En el género abundaron esa década diversas figuras mutantes, que sufrían alteraciones de organismo, menguando como 'El increíble hombre menguante' (1957),de Jack Arnold, o a la inversa, sufriendo tendencia al gigantismo, como en otra obra del mismo Arnold,'Tarántula' (1955). Lo mismo que sucede a las hormigas en esta estupenda obra de Gordon Douglas,'La humanidad en peligro' (1954).
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Una de sus principales virtudes es cómo sabe modular una atmósfera fantástica, sabiendo mantener en suspenso, durante su primer, y quizás mejor tramo, la incertidumbre sobre lo que puede estar sucediendo, con lo que la irrupción de lo fantástico, la aparición de lo anómalo cobra una notoria fuerza. Los enigmáticos hechos se van dosificando con eficaz progresión ( a la vez que se define y caracteriza a los principales personajes):La aparición en el desierto de una niña que vaga, con una muñeca en brazos, con la expresión ida, en estado de shock; la caravana medio destruida, con detalles inquietantes como una gran huella de animal no identificable, los terrones de azúcar desperdigados, el hecho de que no hayan robado dinero; el subsiguiente descubrimiento del almacén en parecido estado de destrucción, con el añadido del descubrimiento de un cadáver en el sótano; los extraños ruidos, o chirridos, que no se sabe si proviene del viento o de alguna criatura; el enfrentamiento de uno de los policías en fuera de campo ante algo que dispara, y su grito de muerte. Ni el otro policía que realizó el descubrimiento, Patterson (James Whitmore), ni el agente del FBI Graham (James Arness) pueden imaginarse a qué se enfrentan, porque toda explicación lógica se les escapa (¿Por qué tenía la víctima tanto ácido prúsico?) Su desconcierto se acrecienta cuando llega el profesor Medford (Edmund Gwenn) y su ayudante, su hija Pat (Joan Weldon ), y sus cábalas van lentamente siendo corroboradas (la esplendida secuencia en que dan a oler el ácido prúsico a la niña catatónica, y empieza a gritar: ¡Ellas!).
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Tras la aparición de la primera hormiga gigante, irrumpiendo en el mismo encuadre, por encima de Pat, la trama se disparará en dos enfrentamientos. Uno, el encontrar el hormiguero, e intentar destruirlo, y dos, ante el hecho de que dos hormigas reinas, hayan escapado volando, el buscar a dónde han podido huir. Dos momentos destacan especialmente: El relato del aviador, que ha sido ingresado en un sanatorio, que vio a las do reinas volando ( extrayendo fuerza de lo no visible, del fuera de campo) y el sintético enfrentamiento en el barco que ha sido apoderado por una de las dos hormigas reinas y su séquito (una hormiga irrumpe, rompiendo el cristal, abalanzándose sobre el radiotelegrafista).

'La humanidad en peligro' (Them!), es una de las mejores obras de ciencia ficción de los 50 y una de las más notables obras de Gordon Douglas, artesano que transitó numerosos géneros. En su irregular trayectoria podemos encontrar un gran western como 'Rio Conchos' (1964) y otro excelente como 'Chuka' (1967). O en el cine negro 'Veneno implacable' (1951) o 'El detective' (1968).

Oliver Reed y el gato que no era lobo

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Como parece que no encontró un lobo a mano, Oliver Reed parece que decidió buscar inspiración contemplando a este lindo, y despeinado, gatito para su personaje de hombre lobo en la extraordinaria 'La maldición del hombre lobo' (1961), de Terence Fisher, aún hoy la más fascinante y compleja aproximación al mito del licántropo.

Patricia Neal y Roald Dahl

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Patricia Neal y su marido, el escritor Roald Dahl (autor de 'Willy Wonka y la fábrica de chocolate', 'James y el melocotón gigante' o el relato en el que se inspira la excelente última obra de Wes Anderson: 'The fantastic Mr. Fox). Pocos personajes han tenido una presentación tan imponente como el suyo en la extraordinaria 'El manantial' (1949), lanzando una estatua griega al vacío porque la belleza no tiene lugar en este mundo mediocre. Esta excelente actriz de intensa mirada y poderosa personalidad se retiró del cine tras casarse con Dahl en 1953, tras dar dos tan contrapuestas como brillantes interpretaciones en dos vigorosas obras, 'Ultimatum a la tierra' (1951) de Robert Wise, y 'Correo diplomático' (1952) de Henry Hathaway. Retornó con la ácida 'Un rostro en la multitud' (1957) de Elia Kazan, pero su aparición en la pantalla, a partir de entonces, sería intermitente. Recordadas son sus interpretaciones como secundaria,de nuevo tan contrastadas como excelentes, en 'Desayuno con diamantes' (1961) de Blake Edwards y 'Hud' (1963), de Martin Ritt que le reportaría el Oscar. En 1965, tras trabajar en la notable 'Primera victoria' de Otto Preminger, sufriría varios ataques que la confinaron en una silla de rueda, pero logró superarlo y volvió al cine tres años después. Colaboró con Jose Luis Borau en 'Hay que matar a B' (1972) y en el que es su anteúltimo trabajo, con Robert Altman en 'Fortune's cookie' (1999), dejando otra breve pero gran interpretación.

LA Confidencial

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James Ellroy reconoció su admiración por la adaptación de su novela. Mérito tiene el condensar y reestructurar la laberíntica construcción compuesta de tres tramas conjugadas. Se optó por suprimir una de ellas, y tomar elementos de otra, centrándose en una solo, y aún así sus buenos recovecos tiene la trama resultante. Se optó por partir de los crímenes del Nite owl como disparadero de la trama, y la 'navidad sangrienta' ( el apalizamiento de los policías a unos detenidos) como la situación que una a los tres principales personajes y determine su destino y su evolución ( o transformación). El 'animal político' Exley (Guy Pearce) que reivindica un sentido de la justicia sobre el pragmatismo policial que defiende 'el fin justifica los medios', el visceral bruto, White (Russell Crowe) que recurre a la violencia como solución y sostenido en una cruzada contra todo aquel que maltrate a una mujer, y el cínico y elegante Vincennes (Kevin Spacey) que disfruta de los beneficios de ser asesor de la susodicha serie y de los porcentajes por detener a famosos en comandita con el periodista de la revista sensacionalista Hush Hush. Como complemento, el toque de glamour de las prostitutas que asemejan a estrellas, el serial de televisión que ejerce de solapada publicidad sobre las bondades de la policía, que inciden en una cuestión que le interesaba especialmente a su director, Curtis Hanson: los contrastes, o contradicciones, entre realidad e imagen.
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La diana principal es la corrupción institucional, en especial, la policial, representada en Smith (James Cormwell) que utiliza su posición como plataforma de poder sin escrúpulo alguno, pero también la judicial, o la empresarial (los tejemanejes de la especulación inmobiliaria y de suelos) que dejan al gangsterismo como hermanitas de la caridad por comparación. No hay complacencia en ese retrato. De hecho, si hay un vencedor, Exley, es por saber hacer uso de esas mismas conveniencias: aunque elimine a los corruptos, él ha sabido convertirse en un buen depredador que hace uso de la justificación de los expeditivos medios por el buen fin. Al fin y al cabo, es el inteligente animal político. Una de las tramas eliminadas del libro (excepcional, todo hay que decirlo) es la más turbulenta,la relacionada con un asesino en serie. El detalle no es baladí, porque, pese a que refleje un paisaje corrupto, la sordidez, la tortuosidad o el desgarro extremo de la novela están casi ausentes de las imágenes de la película. Destaca, sí, por su vigor narrativo, por su enérgico pulso, sin perder resuello, por su tenso dinamismo que deja espacio para el conflicto íntimo de los personajes, delineado con precisión y ajustados rasgos (el momento en que Vincennes se mira en el espejo y cambia de decisión, que implica cambiar de actitud, a una más compormetida o ética), pero le falta esa zozobra vital, esa áspera visceralidad quecaracteriza la magnífica prosa de Ellroy. Por así decirlo, hubiera sido necesario el Sam Pekinpah de 'Quiero la cabeza de Alfredo Garcia' (1975, o el Fincher de la turbadora 'Zodiac' (de hecho, estuvo a punto de realizar al adaptación de 'La dalia negra' que acabó realizando, desafortunadamente, Brian de Palma con su mediocre adaptación).
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A 'LA Confidential' (1997) creo que le sobra brillo. Hanson declaraba que no quería hacer una película retro, sino con un pálpito de inmediatez, realista. Pero aunque éste no esté ausente, el exquisito mimo caligráfico, la percha de impecables vestuarios y peinados, la medida dirección artística, incide en una cierta desdramatización. La narración fluye con poderoso músculo narrativo, pero con una distancia que aleja de los conflictos de los personajes, como una impecable escenificación que elude sumergirse en esa mirada abisal que cultiva Ellroy. Hay que reconocerle un ingenioso añadido: la muerte de Vincennes(diferente a la del libro), pero no alcanza la dimensión trágica, desgarrada, que tiene en el libro (aunque en éste este narrado rehuyendo el climax: pero incide de modo más doloroso en la trágica conclusión, casi inadvertida, tras una evolución que ha sufrido variados vaivenes y conflictos). En la obra de Hanson brilla el ingenio de esa situación, una secuencia estupenda, pero delata la carencia que impide que la película no haya sido la obra maestra que pudiera haber sido: el necesario aliento desgarrado y turbio, atenuado por tanto cuidado formal, que hace que la brillantemente resuelta secuencia final del tiroteo (retomada de una situación al principio del libro y con otros personajes) esté falta de esa requerida sacudida directa a las entrañas, esa que Peckinpah lanzaba como nadie en los finales de sus mejores obras. La película es un exultante chute energético, pero le falta el necesario demoledor poso que deja la lectura de Ellroy, una sensación de rasgada intemperie vital.

Brillante es la adaptación que realizaron Curtis Hanson y Brian Hengeland para 'LA Confidencial' (1997), de Curtis Hanson, como lo fue la decisión del casting elegido, dos australianos, Russell Crowe y Guy Pearce, en ese momento poco conocidos, y Kevin Spacey, los tres magníficos, como los secundarios, James Cromwell, Danny De Vitto y David Strathairn. También excelentemente acompasada a las imágenes la música de Jerry Goldsmith, y hay que reconocerle la exquisitez caligráfica a la fotografía de Dante Spinotti. Y destacar varias secuencias: el tenso interrogatorio de Exley a los tres negros detenidos y el posterior enfrentamiento con éstos.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Mercado de ladrones

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Las cuatro últimas producciones norteamericanas que realizó Jules Dassin, antes de exiliarse a Francia ya que fue delatado por Edward Dymutrick por sus inclinaciones izquierdistas, o comunistas, y estigmatizado en la lista negra de la caza de brujas McCarthysta, componen una buena muestra del más incisivo cine negro. 'Mercado de ladrones' (1949) fue la última que rodó en territorio estadounidense: 'Noche en la ciudad' (1950), una de sus obras maestras, la rodó en Inglaterra, aunque era producción de la Fox. Ya con la interesante 'La ciudad desnuda' (1948) había sufrido recortes de montaje, sobre todo secuencias relacionadas con la vida cotidiana de la ciudad, para evitar que fuera tachada de izquierdista (la anterior 'Fuerza bruta' había incidido en la crítica del sistema penitenciario). La vena crítica que había aflorado de modo más corrosivo en las obras encuadradas del cine negro estaba en situación de 'alerta roja'.
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Y 'Mercado de ladrones' es un buen ejemplo. Curiosamente, se puede ver como un antecedente de 'La ley del silencio' (1954) que, como se comenta, pudo ser realizada por Elia Kazan para contrarrestar su mala conciencia por haber declarado, y delatado, en el 'Comité de caza de comunistas' (El comité de actividades antiamericanas). 'Mercado de ladrones' entra pronto en materia. Nick (Richard Conte) vuelve a su hogar, tras tiempo fuera trabajando para ahorrar dinero, y se encuentra con que su padre no tiene piernas, por causa de un accidente que sufrió con su camión. No recuerda cómo pudo suceder, sólo que estaba algo bebido después de haber hecho unos tratos con un comerciante, Figlia (Lee J Cob). Nick se huele algo raro. Cuando va a reclamar su camión a Ed (Millard Mitchell), a quien se lo ha alquilado su padre, éste le propone asociarse con él para transportar un cargamento de manzanas al mercado de Nueva York. Nick ve en ello la oportunidad de esclarecer el 'accidente' de su padre. El resto del relato transcurre en un condensado espacio de tiempo, y alternando dos situaciones. Por un lado, el 'accidentado' viaje de Ed ( su camión tiene problemas con la transmisión, y circula mucho más lento que el de Nick), seguido por otros dos camioneros que esperan que el camión se averíe para poder compartir su mercancía (estamos en un contexto de depredadores, se es capaz de cualquier cosa por unas migajas de dinero).
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Y, por otro, los avatares de las negociaciones de Nick con Figlia, esperando a su compañero. Tendrá que luchar, en primera instancia, para evitar quedarse dormido ( ha sido un viaje en camión de 24 horas desde la otra costa) y segundo, evitar las artimañas y engaños de Figlia: le pincha la rueda del camión aparcado delante de su almacén para así poder descargar sus manzanas y venderlas, mientras 'envía' a Rica (Valentina Cortese) para que entretenga y seduzca a Nick; posteriormente querrá pagarle a precio mucho más bajo que el de su venta; y, como a su padre, encargará a dos de sus hombres que recuperen el dinero, atracándole, aprovechándose de la oscuridad de la noche, junto a unos vagones de tren. Dassin perfila con eficacia la tensión de las dos situaciones paralelas, la incertidumbre de si Ed podrá llegar a tiempo, y sin sufrir un accidente, y los avatares de Nick para evitar que su destino no sea como el de su padre. Las secuencias de los camiones en tránsito están narradas con un palpitante dinamismo. Pende siempre la amenaza del accidente. No deslucen al lado de las magníficas de 'El salario del miedo' (1953), de HG Clouzot. Y las cargas de profundidad sobre unas estructuras económicas, una depredador capitalismo que propicia la competitividad inclemente y el aprovechamiento por parte de los empresarios con total falta de escrúpulos que se enriquecen a costa de unos trabajadores explotados, son tan incisivas que no es de extrañar que provocara el 'accidente' de que Dassin fuera uno de los estigmatizados por su manifiesta actitud crítica y acabará exiliado del país.

Lancaster y Douglas: Duelo de titanes cantarines

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Duelo de titanes cantarines: Kirk Douglas y Burt Lancaster, quienes compartieron pantalla en seis ocasiones: 'Al volver a la vida' (1948), de Byron Haskin, 'Duelo de titanes' (1957),de John Sturges, 'El discípulo del diablo' (1959),de Guy Hamilton, 'Siete días de mayo' (1964), de John Frankenheimer, 'Victoria en Entebbe' (1976), de Marvin J Chomsky y 'Otra ciudad, otra ley' (1986), de Jeff Kanew

Coppola, Kurosawa y la polaroid

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Francis Coppola instruye a Akira Kurosawa sobre cómo utilizar una cámara polaroid. Coppola junto a George Lucas había posibilitado el necesario apoyo financiero para que Kurosawa lograra rodar 'Kagemusha', tras cinco años inactivo tras 'Dersu Uzala' (que considero su mejor obra, o dicho de otro modo más preciso, la que más me gusta: reconozco que aunque me resulte interesante su cine no me llega a apasionar). Coppola, por su parte, hace décadas que no ha dado obras del calibre de las que realizó en los 70 y principios de 80. Su última destacada obra 'Corazonada' (1982), supuso el descalabro de su productora, Zoetrope, y lo embargó con deudas, y parece también que le 'embargó' el talento. Pero es bien sabido, en la historia del cine, que muchos cineastas han dado grandes obras por encargo (al fin y al cabo, 'El padrino' era obra de encargo). Algún brote inspirado se ha visto en la tercera parte de 'El padrino' (1991), o, incluso, en 'Legitima defensa' (1997). Su no estrenada 'Youth without youth' (2007) mostraba su pericia visual, con un planteamiento singular, pero desangelado. Como perdido en sus brillantes juegos visuales se diluía su 'Dracula'. No son carentes de interés 'Tucker' (1988), 'Jardines de piedra' (1987) y hasta 'Cotton club' p (1984) ero no pasan de una aplicada discreción, con intermitentes momentos de ingenio, o de emoción.

martes, 23 de marzo de 2010

Gene Tierney: Las bellas fisuras de la máscara

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Otto Preminger supo ver bien en los rasgos y en la expresividad de Gene Tierney la conjunción de una belleza terrestre y de otro mundo, de presencia y ausencia, idónea para elpersonaje de Laura en la extraordinaria película homonima que rodó en 1944. El atractivo de la singular belleza de Gene Tierney provenía de la intuición de una fragilidad y de una tumultuosidad de emociones entrevistas bajo una máscara de etérea belleza ideal. Un temperamento evidenciado en sus continuas crisis: El productor Darryl Zanuck le sugirió a Jules Dassin que le diera un papel en la oabra maestra 'Noche en la ciudad' (1950) porque acababa de sufrir una decepción amorosa y estaba al borde del suicidio; a mitad de los 50 abandonó, por otra crisis personal, el cine, e incluso se puso a trabajar de dependienta en unos grandes almacenes, de donde se la recuperó para el cine, pero brevemente porque no podía con el estress que le causaba la interpretación. Esa cualidad de emocione contrastadas las reflejó en dos de sus grandes creaciones protagonistas, la firmeza obstinada en 'El fantasma y la señora Muir' (1947) de Joseph L Mankiewicz, y en Las fieras hecha mujer en 'Que el cielo la juzgue' (1945), una mujer capaz de todo, incluso matar, por el amor posesivo hacia el hombre que ama. Pero también en su egoista personaje de 'El filo de la navaja' (1946), de Edmund Goulding. Y capaz de transmitir la más dulce calidez en 'El diablo dijo no' (1943) de Ernst Lubitsch. Trabajó repetidamente con Preminger, en 'Voragine' (1949), la excelente 'Al bordel del peligro' (1950), y la magnífica 'Tempestad sobre Washington' (1962). Sin olvidar, entre otras, sus interpretaciones en 'El castillo de Dragonwyck' (1946) de Manckiewicz, 'El telón de acero' (1947) de William Wellman, 'El embrujo de Shangai (1941),de Josef Von Stenberg, 'Martin el gaucho (1952), de Jacques Tourneur, o'El retorno de Fran James' (1940), de Fritz Lang.

Joan Fontaine y el Oscar

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Joan Fontaine tras recibir el oscar por 'Sospecha' (1941), de Alfred Hitchcock. Excelente estuvo también en grandes obras como 'Rebeca' (1940), de Hitchcock, 'Carta de una desconocida' (1948), de Max Ophuls o en 'Más allá de la duda' (1956), de Fritz Lang.

lunes, 22 de marzo de 2010

Kazan y Beatty: Esplendor en la pantalla

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Elia Kazan y Warren Beatty durante el rodaje de 'Esplendor en la hierba' (1961), debut en la pantalla grande del segundo, y una de las grandes obras del primero.

Herbert Marshall: Un toque de distinción

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Herbert Marshall, meditando, ante su camerino, en una pausa de rodaje. Marshall era uno de esos grandes actores cuya presencia siempre era más que bienvenida en la pantalla. Quizás no sea muy conocido el hecho de que actuaba con una pierna protésica ya que le fue amputada durante la I guerra mundial. Creó dos cautivadores personajes protagonistas con Ernst Lubitsch en 'Un ladrón en la alcoba' (1931) y 'Angel' (1937). Fue protagonista para Hitchcock en 'Asesinato' (1930) y secundario en 'Enviado especial' (1940). Dos de sus interpretaciones más admirables las realizó para Jacques Tourneur como el lúcido doctor borrachín de 'La mujer pirata' (1951) y para King Vidor en su breve participación como padre de Jeniffer Jones en 'Duelo al sol'. Protagonizó otra joya no muy reconocida, 'El angel de las tinieblas' (1935) de Sidnye Franklin, y colaboró con William Wyler en 'La loba' (1941) y 'La carta (1940), conKurt Neumann en 'La mosca' (1958), con John Cromwell en la hermosa 'Su milagro de amor' (1945), con Josef Von Stenberg en 'La venus rubia' (1930) o con Otto Preminger en 'Cara de Angel'. E interpretó por dos veces al escritor Somersete Maugham en las notables 'Soberbia' (1943) de Albert Lewin y 'El filo de la navaja' (1946) de Edmund Goulding. Un actor de variados registros, siempre sutil y elegante.

Keaton y Sedgwick: Los ojos del cameraman

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Buster Keaton, y el codirector Edward Sedgwick, en una pausa de rodaje de la extraordinaria ' El cameraman' (1928).

Samuel Fuller y los corredores sin retorno

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Samuel Fuller dirige a Constance Towers en 'Corredor sin retorno' (1963), virulenta alegoría que convierte a un manicomio en espejo oval de un país sacudido por las tensiones raciales y la latente amenaza del uso de la bomba atómica (el 'ordago a la grande' con el que se amenazaban las principales potencias de ambos bloques). Pacientes como el cientifico implicado en el desarrollo de la bomba atómica que se comporta como un niño de seis años entusiasmado por jugar el escondite, o el primer estudiante negro aceptado en una universidad que ahora predica como fervoroso del Ku Kus Klan son su reflejo distorsionado. Añádase un hijo de xenófobos que sufrió un primer lavado de cerebro por los comunistas de Corea y un segundo a la inversa, y ahora se cree una general sudista que aboga por una nueva guerra civil, y otras sacudidas a los tabúes sociales como la sugerencia de incesto o el ataque de unas enfervorizadas ninfómanas cual canibales.

El tren de las 3'10

La espera del tren anunciado, la espera que es tensión y confrontación entre fuerzas, representaciones y actitudes opuestas. La llegada del tren es la materialización del duelo anunciado, su resolución. Civilización y barbarie, ley y justicia, orden y caos, progreso y primitivismo se dirimen durante el tiempo de espera. Pero hay otras resonancias en 'El tren de las 3 10' (3'10 to Yuma, 1957), de Delmer Daves. con guión de Halsted Welles según un relato de Elmore Leonard, que quizá, por no haber dejado de ser actuales, han propiciado el reciente, e inferior, remake realizado por James Mangold ¿De qué es capaz uno para progresar y superar las precariadedades? ¿Seguir la vía fácil que es la de la depredación, tomar lo que se quiere sin contemplaciones, o afirmarse en la honestidad, en la espera de la recompensa por el trabajo realizado, sin dejarse tentar por la corrupción, por desesperada que sea su situación?. El territorio en el que se mueve la obra de Daves es más movedizo. Evans (Van Heflin) es un humilde ranchero que ve cómo, por la larga sequía que están sufriendo en la zona, su situación linda ya la catástrofe inminente, y además, de él depende una familia. Y no consigue ni un préstamo. Como desesperada solución de urgencia, para conseguir el dinero que necesita, se compromete a escoltar a un forajido detenido, Wade (un magnífico Glenn Ford), hasta otro pueblo donde esperar la llegada del tren que da título al film, con la amenaza latente de la aparición de la banda de Wade para rescatarle.
Ben Wade, como siniestro reverso del determinado, pero más ordinario, héroe, es un personaje dotado de ricos matices ambivalentes. Sí, es aquel que ha decidido recurrir al bandidaje para conseguir lo que necesita, sin sufrir los esfuerzos y las contrariedades a las que se puede ver sujeto alguien que depende sólo de los frutos de su trabajo, como Evans. Pero tiene una personalidad cautivadora, la del encanto de un mundo posible más allá de las miserias o rutinas cotidianas. Ejemplificado, primero, en las líricas y hermosas secuencias de su fugaz romance con la cantinera, Emmy (Felicia Farr), mujer atrapada en ese apartado lugar del mundo sin esperanzas en su horizonte. Con concisas y delicadas pinceladas Daves nos hace sentir la intensa conexión que se da entre ambos personajes, a través de una sutil coreografía de gestos, y de la justeza de sus encuadres, en los que se palpa el fuera de campo de lo que sienten, carecen o aspiran, ambos personajes. Como contraste, o amplificación reverberante, destaca el efecto que la presencia de Wade suscita en la esposa de Evans, Alice (Leora Dana), cuyo rostro se ilumina con sus relatos de Wade sobre la vida en San Francisco. Hay, de nuevo, otra vida más allá, y que encarna Wade, que anhelan o añoran estos personajes cautivos en una vida desertizada. Y Daves los refleja con una admirable sutileza y capacidad de condensación.
Y, al hilo de estas emociones que tejen la narración subterráneamente, no hay que dejar de destacar el uso de la canción, compuesta por George Dunning, con la que se abre el film. Resuena a lo largo de la narración, con variaciones, no sólo en la misma banda sonora, sino silbado por alguno de los personajes. Quizás uno de las más bellas tonadas que ha dado el género, junto a la que da título a otra obra de Daves, 'El arbol del ahorcado' (1958). Daves, con una afinada modulación narrativa, va cargando de tensión el relato con una tensión que alcanza su culminación en las modélicas secuencias de la habitación del hotel, que comparten Wade y Evans, en las que el primero tienta, casi con éxito, al segundo para que se retire y acepte el cuantioso dinero que le ofrece. Evans tiene sus momentos de duda, porque es consciente de cómo se va quedando solo, abandonado por los demás, desprovisto de apoyo por conveniencia, mezquindad hipócrita o miedo, retirándose cuando ven que el éxito de la misión cada vez parece menos posible, al verse en desventaja numérica. En el rostro trasegado de Evans se delinea claramente cuán difícil le resulta no ceder a la tentadora oferta del artero Wade. Aunque el reverso del héroe, Wade, será capaz de reconocer la arriesgada capacidad de sacrificio de Evans, y su sentido de la justicia (que le había llevado incluso a salvar la vida a Wade). Y con la victoria de la razón y la dignidad llega la catártica lluvia. Una de las más bellas composiciones de la historia del cine, música de George Dunning, letra de Ned Washington, cantada por Frankie Laine.