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martes, 6 de julio de 2010
Zhang Ziyi, poesía en movimiento
Zhang Yiyi deslumbró con su primera obra, 'El camino a casa' (1999), de Zhang Yimou (que la había 'descubierto' al seleccionarla en un casting para un spot publicitario de un champú). En el rostro de Yiyi se palpaban las tumultuosas corrientes de ese amor enfrentados a unas circunstancias adversas, esa urgencia de superar las distancias condicionadas (como sus largas carreras por el campo). Pero su consagración vendría por su memorable interpretación en 'Tigre, dragón' (2000), de Ang Lee. Cada aparición suya 'raptaba' la película. Con Yimou repetiría en 'Hero' (2003) y 'La casa de las dagas voladoras' (2004) (para mi gusto la mejor obra de Yimou junto a 'El camino a casa' en esta última década, sin restar deméritos a 'Hero' en la que quizá su exquisito pictorialismo en ocasiones subordina un tanto al mismo relato). En estas obras, esta estupenda actriz china, volvía a dar muestras tanto de su talento interpretativo, de pregnante intensidad, como sus dotes para la danza (que estudió desde niña, ganando entonces varios premios, pero que dejó de lado por no soportar las presiones). Inolvidable también era su creación en la maravillosa '2046' (2004) de Wan Kar Wai. En los últimos años ha protagonizado 'Memorias de una geisha' (2005), de Rob Marshall, 'The princess Racoon' (2006) de Seijo Suzuki y un thriller que no pasa de discreto, 'The horsemen' (2009), de Jonas Akerlund.
lunes, 5 de julio de 2010
Yasujiro Ozu: la mirada serena a ras de tierra
"A mi alrededor todo el mundo hacía películas habladas, pero yo realizaba siempre películas mudas. ¿Por qué tiene el hombre que buscar el ruido cuando reina el silencio?" (Yasujiro Ozu)
Ozu filmaba a unos 80 cm. del suelo. La mirada en paralelo a los japoneses sentados en el "tatami". La mirada a la altura de los ojos, la mirada que busca transmitir la sensación del equilibrio, el hogar en la mirada serena.
Rebelión
'Rebelión' (1967) de Masaki Kobayashi es una admirable obra que pone en cuestión el inmovilismo de la sociedad feudal (aunque sus resonancias se amplifiquen a la puesta en cuestión de toda organización social y actitud inmovilista, rígida, que propicia la cruel injusticia) hilvanándose con el proceso de transformación, o progresiva toma de consciencia, que le determina a la insurgencia, de un samurai, Isaguro (Toshiro Mifune). Lo primeros planos de la obra son planos detalles del filo de espadas; Isaguro está realizando una muestra de su habilidad, ante varios señores del clan, cortando una figura de paja. De alguna manera, el proceso que atravesará es cortar con lo que fue antes, un hombre de paja, que aceptaba las ordenes de sus señores, e incluso de su esposa,con la que lleva infelizmente casado veinte años ( y con la que se casó por mero interés de ascender en su posición social). Y los filos de espadas que tendrán protagonismo más que las materiales (de hecho, hasta el último acto no habrá enfrentamiento físico alguno) sino las de las actitudes, las de los duelos verbales, la tensión de poderes, en suma, de voluntades que quieren imponerse sobre las de otros.
Kobayashi cargará la narración con una atmósfera opresiva, en la que la simetría de los encuadres hace cuerpo de la idea y sensación de prisión, el cautiverio de una simetría de ideas inmovilistas (también los espacios, sean interiores o exteriores, transmiten una sensación de inhóspita intemperie, de espectral gelidez). Esa ruptura se irá fraguando, estilisticamente, a través de puntuales primerisimos planos y de impetuosos travellings hacia el rostro de alguno de los personajes, hasta estallar en las secuencias finales cuando la acción libera lo retenido hasta entonces, ese duelo de voluntades. El elemento detonante de la 'ruptura' será otra ruptura, la que realiza una mujer, Ichi, la cual, tras dar un hijo al al daimyo (señor feudal), con el que se había casado por obligación, fue instada a retirarse a otro lugar para recuperarse del parto. A volver se encontró con que junto a él estaba otra mujer. Su reacción fue la de golpear a ésta y al daimyo (no por despecho, sino por ánimo insurgente; verse un objeto intercambiable sin voluntad). El daimyo obligará a Isaburo a aceptar que Ichi sea la esposa de su hijo, Yoguro. Isaburo disentirá, pero el hijo acaba aceptando. Lo imprevisto es que entre Yoguro e Ichi surgirá un amor auténtico. Y es cuando el daimyo reclame de nuevo a Ichi cuando el conflicto se desatará.Ichi se resiste, y es secuestrada.
E Isaburo desiste de ser plegándose a una voluntad que, como dice, se define por la cruel injusticia, pero además, porque ve en ese amor genuino de su hijo e Ichi lo que su vida no ha sido y pudo ser, y lo que pudiera ser si no estuvieran sometidos a una sociedad tan rígida, caprichosa y obtusa. Los espacios naturales donde tienen lugar los últimos enfrentamientos de Isaburo,solo, portando a su nieta, con los hombres del señor feudal, alientan esa desgarrada protesta ( esas hierbas que se mecen por el viento), y además en un espacio intermedio, el de la frontera que separa los feudos, los límites entre un ínmovil pasado y un posible futuro.
'Rebelión' (1967) es otra gran obra del cineasta japonés Masaki Kobayashi, necesitado de revalorización, autor de tan extraordinarias obras como 'Harakiri', 'El más allá (Kwaidan)' o la trilogía 'La condición humana'. Admirable su trabajo con la modulación narrativa, como con los espacios, de tensa umbriedad, en el que late intenso un aliento insurgente ( de un cineasta que sufrió los horrores de la guerra en carne propia, revelándose con las autoridades militares y terminando la guerra en un campo de concentración).
Ensayos en una guerra: Fred Astaire, Harpo Marx y Lucille Ball
Natacha Rambova y Rodolfo Valentino
Rodolfo Valentino y Natacha Rambova. Esta brillante diseñadora de vestuario y decorados, de nombre real Winifred Shaugnessy, que introdujo el art decó en Estados Unidos en obras como 'Camille' (1921) y 'Salome' (1923), con la actriz rusa Alla Nazimova ( y que además fue guionista, productora, bailarina y actriz ocasional), fue en su momento duramente criticada por 'dirigir' de modo errado la carrera, y propiciar el fracaso de sus películas por desatinadas elecciones, de su entonces marido, Valentino (a quien conoció en 1921, y con quien se casó por dos veces, en 1922 y 1923, ya que tras la primera boda Valentino fue arrestado por bígamo al exigir la ley que pasara un año tras efectuarse el divorcio de su anterior esposa). Rambova había estado casada anteriormente, desde los 17 años, con Theodor Kosloff, bailarín y coreógrafo de origen ruso, que cuando fue contratado por Cecil B DeMille para actuar y diseñar vestuarios, no vaciló en aprovecharse de diseños de Rambova haciéndolos pasar por suyos (aparte, en cierta ocasión, le disparó en la pierna, hecho que ella no denunció). Fue Alla Nazimova quien descubrió que los diseños eran de Rambova, y le ofreció colaborar en sus proyectos, como directora artística, diseñando vestuarios y decorados, en además de las dos citadas, en 'A doll's house' (1922). Tras la ruptura profesional con Valentino, produjo y escribió en 1925 'What price beauty' así como produjo e interpretó 'When love grows cold' (que en principio iba a llamarse 'Do clothes make women?). Contrariada porque se la publicitara como Mrs. Valentino, desistió de seguir actuando en el cine centrándose, tras la muerte de Valentino, en el vodevil y en el teatro, y abriendo una tienda de alta costura en la Quinta Avenida. En los 40 se interesaría por la Metafisíca escribiendo artículos sobre astrología, e impartiendo clases sobre Mitología, Simbolismo y Religión comparada.
The dead girl
Hay películas que se multiplican en reverberantes espejos, no hay un centro, sino que el relato se quiebra, discontinuo, y en espiral, como la realidad que refleja, como la sugerente ‘The dead girl’ (2006), de Karen Moncrieff. La obra se trama, con disolvente y elusiva eficacia, sobre la intemperie vital, a través de cinco relatos consecutivos que giran alrededor de la vida y muerte de un personaje, Krista (Britanny Murphy), cuyo cadáver en avanzado estado de putrefacción es hallado en un prado (cuerpo, muerte y naturaleza: aún no hay identidad: es un cuerpo que se convertirá en transferencia o metonimía para otros). Parte del descubrimiento de su cadáver en el primer relato, para concluir con el relato de la vida de ese personaje los días anteriores a su muerte. Esta se convierte en eco y reflejo de y para otras vidas. Vidas que se revelan tan ausentes o carentes en vida, ya sea la mujer que descubre su cadáver, Arden (Toni Collette) atrapada en una opresiva relación con su madre (interpretada por Piper Laurie, que parece retomar su papel en 'Carrie'), o la médico forense, Leah (Rose Byrne), que cree reconocer en ella a su hermana desaparecida años atrás, o la esposa, Ruth (MaryBeth Hurt), anegada en su vida de inercia conectada a la televisión, que empieza a entrever que su marido puede ser ese asesino de jóvenes.
Es en estos relatos donde cobra más fuerza la narración, por esa condición diferida; unas realidades entrevistas que confrontadas a un cuerpo ya ausente insinúan su misma condición ausente en vida, como si carecieran ya de cuerpo, ancladas en la enajenación, una relación absorbente, o el dolor de un pasado. Como ese garaje donde el asesino conserva las pertenencias de la muerta, estas vidas revelan como están sostenidas sobre un espacio clausurado y cerrado que determina su vida sin movimiento (vida presa de un fuera de campo que es ausencia en vida). Por el contrario, los dos últimos relatos, aun no careciendo de interés, al no estar tejidas sobre esas sombras entrevistas en esas vidas periféricas, sino sobre la iluminación de la identidad de aquel cuerpo, primero a través de la relación de la madre, Melora (Marcia Gay Harden) con una amiga, Rosetta (Kerry Washington), también prostituta, y luego sus avatares vitales antes de ser asesinada (como su tumultuosa relación con el personaje que interprets Josh Brolin), no poseen esa turbadora ruptura de eje de mirada, y se hacen algo más convencionales, o quizás por comparación menos sugerentes. Pero no por ello deja de constituirse en un sugestivo ejemplo de genuino cine alternativo que hace de sus elecciones de lenguaje fructífera, y disidente, creación de sentido. Nos empuja a mirar la realidad de frente, y con otros ojos. Aunque revelen el lado sombrío o precario de la vida su mirada es luminosa.
'The dead girl' (2006) es la segunda y muy sugestiva obra de Karen Moncrieff, que también escribe el guión, y que ha dirigido también algunos episodios de 'Dos metros bajo tierra'. En su excelente reparto también destacar a Mary Steenburgen, Bruce Davison o Giovanni Ribisi. Una obra que, en sus mejores pasajes, transita turbadores y siniestros senderos con desazonante sutilidad.
Peter Lorre y Lon Chaney Jr.
Geraldine Fitzgerald, distinguida desconocida
La aparición de Geraldine Fitzgerald en 'Tres extraños' (1946), de Jean Negulesco, es deslumbrante, con ese elegante vestido y su gesto decidido, presta a convencer a dos desconocidos transeuntes (Peter Lorre y Sidney Greenstreet) para 'invocar' a la efigie de una deidad hindú la fortuna para sus vidas. No tuvo suerte esta estupenda actriz irlandesa. De hecho, tras realizar esa película decidió abandonar Hollywood, cansada de tanto enfrentamiento con los mandamases de los Estudios. El escaso relieve de dus primeros papeles en la década de los 30 podían condensarse en una frase que ella repetía con posterioridad: 'But daddy, it´s my birthday'. Tras ser contratada por Orson Welles para una producción del Mercury theater, logró dos destacados papeles en 'Amarga victoria' (1939) y en 'Cumbres borrascosas' (1939), de William Wyler, por la que fue nominada por su interpretación de la mujer con la que se casa Heathcliff por despecho vengativo. En los 40 siguió su lucha con los Estudios por conseguir papeles de enjundía, logrando participar en obras como 'Pesadilla' (1945), de Robert Siodmak, 'Nadie vive para siempre' (1946) de Jean Negulesco, 'Watch the Rhine' (1943), de Hermann Shumlin o 'Wilson' (1944), de Henry King. En 1948 rodaría en Inglaterra 'See evil my love¡ (1948), de Lewis Allen, por la que recibiría muy positivas críticas por su personaje de alcohólica. En los 50 se dedicaría al teatro, realizando intermitentes apariciones en la pantalla, tanto en televisión como cine. Fue una de las primeras mujeres que fue nominada para los premios teatrales Tony, como mejor directora (por 'Mass appeal' en 1982). En 1976 inició una carrera de cantante de cabaret. Hay que resaltar su gran intepretación en la magnífica 'El prestamista' (1964), de Sidney Lumet. Posteriormente ha intervenido en 'Rachel, Rachel' (1968), de Paul Newman, 'Harry y Tonto' (1974), de Paul Mazursky, 'Arthur' (1981) de Steve Gordon o 'El rey de la colina' (1993), de Steven Sorderbergh. Es madre de uno de los directores de la serie 'Retorno a Brideshead' (1981), Michael Lindsay-Hogg.
sábado, 3 de julio de 2010
Las horas del verano
Los compases de las horas del verano no dejan de estar teñidos de las sombras del otoño venideros, como de los veranos que fueron. Aquellos momentos habitados se convertirán en huellas en el museo de la memoria, mientras uno sigue edificando su vida sobre cimientos quizás inciertos. Aquello que respiraba, ahora es vitrina, y lo que aún se gesta espera encontrar la forma que es baile en la mudanza del tiempo. 'Las horas del verano' (2008), de Olivier Assayas posee esa belleza sutil y delicada de otra de sus grandes obras, 'Finales de agosto, principios de septiembre'. Los intersticios en la narración son tan elocuentes, o más, que lo que vemos. Una corriente subterránea se va apoderando de la narración, algo inasible que nos hace sentir la raiz de las vivencias que no se captan en su huidiza apariencia en la que parece que tan poco acontece.
Sanders, Reed, Hatfield: El retrato de Dorian Gray
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