En la adaptación de Albert Lewin de 'El retrato de Dorian Gray', dos planos en refulgente technicolor resaltan: el del retrato inicial, pintado por Henrique Medina, y el 'corrompido', pintado por Ivan Albright, al que se puede ver en pleno proceso de elaboración, junto a su hermano gemelo Malvin, y con el maniquí de Dorian que utilizaron como inspiración. Lewin admiraba el arte de Albright, y le propuso realizar cuatro obras que reflejaran el proceso de alteración de la pintura, pero Albright no dispuso de tiempo para realizar más de uno, y se encomendó a Medina el primero. La obra de Albright puede ser vista en el Instituto de arte de Chicago, mientras la de Medina fue comprada por 25 000 dolares por un amigo de Hurd Hatfield (quien interpreta a Dorian) al que se la regaló (Hatfield murió en 1998, y parece que se desconoce quién conserva la obra).
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sábado, 3 de julio de 2010
Los procesos pictóricos de Dorian Gray
En la adaptación de Albert Lewin de 'El retrato de Dorian Gray', dos planos en refulgente technicolor resaltan: el del retrato inicial, pintado por Henrique Medina, y el 'corrompido', pintado por Ivan Albright, al que se puede ver en pleno proceso de elaboración, junto a su hermano gemelo Malvin, y con el maniquí de Dorian que utilizaron como inspiración. Lewin admiraba el arte de Albright, y le propuso realizar cuatro obras que reflejaran el proceso de alteración de la pintura, pero Albright no dispuso de tiempo para realizar más de uno, y se encomendó a Medina el primero. La obra de Albright puede ser vista en el Instituto de arte de Chicago, mientras la de Medina fue comprada por 25 000 dolares por un amigo de Hurd Hatfield (quien interpreta a Dorian) al que se la regaló (Hatfield murió en 1998, y parece que se desconoce quién conserva la obra).
Donna Reed, de ella a la eternidad
En 1943 Donna Reed participaría en 'La comedia humana' de Clarence Brown, obra que resaltaba los valores familiares en tiempos de guerra, protagonizada por Mickey Rooney como un repartidor de telegramas, mientras su hermano mayor combatía en la guerra. Hará un año se descubrió que Donna Reed había conservado las 341 cartas que soldados del frente le habían enviado durante la contienda. Reed representaba a la dulce novia que podría esperarles en el hogar, esa que interpretó en una de sus más destacadas interpretaciones, en la estupenda 'Qué bello es vivir' (1946) de Frank Capra, y ganaría el Oscar por la cálida prostituta que entabla relación con el personaje de Montgomery Clift en 'De aquí a la eternidad' (1953). Durante los primeros años cuarenta sus papeles no fueron de gran envergadura, encasillada en ese 'tipo', aunque trabajara en obras a rescatar como la obra noir 'Eyes in the night' (1942), de Fred Zinneman. El año 1945 le posibilitaría dos personajes con más enjundía en las magníficas 'No eramos imprescindibles', de John Ford y 'El retrato de Dorian Gray' de Albert Lewin. A resaltar interesantes westerns como 'Los forasteros' (1952), de Roy Huggins o 'El sexto fugitivo' (1956), de John Sturges, o film noirs como 'Trágica información' (1952), de Phil Karlson, o la tensa 'Rescate' (1956), de Alex Segal. A partir de este año se centraría, durante una década, en la televisión, con 'The Donna Reed show'.
George Sanders, el último dandy
"Querido mundo: He vivido demasiado tiempo, prolongarlo sería un aburrimento. Os dejo con vuestros conflictos, vuestra basura, y vuestra mierda fertilizante." Es la nota de suicidio del gran actor George Sanders, escrita antes de tomarse su sobredosis de barbituricos en Casteldefells. Genio y figura hasta en el momento de la muerte. Una de las más fascinante y exquisitas presencias de la pantalla. Su dicción era única, esa forma de entonar las frases, con ese desapego entre lánguido e irónico, como quien se estira perezosamente tras una siesta, y suelta una frase cáustica y certera porque siempre está más despierto que los presentes. Fue un canalla en la pantalla de un refinamiento venenoso. Cómo no iba a crear una asociación tan fructífera con cineastas como Fritz Lang, Douglas Sirk, Albert Lewin o Joseph L Manckiewicz.
Con Lang fue memorable como el implacable nazi de 'Hombre atrapado' (1941) el aristócrata corrupto de 'Los contrabandistas de Moonfleet y el arribista periodista de 'Mientras Nueva York duerme' (1956). Con Sirk creó uno de sus grandes personajes, el Vidocq de 'Escandalo en Paris' (1946), y también protagonizó para él las también muy interesantes 'El asesino poeta' (1947) o 'Summer storm' (1944). Con Lewin fue el cínico protagonista de 'Los asuntos privados de Bel Ami', el mordaz Lord Henry de 'El retrato de Dorian Gray', y un emulo de Gauguin en 'Soberbia' (1943). Con Mankiewicz el crítico de lengua punzante de 'Eva al desnudo' y el canalla de doble cara de 'El fantasma y la sra Muir' (1947), no lejano del personaje que interpretó para Hitchock en 'Rebeca' (1940), con quien trabajó también en 'Enviado especial' (1940). Fue feroz pirata barbado pelirrojo en 'El cisne negro', y protagonizó para John Brahm dos joyas como 'Concierto macabro' (1944) y 'Jack el destripador' (1945), para Jean Renoir bordando otro personaje mezquino, 'Esta tierra es mía' (1943), para Anatole Litvak 'Confesiones de un espía nazi' (1939), para Otto Preminger, 'Ambiciosa' (1947) y 'El abanico de Lady Windermere' (1949), para Roberto Rosellini, 'Te querré siempre' (1953), para John Huston 'La carta del Kremlin' (1970), para Blake Edwards en 'El nuevo caso del inspector Clouseau' (1964), o para Wolf Rilla, la estupenda 'The village of the damned' (1960).
A finales delos 30 y principios de los cuarenta protagonizó la serie de películas de 'El santo' y 'The falcon', en la que sustituyó a su hermano, el actor Tom Conway. Y puso la voz al tigre Shere Khan en 'El libro de la selva' (1967), de Wolfgang Reitherman. También publicó un disco titulado The George Sanders Touch: Songs for the Lovely Lady.
Las aventuras de Sherlock Holmes
'Las aventuras de Sherlock Holmes' (1939), de Alfred L Werker, antes conocida como 'Sherlock Holmes contra Moriarty' (título con el que se estrenó en su momento en España), es la segunda producción de la Fox, tras 'The Hound of Baskerville' (la cuál no se estrenó en España por la alusión que se realiza a la adicción a las drogas de Sherlock. Si ésta no carece de atractivos, la realizada por Werker resulta aún más estimulante. Hay que reseñar que no adapta una obra de Conan Doyle sino que está inspirada en una obra de teatro de William Gillette, cuya influencia fue determinante en la configuración de los rasgos icónicos más perdurables de Holmes y Watson (el actor Nigel Bruce, que lo encarna, caracterizó su personaje más acorde al de la obra teatral que al de las novelas de Doyle). Aunque desde luego se pueden advertir ecos de obras de éste como 'El signo de los cuatro' (venganzas gestadas tiempo atrás; detalles exóticos en los crímenes, allí una cerbatana,aquí bolas de la Patagonia). El punto de partida es un desafío, un duelo que plantea Moriarty (George Zucco) contra Holmes (Basil Rathbone).
En las primeras escenas Moriarty ha logrado ser declarado inocente de un crimen (Holmes llega tarde, con pruebas que le incriminan, tras darse el veredicto). Holmes, como señala, admira la inteligencia de Moriarty, su Nemesis o reverso, aunque preferiría hacerlo conservada en formol. Moriarty, bien definido por cómo cuida su invernadero de plantas ( y cómo amonesta a su lacayo por por propiciar que una muerta por no cuidarla según sus instrucciones), planea una artera trama para realizar el mayor robo posible imaginado distrayendo la atención de Holmes. Sabe cómo funciona su mente,y sabe que hará más caso de la primera 'zanahoria' que le pone, un inquietante dibujo de un hombre al que le cuelga del cuello un ave semejante a una gaviota, y que recibe como amenaza Ann (Ida Lupino), cuyo padre murió en extrañas circunstancias diez años atrás, que de la segunda, una amenaza de robar un rubí hindú que será entregado en la Torre de Londres.
Lo siniestro( las calles veteadas de brumas; extraños crímenes en el que la víctima es golpeada a la vez que estrangulada; robos aprovechándose de las inciertas sombras; figuras entrevistas inquietantes en jardines; posibles maldiciones; los acordes perturbadores de una especie de flauta que propicia alguna de las secuencias más inquietantes) se conjuga armoniosamente con lo humorístico (Watson tumbado en la nocturna y brumosa calle, en el lugar donde murió la víctima del extraño crimen, mientras Holmes investiga en el jardín adyacente buscando pistas, es interpelado por un perplejo viandante sobre si está enfermo o le ocurre algo, y Watson para quitárselo de encima le replica que está muerto; los intentos de Holmes de acabar con las moscas buscando la nota adecuada de su violín, que en la última secuencia es resuelto por Watson mediante un expeditivo golpe de periódico (quizá sirvió de inspiración para aquella hilarante secuencia de los guisantes en 'Asesinato por decreto' (1979), de Bob Clark). Por último destacar el ingenioso momento, en la fiesta de la mansión de la familia de Ann, en la que un cantante, con traje rayado y canotier, interpreta una bufa canción, para después revelarse que era el propio Sherlock.
'Las aventuras de Sherlock Holmes' (The adventures of Sherlock Holmes, 1939), de Alfred L Werker es las segunda, y estimulante, de las catorce que protagonizaron Basil Rathbone y Nigel Bruce. Tras ésta, con guión de William A Drake y Edwin Blum, y estupenda fotografía de Leon Shamroy, Fox se desentendería de estos personajes, y la Universal compró sus derechos para producir las siguiente, ya ubicando a ambos personajes en la década de los 40.
viernes, 2 de julio de 2010
Plácidas pausas de rodajes: Alfred Hitchcock y Margaret Lockwood
Alfred Hitchcock y Margaret Lockwood contemplan como Patricia, la hija de primero, juega con el perrito durante una pausa de rodaje de 'Alarma en el expreso' (1938), que se convirtió tras estrenarse en el mayor éxito de público en el cine británico. En principio iba a ser rodada, un año antes, por Roy William Neill, pero las autoridades de Yugoslavia, lugar de las localizaciones, se negaron a facilitarlo por la negativa imagen que daban de ellos, suspendiéndose el rodaje. La pareja de prototípicos británicos más interesados por el cricket, o preocupados por llegar a tiempo para ver los partidos, que por otra cosa, Charters y Caldicott y ( Basil Radford y Naunton Wayne) fueron aportación de guión ( no estaban presentes en la novela de Ethel Lina White que se adapta), y se convirtieron en presencias recurrentes, como contrapunto cómico, en posteriores obras británicas, como en 'Tren nocturno a Munich' (1940), de Carol Reed. En cuanto al reparto, Htchcock había considerado primero para la protagonista a Lili Palmer, y en cuanto a Michael Redgrave, centrado en el teatro, tuve que ser persuadido por John Gielgud de que aceptara el papel, su primer protagonista, que supuso su salto al éxito y reconocimiento.
Margaret Lockwood, la dama del expreso
Margaret Lockwood fue la atribulada pasajera cuya noción de la realidad parecía puesta en duda en la magnífica 'Alarma en el expreso' (1938), de Alfred Hitchcock. Lockwood desarrollaría su carrera en Inglaterra hasta mediados de los 50, centrando su actividad desde entonces en el teatro. Alcanzó notoriedad por su 'perverso' personaje de 'The wicked lady' (1945), de Leslie Arliss, junto a James Mason, y colaboró con Carol Reed en obras a revalorizar como 'The girl in the news' (1941) y 'Tren nocturno a Munich' (1940).
jueves, 1 de julio de 2010
Maria Montez, la mujer que quiso ser reina exótica
Maria Montez fue la fugaz reina de las películas de ambientación exótica en technicolor en los cuarenta, en 'La reina Cobra' (1944), de Robert Siodmak, 'Ali Baba y los cuarenta ladrones' (1942), de Arthur Lubin o 'Arabian nights' de John Rawlins, escapistas producciones propulsadas en tiempos de guerra. Maria Montez fue su propia creadora, ya que parecía destinada a ser otra 'ingenua atractiva' cuando fue contratada en la Universal. Se autodiseñó como prototipo de tempestuosa latina, con vestidos de cariz exótico, profusión de joyas y hasta se instruyó de nuevo con su idioma natal, el español, ya que nacida en la Republica Dominicana se había trasladado cuando niña a Estados Unidos. En aquellos años eran notorias sus llamativas apariciones públicas como sus entradas en los clubs nocturnos. Si no conseguía la atención necesaria ya se encargaba de que su presencia fuera advertida, trayendo un sequito de ruidosos acompañantes. En su filmografía hay singulares rarezas como una adaptación de una obra de Poe, 'The mistery of Mary Roget' (1942) de Phl Rosen o 'Portrait of an assasin' (1949) de Bertrand Roland, una intriga criminal en ambiente circense,junto un Erich Von Stroheim con suspensores ( un proyecto, se dice, que estuvo a punto de realizar Orson Welles).
Krysztof Kieslowski
H.R Giger: la oscuridad visible
Balamzinan, el dios maya, mitad alacrán mitad jaguar, que puede ser invocado por el Ojo de piedra en mi novela 'El último eclipse' tiene una manifiesta inspiración en la obra de H.P. Lovecraft, y en la obra de H.R Giger, el creador de unas de las más fascinantes criaturas del terror en las última décadas, ese ser sin conciencia ni fantasías de la moral, que define al humano villano de 'El último eclipse' aquel que carece de empatía a la vez que no tiene punto vulnerable alguno, ni siquiera la vanidad o la soberbia.
El último tango en Paris: Carne e imagen
Bernardo Bertolucci, Marlon Brando y María Scheider durante el rodaje de 'El último tango en Paris' (1972). Esta obra de Bertolucci es una obra que suscita sustanciosos debates. En ocasiones, muy encendidos, porque es de esas obras que a quien apasiona puede convertirle en un adepto que contempla con perplejidad a quien no sea tan entusiasta ( y porque no admirarla parece implicar que no aprecias su discurso transgresor(. Y ese es mi caso. Me interesa lo que plantea, pero me parece desajustado el desequilibrio entre pretensiones y resultados. Dicho de otro modo: En sus títulos de crédito de utilizan imágenes de pinturas de Francis Bacón, pero la obra de Bertolucci, exceptuando dos o tres secuencias, lejos queda de materializar las entrañas de lo que expresa la obra de Bacon. Queda enunciado, sí, casi cual referente, pero parece quedarse en la superficie, o en la superficie del símbolo, menos en esas citadas secuencias, en las que es capital también la interpretación de Brando, quién sí logra hacer cuerpo de lo que expresa Bacon (y realizando una de sus mejores interpretaciones, por otro lado). En general, resulta todo demasiado pulido, como ese baile de convenciones que se pretende transgredir (como se simboliza con ese tango), algo en lo que me parecía también incurría en 'El conformista', terminar, estéticamente, devorado por lo que cuestiona, cayendo en la contradicción (una inclinación esteticista que ha seguido haciéndose acusada en su posterior cine). Pero su explicito discurso, marcadamente telegrafiado ( a veces cayendo en lo burdo: todo lo relacionado con el novio interpretado por Jean Pierre Leaud; en especial, el tosco simbolismo del salvavidas hundiéndose en el agua), logró suscitar encendidos entusiasmos en su momento. A mí me resulta más interesante por lo que hubiera haber sido, una desgarrada obra baconiana que sólo encuentra puntuales 'encarnaciones' en intermitentes momentos, y gracias a la doliente interpretación de Brando, que sabe hacer sentir las brasas interiores de su intemperie emocional.
Air doll
En su anterior obra, la extraordinaria 'Still walking' (2008), Hirozaku koreeda delineó, con sutiles trazos, las distancias sobre las que están edificadas las relaciones en un nucleo familiar, en donde el peso del pasado, incluido el de una tradición cultural (los roles genéricos, una rígida jerarquía, la tendencia a no expresar o articular lo que se siente por no ser conveniente), condiciona un espectro de relaciones en donde lo no dicho coagula la conciliación y la proximidad, y lo dicho redunda en la esquiva distancia camuflada en ritualizaciones que son mascaradas vacías. Ahora en la bellísima 'Air doll' (2009) amplifica ese espectro al conjunto social, enquistados en vacios interiores y desencuentros comunicativos, a través de una cálida a la vez que desazonante fábula, de entraña fantástica ( con qué sutilidad altera nuestra percepción de la realidad, de lo normal, a través de la mirada del Otro), cuya guía narrativa, a la par que emblema, es una muñeca hinchable, Nozomi (magnífica Bae Doona), cuyo dueño, Hideo, desconoce que tiene la particularidad de tener corazón. Qué hermoso ese instante en que las gotas de agua caen sobre la mano de la muñeca y ésta adquiera corporeidad humana. Como corrosivo el detalle de que el primer vestuario que ella adopte sea el de una sirvienta doméstica (el téjido de relaciones sostenido sobre la subordinación).
Si vivimos en un mundo de imágenes, de virtualidad de relaciones, de apariencias, cómo no Nozomo comenzará a trabajar en una tienda de alquiler de películas. En la que se enamora de Junichi, el dependiente, con el que se siente identificada cuando él dice que es como ella, al descubrir que es una muñeca ( claro que ella no comprende que es por qué por dentro se siente vacío, un muñeco en una sociedad de autómatas). Pero la cautivadora belleza de esta alegoría, que incide en la interrogante de por qué si la naturaleza tiende a que todo se complemente, a que las relaciones sean una suma, una serie de conexiones, por qué los humanos no saben hacerlo, por qué no son capaces de articular esa conexión con el otro, reside en su cautivadora atmósfera, en su musicalidad de una delicadeza exquisita (es asombroso cómo se conjuga la duración de planos y secuencias con la hermosa banda sonora). La ternura cohabita con el extrañamiento (el cuál no está exento de un humor excéntrico), resaltando en esos pasajes de montaje alterno con distintos personajes ( cada uno con el extravío de su soledad). Nozomo anhela el poder ser mortal ( la secuencia del cumpleaños de la niña en el restaurante, que ella sueña al fina como si fuera la destinataria de la celebración) pero los demás parecen atrapados en una inmovilidad en el tiempo. Qué bello es el fragmento en que Nozomo parece levitar con los globos, que representan planetas, en la habitación. Kore-eda logra armonizar una equilibrada armonía entre las partes, y a la vez hilvanando fragmentos que en sí se elevan como Nozomo, en una epifanía del instante.
'Air doll' (2009), de Hirozaku Kore-eda es un cautivador y conmovedor prodigio, una mágica y doliente fábula cuya narración es pura música, como admirable es la banda sonora compuesta por World's end girlfriend.
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