
Confidencial (Black bag, 2025)
me parece la obra más notable de Steven Soderbergh, desde La
suerte de los Logan (2017), curiosamente, la última en
formato panorámico. Ha sido el periodo menos inspirado de su
filmografía, en el que ha alternado obras como mucho estimables, con
tres de sus menos estimulantes películas, The
laundromat: Dinero sucio (2019), Déjales hablar (2020) y
El último baile de Magic Mike (2023), aunque su película más insípida
me sigue pareciendo Ocean's 13 (2007), desvaída reformulación
de Ocean's eleven (2001), una de sus más grandes obras, junto a The
underneath (1995), Un romance muy peligroso (1998), Traffic
(2000), Solaris (2002), Bubble (2005), Contagio (2011) y Detrás del candelabro (2013). Confidencial
(Black Bag) conecta, particularmente, en su propia filmografía
con Haywire (2011), otra obra inscrita en el género de los
espías o las agencías secretas. Otra sinuosa obra sobre dobleces y
traiciones y circunstancias y relaciones que parecen más bien
marañas. Otra obra en la que parece que los personajes son piezas de
un rompecabezas, en el que unos se esfuerzan por complicar la
percepción de conjunto y otros de descifrar sus componentes, qué
posición ocupan los demás en el tablero, cuáles son las
intenciones y estrategias tras las escurridizas y difusas apariencias
en las que tan dificil resulta desentrañar qué es auténtico y qué
escenificación. Otra obra planteada desde el distanciamiento,
definida por la modulación en la que es fundamental la aportación
de la excelente banda sonora de David Holmes y que posibilita esa
fluida narración ingrávida que caracterizaba en especial a Un romance muy peligroso, Traffic,
Ocean's eleven y Solaris. Una notable diferencia, en
Haywire, las colisiones se esclarecían a base de combates
físicos, acordes a las capacidades reales de su protagonista, Gina
Carano. Era una película de cuerpos en lid, o los cuerpos eran el
escenario manifiesto de las disputas o difusas maniobras tácticas.
En Confidencial (Black bag) los golpes son verbales.

En el escenario que presenta
Confidencial (Black bag), la confianza y la
desconfianza son elementos fundamentales en cuanto definitorios del
entramado o la constitución de las relaciones afectivas. Black
bag es la palabra con la que responden en ese escenario a
las preguntas sobre qué van a hacer, a dónde se dirigen o con quién
se van a encontrar. Es la oportuna palabra clave que indica labor
secreta, pero es la metáfora de las relaciones edificadas sobre las
convenientes compartimentaciones. Es el muro que se interpone en la
circulación en los terriorios íntimos, por lo tanto que configura
los límites así como el grado de real implicación e intimidad. Por
ello, puede resultar complicado realmente percibir cómo es aquel con
el que se establece relación afectiva. La relación que mantienen
George (excelente Michael Fassbender) y Kathryn (Cate Blanchett) es
asediada desde distintos flancos. Se siembran dudas e interrogantes a
partir del momento en que alguien le indica a George que su pareja es
una de los cinco posibles traidores. Se suman indicios que parecieran
corroborar que fuera ella, por lo que se convierte en una prueba para
él, en cuanto la firmeza de su confianza, y de cómo la percibe así
como su convicción sobre la auténtica complicidad de su relación.
¿Se intenta socavar su relación o descubre brechas en el papel
pintado de una relación que era más impostura que conexión? Es una
vertiente o circunstancia que conecta, por ejemplo, con la
extraordinaria Aliados (2016), de Robert Zemeckis, aunque es
un escenario de arenas movedizas afectivas que habían explorado con
agudeza Sidney Lumet o Alfred Hitchcock en, respectivamente, sus
magistrales Llamadas para un muerto (1967) y Encadenados
(1946). Por su cualidad metódica, no tendente a la ofuscación, de
ahí su capacidad de discernimiento en las pruebas del detector de
mentiras, George no se deja sugestionar, pero se esfuerza en
corroborar cuál es la realidad, qué hay de base en la duda o si no
es sino una manipulación o escenificación táctica interesada en
desestabilizar la relación. Cristales y penumbras dominan el diseño visual.

Los otros cuatro posibles traidores
traman (enmarañan) sus relaciones afectivas y sexuale con variados
modos. Una, la que mantienen el agente Freddie (Tom Burke), casado, y
Clarissa (Marisa Abela), se sostiene sobre agresiones no solo
verbales, sino incluso físicas, como cuando ella le clava un
cuchillo al comprender su infidelidad con una tercera mujer. Aún
así, pese a las agresiones mutuas, su relación se mantiene, como si
fuera esa necesaria dinámica de ficción conveniente, como escenario
de conflicto o descarga acorde a sus inconsistencias y
desorientaciones. La otra relación, la que mantenían la psicóloga
Zoe (Naomie Harris) y el agente James (Regé-Jean Page) se rompe.
Ella decide, fríamente, concluir la relación. Como si fuera un
trámite. Las omisiones también como dinámica. Entre tanta capa de
apariencias que desvelan otras tramas, o su condición de espejismo,
se revelará que era la segunda amante de Freddie, como si fueran
cuerpos que colisionan sin real propósito, de modo accidental, como
una realidad que funcionara a golpes de impulsos o apetencias, cuando
no meros rebotes. En ese retorcido escenario de relaciones, que no
deja de equipararse con el geopolítico, en el que los conflictos, a
pequeña o gran escala, parecen generarse en muchas ocasiones por
impulsos o apetencias, o rebotes de otros escenarios de relaciones,
laborales o afectivas, la relación de George y Kathryn corrobora su solidez cuando ambos comparten que son conscientes de
que se les ha intentado hacer dudar mutuamente, como estrategia
conveniente laboral por parte de quienes no quieren que sean amenaza
en la consecución de su posición. La narración se inicia con un
plano secuencia que sigue la nuca de quien, caso de George, se
desplaza y se interna en un club nocturno para que se le desvele que
en su escenario laboral hay quien no es como se presenta a los demás.
Una realidad de nucas a las que hay que dotar de su real rostro. Con
una cena en la que reúne a los cinco sospechosos prosigue la
narración, cena en la que se desentrañan falsas apariencias y
exponen las inconsistencias de las relaciones. Y con otra cena
concluye, en la que la infección de quien intentaba desestabilizar
la única relación consistente es extirpada. Es como el virus de
Contagio. La metáfora de que ya no predominan las relaciones
que se miran de frente, las relaciones que se dan la mano (un gesto
de confianza, de no agresión) sino las que (se) ocultan, incluso a
sí mismos, con gestos que son ficciones estratégicas.