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miércoles, 21 de octubre de 2009

La fiera de mi niña y Su juego favorito

Caza, pesca. Leopardos, perros, osos, peces. Hombre, mujeres, amor, cortejo, ¿quién caza y quién pesca?. Entra en juego el azar y el destino, o el que uno quiere que sea el propio, claro que el amor verdadero se gesta, no se caza ni pesca. Sí, el ser humano es un animal extraño. Uno, como David (Cary Grant) busca el hueso intercostal que falta para armar el esqueleto de un brontosaurio, y así el trabajo de años pudiera completarse, y ya casarse. Todas las piezas parecen encajar. Todo parece muy predeterminado. Pudiera ser una irónica representación de la costilla de Adan. Claro que la prometida de David no contempla los placeres lúdicos de la vida, ni siquiera en la relación de pareja, sino el deber, la vida como programa organizado.

Quizás no sea su 'costilla'. Ý quizá la verdadera costilla desarme. Descoloca, aunque lo ponga todo en su sitio, valga la paradoja. Pero el lugar de la vida, cuando uno lo habita, está en movimiento. Ahi reside el amor.
Es lo que tiene la espontaneidad. Es lo que tiene el sentimiento verdadero. El título original de 'La fiera de mi niña' (1938) es Bringing up baby, algo así como educando al niño. Irónico, porque pudiera parecer que es educar, o sea, domesticar, a la fiera salvaje, pero quizá más bien sea educar al domesticado para que sepa vivir sus emociones sin restricciones (no resignarse como hace David cuando su prometida le dice que no disfrutarán ni de la noche de bodas, hay otras prioridades en la vida)


'Su juego favorito' (1964) es una variación de la anterior, dirigida por el mismo Howard Hawks. Dos comedias extraordinarias, dos prodigios. La excentricidad de ritmo alocado y acelerado de la primera ahora se atempera con un ritmo más pausado, el de la sorna. Roger (Rock Hudson) es un presunto experto en pesca. De hecho, tiene publicado un libro que todos los pescadores siguen cual biblia. Claro que, en cuanto aparece Abigail (Paula Prentiss) con una propuesta a su jefe, que no es otra que Roger se presente a la próxima competición y publicite así los productos de la compañía, se desvela que Roger no sólo no sabe pescar sino que tiene pavor al agua (no sabe nadar) y al que dan asco los peces. 'Fish' en inglés es una expresión con la que se alude al sexo femenino. Y si hablamos de agua, ya sabemos que estamos en otra metáfora de los sentimientos. De nuevo, ironías. Ya que el título original es 'El deporte favorito del hombre'. Con interrogante.


En ambas, es una mujer la que persigue al hombre, la que usa todas las estrategias posibles para cautivarle. A Hawks le gustaba subvertir e invertir las convenciones. Del mismo modo que jugar con los equívocos, y las falsas apariencias ( las cuales debían ser dinamitadas). Pocos son lo que parecen. Como un leopardo es inofensivo, y juega con tu pie, como un minino, o con un perro, o es, por el contrario, una fiera que despedaza a su domador. Algo extendible al resto de su obra. Ambas coinciden tambien en un brillante gag, aunque con su variación pertinente. En 'La fiera de mi niña' Susan desgarra el chaqué de David accidentalmente, y este a su vez, del mismo modo, el vestido de Susan, y tienen que disimular, para que no se aprecie la combinación al aire de Susan, andando apretujados pegados el uno al otro. En 'Su juego favorito, la corbata de Roger (Rock Hudson) se enreda en la cremallera del vestido de la amiga de Abigail, justo cuando aparece su prometida.

Una irónica imagen por distorsión. Un hombre y una mujer que parecen estar juntos pero no lo están. Un hombre que parece ir detrás de una mujer, pero realmente no lo 'está' (aunque lo estará cuando sepa ver que es lo que tiene, y que es lo pudiera ser). Susan piensa que las continúas apariciones, siempre airadas, de David tienen un significado. Se lo pregunta a un cliente del bar, que resulta ser un psiquiatra, y este interpreta que sí la persigue, y sus reacciones airadas indican que siente algo por ella. El equívoco como raiz imprevista que pone en marcha una persecución que finalmente sí acabará en amor real. La vida tiene algo de imprevisto. No puedes pretender convertirla en una esqueleto donde todas las piezas encajen porque nunca podrá ser así. ¿Cómo la soberbia secuencia del climax dramático no va a ser en una cárcel, con una reunión de todos los personajes principales, entre rejas, incluidos leopardos?.

Osos que andan en moto por accidente. Un perro que esconde el famoso hueso intercostal, y que juega luego a desenterrarlo cuando se lo piden, pero nunca lo hace ( a no ser decenas de zapatos). Un hombre, David, vestido con un desavillé, sorprendido por la madre de Susan, que no entiende qué hace ese hombre en su casa, y vestido de esa guisa. El tampoco lo entiende, porque ya su vida se ha convertido en una sucesión de infaustos imprevistos. Pega un brinco ante ella y grita que va así porque se ha vuelto gay de repente (detalle que se perdía en el doblaje al español, interrumpido en el 'vuelto': fue la primera vez que se utilizó el término gay en el cine; aunque no se convirtiera en un término coloquial hasta finales de los 60, ya empezó a utilizarse en círculos homosexuales en los años 20: añadir que el término gay antes de esta connotación significa alegre, lo cual enriquece aún más el sentido de la escena, porque si algo no era la vida de David hasta entonce era alegre).

Un hombre, Roger, que no sabe montar una tienda de campaña, y se tropieza con todo, más torpe que un oso en moto. Y que no sabe pescar, pero se producen las más inusitadas carambolas de suerte y pesca cada uno de los tres peces del modo más absurdo y accidental. Nunca sabes cómo vas a conseguir lo que quieres. Un hombre que se desmaya cuando tienen que serrarle la escayola, la cual se había colocado para simular un falso accidente y asi no seguir con la pantomima del concurso y no quedar en rídiculo. Que se descubra que no es lo que parece. No,no es un experto pescador. Como el pelo de su jefe no es verdadero, sino una peluca. O el indio que vende cualquier cosa y habla como el indio de las películas, realmente habla un inglés impecable, pero hay que vender imagen para hacer negocio.

El inicio de 'Su juego favorito' es ejemplar. Un modelo de construcción de primer acto, definiendo personajes, trama y el dilema en conflicto. Aliñada con acciones que definen la sustancia del film, el desmoronamiento de una vida organizada, aunque sea bajo las falsas apariencias. Ya de entrada se topa con que Abigail le quita su plaza de aparcamientos, le quita su sitio, le desplaza, o le deja sin sitio. Como Susan en el campo del golf en las secuencias iniciales de 'La fiera de mi niña', cogiendo sin darse cuenta la pelota (ejem) de David, y su coche. '¿Es que todo es suyo?' le pregunta ella. 'Sí, menos afortunadamente usted', le responde David. Cándido, no sabe lo que dice.

Roger se encuentra intentando convencer a Abigail de que desista de su idea en un bar de barra que da vueltas cual tiovivo, él ya se ha perdido y no hará más que dar vueltas sin saber ya dónde está. Y confesando su engaño, que no sabe pescar, en una tienda de autómatas musicales, que justo se apagan cuando grita que no sabe pescar. Su vida de autómata se ha quebrado, el imprevisto te deja desguarnecido. Como David con la red que porta Susan en su cabeza, cual mariposa capturada. O Roger suspendido boca abajo en el agua porque su flotador se ha inflado demasiado.

En 'La fiera de mi niña', un viejo cazador imita el rugido del leopardo, sorprendido que le conteste el eco con tanta demora, mientras David está más atento al perro, al que sigue cuando ve levantarse, con la cuchara en la mano, para volver detrás de él al de dos segundos. Sí, es un universo extraño este habitado por ese animal llamado ser humano. Pero qué gozoso es ver cómo se desmorona el esqueleto del brontosaurio mientras Davis sostiene con su brazo a una Susan suspendida en el vacio. Ese es el preciado regalo de la vida, la jubilosa condición suspendida en las que nos sume el amor, la espontaneidad del sentimiento liberado. Inciertos pero vivos. Como Roger y Abigail conciliando sus sentimientos a la deriva en el rio sobre la cama de plástico, en la oscuridad. Las verdaderas corrientes del sentimiento es lo que tienen. Nos ponen en movimiento. Si uno no se expone ni asume su vulnerabilidad desapegado, y que nada controla, no gozará de la hermosa celebración funambulista del amor.

Uy, ¿Se ha acabado la película? Sí, ya han colisionado los trenes. Ahora viene eso llamado relación, o cómo hacer del amor via en movimiento. Ah, claro, a eso se le llama hacer el amor. Y ahí no hay pantallas, ni equívocos ni falsas apariencias. Sólo ese logro llamado intimidad. Otro tipo de colisión, pero más placentera y cómplice.

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