sábado, 28 de abril de 2018

El león duerme esta noche

La naturaleza de los fantasmas según quién mira. ¿Cómo se representa la muerte? Se pregunta el actor Jean (Jean Pierre Leaud) en la secuencia inicial de El león duerme esta noche (Le lion est mort ce soir, 2017), de Nobuhiro Suwa, durante el rodaje de una escena de una película dentro de la película. Una pregunta que se amplía con sus complementarios ángulos ¿Cómo enfocar la vida o la representación de una vida que supone a su vez replantearse la muerte en vida? Un destello de luz sobre su rostro es lo primero que resalta en el primer plano de la película. Un destello que ciega, un fulgor que ilumina. ¿Cuál es su naturaleza o condición? Dependerá del enfoque elegido. El director apunta cómo debe representar la muerte de su personaje, como un suave tránsito. Pero el actor remarca que lo importante, en particular en la edad entre los 70 y 80, es cómo te preparas para el encuentro con la muerte. Y ese encuentro con la muerte ¿Qué implica? El enfoque sobre la propia vida, qué se desperdició, qué se truncó, qué no se vivió (las muertes en vida). Pero eso determina otra pregunta, ¿cual será el enfoque, el amargo o el luminoso, el que acentúa lo trágico o lo celebrativo, el grave o el ligero?
Una pausa en el rodaje debido a que la actriz no está dispuesta a rodar por unos días debido a una frustración amorosa, por lo tanto la falta de contraplano para Jean en esa secuencia inicial, determina que Jean realice un viraje hacia el pasado, hacia ese otro contraplano en el tiempo. Y del pretérito surgirán las sombras de lo truncado o no realizado, el hilo que desenrede y revele sus frustraciones amorosas. Jean lleva unas flores a una antigua amiga, Marie, pero esta le dice que no es a ella a quien busca. Con otras flores, Jean cruza la verja de acceso a una mansión abandonada, en la que destaca un letrero que señala peligro de muerte. En su interior aparece el fantasma de la mujer que más amó en su vida, Juliette (Pauline Etienne), fallecida cuarenta y cinco años atrás, muerte en la que crepitan los remordimientos, como las incógnitas sobre su muerte, si accidente o suicidio. ¿En qué medida pudo ser consecuencia de un abandono, o actitud negligente, por su parte? Jean anhela la conciliación, la ilusión de una permanencia que no logro hacer duración en el tiempo cuando debería haber sido presencia, no ya nostalgia fantasmal. Pero ¿cómo confrontar esa herida? ¿Con la amargura del que se postra por su negligencias y errores pretéritos?
En el relato irrumpen, como intrusos, o espontáneos, que remodelan la perspectiva, unos niños. Otra mirada, esa que aún no sabe de pretéritos que se tornaron lastre, sino de ilusión que comienza a tantear y explorar la realidad con las posibilidades del relato. La mirada que especula, y juega con las múltiples direcciones posibles de las historias. Su enfoque no sabe de gravedad, sino de la celebración de la levedad. Para los niños esa mansión no está relacionada con abandonos o deterioro, es un semillero de historias, de posibles, el espacio imaginario de las películas de terror, en las que los fantasmas retornan para cumplir una venganza. Jean se convierte, por requerimiento, en actor de esa historia, con lo que se confronta con el propio relato de su vida desde otra perspectiva. Por eso, cuando se proyecta esa película rodada en la que unos niños interpretan a cazafantasmas que luchan contra los espectros remarca que hay diferentes ángulos o actitudes como posible enfoque de las películas, sea el serio o grave, o el que para él representan esos niños, esa mirada que goza del cine, como creadores o espectadores, con un vivaz sentido lúdico. Por eso propone que el cierre de esa historia se realice en el lago en el que se ahogó la mujer que amó. Supone, para él, una clausura de su propia historia, de su herida no cerrada, con un enfoque luminoso, una despedida armónica, cálida. Puede representar lo que fue su muerte en vida desde la perspectiva que representa la vida, la luminosidad de la mirada del niño, del que contempla por primera vez la realidad, desprovista de la gravedad de las sombras de los pesares. Así cuando por fin se enfrenta a la escena en la que tiene que representar la muerte física, lo hará en una toma con los ojos cerrados, como un desvanecimiento, y la otra con los ojos abiertos de par en par, como la visión precisa de lo que es vida, también tejida de muerte y pérdida, una mirada que enfoca frontalmente, sin la acritud que frunce los párpados con los lamentos.
El título original se puede traducir como El león ha muerto esta tarde, variación del título de la canción de The Tokens, El león duerme esta noche, que cantará Jean con los niños cuando viajan en el autobús que les traslada al lago. Uno de los niños, Jules, le pregunta por qué él no puede ver al fantasma de su padre muerto. Lo que el niño verá, por primera vez en el lago, y después en las calles de la ciudad, será un león. Suwa difumina los límites de lo real, lo imaginario y lo onírico, como juega con diferentes formas tanto de representar, entre la ficción y lo documental, como de enfocar la realidad y la evocación de lo vivido. Los limites difusos que son apertura, como toda buena interrogante, como ya reflejaba en una obra previa que transcurría también durante un rodaje, la extraordinaria H story (2001). No era una versión de Hiroshima mon amour (1959) de Alain Resnais, sino una reflexión a través del intento de rodar una versión de la misma: ¿qué es la historia con mayúsculas y con minúsculas? ¿cuál es la historia de Hiroshima?¿Cómo ponerse en la piel de quien vivió hace cuarenta años? Si Jean se pregunta cómo representar la muerte, la actriz, encarnada por Beatrice Dalle, sufría un conflicto, empezaba a olvidar el texto, porque no lograba hacerlo suyo, no lograba sentirlo como propio. Olvidar un texto que fue implica empezar a preguntarse qué implica ese texto, cómo uno aborda lo que fue, lo que se vivió. Como Jean, quien para encarar esa incógnita que es la muerte, incluso su mismo tránsito, necesita encarar cómo fue su vida, y cómo no fue, qué abandonó durante su trayecto que pervive como fantasma. Ambas son exploraciones tejidas a través de las ideas de la memoria y el olvido, y de ficciones que se entreveran. Interrogantes en construcción.

1 comentario:

  1. Magnífico análisis de honda reflexión de una cinta hermosa y sugerente.Es cierto eso que apuntas acerca de la mirada de los niños "esa que no sabe de pretéritos que se tornaron lastre". Recuerdo que Proust decía que ya experimentamos la muerte con la desaparición de un ser querido. Proust las definía como "muertes fragmentarias" que experimentamos en vida.
    Un saludo.

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