sábado, 31 de julio de 2010

Dirk Bogarde, mirada en abismo

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La intensa por penetrante mirada de Dirk Bogarde podía convertirse en un vórtice que te sumergiera en las abismales profundidades de lo perverso y siniestro pero también de la vulnerabildad desnuda, tan expuesta como interrogante. No fue hasta su magnífica interpretación de 'Víctima' (1961), de Basil Dearden cuando pudo demostrar de un modo diáfano sus densas cualidades interpretativas, y poder acceder a personajes de mayor envergadura, ya que hasta entonces había estado un tanto 'marcado' por su popular personaje en las diversas amables comedias de 'Doctor en casa', dirigidas por Ralph Thomas, aunque hubiese intervenido en obras como 'Extraño suceso' (1950). de Terence Fisher, obra en la línea de 'Alarma en el expreso' o 'Frenético', en la que todo el mundo niega que alguien haya existido aunque la protagonista, en este caso, insista. También con Dearden había intervenido en 'El faro azul' (1949), alcanzando relevancia como siniestro criminal. Fue su colaboración con Joseph Losey la que le daría la oportunidad de interpretar tan contrastados personajes como el memorable perverso que encarna en 'El sirviente' (1963) o el abogado con malestar de conciencia en un juicio de guerra en 'Rey y patria' (1964), reincidiendo con él en 'Accidente' (1967) y la ya más floja 'Modesty Blaise' (1965). Entre sus más admirables interpretaciones está la del padre de la magnífica 'A las nueve de cada noche' (1967). Estupendo estuvo con Luchino Visconti en 'Muerte en Venecia' (1971), que se ve lastrada por una inclinación excesiva por lo estetizante que va a la contra de lo que pone en cuestión. Aunque en 'La caída de los dioses' (1969), la peor obra de Visconti, tremendista y afectada, acaba diluido en una obra que pierde el norte en la nihilista delectación en la turbiedad. Desgraciadamente no he visto 'El hombre de Kiev' (1967), de John Frankenheimer, que adapta una estupenda novela de Bernard Malamud. Bogarde también protagonizó una de las más discretas obras de Michael Powell, la obra belica 'I'll meet by moonlight' (1957). Las tengo muy lejanas en el recuerdo, con lo cual no me pronuncio sobre 'Portero de noche' (1974), de Liliana Cavani o 'Desesperación' (1978), de Rainer Fassbinder, aunque no sea recuerdo muy estimulante, ya que siempre me han parecido, y más acusadamente la primera, directores de temas más que cineastas, y lo mismo ocurre con 'Daddy nostalgie' (1990), que no la recuerdo como una de las mejores obras del gran Bernard Tavernier. En cambio, me parece muy estimulante 'Providence' (1976), de Alain Resnais, otro sugerente e incisivo rompecabezas del gran cineasta francés.Aunque, eso sí, en todas ellas destacara la presencia de Bogarde, dándole una densidad a las dos primeras que eleva las obras a donde éstas deberían haber llegado. Pero es que Bogarde brillaba hasta en obras menos recordadas como 'El hombre que decidía la muerte' (1975), de Cyril Frankel,que atesora alguno de los más perturbadores momentos interpretativos de este exquisito actor.

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