domingo, 26 de octubre de 2014

Coherence

Ingredientes para realizar un gustoso aperitivo de celuloide: Cójase un gato, a poder ser de Schrodinger. Añádase un grupo de amigos que se reunen para cenar, que tengan ciertas reminiscencias de Reencuentro (The big chill, 1983), de Lawrence Kasdan, pero sin dotarles de particular densidad o complejidad como personajes. Condiméntese, visualmente, con cierto aire doméstico, casual (aplíquese el significado de la palabra inglesa), como si la cámara de alguien que no es particulamente profesional registrara los acontecimientos (si se es un tanto snob y gusta de utilizar mucho los términos ingleses en los comentarios de películas, diga que es una producción low cost). Alíñese con cierta atmósfera de extrañeza que remita a la de algunos de los episodios de la estupenda serie 'The twilight zone' (1959-1964), pero sin introducción de Rod Serling, y dilatando la duración de la narración, aunque a veces dé la sensación de que simplemente estira la cuerda y se estanque en cierto bucle acompasado a la asunción por parte de los protagonistas de que su realidad, o sea ellos y su reunión, se multiplica de modo exponencial en otras variantes. El resultado será 'Coherence' (2014) opera prima de James Ward Byrkit. Una premisa ingeniosa, sugerente, que permitirá instruirse sobre lo que es la coherencia cuántica, y alentar alguna que otra interrogante sobre nuestra relación con la realidad, pero que, como aperitivo que es, aun sabroso ( no carece de momentos de efectiva atmósfera turbadora) deja la sensación de que es el esbozo de otra película que contuviera primer plato, segundo y postre.

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