lunes, 18 de agosto de 2014

Lucy

1.Preguntarse cómo seríamos si utilizáramos el cien por cien de las capacidades de nuestro cerebro, en vez de sólo el diez por ciento, y de paso montar un carrusel de persecuciones, golpes, tiroteos, persecuciones, mutilaciones y destrozos en todas sus variantes. Utilizar como receptora de esa circunstancia privilegiada a una actriz como Scarlett Johansson que se ha convertido en todo un fetiche de muchas fantasías sexuales, lo cual, como complemento, puede satisfacer, por transferencia equiparadora, la autoestima de quienes las proyectan, y así se sientan más inteligentes de lo que quizá sean. Eso es 'Lucy' (2014), de Luc Besson. O lo parece. Quizá esas primeras frases contengan la irónica respuesta a la pregunta inicial, a la vez que la constatación de sus propias limitaciones, sin dejar de contener otra pregunta implícita que pone en cuestión el poco provechoso uso que de modo predominante se hace de las capacidades cerebrales (y habrá quien lo extienda a la propia película con su premisa). En un momento dado, el profesor Norman, el científico que encarna Morgan Freeman, apunta que el ser humano parece aspirar ante a todo a tener, no a ser. Y en otro, plantea qué uso se haría si se dispusiera de esa capacidad si parece prevalecer como meta en el ser humano la consecución del poder o del beneficio. A 'Lucy' no le falta mordacidad, como tampoco contradicciones.
2.Lucy es la chica de 'ojos caleidoscópicos', como se canta en la canción de 'Lucy in the sky with diamonds' de los Beatles. Muchos sueñan con tener a Scarlett Johansson, lo que la dota de cierta divinización, implícita en toda idealización sea platónica o sexual. Casualmente o astutamente diseñado, en sus películas recientes interpreta a personajes más allá de lo humano (o de lo corrientemente humano). Por un lado, a una mujer de superpoderosas capacidades físicas, a la que resulta complicado vencer en combate, transferencia de los poderes viriles del héroe en lo femenino. Una mujer con vestimenta oscura (la negrura que interpone distancia e impone) y nombre de reptil (que aboca o destierra a la muerte a la figura masculina), Viuda negra, en 'Capitán América: el soldado de invierno' (2014), de los hermanos Russo, y, por otro, en 'Under the skin' (2013), de Jonathan Glazer, a una singular y enigmática extraterrestre (o ser extradimensional), de gesto distante, mineral, que no difiere del que porta en 'Lucy' cuando comienza a incrementarse su capacidad cerebral, a disponer de más poderes físicos y mentales, capaz de influir en mentes ajenas, de desplazar materias, de ampliar su percepción auditiva y visual, de radiografiar organismos y mentes, de no sufrir dolor, o de convertirse en un cuerpo proteico y mutante que carece ya de límites.
En 'Under the skin' la distante entidad de un sueño que no se considera posible convertir en cuerpo padece un trayecto que es caída en la mancha orgánica, en la condición vulnerable y degradable, finita, impotente. La pantalla del sueño se resquebraja en el barro, en la intemperie de los impulsos primitivos que se enfrentan a su extravío. El reptil se hace carne que tiembla y sufre. También en mancha, materia oscura, incertidumbre, deriva en 'Lucy', aunque no es padecimiento sino ascensión, la consecución de un estadio de divinidad, por lo tanto de poder, inalcanzable para el resto de los mortales. Prevalece el enigma, la abstracción inaccesible, sobre el cuerpo, y queda en suspenso la materia oscura de la desafiante interrogante de cómo somos capaces de emplear, o superar, los límites de nuestra inteligencia. No es lo mismo la fantasía que la realidad. Y en esta, prima la mancha del impulso tanto de dominar como de destruir.
3. Besson, en su firme, y sucinto, trayecto narrativo, crea su obra más entonada, o equilibrada. Su cine nunca me había seducido, más bien todo lo contrario, ni en sus inicios con presupuestos más ajustados, como en 'El último combate' (1983) o 'Subway' (1985), ni menos aún cuando fueron más ostentosos en 'El quinto elemento' (1995), 'Juana de Arco' (1999) o en el punto más bajo en su filmografía 'Adele y el misterio de la momia' (2010). No es que con 'Lucy' alcance remarcables densidades dramáticas o que propulse su substrato en los complejos vericuetos de los matices , pero supera con creces a obras pretéritas con parecido molde como 'Nikita' (1990) o 'El profesional' (1994). Sorprende con dilatados planos que dejan asomar desgarros dramáticos, como el largo primer plano sobre Lucy, llorando, mientras comunica a su madre, por teléfono, sus nuevos poderes, y a la vez le extraen de su vientre, sin anestesia, la droga que ha propiciado su 'estado alterado', la droga sintética que se ha extraído de la sustancia que el útero transmite al bebé para formar su estructura osea. Nace en Lucy lo que se podría ser o lograr, y a la vez se convierte en reflejo de nuestras inconsistencias.
Claro que Besson no se puede sustraer al circo de tres pistas al que suele tender en su cine, y no pretende infringir los límites de ciertas convenciones formales ya instituidas, acrobacias de montaje, fetichistas imágenes ralentizadas de personajes armados y variados efectos especiales, secuencias en las que la destrucción se convierte, quizás irónicamente, en dominante de la ficción, en especial, en su desenlace. Si 'Under the skin' es una película trance, líquida, esquinadamente subversiva o revulsiva, 'Lucy' es una película percutante, frontal, con fugas y derivaciones provisionales, un hueso sólido con fracturas que la dotan de elasticidad, y de subversión rudimentaria, incluso inocua. Y no traspasa los territorios de la transfiguración. A veces, vierte extrañeza, pero prevalece el enérgico músculo. Probablemente, y dada la presencia coreana de los villanos de la función, se haya inspirado en la prestigiosa cinematografía de ese país en los territorios del thriller, aunque su condición extravagante, su delirio argumental, su ocasional desprejuiciado desparpajo, como la inclusión de esos montajes secuenciales de imágenes documentales en precipitación que acompañan irónicamente las disertaciones del profesor Norman sobre el uso de las capacidades cerebrales, insufla vitalidad a su ya desgastado y formulario modelo. O quizás es que unas cuantas de sus obras más celebradas me parecen un tanto sobrevaloradas. 'Lucy' sorprende más bien por inesperada, dado los estropicios realizados antes por Besson. Y es breve, así que no da tiempo tampoco a que aturda demasiado. Quizás se contradiga, pero mancha, y esa la materia de las preguntas que intentan desdibujar y transgredir la vana y arrogante autocomplacencia. Si se sabe utilizar el diez por ciento del cerebro, claro.

1 comentario:

  1. Espero tu comentario detallado de "Under the skin". Tuve ocasión de verla hace un par de días en Sitges y me parece una película tan asombrosa como hipnótica. Un saludo.

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